viernes, 7 de agosto de 2026

Boletín Dominical 9 de agosto




Día 9 de Agosto, Domingo XI después de Pentecostés.
Conm. San Juan María Vianney, Confesor.
Doble de II Clase. Orn. Verdes.

Los Oficios de este día nos dan a entender cómo la oración humilde y confiada lo puede todo ante Dios.
Se le suplica a Jesús cure un pobre sordomudo, y compadecido de él, apártale de la multitud y le da la facultad de oír y hablar. En el Bautismo conserva la Iglesia en su Ritual, las misteriosas acciones de Cristo en la curación de este sordomudo.

Dice San Gregorio que “Si Cristo levantó los ojos y suspiró, no fue por que necesitara de todo eso, Él, que daba lo mismo que pedía, sino para enseñarnos a suspirar y levantar los ojos a Aquel Señor que reina en los Cielos, a fin de que abra nuestros oídos por el Don del Espíritu Santo y que por la saliva de Su boca, o sea por la ciencia de la Palabra Divina, desate nuestra lengua, capacitándola para predicar la Verdad.” (3º nocturno de Maitines).






10 de Agosto. San Lorenzo, Mártir

Después de San Pedro y San Pablo, ningún santo ha sido tan popular querido en Roma como el español San Lorenzo, el tercer protector del Ciudad Eterna, al cual dedica una de las cinco basílicas patriarcales, quizás la más bella, San Lorenzo Extramuros, donde reposan los huesos del mártir. San Lorenzo era aragonés, había nacido en Huesca, a mediados del siglo III hijo de los Santos Orencio y Paciencia. 

Los rasgos que más le caracterizare desde la cuna fueron la inocencia de costumbres y un sobresaliente amor la pureza. Admirase desde luego en él un corazón noble, intrépido y generoso, pero sobre todo se hacía universalmente distinguir aquel tierno, aquel encendido y dulce amor a Jesucristo, que ninguna cosa fue capaz de entibiar ni de disminuir. Dedicado por vocación al servicio divina, le hizo el Papa San Sixto II primero de los diáconos, llegando a ser, después de Papa, la primera personalidad de la Iglesia de Roma. Lleno de gracia en lenguaje, leal y activa en tu ministerio, era popularísimo entre todos los hermanos. La persecución del emperador Valeriano rugía muy brava. Fue preso el Papa San Sixto y llevado a la cárcel, y de allí al suplicio. En el camino salió a su encuentro Lorenzo; y le dijo: "¿Adónde vas, oh, padre, sin tu hijo? ¿Adónde vas, oh sacerdote, sin tu diácono?" Respondió el venerable anciano "A ti, hijo mío, como a más joven, te aguardan más rigurosos suplicios y más gloriosa victoria, anda a repartir a los pobres los tesoros de la Iglesia, porque pronto me seguirás como hijo al padre y como diácono al sacerdote." Rápidamente repartió a los pobres aquella noche cuanto tenía; y preguntado al otro día por el Prefecto de la ciudad dónde guardaba los tesoros para entregarlos al fisco, el santo, con sabiduría divina, le dijo que se los traería, y reuniendo a los pobres que alimentaba y sostenía la Iglesia, cojos, ciegos, enfermos y ancianos, se los presento, diciendo: "Estos son los tesoros de la Iglesia.” E tirano rugió, le mandó azotar y rasgar sus carnes con escorpiones de hierro y quemar a fuego lento sobre una inmensa parrilla. El santo no profiere una queja; en actitud sublime, tiene una trágica belleza el momento en que el mártir, encarándose con el juez, le dice: "Ya está usada la mitad de mi cuerpo, manda que me vuelvan de la otra parte, y que me echen la sal, y come." El verdugo atiza el fuego, y el mártir, después de orar por la Iglesia y por la Roma cristiana, cuya grandeza vislumbra, muere levantando los ojos cielo y diciendo. "Recibid. Señor, este mi sacrificio en olor de suavidad.”

Prudencio, el príncipe de los poetas latinos cristianos, le dedicó el mejor de sus himnos. España le dedicó el grandioso monasterio de piedra de El Escorial, a siete leguas de Madrid, construido en forma de inmensa parrilla pare recordar el instrumento de su martirio, que tuvo lugar en el año 258.






domingo, 2 de agosto de 2026

Sermón Domingo Décimo después de Pentecostés

Sermón

S. E. R. Pío Espina Leupold


Lección

Hermanos: Sabéis que, cuando erais gentiles, ibais, como erais llevados, a los ídolos. Por tanto, os hago saber que nadie, que habla inspirado de Dios, maldice de Jesús. Y nadie puede decir: Señor, Jesús, si no es en el Espíritu Santo. Hay ciertamente diversidad de gracias, pero el Espíritu es uno mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Y hay diversidad de operaciones, pero uno mismo es el Dios que obra todo en todos. Y a cada uno se le da la manifestación del Espíritu para utilidad (de los demás). A uno se le da por el Espíritu la palabra de la sabiduría: y a otro, la palabra de la ciencia, según el mismo Espíritu: a otro, la fe en el mismo Espíritu: a otro, la gracia de sanar en un solo Espíritu: a otro, la realización de milagros; a otro, la profecía; a otro, la discreción de espíritus; a otro, el don de lenguas; a otro, la interpretación de palabras. Pero todas estas cosas las obra un solo e idéntico Espíritu, repartiéndolas en cada cual según quiere.

 I Corintios XII, 2-11


Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús a unos que se creían justos, y despreciaban a los demás, esta parábola: Dos hombres subieron al templo, a orar: uno fariseo, y el otro publicano. El fariseo, de pie, oraba para sí de este modo: Oh Dios, te doy gracias, porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros: ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces a la semana; doy los diezmos de todo lo que poseo. Y el publicano, estando lejos, no quería ni levantar los ojos al cielo: sino que golpeaba su pecho, diciendo: Oh Dios, ten misericordia de mí, que soy un pecador. Yo os digo: Este es el que volvió a su casa justificado, en vez del otro: porque, todo el que se ensalza, será humillado: y, todo el que se humilla, será ensalzado.

 San Lucas. XVIII, 9-14

sábado, 1 de agosto de 2026

Dom Gueranger:

 





DÉCIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger


RUINA DEL CULTO ANTIGUO

La ruina de Jerusalén ha clausurado el ciclo profético en su parte consagrada a las instituciones y a la historia del tiempo de los símbolos. El altar del verdadero Dios, fijado por Salomón en el monte Moria, era para el mundo antiguo el título auténtico de la verdadera religión. Aún después de la promulgación del nuevo Testamento, la existencia permanente de este altar, reconocido antes por el Altísimo como el sólo legítimo, podía, hasta cierto punto, disculpar a los partidarios retrasados del antiguo orden de cosas. Después de su destrucción definitiva, no hay excusa alguna; hasta los más ciegos se ven obligados a reconocer la abrogación completa de una religión, reducida por el Señor a la imposibilidad de ofrecer nunca jamás los sacrificios que constituían su esencia. 

Las atenciones que la delicadeza de la Iglesia guardaba hasta ahora con la sinagoga que expiraba, ya no tienen razón de ser. Con plena libertad irá a las naciones para someter con el poder del Espíritu Santo, sus indómitos instintos, para unificarlas en Jesucristo, y ponerlas por medio de la fe en la posesión sustancial, aunque no visible todavía, de las eternas realidades que anunciaba la ley de las figuras.


EL NUEVO CULTO

El Sacrificio nuevo, que no es sino el de la Cruz y el de la eternidad, aparece cada vez más como el centro único en donde su vida se afirma en Dios con Cristo su Esposo, y de donde surge la actividad que desarrolla para convertir y santificar a los hombres de las sucesivas generaciones. La Iglesia, cada vez más fecunda, permanece estabilizada más que nunca en la vida de unión, de donde la viene esta admirable fecundidad.


LAS ENSEÑANZAS DE LA LITURGIA

No hemos, pues, de admirarnos si la Liturgia, que es la expresión de la vida íntima de la Iglesia, refleja ahora mejor que nunca esta estabilidad de la unión divina. En la serie de semanas que se van a seguir, desaparece toda gradación en las fórmulas preparatorias del Sacrificio. Entre las mismas lecturas del Oficio de la noche, a partir del mes de Agosto, los libros históricos han cedido o van a ceder su lugar a las enseñanzas de la divina Sabiduría, que pronto irán seguidas de los libros de Job, Tobías, Judit, Ester, sin otra unión entre ellos que la santidad en precepto o en obra. Ni se advierte, como hasta aquí, la conexión entre las lecturas y la composición de las Misas del Tiempo después de Pentecostés. 

Por tanto, nos limitaremos en adelante a comentar la Epístola y el Evangelio de cada Domingo, confiando como la Iglesia, al Espíritu divino el cuidado de hacer nacer y desarrollarse en cada uno como le plazca la doctrina de formas tan variadas que ella sembrará de acuerdo con él. Este comentario resalta en la Epístola del día. 

El gran suceso que debía señalar el cumplimiento de las profecías derribando las fronteras judías, acaba de afirmar de una manera admirable la universalidad del reino del Espíritu santificador; en efecto, desde el glorioso día de Pentecostés ha conquistado la tierra; y la Iglesia, sin inquietarse en adelante por seguir un orden lógico en las enseñanzas de su Liturgia, se propone confiar menos en un método cualquiera para reformar las almas, que en la virtud conjunta del Sacrificio y de la palabra santa, puesta divinamente en movimiento por la espontaneidad del Espíritu de amor. 

Este Domingo puede ser el segundo de la serie dominical que en otros tiempos tenía su punto de partida en la fiesta de San Lorenzo, y llevaba su nombre (Post Sancti Laurentii), de la solemnidad del gran diácono mártir. Llámasele por otro nombre el Domingo de la humildad o del Fariseo y del Publicarlo, por el Evangelio del día. Los griegos lo cuentan por el décimo de San Mateo; leen en él el episodio del Lunático, sacado del Capítulo XVII de este Evangelista.



MISA

La confianza humilde y suplicante que la Iglesia pone en el socorro de su Esposo, la preservará siempre de las bajezas a que ha descendido la envidia perseguidora y el orgullo de la sinagoga. Exhorta a sus hijos a imitarla en sus solicitudes, y no cesa de hacer subir hacia el cielo los suspiros de su oración.


INTROITO

Cuando clamé al Señor, escuchó mi voz, y me libró de los que me perseguían: y los humilló el que es antes de los siglos, y permanece para siempre: deposita tu pensamiento en el Señor, V. El te sustentará. — Salmo: Escucha, oh Dios, mi oración, y no despreciéis mi súplica: atiéndeme, y oyéme. V. Gloria al Padre. 


Siempre con la emoción de la justicia admirable ejercida contra el pueblo judío, la Madre común recuerda a Dios que las maravillas de la misericordia y de la gracia muestran aun más su omnipotencia; en la Colecta pide una efusión abundante de esta gracia sobre el pueblo cristiano. Mas ¡qué grandeza la suya! ¡de qué sublimidad dió muestras la actitud de la Iglesia, antiguamente sobre todo, por estar más cerca de los acontecimientos, cuando, en respuesta al relato que le hizo su Esposo de la venganza tan terrible que, como nunca, ejerció la justa cólera de su Padre, ella, verdadera Esposa y Madre, se atreve a comenzar por estas palabras: Deus qui omnipotentíam tuarn PARCENDO MÁXIME ET MISERANDO manif estas!


COLECTA

Oh Dios, que manifiestas tu omnipotencia, sobre todo perdonando y teniendo piedad: multiplica sobre nosotros tu misericordia; para que, corriendo hacia tus promesas, nos hagas participes de los bienes celestiales. Por nuestro Señor.


EPÍSTOLA

Lección de la Epístola del Ap. S. Pablo a los Corintios. (1, XII, 2-11). 

Hermanos: Sabéis que, cuando erais gentiles, ibais, como erais llevados, a los ídolos. Por tanto, os hago saber que nadie, que habla inspirado de Dios, maldice de Jesús. Y nadie puede decir: Señor, Jesús, si no es en el Espíritu Santo. Hay ciertamente diversidad de gracias, pero el Espíritu es uno mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Y hay diversidad de operaciones, pero uno mismo es el Dios que obra todo en todos. Y a cada uno se le da la manifestación del Espíritu para utilidad (de los demás). A uno se le da por el Espíritu la palabra de la sabiduría: y a otro, la palabra de la ciencia, según el mismo Espíritu: a otro, la fe en el mismo Espíritu: a otro, la gracia de sanar en un solo Espíritu: a otro, la realización de milagros; a otro, la profecía; a otro, la discreción de espíritus; a otro, el don de lenguas; a otro, la interpretación de palabras. Pero todas estas cosas las obra un solo e idéntico Espíritu, repartiéndolas en cada cual según quiere.


VIRTUDES Y CARISMAS

“Los Capítulos XII, XIII y XIV de la primera Epístola a los Corintios, tratan del uso de los dones del Espíritu Santo. La Iglesia y las almas que la componen, son animadas por el Espíritu de Dios; mas la influencia del Espíritu de Dios se ejerce a la vez con miras a nuestra santificación personal y a la edificación del prójimo. Por esto existen los dones del Espíritu Santo, que son el coronamiento de las virtudes, los cuales constituyen en el alma un tesoro de flexibilidad, de docilidad interior al impulso del Espíritu de Dios, en vista de la oración, del pensamiento y de la obra, cuando oración, pensamiento y obra se elevan por encima de la capacidad humana. Mas también existen dones espirituales, que son en nosotros los frutos de una actividad superior a la nuestra, y que directamente se ordenan a la edificación del prójimo. La efusión de estos últimos, los dones carismáticos, fué abundante en los comienzos de la Iglesia, porque la Iglesia no tenía historia; actualmente es menos frecuente, porque la historia y la actividad de la Iglesia la aventajan con mucho. Estos dones espirituales constituían así la dote exterior de la Iglesia hasta el día que no la necesitase; y servían de señal a los más distraídos, de que el Espíritu del Señor estaba en ella y guiaba sus miembros. 

“En la Secunda Secundae, cuestión CLXXI, el Doctor Angélico habla de estas gracias gratis datae, y distingue: las que esclarecen la inteligencia, a las que da el nombre genérico de profecía; las que tienen por objeto la palabra y comunicación de la verdad, como el don de lenguas; y, por fin, las que se refieren a la obra, las cuales designa con término común: de don de milagros. Estos carismas son diversos, mas todos proceden de una misma fuente y de un mismo Espíritu; los ministerios son distintos, pero, con todo eso, no existe más que un solo Señor; las funciones son diferentes, mas, sin embargo de eso, no hay sino un solo Dios, que lo hace todo en cada uno de nosotros; y cada uno recibe de un mismo centro, su energía sobrenatural especial para la edificación común. 

“Sigúese a continuación la enumeración de los dones espirituales: a uno da el Espíritu de Dios, mirando la utilidad interna y externa de la Iglesia, el poder de hablar sabiamente y de exponer los misterios más ocultos de Dios y de sus obras; a otro el poder o la facultad de demostrar la ciencia y de enseñar la doctrina, pero según el mismo Espíritu. Un tercero recibirá, más siempre del mismo Espíritu, esa fe vigorosa que produce los milagros y traslada las montañas; y consistirá para algunos, siempre en el mismo Espíritu, en curaciones milagrosas, prodigios, profecías, discernimiento de espíritus, don de lenguas y su interpretación, en una palabra, todos los dones carismáticos. Cualquiera que sea el número, proceden de un solo y mismo Espíritu, que reparte a cada cual lo que le place”. 

Como conclusión práctica, citaremos estas palabras que resumen la doctrina del Apóstol: Estimad en sí mismos todos estos dones como obra del Espíritu Santo, que con ellos enriquece el cuerpo social de modo tan diverso; no despreciéis ninguno; mas, cuando os encontréis con ellos, estimad como mejores¿ aquellos que más sirven para la edificación de la Iglesia y de las almas.

En fin, y sobre todo, prestemos atención a lo que a continuación nos dice San Pablo: “¡Os mostraré un camino aún más excelente!’ Aunque hablase todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, aunque tuviese el don de profecía y conociese todos los misterios y todas las ciencias, aunque tuviese tal fe que trasladase los montes; si no tuviera caridad, no serla ni me serviría de nada. La profecía desaparecerá, cesarán las lenguas, la ciencia se desvanecerá ante la luz; la caridad en cambio no desaparecerá, pues es la más excelente de ellas”. 

En el Gradual, la Iglesia menciona de nuevo la confianza de Esposa que tiene en la ayuda de su Dios; fortalecida con el amor que la profesa y que la dirige a través de los caminos de la equidad, no tiene miedo alguno a sus juicios. El Versículo exalta la gloria del Esposo en Sión; mas aquí, y desde ahora para siempre, no se trata sino de la verdadera Sión, de la nueva Jerusalén.


GRADUAL

Guárdame, Señor, como la pupila del ojo: protégeme bajo la sombra de tus alas. J. Salga de tu boca mi juicio: vean tus ojos la equidad. 
Aleluya, aleluya. X’. A Ti, oh Dios, conviene el himno en Sión: y a Ti se harán votos en Jerusalén. Aleluya.


EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según S. Lucas. (XVIII, 9-14). 

En aquel tiempo, dijo Jesús a unos que se creían justos, y despreciaban a los demás, esta parábola: Dos hombres subieron al templo, a orar: uno fariseo, y el otro publicano. El fariseo, de pie, oraba para sí de este modo: Oh Dios, te doy gracias, porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros: ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces a la semana; doy los diezmos de todo lo que poseo. Y el publicano, estando lejos, no quería ni levantar los ojos al cielo: sino que golpeaba su pecho, diciendo: Oh Dios, ten misericordia de mí, que soy un pecador. Yo os digo: Este es el que volvió a su casa justificado, en vez del otro: porque, todo el que se ensalza, será humillado: y, todo el que se humilla, será ensalzado.


JUDÍOS Y GENTILES

El Venerable Beda, en su comentario sobre este pasaje de San Lucas, explica el misterio de este modo: “El Fariseo, representa al pueblo judío, que, ufano de la ley, ensalza sus méritos; el publicano representa al pueblo gentil, que, alejado de Dios, confiesa sus pecados. El orgullo del primero hace que sea humillado; el otro, levantado por sus gemidos, merece ser alabado. Por esto se halla escrito en otro lugar de estos dos pueblos, como de todo humilde y de todo soberbio: “La exaltación del corazón precede a la ruina, y la humillación del hombre a su gloriosa exaltación“. 

No podría, pues, elegirse en el sagrado Evangelio una enseñanza que conviniere mejor que ésta después del relato de la ruina de Jerusalén. Los fieles de la Iglesia que la vieron, en sus primeros días, humillada en Sión ante la arrogancia de la sinagoga, comprenden ahora estas palabras del Sabio: Más vale ser humillado con los humildes, que tomar parte en el reparto de los despojos con los soberbios. Según otra expresión de la lengua del judío, aquella lengua que difamaba al publicano y condenaba al gentil, se convirtió en su boca como en una vara de orgullo que le ha castigado a su vez atrayendo sobre él la ruina. Mas la gentilidad, adorando la justicia vengadora del Señor y ensalzando sus bondades, debe evitar tomar el camino por el que se ha extraviado el pueblo infortunado, cuyo puesto ocupa ella. La culpa de Israel ha originado la salvación de las naciones, dice San Pablo, pero su orgullo sería causa de su perdición; y, mientras a Israel le aseguran sus profecías un retorno a la gracia, al fin de los tiempos, nada promete a las naciones vueltas a los crímenes después de su bautismo, una nueva llamada de la misericordia. Si ahora el poder de la eterna Sabiduría hace que los gentiles produzcan frutos de gloria y honor no por eso se olviden de su anterior esterilidad; entonces la humildad, que sólo puede conservarlos, como poco ha, atrajo sobre ellos las miradas del Altísimo, les será cosa fácil, y a la vez comprenderán la benevolencia de que, a pesar de sus pecados, debe ser rodeado el pueblo antiguo.


LA HUMILDAD

La humildad, que produce en nosotros saludable temor, es una virtud que coloca al hombre en su verdadero lugar, en su propia estima, ya con relación a Dios, ya con relación a sus semejantes. Se basa en el conocimiento íntimo, causado por la gracia en nuestro corazón, de que Dios lo es todo en el hombre, y de la vacuidad de nuestra naturaleza, puesta por el pecado por debajo de la nada. La sola razón basta para dar a quien reflexione un instante, la convicción de la nada de toda criatura; mas en forma de conclusión puramente teórica, esta convicción no constituye la humildad, pues se impone al demonio en el infierno, y el despecho que le inspira, es el elemento más activo que excita la rabia de este príncipe de los orgullosos. No menos que la fe, que nos revela lo que es Dios en el orden del fin sobrenatural, la humildad, que nos enseña lo que somos en presencia de Dios, tampoco procede de la pura razón ni reside en sola la inteligencia; para que sea una virtud verdadera, debe recibir su luz de lo alto y mover nuestras voluntades en el Espíritu Santo. A la vez que hace penetrar en nuestras almas la noción de su pequeñez, el Espíritu divino las inclina suavemente a aceptarla, al amor de esta verdad, que la sola razón estaría tentada de considerar como algo importuno. 

Meditemos estos pensamientos; de este modo comprenderemos mejor cómo los mayores santos han sido aquí abajo los más humildes de los hombres, puesto que sucede lo mismo en el cielo, ya que la luz en los elegidos crece en proporción a su gloria. Junto al trono de su divino Hijo, como en Nazaret, Nuestra Señora es la más humilde de las criaturas, puesto que es la más iluminada y comprende mejor que los querubines y serafines, la grandeza de Dios y la nada de la criatura. 

La humildad es la que da a la Iglesia la confianza de que da pruebas en el Ofertorio. Esta virtud, en efecto, hace sentir al hombre su debilidad, a la vez que le muestra el poder de Dios, que tan presto está siempre a salvar a los que le invocan.


OFERTORIO

A Ti, Señor, elevo mi alma: en Ti confío, Dios mío, no sea yo avergonzado: ni se burlen de mi mis enemigos: porque, todos los que esperan en Ti, no serán confundidos. 

 

La Misa es a la vez el sumo honor que puede rendirse a la divina Majestad, y el remedio supremo de nuestras miserias. Esto es lo que expresa la Secreta.


SECRETA

Acepta, Señor, estos sacrificios a Ti dedicados, los cuales hiciste que fueran ofrecidos de tal modo en honor de tu nombre, que sirviesen al mismo tiempo de remedio nuestro. Por nuestro Señor. 

 

La Antífona de la Comunión canta la oblación pura, justa, que ha reemplazado a las víctimas de la ley mosaica en el altar del Señor.


COMUNIÓN

Aceptarás, Señor, sobre tu altar el sacrificio de justicia, las oblaciones, y los holocaustos. 


La incesante reparación que hallamos para nuestras miserias en el augusto Sacramento, seria de poco provecho si la divina bondad no nos prestase continuamente su ayuda con las gracias actuales, que conservan y acrecientan sin fin los tesoros del alma. Pidamos en la poscomunión este socorro que nos es tan necesario.


POSCOMUNIÓN

Suplicárnoste, Señor, Dios nuestro, no prives benigno de tus auxilios a los que no cesas de reparar con tus divinos sacramentos. Por nuestro Señor.

viernes, 31 de julio de 2026

Boletín Dominical 2 de agosto




Día 2 de Agosto, Domingo X de Pentecostés.
Doble. Orn. Verdes.
Conm. San Alfonso María de Ligório, Obispo, Confesor y Doctor.


Hay humildades, decía Santa Teresa, de que Dios nos libre, porque solo tienen de tales el disfraz, ocultando bajo él un orgullo refinado.

Pues en el Evangelio de hoy nos enseña Jesús a no ser presumidos y orgullosos y a distinguir entre la humildad postiza y falsa, y la verdadera.

Todo cuanto tenemos lo hemos recibido de Dios; sin el auxilio de la gracia divina es imposible hacer nada que sirva para la salvación o para nuestra gloria; si algo bueno hacemos es por inspiración y ayuda del Espíritu Santo. Entonces ¿Por qué envanecernos? No hay cosa que más indigne a Dios que la soberbia y el orgullo.

Seamos, pues, mansos y humildes de corazón. Aprended de Mí, nos dice Jesús, que soy manso y humilde de corazón. No nos pide que aprendamos su elocuencia, o a hacer obras maravillosas, sino a ser mansos y humildes, con humildad ni fingida ni encogida, sino sencilla y verdadera, porque “la humildad es verdad”, como decía Santa Teresa, y prenda de salvación.





2 de Agosto, Santo Alfonso María de Ligorio, Obispo, Confesor y Doctor

El ilustre Obispo y doctor de la Iglesia San Alfonso María de Ligorio nació en el año 1696, en Nápoles, de familia patricia y de virtudes cristianas. Presentando un día su madre al jesuita misionero San Francisco de Jerónimo, para que le diese su bendición, dijo el santo con espíritu profético: “Este niño llegará a una edad muy avanzada: no morirá antes de los noventa años; será obispo y obrará cosas grandes y utilísimas a la Iglesia de Dios.” Y así fue. De talento nada común, aprendió las lenguas clásicas y modernas, las ciencias exactas, ciencias naturales, retórica, historia y geografía. Estudió arquitectura, música y pintura, y por fin se dio a la abogacía, doctorándose en derecho civil y derecho canónico antes de los 18 años, después de estudiar el bosque enmarañado de las leyes napolitanas, derecho romano, derecho canónico, derecho feudal, constituciones normandas, capitulares angevinas, pragmáticas aragonesas, decretos de los virreyes españoles, usos, gracias y privilegios particulares. De natural elocuencia y muy prudente, pronto se hizo de numerosa y selecta clientela, dando un mentís con su conducta al refrán que corría por entonces y que decía: Advocatus non es latro, res miranda populo, o sea: abogado y no ladrón, cosa digna de admiración. Unos diez años ejerció la abogacía con gran éxito, hasta que en 1723, con ocasión de un famoso pleito, decidió dejar su carrera y seguir el sacerdocio. Se despidió del foro, colgó su espada en el altar de Nuestra Señora de la Merced y se entregó al servicio de Jesucristo. Un fuego sagrado le consumía; el hombre del foro se convirtió en el hombre de la cátedra y el confesionario. Pronto, con diez compañeros, fundó la congregación de los misioneros del Santísimo Redentor, a la que comunicó su celo y su espíritu. Contra el torrente de impiedad opone sus escritos llenos de doctrina y santa unción, siendo el primero Las Glorias de María, en honor y defensa de la Virgen.  Su más encarnizada lucha será contra el espíritu de los jansenistas, la que le movió a escribir su famosa Teología Moral, que le merecerá figurar entre los príncipes de los moralistas. Así, hasta los 91 años, se fue consumiendo su vida. Caballero de Cristo, había predicado elocuentemente y escrito prodigiosa y abundantemente. Su Santidad Pio XII le nombró celestial patrono de los moralistas y confesores.




domingo, 26 de julio de 2026

Sermón Santa Ana, Madre de la Santísima Virgen María



Sermón

S. E. R. Pío Espina Leupold


Sermón

R. P. Lucio César Simbrón


Lección

Quién hallará una mujer fuerte? De mayor estima es que todas las preciosidades traídas de lejos, y de los últimos confines. En ella confía el corazón de su marido; el cual no tendrá necesidad de botín para vivir. Ella le acarreará el bien y no el mal todos los días de su vida. Busca lana y lino, de que hace labores con la habilidad de sus manos. Es como nave de un comerciante, que trae de lejos el sustento. Se levanta antes que amanezca, y distribuye las raciones a sus siervos, y el alimento a sus criadas. Puso la mira en unas tierras, y las compró; de lo que ganó con sus manos plantó una viña. Revistióse de fortaleza, y esforzó su brazo. Probó y echó de ver que su trabajo le fructifica; por tanto no se apagará su luz en la noche. Aplica sus manos a las labores domésticas, aunque fatigosas, y sus dedos manejan el huso. Abre su mano para socorrer al mendigo, y tiende sus brazos al necesitado. No temerá para su casa los fríos ni las nieves, porque todos sus domésticos traen vestidos forrados. Se labró ella misma para sí un vestido acolchado; lino y púrpura es su vestido. Su esposo hará un papel brillante en las asambleas públicas, sentado entre los senadores del país. Ella teje finísimas telas, y las vende, y entrega ricos ceñidores a los negociantes cananeos. La fortaleza y el decoro son sus atavíos; y estará alegre y risueña en el último día. Abre su boca con sabios discursos, y la ley de la bondad gobierna su lengua. Vela sobre la conducta de su familia, y no come ociosa el pan. Levantáronse sus hijos y aclamáronla dichosísima; su marido también la alabó, diciendo: Muchas mujeres han allegado riquezas, pero tú has aventajado a todas. Engañosa es la gracia y vana la hermosura; la mujer que teme al Señor, ésa será la celebrada. Dadle el fruto de sus manos, y celébrense sus obras en las puertas de la ciudad.  
Proverbios XXXI, 10-31


Evangelio

En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Semejante es el reino de los cielos a un tesoro escondido en el campo, que si lo halla un hombre, lo esconde y gozoso del hallazgo, va y vende todo cuanto tiene y compra aquel campo. El reino de los cielos es asimismo semejante a un mercader, que trata en perlas finas; y viniéndole a la mano una de gran valor, va y vende cuanto tiene, y la compra. - También es semejante el reino de los cielos a una red que, echada en el mar, recoge todo género de peces; la cual, en estando llena, sácanla los pescadores, y sentados en la orilla, van escogiendo los buenos y los echan a sus cestos, y arrojan los de mala calidad. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los Ángeles y separarán a los malos de entre los justos, y los echarán en el horno del fuego; allí será el llanto y crujir de dientes. ¿Habéis entendido bien todo esto? Sí, Señor, le respondieron. Y añadió: Por eso todo doctor bien instruído en lo que mira al reino de los cielos, es semejante a un padre de familias, que saca de su repuesto cosas nuevas y antiguas. 

San Mateo XIII, 44-52

 

sábado, 25 de julio de 2026

Dom Gueranger Santa Ana, Madre de la Santísima Virgen María



SANTA ANA, MADRE DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger


LA ABUELA DE JESÚS

Uniendo Ana a la sangre de reyes la de Pontífices, aparece más gloriosa todavía por su incomparable descendencia. Más noble que todas las que han concebido en virtud del "creced y multiplicaos'" termina en ella la ley de la generación de toda carne como llegada a su límite, como ante el vestíbulo de Dios. Es el propio Dios quien debe nacer del fruto de su descendencia, hijo, acá abajo, únicamente de la Virgen bendita y nieto al mismo tiempo de Ana y Joaquín.

Antes de haber sido favorecidos con la más alta bendición que unión humana haya podido recibir, los dos santos abuelos del Verbo encarnado conocieron el dolor que purifica al alma. Tradiciones que se remontan a los orígenes del cristianismo, aunque están mezcladas de detalles de escaso valor, nos muestran a los ilustres esposos sumidos en la prueba de una prolongada esterilidad, expuestos por causa de la misma al desdén del pueblo, a Joaquín, rechazado del templo, ocultando su tristeza en el desierto, y a Ana, solitaria, llorando su viudez y su humillación. ¡Qué sentimientos tan exquisitos los de este relato, comparables a los más hermosos que nos han legado los Sagrados Libros!

"Cierto día en que se celebraba una gran solemnidad del Señor, Ana, a pesar de su profunda tristeza, despojóse de su vestido de duelo, adornó su cabeza, y se engalanó con sus vestiduras nupciales. Hacia la hora Nona descendió al jardín para pasearse en él. Como viese un laurel, sentóse a su sombra y elevó su plegaria en presencia del Señor Dios, diciéndole: ¡Dios de mis padres, bendíceme y escucha mis súplicas de la misma manera que bendijiste a Sara dándole un hijo!

"Y elevando sus ojos al cielo vio sobre las ramas del laurel un nido de pajarillos. Entonces exclamó gimiendo: ¡Ay de mí, desgraciada! ¿Qué seno me ha llevado para ser de esta manera maldición de Israel?

"¿Con quién me compararé? No puedo hacerlo con los paj arillos del cielo porque ellos han sido bendecidos por ti, Señor.

"¿Con quién me compararé? Tampoco puedo compararme con los animales de la tierra porque también ellos son fecundos ante ti, Señor.

"¿Con quién me compararé? No puedo compararme con las aguas porque ellas de ninguna manera son estériles, como yo, en tu presencia, Señor, pues los ríos y los océanos abundantes de peces, te alaban con su oleaje y con su curso apacible.

"¿Con quién me compararé? Ni siquiera puedo compararme a la tierra misma porque también ella produce sus frutos a su debido tiempo bendiciéndote de esta manera, ¡oh, Señor!".


NACIMIENTO DE NUESTRA SEÑORA

"En esto, apareciéndosele un ángel del Señor la dijo: Ana, Dios ha escuchado tu oración; concebirás y darás a luz, y tu fruto será celebrado en toda la tierra habitada.

"Llegado que hubo el tiempo del alumbramiento Ana tuvo una hija y exclamó: Mi alma ha sido ensalzada en esta hora. Y púsole por nombre a la niña, María. Y cuando estaba dándole el pecho entonó este cántico al Señor. 

"Cantaré las alabanzas del Señor mi Dios, porque me ha visitado, ha quitado mi oprobio dándome un fruto Santo. ¿Quién anunciará a los hijos de Rubén que Ana ha dejado de ser estéril. Escuchad, atended vosotras, las doce tribus: ¡Ana está criando!".

La fiesta de Joaquín, que la Iglesia ha colocado en el segundo día en la Octava de la Asunción de su bienaventurada hija, nos dará ocasión para acabar la delicada exposición de las pruebas y alegrías que él también compartió. Avisado sobrenaturalmente por el cielo para que abandonase el desierto, encontró a su esposa bajo la puerta Dorada que da acceso al templo por la parte de Oriente. No lejos de allí, junto a la piscina Probática, donde los corderos destinados al sacrificio lavaban sus blancos vellones antes de ser ofrecidos al Señor, se levanta en nuestros días la basílica restaurada de Santa Ana, llamada primitivamente Santa María de la Natividad. Allí, en la quietud del paraíso fue donde germinó, sobre la raíz de Jesé, aquel tallo bendito saludado por el Profeta y portador de la flor divina abierta en el seno del Padre antes que comenzasen a existir los siglos. Séforis, ciudad de Ana, y Nazaret, lugar donde vivió María, disputan, es cierto, a la ciudad santa el honor que reclaman en su favor antiguas y constantes tradiciones. Mas nuestros homenajes, ciertamente, no serán perdidos al dirigirlos en este día a la bienaventurada Ana, verdadero campo incontestable de prodigios cuyo recuerdo renueva la alegría de los cielos, el furor de Satanás y el triunfo del mundo.


ANA, SANTUARIO DE LA INMACULADA

Aureolada con la incomparable paz que la circunda, saludemos en ella también la tierra victoriosa que eclipsa los campos de batalla más famosos. Verdadero santuario de la Inmaculada Concepción, en él fue reanudada por nuestra humillada raza la gran batalla2 iniciada junto al trono de Dios por las escuadras celestiales. Allí, el infernal dragón arrojado de los cielos vio aplastada su cabeza, y Miguel, sobrepujado en gloria, pone gustoso el mando de los ejércitos del Señor en manos de la que desde el principio de su existencia, se declaraba amable Soberana.