Sermón
S. E. R. Julián Espina Leupold
Sermón
S. E. R. Pío Espina Leupold
Sermón
R. P. Lucio César Simbrón
Misa de la Aurora
Lección
Carísimo: Ha aparecido la benignidad y la humanidad de Dios, nuestro Salvador; nos ha salvado, no por las obras justas que hemos hecho nosotros, sino por su misericordia, mediante el baño de regeneración y de renovación del Espíritu Santo, que derramó en nosotros con abundancia por Jesucristo, nuestro Salvador: para que, justificados con su gracia, seamos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna: en Nuestro Señor Jesucristo.
Tito III, 4-7
Evangelio
En aquel tiempo los pastores decían entre si: Vayamos hasta Belén, y veamos eso que ha sucedido, que el Señor nos ha manifestado. Y se fueron presurosos: y encontraron a María y a José, y al Niño acostado en un pesebre. Y al verle, conocieron ser verdad lo que se les había dicho acerca de aquel Niño. Y todos los que lo oyeron, se maravillaron: y de lo que los pastores les decían. Y María guardaba todas estas palabras, meditándolas en su corazón. Y se volvieron los pastores, glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, según se les había dicho.
San Lucas II, 15-20
Sermón
S. E. R. Pío Espina Leupold
Misa del Día
Lección
Habiendo hablado Dios en otro tiempo muchas veces y de muchos modos a los Padres por los Profetas: en estos últimos días nos ha hablado por el Hijo, al cual constituyó heredero de todo, y por el cual hizo también los siglos: el cual, siendo el resplandor de su gloria y el retrato de su substancia, y sustentando todas las cosas con la palabra de su poder, obrada la expiación de los pecados, está sentado a la diestra de la Majestad en las alturas: hecho tanto más excelente que los Ángeles, cuanto más alto es el nombre que heredó. Porque ¿a cuál de los Ángeles dijo jamás: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy? Y otra vez: ¿Yo seré para él Padre, y él será para mi Hijo? Y de nuevo, cuando introduce al Primogénito en la tierra, dice: Y adórenle todos los Ángeles de Dios. Y, ciertamente, de los Ángeles dice: El que hace a sus Ángeles espíritus, y a sus ministros llama de fuego. Mas al hijo le dice: Tu trono, oh Dios, por los siglos de los siglos: el cetro de tu reino es cetro de equidad. Amaste la justicia y odiaste la iniquidad: Por eso te ungió Dios, tu Dios, con óleo de alegría más que a tus compañeros. Y: Tú, Señor, fundaste en él principio la tierra: y obra de tus manos son los cielos. Estos perecerán, mas tu permanecerás; y todos envejecerán como un vestido: y los mudarás como una vestimenta, y serán mudados: tú, en cambio, siempre eres el mismo, y tus años no acabarán.
Hebreos I, 1-12
Evangelio
En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. El estaba al principio en Dios. Todo fué hecho por El; y sin El no ha sido hecho nada de lo que ha sido hecho: en El estaba la vida y la vida era la luz de los hombres: y la luz brilló en las tinieblas, y las tinieblas no se percataron de ella. Hubo un hombre enviado por Dios, cuyo nombre era Juan. Este vino para ser testigo, para dar testimonio de la luz a fin de que todos creyeran por él. No era él la luz, sino (que vino) para dar testimonio de la luz. Era la luz verdadera, la que alumbra a todo hombre que viene a este mundo. El estaba en el mundo, y el mundo fué creado por El, y el mundo no le conoció. Vino a los suyos y los suyos no le recibieron. Mas, a los que le recibieron, les dió el poder de hacerse hijos de Dios. Esto (concede también) a los que creen en su nombre, a los que no han nacido de la sangre, ni del deseo de la carne, ni de la voluntad de un varón, sino que han nacido de Dios. (Aquí se arrodilla.) Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros; y hemos visto su gloria, la gloria del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
San Juan I, 1-14
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