sábado, 13 de julio de 2024

Dom Gueranger Octavo Domingo después de Pentecostés

 



OCTAVO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger


EL OFICIO

Este Domingo era llamado en la Edad Media, el sexto y último Domingo después del natalicio de los Apóstoles, o fiesta de San Pedro, en los años en que la Pascua alcanzaba su último límite en Abril. Por el contrario, cuando la Pascua seguía inmediatamente al equinoccio de primavera, era el primero de la serie dominical llamada de ese modo.

Hemos visto que por razón de este mismo movimiento tan variable, transmitido a toda la última parte del ciclo litúrgico por la fecha de la Pascua, esta semana podía ser ya la segunda de la lectura de los libros Sapienciales, aunque con más frecuencia se deba continuar aún en ella la de los libros de los Reyes. En este último caso, lo que hoy llama la atención de la Santa Iglesia, es el antiguo templo levantado por Salomón para gloria de Dios; y. entonces los cantos de la Misa, como veremos, están en perfecta armonía con las lecturas del Oficio de la noche


MISA

El Introito recuerda la gloria del antiguo templo y del monte santo. Pero mayor aún es la majestad de la Iglesia que, en este momento, lleva el Nombre y la alabanza del Altísimo hasta los confines de la tierra, mucho mejor de lo que lo había hecho aquel templo que era su figura.


INTROITO

Hemos recibido, oh Dios tu misericordia en medio de tu templo: como tu nombre, oh Dios, así tu alabanza llega hasta el fin de la tierra, tu diestra está llena de justicia. — Salmo: Grande es el Señor, y muy laudable: en la ciudad de nuestro Dios, en su santo monte. V. Gloria al Padre.


De nosotros mismos somos incapaces, no sólo de toda obra buena, sino que ni siquiera se puede producir en nosotros un solo pensamiento del bien sobrenatural sin ayuda de la gracia. Pues bien, el medio más seguro para obtener una ayuda tan necesaria, es reconocer humildemente ante Dios, la necesidad absoluta que tenemos de Él, como lo hace la Iglesia en la Colecta.


COLECTA

Suplicámoste, Señor, nos concedas propicio el espíritu de pensar y hacer siempre lo que es recto: para que, los que no podemos existir sin ti, podamos vivir conforme a ti. Por nuestro Señor,


EPÍSTOLA

Lección de la Epístola del Ap. S. Pablo a los Romanos. (VIII, 12-17).


Hermanos: No somos deudores de la carne, para que vivamos según la carne. Porque, si viviereis según la carne, moriréis: mas, si mortificareis con el espíritu las obras de la carne, viviréis. Porque, todos los que son movidos por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios. Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre, para que viváis todavía en el temor, sino que recibisteis el espíritu de adopción de hijos, con el cual clamamos: ¡Abba! ¡Padre! Porque el mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Y, si somos hijos, somos también herederos: herederos ciertamente de Dios, y coherederos de Cristo.


PROGRAMA DE VIDA SOBRENATURAL

“Si el Espíritu de Dios es el lazo de unión con nuestro Señor Jesucristo, si es el alma de nuestra vida, el hálito y el inspirador de todas nuestras obras, de él proviene todo impulso. A despecho de esta parte de concupiscencia que el bautismo ha dejado en mis miembros para obligarme a combatir, no tengo ya más que ver con la carne y con la vida de antes. ¡No quiera Dios que vuelva hacia atrás y que, engañado por el egoísmo, me sustraiga al Espíritu de Dios para pertenecer de nuevo a las obras de muerte! No. Después de haber entrado en la intimidad de Dios, sería insensato volverme de espaldas a la Ternura, a la Belleza, a la Pureza; y, ¿por quién y por qué? En adelante, la carne nada tendrá que reclamar de mí. Viene demasiado tarde. Con el fin de vivir eternamente, reduciré de día en día y domeñaré hasta su completa eliminación, si es posible, todo lo que en mí se levanta contra la vida de Dios: Aquéllos, dice el Apóstol en una fórmula incomparable, aquéllos son verdaderos hijos de Dios; que se dejan conducir por el Espíritu de Dios. Toda la vida sobrenatural que ha comenzado por la fe y el bautismo, se reduce a la docilidad, a la flexibilidad y al abandono a las influencias del Espíritu de Dios”[1].

El Gradual parece expresar los sentimientos de los cristianos judíos, obligados a abandonar sus ciudades, y que piden a Dios que sea en adelante El mismo su protector y el lugar de su refugio. El Verso canta de nuevo la antigua grandeza del Señor en Jerusalén y en el monte en que estuvo su templo.


GRADUAL

Sé para mí un Dios protector, y un lugar de refugio, para que me salves. J. Oh Dios, en ti he esperado: Señor, no sea yo confundido eternamente.


ALELUYA

Aleluya, aleluya. V. Grande es el Señor, y muy laudable, en la ciudad de nuestro Dios, en su santo monte. Aleluya.


EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según San Lucas. (XVI, 1-9).


En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Había un hombre rico, que tenía un mayordomo: y éste fue acusado ante aquél de que disipaba sus bienes. Y le llamó, y le dijo: ¿Qué es lo que oigo de ti? Da razón de tu administración; porque ya no podrás administrar más. Dijo entonces para sí el mayordomo: ¿Qué haré? Porque mi amo me quita la administración. Cavar no puedo, de pedir me avergüenzo. Ya sé lo que he de hacer, para que, cuando sea privado de la administración encuentre quienes me reciban en sus casas. Llamando, pues, a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? Y él respondió: Cien barriles de aceite. Díjole: Toma tu recibo, siéntate pronto, y escribe cincuenta. Después dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Él dijo: Cien cargas de trigo. Díjole: Toma tu escritura, y pon ochenta. Y alabó el amo al mayordomo de iniquidad, porque había obrado prudentemente, porque los hijos de este mundo son más prudentes en sus negocios que los hijos de la luz. Y yo os digo: Haceos amigos de las riquezas de iniquidad, para que, cuando muráis, os reciban en las eternas moradas.


PARA ADQUIRIR LAS VERDADERAS RIQUEZAS

“Las diversas expresiones de la parábola que se nos ha propuesto, son fáciles de entender y encierran una doctrina profunda. El Señor quiere enseñarnos el uso que debemos hacer de las riquezas de este mundo. Cuenta lo que sucedió a un mayordomo poco escrupuloso, y luego, en los versículos 8 y 9 del Capítulo XVI de San Lucas nos da la aplicación moral: "Sucede que los hijos de este siglo —dice— son más hábiles en sus relaciones con los de su generación y con las gentes y en los negocios de este mundo, que los hijos de la luz." ¡Qué floreciente estaría, en efecto, el Reino de Dios, si los buenos fuesen tan prudentes en sus negocios espirituales y en las cosas de la vida futura, como los mundanos en sus intereses perecederos! Si el amo de casa, aunque lesionado en sus intereses, alabó la sagacidad de su mayordomo ¿cómo no va a aplaudir Dios, que no puede perder nada, la prudencia sobrenatural de los suyos? En estos bienes terrenos de que acaba de hablar, tienen especialmente el material de una industria para la eternidad. A los que debéis estar bien enterados, a los que sois hijos, no de este mundo tenebroso, sino de la luz, mirad lo que os digo, prosigue el Señor: imitad en una cosa al mayordomo infiel. Con esos tesoros injustos, con esa riqueza con que el intendente y tantos otros como él, pisotean la equidad, vosotros podéis granjearos amigos; cuando la riqueza material se os quite con la vida, os acogerán, no en sus moradas terrenas, sino en los eternos tabernáculos. La oración del pobre, en efecto, pone en movimiento la mano del que gobierna el mundo”[2].


APLICACIÓN A LOS JUDÍOS

Tal es el sentido obvio y directo de la parábola que se nos ha propuesto. Pero, si queremos comprender completamente la intención por la que eligió la Iglesia hoy este trozo del Evangelio, nos es necesario acudir a San Jerónimo, que se hace intérprete oficial de ella en la Homilía del Oficio de la Noche. Sigamos con él la lectura evangélica: El que es fiel en las cosas pequeñas, continúa el texto sagrado, lo es también en las grandes, y el que es injusto en las cosas pequeñas, también lo será en las grandes; pues si no habéis sido fieles en las riquezas inicuas y engañosas, ¿quién os confiará los bienes verdaderos?[3] Jesús hablaba de este modo —nota San Jerónimo— ante los escribas y los fariseos, que lo tomaron a chanza, viendo claramente que la parábola iba contra ellos. El infiel en las cosas pequeñas, es en efecto, el Judío celoso, que en el dominio restringido de la vida presente, niega a sus hermanos el uso de los bienes creados para todos. Pues, si en las gestiones de estas riquezas frágiles y pasajeras, dice a esos escribas avaros, sois convictos de malversación, ¿quién os va confiar las verdaderas, las eternas riquezas de la palabra divina y de enseñar a las naciones? Pregunta terrible que el Señor deja hoy suspensa sobre la cabeza de los infieles depositarios de la ley de los símbolos. Pero ¡qué horrible será la respuesta dentro de poco!

Entretanto, la humilde grey de los elegidos de Judá, dejando a estos empedernidos en la venganza a que los precipita su demencia orgullosa, prosigue su camino con la segura confianza de que guarda en su seno las promesas de Sión. La Antífona del Ofertorio canta su fe y su esperanza.


OFERTORIO

Salvarás, Señor, al pueblo humilde, y humillarás los ojos de los soberbios: porque, ¿qué Dios hay fuera de ti, Señor?


De Dios mismo es de quien hemos recibido los dones que El mismo, en su bondad, se digna aceptar de nuestras manos; como dice la Secreta, los Misterios sagrados que transforman la oblación, no nos obtienen menos, por su gracia, que la santificación de la vida presente y los goces de la eternidad.


SECRETA

Suplicámoste, Señor, aceptes los dones que te ofrecemos de tu largueza: para que estos sacrosantos Misterios, mediante la virtud de tu gracia, nos santifiquen en la presente vida y nos lleven a los sempiternos gozos. Por nuestro Señor.


La esperanza que el hombre pone en Dios no puede ser engañada; tiene como prenda la suavidad del banquete divino.


COMUNIÓN

Gustad y ved cuán suave es el Señor: feliz el varón que espera en él.


El alimento celestial tiene la virtud de renovar nuestras almas, y nuestros cuerpos; tratemos de experimentar sus efectos divinos en toda su plenitud.


POSCOMUNIÓN

Sírvanos, Señor, este celestial Misterio de reparación del alma y del cuerpo: para que sintamos el efecto de aquello cuyo culto hemos celebrado. Por nuestro Señor.



Notas

[1] Dom Delatte, Epitres de Saint Paul, I, 668.

[2] Dom Delatte: Evangelio de N.S.J.C. II, 74.

[3] San Lucas XVI, 10-11.

viernes, 12 de julio de 2024

Boletín Dominical 14 de julio



Día 14 de Julio, Domingo VIII de Pentecostés.
Doble. Ornamentos Verdes.
Conm. San Buenaventura, Obispo Confesor y Doctor.

Rinde cuentas de tu administración”, dice al mayordomo su señor, en la parábola que nos propone Jesús. Al fin de la vida, cuando se halle cercana la muerte y tras la muerte el juicio, habremos todos de rendir cuentas al Juez Divino que nos dirá: dame cuenta de cómo has negociado, de cómo has usado de tantos bienes como te entregué. Bienes naturales y sobrenaturales, de inteligencia y de gracia, materiales y espirituales. En ese momento ¿nos sonrojaremos como el mayordomo infiel, o nos sentiremos tranquilos y satisfechos de nuestra vida? Inevitable es este juicio. Lo ha dicho la Verdad infalible: “Establecido está que los hombres mueran una vez e inmediatamente venga el juicio” (S. Pablo, Hebreos 9, 27). Del cual juicio no se librará nadie: “¿acaso crees, Oh hombre, que podrás librarte del juicio de Dios?” (S. Pablo, Romanos, 2, 3).Y este juicio será definitivo. Ya no habrá más tiempo para volver a negociar, para corregir los yerros de la vida; se acabó la administración de los bienes que recibimos; “del lado que se caiga, en él quedará siempre” (Eclesiastés 11, 3) Tiempo es, pues, ahora de examinar nuestra conducta, de ajustar nuestras cuentas y conformar nuestras acciones a la voluntad de Dios. Como el mayordomo, empleemos todos los bienes recibidos de Dios en hacer con ellos cosas  buenas, actos de caridad, recordando que la limosna no es un simple consejo, sino un precepto, para que así ganemos amigos que en aquel momento nos defiendan: las mismas obras buenas que hablarán a nuestro favor. Conquistemos pues, el favor de los amigos del Corazón de Jesús que toma como hecho a su propia persona todo el bien que hagamos a los pobres.





Día 16 de Julio, Nuestra Señora del Carmen
Una tradición muy antigua dice que unos piadosos varones que vivían como solitarios y ermitaños, queriendo imitar el modo de vida trazado por los profetas Elías y Eliseo, se convirtieron a la fe cristiana el día de Pentecostés, y fueron los primeros en levantar un templo en honor de la Virgen María en la cumbre del monte Carmelo. Estos ermitaños, llamados Hermanos de Santa María del Monte Carmelo no se sabe desde que fecha, entran en el siglo XIII en Europa junto con los cruzados que vuelven de Tierra Santa. En 1245 aprobó el Papa Inocencio IV su regla, y el 16 de Julio de 1251 se aparece la Virgen al General de la Orden, San Simón Stock, y promete a los que vistan su hábito que no sufrirán las penas del infierno. En 1316 se aparece otra vez y concede al Papa Juan XXII el privilegio sabatino, es decir que Ella sacaría del Purgatorio a los hermanos de la Orden Carmelitana el primer sábado después de su fallecimiento si cumplen con ciertas condiciones. El Santo Escapulario del Carmen, canónicamente recibido, hace participar a los fieles de estos grandes privilegios concedidos por la Santísima Virgen María y de los que la Iglesia ha añadido después con extraordinarias indulgencias. Nuestra Señora del Carmen es la celestial patrona de los marinos y de la República de Chile.






domingo, 7 de julio de 2024

Sermón Domingo Séptimo después de Pentecostés

Sermón

R.P. Julián Espina Leupold


Sermón

S.E.R. Pío Espina Leupold


Sermón

R.P. Carlos R. Santos


Lección

Hermanos: Lo digo humanamente, por la flaqueza de vuestra carne: que, así como pusisteis vuestros miembros al servicio de la inmundicia y de la iniquidad, para la iniquidad, así pongáis ahora vuestros miembros al servicio de la justicia, para la santificación. Porque, cuando erais siervos del pecado, estabais libres de la justicia. Y ¿qué fruto sacasteis entonces de aquellas cosas de que ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es la muerte. Pero ahora, libertados del pecado, y hechos siervos de Dios, tenéis por fruto vuestro la santificación, y por fin la vida eterna. Porque el pago del pecado es la muerte. En cambio, la gracia de Dios es la vida eterna, en Jesucristo, nuestro Señor. 

Romanos VI, 19-23



Evangelio

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero interiormente son lobos rapaces: por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen de las espinas uvas, o de los abrojos higos? Así, todo: y todo árbol malo da malos frutos. No puede el árbol bueno dar malos frutos: ni el árbol malo puede dar buenos frutos. Todo árbol, que no dé buen fruto, será arrancado y arrojado al fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis. No todo el que me diga: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: sino el que haga la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése entrará en el reino de los cielos.

S. Mateo VII, 15-21


sábado, 6 de julio de 2024

Dom Gueranger Séptimo Domingo después de Pentecostés

 





SÉPTIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger


El ciclo dominical del tiempo después de Pentecostés completa hoy su primer septenario. Antes del traslado general que tuvieron que sufrir las lecturas evangélicas en esta parte del año, el Evangelio de la mutiplicación de los siete panes correspondía al séptimo Domingo, y el misterio que encierra, inspira en más de una ocasión aún a la liturgia de hoy día.


LA SABIDURÍA DIVINA

Ahora bien, este misterio es el de la consumación de los perfectos en la paz fecunda de la unión divina. Salomón, el Pacífico por excelencia, acaba de exaltar hoy a la Sabiduría divina y revelar sus caminos a los hijos de los hombres. Los años en que la Pascua alcanza su límite extremo en abril, el séptimo Domingo después de Pentecostés es, en efecto, el primero del mes de agosto, y la Iglesia comienza en él, durante el Oficio de la noche, la lectura de los libros Sapienciales. De lo contrario, continúa la de los libros históricos, que puede proseguirse aún durante cinco semanas; pero aun entonces la Sabiduría eterna guarda sus derechos sobre este Domingo, que el número séptimo la consagraba ya de una manera tan especial. Porque, a falta de instrucciones inspiradas en el libro de los Proverbios, vemos a Salomón en persona predicar con su ejemplo en el libro tercero de los Reyes, y preferir la Sabiduría a todos los tesoros, y hacerla sentar con él, como su inspiradora y su más noble Esposa, en el trono de David, su padre.

David mismo —nos dice San Jerónimo, interpretando la Escritura de este día en nombre de la misma Iglesia—[1] David, al fin de su vida guerrera y atormentada, conoció las dulzuras de esta incomparable Esposa de los pacíficos; y sus castas caricias, que no encienden el fuego de la concupiscencia, triunfaron en él divinamente sobre los hielos de la edad. "Sea, pues, mía también —dice un poco más adelante el solitario de Belén—; repose en mi seno esta Sabiduría siempre pura. Sin envejecer nunca, siempre fecunda en su eterna virginidad, con los ardores de su llama se enciende en el cristiano el fervor del espíritu, pedido por el Apóstol[2]; y por la disminución de su imperio se enfriará la caridad de muchos, al fin de los tiempos".


MISA

La Iglesia, dejando a la sinagoga en sus ciudades condenadas a perecer, ha seguido a Jesús al desierto. Mientras los judíos infieles asisten, sin darse cuenta, a esta trasmigración tan fatal para ellos, Cristo convoca a los pueblos y los conduce en líneas apretadas por las huellas de la Iglesia. De Oriente y de Occidente, del Norte y del Mediodía llegan los gentiles y toman lugar con Abraham, Isaac y Jacob en el banquete del reino de los cielos[3]. Mezclemos nuestras voces en el Introito a sus cantos de alegría.


INTROITO

Gentes todas, aplaudid: cantad a Dios con voz de exultación. — Salmo: Porque el Señor es excelso, terrible: es el Rey grande sobre toda la tierra. V. Gloria al Padre.


Nada impide a la Sabiduría llegar al fin de sus planes, El. pueblo judío reniega de su rey; pero la gentilidad se levanta a aclamar al Hijo de David. Como cantábamos en el Introito, su reino se extiende por toda la tierra. La Iglesia pide en la Colecta, que aleje los males y que venga la abundancia de los bienes que deben afirmar en la paz el poder del verdadero Salomón.


COLECTA

Oh Dios, cuya providencia no se engaña en sus disposiciones: suplicámoste humildemente apartes todo lo dañoso, y nos concedas cuanto pueda aprovecharnos. Por nuestro Señor.


EPÍSTOLA

Lección de la Epístola del Ap. S. Pablo a los Romanos. (VI, 19-23).


Hermanos: Lo digo humanamente, por la flaqueza de vuestra carne: que, así como pusisteis vuestros miembros al servicio de la inmundicia y de la iniquidad, para la iniquidad, así pongáis ahora vuestros miembros al servicio de la justicia, para la santificación. Porque, cuando erais siervos del pecado, estabais libres de la justicia. Y ¿qué fruto sacasteis entonces de aquellas cosas de que ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es la muerte. Pero ahora, libertados del pecado, y hechos siervos de Dios, tenéis por fruto vuestro la santificación, y por fin la vida eterna. Porque el pago del pecado es la muerte. En cambio, la gracia de Dios es la vida eterna, en Jesucristo, nuestro Señor.


LA VERDADERA LIBERTAD

"La vida del bautizado, que le viene de su unión con Nuestro Señor Jesucristo por la fe, es la paz con Dios, la alegría y la libertad. Es dos veces libertad: por razón de lo que el bautismo destruye, y por razón de lo que edifica en nosotros. Para comprender esto, importa definir bien lo que es la libertad, y su contraria la servidumbre. Vivo en servidumbre cuando estoy sujeto bajo la dependencia de quien no debo; cuando el tirano ejerce en mis miembros exteriores violencia; cuando me asocia, a pesar mío, a sus obras malvadas, mientras una parte de mí, la más alta, protesta contra las bajezas que ejecuta su poder despótico. Entonces verdaderamente sí que es servidumbre. "Pero cuando vivo bajo la dependencia de quien debo; cuando el poder que se ejerce sobre mí, obra íntimamente, se dirige a la inteligencia y a la voluntad; cuando me hace trabajar con él en obras nobles y dignas; cuando me asocia al trabajo de Dios mismo, y bajo su influencia interior, me hace colaborar en un programa de sana moralidad; cuando estoy persuadido que no sólo Dios, sino todo lo más elevado de mi alma aplaude la obra que juntos ejecutamos Dios y yo, llamadlo servidumbre si queréis, pero para mí es la suprema libertad, una liberación absoluta. Ser dócil a la inteligencia, es libertad; ser dócil a la inteligencia de Dios, es la más absoluta libertad que existe"[4].

La Iglesia en el Gradual continúa expresando el pensamiento dominante del séptimo Domingo; invita a sus hijos a que vengan a recibir de ella la ciencia del temor del Señor: porque el temor del Señor es el principio de la Sabiduría[5]. El Verso llama de nuevo a las naciones, herederas de Jacob, a celebrar con alegría el don de Dios.


GRADUAL

Venid, hijos, oídme: os enseñaré el temor del Señor. V. Acercaos a Él, y seréis iluminados: y vuestras caras no serán confundidas.

Aleluya, aleluya. V. Gentes todas, aplaudid: cantad a Dios con voz de exultación. Aleluya.


EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según S. Mateo. (VII, 15-21).


En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero interiormente son lobos rapaces: por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen de las espinas uvas, o de los abrojos higos? Así, todo: y todo árbol malo da malos frutos. No puede el árbol bueno dar malos frutos: ni el árbol malo puede dar buenos frutos. Todo árbol, que no dé buen fruto, será arrancado y arrojado al fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis. No todo el que me diga: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: sino el que haga la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése entrará en el reino de los cielos.


LOS DISCÍPULOS DE LA SABIDURÍA

"Los conoceréis por sus frutos", dice el Evangelio; y la historia confirma la palabra del Señor. Bajo la piel de oveja con que quieren engañar a los sencillos, los apóstoles del error exhalaban siempre un hedor letal. Sus palabras habilidosas, sus lisonjas interesadas no pueden disimular el vacío de sus obras. No tengáis nada común con ellos. Los frutos podridos e impuros de las tinieblas y los árboles de otoño y dos veces muertos que los sostienen en sus ramas secas, tendrán el fuego por herencia. Si habéis sido también vosotros anteriormente tinieblas, ahora que habéis llegado a ser luz en el Señor por el bautismo, o por el retorno de una conversión sincera, mostraos como tales: producid los frutos de la luz, en toda bondad, justicia y verdad[6]. Sólo con esta condición podéis esperar el reino de los cielos y llamaros ya en este mundo los discípulos de esa Sabiduría del Padre que reclama para sí hoy nuestro amor.

En efecto, dice el Apóstol Santiago, como comentando el Evangelio de hoy, “¿acaso la higuera puede dar uvas, o la vid producir higos? ¿acaso la fuente pueda dar agua amarga y dulce a la vez? y ahora, ¿quién de nosotros pretende pasar por sabio? Pruébelo que lo es, mostrando en todas sus obras y en toda su vida la dulzura de la Sabiduría. Porque hay una sabiduría amarga y engañosa, que no es de lo alto, sino terrena e infernal. La Sabiduría que viene de arriba, es primeramente casta y pura y además amiga de la paz, modesta, sin apegarse a su parecer, siempre concorde con los buenos, llena de misericordia y de frutos de buenas obras, que no juzga a los demás, ni tiene segundas intenciones. Los frutos de la justicia que produce, se siembran en la paz, en el seno de los pacíficos”[7].

La Antífona del Ofertorio está escogida, según Honorio d'Autun, para recordarnos el sacrificio de mil víctimas ofrecido en Gabaón por Salomón, los primeros días de su reinado; después de este sacrificio, habiendo de pedir al Señor lo que deseaba, anheló y obtuvo la Sabiduría, con las riquezas y la gloria que no había buscado. Ahora, de nosotros depende que el Sacrificio que se prepara, sea igual y aún más acepto todavía. Porque la Sabiduría encarnada es quien aquí se ofrece en persona al Dios Altísimo, deseando merecernos todos los dones del Padre y dársenos ella misma.


OFERTORIO

Como los holocaustos de carneros y toros, y como los miles de gordos corderos, así aparezca hoy en tu presencia nuestro sacrificio, para que te agrade: porque no hay confusión para los que esperan en ti, Señor.

 

Un nuevo rasgo, que confirma lo que hemos dicho del carácter misterioso de este Domingo séptimo consagrado especialísimamente a la Sabiduría eterna: el Verso de la Escritura que antes acompañaba a la Antífona del Ofertorio, es el mismo con que comienza, en el Pontifical romano, la función espléndida de la Consagración de las Vírgenes: Y ahora te seguimos de todo corazón, te tememos y buscamos tu faz; no nos rechaces; sino más bien muestra en nosotras tu dulzura, según la multitud de tus misericordias[8]. Al cantar estas palabras, a la llamada del Pontífice, las elegidas del Señor avanzan hacia el altar en que se va a consumar su alianza.

La Secreta recuerda a Dios, cómo la múltiple variedad de víctimas legales, recordadas en el Ofertorio, han encontrado su unidad en la oblación del Gran Sacrificio.


SECRETA

Oh Dios, que pusiste fin a la diferencia de las hostias legales con la perfección de un solo sacrificio: acepta el sacrificio ofrecido por tus devotos siervos, y santifícalo con la misma bendición con que santificaste los presentes de Abel: para que, lo que te ha ofrecido cada cual en honor de tu majestad, aproveche a todos para su salud. Por nuestro Señor.


La Antífona de la Comunión, según Honorio d'Autun, que no hay que separar del Salmo XXX de donde está tomada, expresa la oración del hijo de David, por la que pidió a Dios la Sabiduría y la obtuvo inmediatamente. Si alguno de vosotros— dice el Apóstol Santiago—desea la Sabiduría, pídala a Dios, que da a todos sin cuento y no desdeña a nadie; y le será dada[9].


COMUNIÓN

Inclina tu oído; apresúrate a librarme.


La primera falta vició al hombre de tal modo, tan alejado se halla de la unión divina al entrar en esta vida, que no puede por sí mismo ni lavar sus manchas, ni encaminarse por la senda que lleva a Dios. Es necesario que el Señor, como un médico generoso y paciente, tome a su cargo todos los gastos de su curación, y, aun después de levantado, le sostenga y le conduzca. Digamos con la Iglesia en la Poscomunión:


POSCOMUNIÓN

Haz, Señor, que tu medicinal operación nos libre clemente de nuestras perversidades, y nos lleve a las cosas rectas. Por nuestro Señor.


Notas

[1] II Nocturno.

[2] Romanos XII, II.

[3] San Mateo VIII, II.

[4] Dom Belatte, Epitres de Saint Paul I, 643.

[5] Psalm. CX, 10.

[6] Efesios V, 8-9.

[7] Santiago III, 11-18.

[8] Daniel III, 40-42.

[9] Santiago I, 5.

viernes, 5 de julio de 2024

Boletín Dominical 7 de julio


Día 7 de Julio, Domingo VII de Pentecostés.

Doble. Ornamentos Verdes.
Conm. Santos Cirilo y Metodio. Obispos y Confesores

En cada página del Evangelio podemos encontrar un insondable abismo de amor de Dios hacia nosotros. Esta regla no excluye el domingo de hoy. Pero ¿no anuncia Nuestro Señor que vendrán los falsos doctores, sembradores de iniquidad? Es verdad que después que Nuestro Señor anuncia la venida de estos lobos disfrazados con piel de oveja, Él nos da la regla para discernir y reconocer a estos falsos maestros, pero ¿no hubiera sido mejor que Dios directamente impidiese la operación de estos empleados de Satanás? ¿Por qué permitir esto? Precisamente Dios permite todo esto porque nos ama.

Fijémonos que en la Misa de hoy mientras el Santo Evangelio nos anuncia el flagelo de los falsos doctores el Introito dice: Todas las gentes batid palmas: vitoread al Señor con voces de júbilo. Y el Gradual: Acercaos a Él y resplandeceréis, y vuestros rostros no se ruborizarán. Desde luego estos pasajes nos hacen pensar en gozo y alegría, ¿cómo compaginarlos pues con el anuncio de un castigo?

He aquí el gran problema del dolor. Todo premio supone un esfuerzo, todo éxito supone trabajo, toda culpa supone una reparación. Cuando los fariseos quisieron apedrear a aquella adultera Nuestro Señor se interpuso e impetró que el que no tuviera pecado arrojase la primera piedra. (Continua)




(Sigue)Uno por uno fueron retirándose, porque todos tenían pecado. ¿Quién no tiene que purificarse de sus pecados, faltas e imperfecciones?

Dios, en su amor infinito, prefiere que nos purifiquemos en esta vida, porque mientras nos purificamos granjeamos méritos para el cielo. Quien en el purgatorio se purifica, queda puro, pero sufre sin merecer. Quien se purifica en la tierra sufre mereciendo. Y con todo hay almas que se atreven a reclamar de los dolores que Dios permite para que saquemos mayores bienes… y bienes eternos.

Hoy día la plaga de los falsos doctores ha llegado a su colmo ya que tenemos asentada la Abominación de la Desolación en el lugar Santo. Pero Dios no solo es justo, sino que es la Justicia misma, y Sus misterios son insondables. Lo que debemos hacer es responder a este colmo de dolor con un colmo de amor, fe y esperanza; lo que sólo alcanzaremos por el intermedio de la Bienaventurada Virgen María Madre de Dios.



martes, 2 de julio de 2024

Dom Gueranger: La Visitación de la Santísima Virgen

  



LA VISITACIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger



HISTORIA DE LA FIESTA

En los días que precedieron al nacimiento del Salvador, la visita de María a su prima Isabel fué ya objeto de nuestras meditaciones. Pero convenía volver sobre una circunstancia tan importante de la vida de Nuestra Señora, para hacer resaltar lo que este misterio contiene de enseñanza profunda y de alegría santa. La sagrada Liturgia completándose con los años, explotará esta mina preciosa en honor de la Virgen-Madre. La Orden de San Francisco y algunas iglesias particulares, como la de Reims y París, ya se habían adelantado, cuando Urbano VI, en el año 1389 instituyó la solemnidad de este día. El Papa aconsejaba el ayuno en la vigilia de la fiesta, y que además tuviese Octava; concedió en su celebración las mismas indulgencias que había otorgado Urbano VI, en el siglo anterior a la ñesta del Corpus Christi. La bula de promulgación, retrasada por la muerte del Pontífice, fué publicada por Bonifacio IX que le sucedió en la Silla de S. Pedro.

Por las lecciones del Oficio primitivamente compuesto para esta fiesta, sabemos que el fin de su institución fué, según el pensamiento de Urbano, obtener que cesase el cisma que dividía a la Iglesia. Nunca se había visto la Esposa del Hijo de Dios en situación tan dolorosa. Pero Nuestra Señora, a quien se había dirigido el verdadero Pontífice al comienzo de la tormenta, no dejó fallida la esperanza de la Iglesia. Durante los años que la insondable justicia del Altísimo dejó obrar a los poderes del infierno, vino en su defensa, sujetando tan fuertemente bajo su pie vencedor la cabeza de la serpiente antigua, que a pesar de la espantosa confusion que había levantado, su baba ponzoñosa no pudo manchar la fe de los pueblos, que permaneció firmemente adherida a la unidad de la Cátedra romana, cualquiera que en esta incertidumbre fuese su ocupante verdadero. Así, el Occidente separado de hecho, pero unido en sus principios, se volvía a unir en el tiempo escogido por Dios para devolver la luz.


MARÍA, ARCA DE ALIANZA

Si se pregunta por qué quiso Dios que el Misterio de la Visitación y no otro, fuese al establecerse esta solemnidad, el trofeo de la paz reconquistada, es fácil hallar la razón en la naturaleza misma de este misterio y en las circunstancias en que se realizó.

En él especialmente aparece María como verdadera arca de Alianza: llevando al Emmanuel, testimonio vivo de una reconciliación definitive entre la tierra y el cielo. Por ella, mejor que en Adán, todos los hombres han de ser hermanos; porque el que lleva escondido en su seno, será el primogénito de la gran familia de los hijos de Dios. Apenas concebido, comienza para El la obra de la propiciación universal.

¡Dichosa la casa del sacerdote Zacarías, que durante tres meses acogió a la Sabiduría eterna, bajada recientemente al seno purísimo en que se acaba de consumar la unión que ambicionaba su amor! Por el pecado original, el enemigo de Dios y de los hombres tenía cautivo, en esta bendita casa, a aquel que sería el hornato en los siglos infinitos; la embajada del ángel que anunció el nacimiento de Juan, su concepción milagrosa, no habían eximido al hijo de la es térll del tributo vergonzoso que todos los hijos de Adán tienen que pagar al príncipe de la muerte, a su entrada en la vida. Pero apareció María, y Satanás vencido sufrió en el alma de Juan su más completa derrota, que no será la última; porque el arca de alianza no detendrá sus triunfos hasta reconciliar al último de los elegidos.


ALEGRÍA DE LA IGLESIA

Celebremos este día con cantos de alegría; porque en este misterio están, como en germen, todas las victorias que alcanzarán la Iglesia y sus hijos; desde hoy el Arca santa preside los combates del nuevo Israel. Basta ya de división entre el hombre y Dios, el cristiano y sus hermanos; si la antigua arca no logró impedir la escisión de las tribus, el cisma y la herejía conseguirán hacer frente a María unos cuantos años o algunos siglos, pero al fin resplandecerá más su gloria. De ella, como en este día glorioso y a la vista del enemigo humillado, brotarán siempre la alegría de los pequeños, la perfección de los pontífices, y la bendición de todos. Unamos el tributo de nuestras voces a los saltos gozosos de Juan, a la repentina exclamación de Isabel, al cántico de Zacarías; todo el mundo lo repita. Así se saludaba antiguamente la llegada del arca al campamento de los Hebreos; los Filisteos, al oírlo, por ahí comprendían que había bajado el auxilio del Señor; y sobrecogidos de espanto, gemían, diciendo: “¡Desgraciados de nosotros! no reinaba aquí ayer una alegría tan grande; ¡desgraciados de nosotros.” Por cierto que hoy el género humano salta de gozo y canta con Juan; y hoy también, y con razón, se lamenta el enemigo; hoy la mujer descarga el primer golpe del calcañal en su cabeza altanera, y Juan, ya librado, es en esto precursor de todos nosotros. El nuevo Israel, más afortunado que el viejo, tiene seguridad de que no le arrebatarán ya su gloria nunca jamás; nunca le quitarán el Arca santa que le permite pasar las aguas, y derrumba ante él las fortalezas.


EL CANTO DE MARÍA

¿No es, pues, muy justo que este día, en que termina la serie de las derrotas que comenzaron en el Paraíso, sea también el día de los cánticos nuevos del nuevo pueblo? Pero ¿a quién toca entonar el himno del triunfo, sino al que gana la victoria? Por eso canta María en este día de triunfo, recordando todos los cantos de victoria que, a lo largo de los siglos de espera, fueron como preludios, a su divino Cántico. Pero las victorias pasadas del pueblo elegido no eran más que la figura de la que consigue ella, en esta fiesta de su manifestación, como soberana gloriosa, que, mejor que Débora, Judit o Ester, ha comenzado a libertar a su pueblo; en su boca los acentos de sus ilustres predecesoras han evolucionado de la aspiración inflamada de los tiempos de la profecía, al éxtasis sereno, que denota la posesión del Dios que por tanto tiempo esperado. Una era nueva comienza parar los cantos sagrados: la alabanza divina toma de María el carácter que no perderá en este mundo y que subsistirá aún en la eternidad. Y en este día también, inagurando su ministerio de Corredentora y de Mediadora, recibió María por vez primera en la tierra, de boca de Santa Isabel, la alabanza que sin ñn merece la Madre de Dios y de los hombres.

El motivo especial que tuvo la Iglesia, en el siglo xiv, para instituir esta fiesta, nos ha inspirado las anteriores consideraciones. María ha demostrado otra vez, al devolver a Roma al desterrado Pío IX, el 2 de Julio de 1849, que consideraba esta fecha como un día de victoria.


MISA

El Introito es el mismo de las Misas votivas de Nuestra Señora en este tiempo del año. Está tomado de Sedulio el poeta cristiano del siglo v, del cual hizo la Sagrada Liturgia otros extractos muy bien apropiados, los días de Navidad y Epifanía. La palabra excelente (Verbum bonum) que se ensalza en el Versículo, la obra que dedica al Rey la Virgen-madre, todos declaran hoy que es el Magníficat, riqueza y gloria de este día.


INTROITO
Salve, Madre Santa, que diste a luz al Rey que rige cielos y tierra por los siglos de los siglos. Ps. Mi corazón ha proferido una excelente palabra; digo: Mis obras son para el Rey. Gloria al Padre. Salve.

La paz es el don precioso que imploraba la tierra incesantemente desde el pecado original. Congratulémonos, pues; en este día se revela, por medio de María, el Príncipe de la Paz. La solemne conmemoración del ministerio que celebramos, va a desarrollar en nosotros la obra de salvación, que comenzó en el de Navidad. Esta gracia la pedimos con la Santa Madre Iglesia en la Colecta.


ORACIÓN
Rogárnoste Señor, que concedas a tus siervos el don de la gracia celestial, para que los que hemos recibido las primicias de la salvación en el parto de la Virgen, alcancemos aumento de paz en la Solemnidad de su Visitación. Por Jesucristo nuestro Señor.


EPÍSTOLA

Lección del Libro de la Sabiduría (Cantar de los Cantares, II, 8, 15).
Vedle cómo viene saltando por los montes y brincando por los collados. Mi amado semeja al gamo ligero y al cervatillo. Vedle, está detrás de nuestra pared, mirando por las ventanas, atisbando por las celosías. Me habla mi amado y dice: Levántate y apresúrate, amiga mía, paloma mía, hermosa mía, y ven; pues ya pasó el invierno, disipáronse y cesaron las lluvias; han aparecido las flores en nuestra tierra; llegó el tiempo de la poda; el arrullo de la tórtola se ha oído ya en nuestro campo; la higuera dió sus brevas; esparcen su olor las florecientes viñas. ¡Levántate pues, amiga mía, hermosa mía, y ven paloma mía que anidas en las quiebras de las peñas, en las concavidades del muro, muéstrame tu rostro, suene tu voz en mis oídos; porque tu voz es dulce, y tu cara hermosa!

LA VISITA DEL AMADO. — La Iglesia nos introduce en la profundidad del misterio. La lectura que antecede, se reduce a la explicación de esta palabra de Isabel, en que se resume la fiesta: “Al oír tu voz, mi niño saltó de gozo en mi seno.” Voz de María, voz de la tórtola, que expulsa al invierno y anuncia la primavera, los perfumes y las flores. A esta invitación tan dulce, el alma de Juan, cautiva en la noche del pecado, se Despoja de las libreas del esclavo y, desarrollando rápidamente los gérmenes de las más altas virtudes, se nos presenta bella como la esposa, con todos los aderezos del día de la boda. Y también ¡qué ansias tiene Jesús de llegarse a esta alma amada! ¡Qué efusiones inefables entre Juan y el Esposo! ¡Qué diálogo sublime desde el seno de Isabel al de María! ¡Madres admirables, pero más admirables todavía los hijos! En aquel encuentro feliz, el oído, los ojos, la voz de las madres las pertenecen menos a ellas que a los frutos benditos de sus entrañas; sus sentidos son la celosía por la que el Esposo y el amigo del Esposo se ven, se entienden y se hablan.

El alma de Juan prevenida por el Amigo Divino que la buscó, se despierta en pleno éxtasis. Por otra parte, para Jesús es la primera conquista; dirigidos a Juan, es cuando por vez primera, excepción hecha de María, se formulan en el alma del Verbo hecho carne, los acentos del epitalamio divino y hacen palpitar su corazón. En este día pues, y nos lo enseña la Epístola, a la vez que el Magníficat, se inaugura también el divino Cantar de los Cantares con el verdadero y completo sentido que el Espíritu Santo quiso darle. Nunca habrá motivos tan justificados como en este día feliz, para el alborozo del Esposo; ni tampoco será jamás tan fielmente correspondido. Unamos nuestro entusiasmo al de la eterna Sabiduría, que hoy da el primer paso en favor de toda la humanidad.

En el Gradual ensalcemos con Isabel a la Santísima Virgen, que nos gana todas estas alegrías, y en quien el amor tiene encerrado al que no podía contener el mundo. El dístico que se canta en el versículo, hacía las delicias de la piedad medieval; se encuentra en varias liturgias, ya como principio de himno, ya en forma de Antífona en la composición de Misas u Oficios.


GRADUAL
Bendita y venerable eres, Virgen María; pues sin el más leve menoscabo de tu integridad virginal, te allaste Madre del Salvador. T. Virgen, Madre de Dios, El que no cabe en los cielos, hecho hombre se encarnó en tu seno.
Aleluya, aleluya. V. Feliz y digna de toda alabanza, eres, sagrada Virgen María, porque de ti nació el Sol de justicia, Cristo nuestro Dios. Aleluya.


EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según San Lucas (I, 39-46).
En aquel tiempo: Partió María presurosa por las serranías, a una ciudad de Judá; y, entrando en casa de Zacarías, saludó a Isabel. Al oír Isabel el saludo de María, el niño (Juan) saltó de gozo en su vientre, e Isabel se sintió llena del Espíritu Santo, y, exclamando en alta voz, dijo: ¡Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! Y ¿de dónde a mí tanto bien, que venga la Madre de mi Señor a mí? Pues lo mismo fué llegar la voz de tu saludo a mis oídos, que dar saltos de júbilo la criatura en mi seno. ¡Bienaventurada tú que has creído! porque se cumplirán las cosas que se te han dicho de parte del Señor. Y dijo María: Mi alma engrandece al Señor y mi espíritu salta de gozo al pensar en Dios, mi Salvador.


CARIDAD FRATERNA...

María supo por el Arcángel que Isabel iba a ser pronto madre. Sólo pensar los servicios que necesitan la anciana prima y el niño que va a nacer, la pone inmediatamente en camino hacia las montañas en donde esta situada la casa de Zacarías. Así camina, así corre, si es verdadera, la caridad de Cristo. No hay situación de alma en la que pueda el cristiano olvidar a sus hermanos, con el pretexto de una perfección más encumbrada.

Acaba María de contraer con Dios la unión más alta que podemos pensar; y con gusto se la figuraría nuestra imaginación incapaz de hacer nada, abismada en el éxtasis, precisamente en estos días en que el Verbo, al tomar carne de su carne, en pago la inunda en mares de su divinidad. Pero el Evangelio lo dice expresamente: en estos mismos días la Virgen sencilla, pendiente hasta ahora del secreto de la presencia del Señor, se levanta para dedicarse a todas las necesidades del prójimo en su cuerpo y en su alma.


... Y CONTEMPLACIÓN

¿Quiere significarse con esto que las obras están por encima de la oración y que la contemplación ha dejado de ser la mejor parte? De ninguna manera; y Nuestra Señora nunca estuvo con todo su ser tan directa y tan plenamente unida con Dios como en estos días. Pero la criatura que ha llegado a las cumbres de la vida unitiva, se siente tan apta para las obras exteriores, que no existe de por sí ocupación alguna que la pueda distraer del centro inmutable en que ya se ha fijado.


LA PERFECCIÓN

Privilegio insigne, resultado de esta división del espíritu y del alma, a la que no todos llegan y que es uno de los pasos más decisivos en las vías del espíritu; pues supone una purificación tan perfecta del ser humano, que en realidad forma un solo espíritu con el Señor; lleva consigo una sumisión tan total de las potencias, que sin chocar entre sí, obedecen simultáneamente, en sus diversas esferas, al soplo divino.

Mientras el cristiano no conquiste esta santa libertad de los hijos de Dios2, no puede en efecto, ir al hombre, sin abandonar a Dios en algo. Y no decimos con eso que tenga que descuidar sus obligaciones con el prójimo, en quien Dios ha querido que le veamos a El mismo; ¡dichoso, sin embargo, el que no pierde nada de la mejor parte, como María, cuando se dedica a los quehaceres de esta vida! Pero ¡qué pocos son estos privilegiados, y cuán grande ilusión sería persuadirnos de lo contrario!


MARÍA, NUESTRO MODELO

Nuestra Señora, es Virgen y Madre. En ella se realiza el ideal de la vida contemplativa y de la vida activa: la Liturgia nos lo recuerda a menudo. En esta fiesta de la Visitación, la Iglesia la invoca de modo más especial como modelo de todos los que se dedicand a las obras de misericordia; si no a todos les es dado tener, como ella, al mismo tiempo, abismado más que nunca en Dios su espíritu, no obstante eso, todos tienen que esforzarse de continuo por irse acercando, mediante la práctica del recogimiento y de la alabanza divina, a las alturas luminosas donde hoy se muestra su Reina en la plenitud de sus inefables perfecciones.

El Ofertorio, canta el glorioso privilegio de María, Madre y Virgen, dando a luz al que la hizo.


OFERTORIO
Bienaventurada eres, Virgen María, que engendraste a quien te creó y llevaste en tu seno al Creador de todas las cosas, permaneciendo siempre Virgen.

El Hijo de Dios, al nacer de María, consagró su integridad virginal. Pedimos en la Secreta de este día, que, en recuerdo de su Madre, nos conceda el purificarnos de nuestras manchas y hacer de esa manera nuestra ofrenda acepta al Dios altísimo.


SECRETA
Socórranos, Señor, la humanidad de tu Unigénito, y así como, al nacer de la Virgen Madre, no mermó su integridad, sino que la hizo más santa, así, purificándonos de nuestras culpas en la solemnidad de su Visitación, te haga aceptable nuestra oblación Cristo Nuestro Señor, que contigo vive y reina…

La Iglesia tiene consigo, en los Misterios, al mismo Hijo del Padre eterno que María llevó en su vientre nueve meses. En ese santo seno tomó un cuerpo para llegarse a todos nosotros. En la antífona de la comunión cantemos al Hijo y a la Madre.


COMUNIÓN
Bienaventuradas las entrañas de la Virgen María, que llevaron al Hijo del eterno Padre.

La celebración de cada uno de los misterioso de la salvación mediante la participación del Sacramento que los contiene todos, es un medio para obtener el alejamiento del mal en este mundo y para la eternidad. Es lo que expresa la Poscomunión, por lo que se refiere al misterio de este día.


POSCOMUNIÓN
Habiendo recibido los sacramentos en la celebración de esta fiesta anual, suplicárnoste, Señor, que nos sirvan de remedio para la vida presente y la futura. Por Jesucristo nuestro Señor.


ELOGIO

¿Quién es ésta que avanza hermosa como la aurora cuando sale, terrible como un ejército puesto en orden de batalla?’. Hoy es, oh María, la primera vez que alegra a la tierra tu dulce claridad. Llevas contigo al Sol de justicia; y su luz naciente, al tocar en la cumbre de los montes—el llano sigue aún en la oscuridad—, al primero que alcanza, es al Precursor, de quien se ha dicho que no hay otro mayor entre los nacidos de mujer. El astro divino, subiendo, siempre subiendo, inundará pronto con sus luces los valles más hondos. Pero ¡cuánta gracia en es tos primeros rayos que se desprenden de la nube en que todavía se oculta! Porque tú eres, María, la nube tenue, esperanza del mundo, terror del infierno.


PLEGARIA POR TODOS

Date prisa, por tanto, ¡oh María! Llégate hasta todos nosotros; baja hasta las regiones sin gloria, donde la mayor parte del género humano vegeta, incapaz de subir a las alturas; tu visita consiga introducer la luz de la salvación aun en los abismos de perversidad que más se aproximan a la sima infernal. ¡Oh! ¡quiera Dios que desde las prisiones del pecado, desde el llano en que el vulgo se agita, seamos arrastrados a seguir tus pasos! ¡Son tan hermosas tus huellas en nuestros pobres caminos, y tan suaves los perfumes con que hoy embriagas la tierra!


... POR LA ORDEN DE LA VISITACIÓN

Bendice, oh María, a los que atrae y seduce la mejor parte. Protege a la Orden venerable que se gloría de honrar de modo especial el misterio de tu Visitación; fiel al espíritu de sus ilustres fundadores, no cesa un momento de hacer justicia a su título, embalsamando a la Iglesia de la tierra con aquellos mismos perfumes de humildad, de dulzura, de oración escondida que hace diecinueve siglos, fueron el principal atractivo de los ángeles en este gran día.


... POR LOS QUE AYUDAN A LOS DESGRACIADOS

Finalmente, oh Señora nuestra, no olvides las filas compactas de los que suscita la gracia para seguirte en la búsqueda misericordiosa de todas las miserias, y que hoy son más numerosos que nunca; enséñalos cómo se pueden dedicar al prójimo, sin dejar a Dios; para la mayor gloria de ese Dios altísimo, y felicidad del hombre, multiplica en la tierra tus fieles modelos. Y por fin, todos, después de seguirte en la medida y a la manera que quiere Aquel que divide sus dones a cada cual según su beneplácito, nos volvamos a encontrar en la patria para cantar contigo a una voz el eterno Magníficat.



domingo, 30 de junio de 2024

Dom Gueranger: Fiesta de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo

 





FIESTA DE LA PRECIOSÍSIMA
SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger



OBJETO DE LA FIESTA

La Iglesia ha revelado ya a los hijos de la nueva Alianza, el precio de la Sangre con que fueron rescatados, su virtud fortificante, y la honra y adoración que merece. El Viernes Santo, la tierra y los cielos contemplaron todos los crímenes anegados en la ola de salvación, cuyos diques eternos habíanse roto, por fin, con el esfuerzo unido de la violencia de los hombres y del amor del Corazón divino. La fiesta del Santísimo Sacramento nos ha visto postrados ante los altares en los que se perpetúa la inmolación del Calvario y el derramamiento de la Sangre preciosa, convertida en bebida de humildes y en objeto de los honores de los poderosos de este mundo.

Con todo eso, he aquí que la Iglesia nos invita de nuevo a los cristianos a celebrar los torrentes que fluyen de la fuente sagrada. Quiere decir con esto que las solemnidades precedentes no han agotado el misterio. La paz traída por esta Sangre, la corriente de sus ondas que saca de los abismos a los hijos de Adán purificados, la sagrada mesa dispuesta para ellos, y este cáliz de donde procede el licor embriagador, todos estos preparativos quedarían sin objeto, todas estas magnificencias serían incomprendidas si el hombre no viese en ellas los efectos de un amor cuyas pretensiones no pueden ser sobrepujadas por ningún otro amor. La Sangre de Jesús debe ser ahora para nosotros la Sangre del Testamento, la prenda de la alianza que Dios nos propone la dote ofrecida por la eterna Sabiduría al llamar a los hombres a la unión divina, cuya consumación en nuestras almas prosigue sin cesar el Espíritu santíficador.


VIRTUD DE LA SANGRE DE JESÚS

"Confiemos, hermanos míos, nos dice el Apóstol; y por la Sangre de Cristo entremos en el Santo de los Santos; sigamos el camino nuevo cuyo secreto conocemos, el camino vivo que nos ha trazado a través del velo, es decir, de su carne. Acerquémonos con corazón sincero, con fe plena, enteramente limpios, con esperanza inquebrantable; porque el que está comprometido con nosotros, es fiel. Exhortémonos cada uno con el ejemplo al acrecentamiento del amor'. Y el Dios de paz, que resucitó de entre los muertos en virtud de la Sangre de la Alianza eterna, al gran Pastor de las ovejas, nuestro Señor Jesucristo, os dé perfección cabal en todo bien, a fin de que cumpláis su voluntad, haciendo El en vosotros lo que es agradable a sus ojos, por Jesucristo, a quien sea dada gloria por los siglos de los siglos".


HISTORIA DE LA FIESTA

No debemos dejar de recordar aquí que esta ñesta es el memorial de una de las más brillantes victorias de la Iglesia. Pío IX fué expulsado de Roma en 1848 por la revolución triunfante; por estos mismos días, al año siguiente, volvió al poder. El 28, 29 y 30, con la protección de los Apóstoles, la hija primogénita de la Iglesia, fiel a su pasado glorioso, arrojó a sus enemigos de las murallas de la Ciudad Eterna; el 2 de Julio, fiesta de María, terminaba la conquista. En seguida un doble decreto notificaba a la Ciudad y al mundo el agradecimiento del Pontífice y la manera con que quería perpetuar por la sagrada Liturgia el recuerdo de estos sucesos. El 10 de Agosto, desde Gaeta, lugar de su refugio durante la lucha, Pío IX, antes de volver a tomar el mando de sus Estados, se dirigió al Jefe invisible de la Iglesia y se la confiaba por la institución de la fiesta de este día, recordándole que, por esta Iglesia, había derramado toda su Sangre.

Poco después, de nuevo en su capital, se dirigía a María, como lo hicieron en otras circunstancias S. Pío V y Pío VII; el Vicario de Jesucristo devolvía a la que es Socorro de ios cristianos, el honor de la victoria ganada el día de su gloriosa Visitación, y disponía que la fiesta del 2 de Julio se elevase del rito de doble mayor al de segunda clase para todas las Iglesias: preludio de la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, que el inmortal Pontífice proyectaba desde entonces, y que acabaría de aplastar la cabeza de la serpiente.

Durante el Jubileo que instituyó en 1933 para celebrar el 19 centenario de la Redención, Pío XI elevó la fiesta de la Preciosa Sangre al rito doble de primera clase, con el fin de inculcar más en el alma de los fieles el recuerdo y la estima de la Sangre del Cordero de Dios, y de alcanzar frutos más copiosos para nuestras almas.


MISA

La Iglesia, que los Apóstoles han formado con todas las naciones que hay bajo el cielo, se dirige al altar del Esposo que la ha rescatado con su Sangre, y canta en el Introito su amor misericordioso. Ella es en adelante el reino de Dios, la depositaria de la verdad.


INTROITO
Nos redimiste, Señor, con tu Sangre de toda tribu y lengua y nación: y nos hiciste un reino para nuestro Dios. — Salmo: Cantaré eternamente las misericordias del Señor: anunciaré con mi boca tu verdad de generación en generación. V. Gloria al Padre.

Prenda de paz entre el cielo y la tierra, objeto de los más solemnes honores y centro de toda la Liturgia, protección segura contra los males de esta vida, la Sangre de Jesucristo derrama desde ahora en las almas y cuerpos de los que ha rescatado, el germen de las alegrías eternas. La Iglesia en la Colecta, pide, al Padre que nos dió a su único Hijo, que este germen divino no sea estéril en nosotros, y que alcance su máximo desarrollo en los cielos.


COLECTA
Omnipotente y sempiterno Dios, que constituiste a tu unigénito Hijo Redentor del mundo, y quisiste aplacarte con su Sangre: haz, te suplicamos, que veneremos con solemne culto el precio de nuestra salud, y que, por su virtud, seamos preservados en la tierra de los males de la presente vida, para que gocemos de su perpetuo fruto en los cielos. Por el mismo Señor.


EPISTOLA

Lección de la Epístola del Ap. S. Pablo a los Hebreos. (IX, 11-15).

Hermanos: Cristo, el Pontífice de los futuros bienes, penetró una vez en el Santuario por un tabernáculo más amplio y perfecto, no hecho a mano, es decir, no de creación humana: ni tampoco por medio de la sangre de cabritos y becerros, sino por medio de su propia Sangre, efectuada la redención eterna. Porque, si la sangre de cabritos y toros, y la aspersión con ceniza de becerra santificaba con la purificación de la carne a los manchados: ¿cuánto más la Sangre de Cristo, que se ofreció a sí mismo inmaculado a Dios por el Espíritu Santo, purificará nuestra conciencia de las obras muertas, para servir al Dios vivo? Y, por eso, es el Mediador del Nuevo Testamento: para que, mediando su muerte, en redención de aquellas prevaricaciones que había bajo el primer Testamento, reciban, los que han sido llamados, la promesa de la eterna herencia: en Jesucristo, nuestro Señor.


LA SANGRE DEL PONTÍFICE

Es ley establecida por Dios desde el principio, que no puede haber perdón de los pecados ni redención completa, sin sacrificio que expie y repare; y que este sacrificio exija derramamiento de sangre. En la antigua alianza la sangre exigida era la de animales inmolados ante el Tabernáculo del Templo. Pero solamente valía para limpiar el exterior y no podía ni santificar a las almas, ni darles derecho para entrar en el tabernáculo celestial.

Pero, el día fijado por la Sabiduría eterna, vino Cristo, nuestro verdadero y único Pontífice. Derramó en sacrificio su preciosísima Sangre. Nos purificó, y, en virtud de esta sangre derramada, entra y nos hace entrar en el santuario del cielo. Desde entonces "su expiación y nuestra redención son cosas adquiridas definitivamente para la eternidad". Su sangre, transmisora de su vida, purifica no sólo nuestro cuerpo sino nuestra alma, centro de nuestra vida; borra en nosotros las huellas del pecado, expía, reconcilia, sella y consagra la alianza nueva, y una vez purificados y reconciliados, nos hace adorar y servir a Dios con culto digno de él.

SERVICIO DE DIOS VIVO

"Porque el fin de la vida es adorar a Dios. La pureza de conciencia y la santidad tienen por fin último y por término el culto que debemos a Dios. No es uno bueno por ser bueno y contentarse con eso. No es uno puro por ser puro y no ir más lejos. Toda bondad sobrenatural tiene por fin la adoración. Esto es lo que quiere el Padre celestial: adoradores en espíritu y en verdad; y nuestra adoración crece ante Dios con nuestra santidad y nuestra dignidad sobrenatural. Por eso el fin de nuestra vida sobrenatural no somos nosotros, sino Dios. Dios es el que, en último término, recoge el beneficio de lo que hacemos nosotros con su gracia y con su ayuda. Dios, en nosotros, trabaja para él. Toda nuestra vida, temporal y eterna, es litúrgica y ordenada hacia Dios'".

El Gradual nos recuerda el gran testimonio del amor del Hijo de Dios, confiado al Espíritu Santo con la Sangre y agua de los Misterios; testestimonio que se une desde aquí abajo al que da en los cielos la Santísima Trinidad. Si nosotros recibimos el testimonio de los hombres, dice el verso, mayor es el de Dios. ¿No es esto decir una vez más que debemos ceder a las repetidas invitaciones del amor? Nadie puede excusarse pretextando ignorancia, o falta de vocación para cosas más altas que aquellas por las que se arrastra nuestra tibieza.


GRADUAL
Este es Jesucristo, el cual vino por el agua y la sangre: no sólo por el agua, sino por el agua y la sangre. Y. Tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son una sola cosa. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres son una sola cosa. 
Aleluya, aleluya. Y. Si aceptamos el testimonio de los hombres, el testimonio de Dios es mayor. Aleluya.

EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según S. Juan. (XIX, 30-35).

En aquel tiempo, habiendo tomado Jesús el vinagre, dijo: Se ha terminado. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu. Los judíos, pues (porque era la Parasceve), para que no permanecieran los cuerpos en la cruz el sábado (porque era un gran día aquel sábado), rogaron a Pilatos que fueran quebradas sus piernas y se quitaran. Fueron, pues, los soldados: y quebraron ciertamente las piernas del primero, y las del otro que había sido crucificado con El. Mas, cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no quebraron sus piernas, sino que uno de los soldados abrió con la lanza su costado, y al punto salió sangre y agua. Y, el que lo vió, da testimonio de ello: y su testimonio es verdadero.

LA SANGRE DEL CORAZÓN DE JESÚS

El Viernes Santo escuchamos ya por vez primera este pasaje del discípulo amado. La Iglesia dolorida al pie de la Cruz, donde acababa de expirar su Señor, no tenía entonces lágrimas y lamentaciones suficientes. Hoy se conmueve con otros sentimientos, y el mismo pasaje que causaba sus lágrimas, la hace desbordarse ahora en antífonas de alegría y en cantos triunfales. Si queremos saber su causa, preguntémosla a los autorizados intérpretes a quienes ella misma quiso encargar nos diesen a conocer su pensamiento en este día. Nos dirán que la nueva Eva celebra hoy su nacimiento del costado del Esposo dormido; que, a partir del momento solemne en que el nuevo Adán permitió que la lanza del soldado abriese su Corazón, somos verdaderamente hueso de sus huesos y carne de su carne. No nos admiremos de que la Iglesia no vea en esta Sangre que se derrama, sino amor y vida. Y tú, oh alma, rebelde tanto tiempo a los llamamientos secretos de las gracias de elección, no te desconsueles; no digas: "¡El amor no es para mí!" Por muy lejos que haya podido llevarte el antiguo enemigo con sus funestas astucias, ¿no es verdad que no hay ningún lugar oculto, ni abismo siquiera, a donde no te hayan seguido los arroyos nacidos de la fuente sagrada? ¿Crees acaso que el largo trayecto que has querido imponer a su perseguimiento misericordioso, haya agotado su virtud? Haz la prueba; lo primero y báñate en estas ondas purificadoras; después haz beber a grandes tragos en el río de la vida a esa tu pobre alma fatigada; en fin, armándote de fe remonta el curso del río divino. Porque, si es verdad que, para llegar hasta ti, no se ha separado de su punto de partida, también es verdad que, haciendo esto, hallarás la fuente misma.

La Iglesia, al presentar los dones para el Sacrificio, recuerda en sus cantos que el cáliz presentado por ella a la bendición de los sacerdotes, se convierte, por virtud de las palabras sagradas, en el inagotable depósito del cual se derrama sobre el mundo la Sangre del Señor.


OFERTORIO
El cáliz de bendición, que bendecimos, ¿no es la comunión de la Sangre de Cristo? Y el pan, que partimos, ¿no es la participación del Cuerpo del Señor?

La Secreta pide el pleno efecto de la divina Alianza, de la que es medio y prenda la Sangre de Jesús, desde que su derramamiento hizo cesar el grito de venganza, que, como el de Abel, subía de la tierra al cielo.


SECRETA
Suplicárnoste, Señor, hagas que, por estos divinos Misterios, nos acerquemos a Jesús, Mediador del Nuevo Testamento, y que renovemos sobre tus altares la aspersión de una Sangre más elocuente que la de Abel. Por el mismo Señor nuestro.

La Antífona de la Comunión canta el amor misericordioso que el Señor nos demostró con su venida, sin dejarse apartar de sus proyectos divinos por el cúmulo de crímenes que habría de borrar con su propia Sangre para purificar a la Iglesia. Gracias al adorable Misterio de la fe, que obra en el secreto de los corazones, cuando venga visiblemente, no quedará de este pasado doloroso sino un recuerdo de triunfo.


COMUNIÓN
Cristo se ofreció una vez para redimir los pecados de muchos: aparecerá segunda vez sin pecado para salud de los que le esperan.

Saciados de alegría en las fuentes del Señor, que son sus sagradas llagas, pidamos que la Sangre preciosa que enrojece nuestros labios, sea, hasta en la eternidad, la fuente viva en que poseamos la felicidad y la vida.


POSCOMUNIÓN
Admitidos, Señor, a esta sagrada Mesa, hemos bebido con gozo las aguas en las fuentes del Salvador: haz, te suplicamos, que su Sangre sea para nosotros una fuente de agua que salte hasta la vida eterna. Por El, que vive contigo.