viernes, 20 de febrero de 2026

Boletín Dominical 22 de febrero



Día 22 de Febrero, Domingo I de Cuaresma

Doble- Privilegiado de I clase- Orn. Morados.

Este Domingo es uno de los más solemnes del año litúrgico, porque antiguamente empezaba con él la santa Cuaresma. Por esto la estación se celebraba en la Catedral Pontificia de San Juan de Letran, centro religioso del mundo.

Jesús, después del bautismo en el Jordán, como preparación para la vida pública que iba a iniciar, se retiró 40 días al desierto que hay entre Jericó y los montes de Judá para dedicarse a la oración y la penitencia. Allí, queriendo Satanás averiguar si verdaderamente el Hijo de Maria era ciertamente el Hijo de Dios, se acercó a tentar a Jesús. Y primeramente como hizo con Adán y Eva y hace con los hombres, se dirige a los sentidos. Como Jesús tiene hambre, le dice que convierta las piedras en pan. Después se dirige a tentarle el orgullo y vanagloria, y por fin, de soberbia y avaricia. “Hæc omnia tibi dabo, si cadens adoraveris me”, le dice mostrándole los reinos del mundo y su gloria: todo esto te daré si postrándote me adorares.

Luzbel, que había sido el más hermoso de los ángeles, se había creído con derecho a la unión hipostática, que le habría sublimado a la dignidad de Hijo de Dios; y como tal pide ahora ser adorado por Jesús.

Muchos reparan solamente en el hecho, sin duda admirable, de que el Hijo de Dios fuese tentado por el demonio. Más no es esto lo principal. Lo más importante es que Jesús fuese tentado precisamente por su calidad de Hijo de Dios que venía a restaurar el reino de su Padre. 

A ejemplo de Jesús, con oración y penitencia ha de rechazar el cristiano todas las tentaciones.


Los cinco sábados en honor del Corazón de María

El 10 de diciembre de 1925 se apareció la Virgen Santísima a la niña Lucía, una de las videntes de Fátima, teniendo junto a sí al Niño Jesús sobre una nube luminosa. La Virgen mostraba su Corazón rodeado de espinas, y el Niño Jesús, señalándole, decía: “Ten compasión de este Corazón dulcísimo, martirizado continuamente por la ingratitud de los hombres.” Entonces la Virgen Santísima añadió: “Mira, hija mía, mi Corazón rodeado de espinas con que los hombres, ingratos, le hieren a cada momento con sus blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y anuncia de mi parte que yo prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias a la salvación a todos los que en cinco sábados de meses consecutivos confiesen, reciban la Santa Comunión, recen la tercera parte del Rosario y me hagan compañía durante quince minutos, meditando los misterios del Rosario, con el fin de ofrecerme reparación.”

1. La Virgen promete asistir con las gracias necesarias para la salvación en la hora de la muerte. Quiere decir que la Virgen no permitirá que muera en pecado mortal aquel que haya practicado debidamente la devoción señalada.

2. Se requiere la confesión, que puede hacerse durante la semana, y no precisamente el mismo sábado.

3. Se requiere la Comunión, que ha de hacerse el mismo primer sábado de mes.

4. Se requiere rezar la tercera parte del Santo Rosario, o sea las cinco decenas.

5. Hacer compañía a la Virgen durante quince minutos, meditando los misterios del Rosario.

6. Hacer todo esto durante cinco sábados seguidos que sean primeros de mes, o sea durante cinco meses seguidos, ininterrumpidos, el primer sábado de cada uno

7. Tener la intención de honrar, consolar y desagraviar al Inmaculado Corazón de María.



jueves, 19 de febrero de 2026

Sobre el Ayuno y la Abstinencia





Ayunos y abstinencias para América Hispana

La Iglesia lo ha impuesto para someter la carne al espíritu, para satisfacer por las culpas a la justicia divina, y para preparar el alma a la oración y ejercicios de piedad. No se contento Cristo con mandarnos ayunar, sino que El mismo nos dio también el ejemplo. El precepto del ayuno comprende dos cosas: abstenerse de ciertos manjares, y no hacer sino una comida formal, la cual bien puede hacerse al mediodía abstinencia obliga siempre desde los 7 años. Quien no cumple con estas leyes sin justa causa, comete pecado mortal.

Excusan del ayuno: la enfermedad, el trabajo pesado, la pobreza que impide una alimentación substanciosa, u otra dificultad grave.

La Iglesia como buena madre, no intenta obligar a quien el ayunar o abstenerse de comer carne le causase un grave inconveniente. En caso de duda conviene consultar al confesor.


Abstinencia

Argentina: todos los viernes de cuaresma.

Bolivia: Las vigilias de Navidad (24 de Diciembre), Pentecostés, la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen (7 de Diciembre) (1) y San Pedro y San Pablo (28 de junio).

Colombia: todos los viernes del año.

Cuba: todos los viernes del año.

Chile: todos los viernes del año.

Ecuador: todos los viernes de Cuaresma.

Méjico: todos los viernes del año.

Paraguay: todos los viernes de Cuaresma.

Perú: Todos los viernes del año.

Uruguay: todos los viernes de Cuaresma y de Adviento.

Venezuela: las vísperas de Pentecostés, Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen (7 de Diciembre), Todos los Santos (31 de octubre) y Navidad (24 de diciembre).


Ayuno

Bolivia y Venezuela: todos los miércoles de Cuaresma, el Jueves Santo y el viernes de Témporas de Adviento.


Ayuno y abstinencia

Argentina: el Miércoles de Ceniza, el Viernes Santo, la Vigilia de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen* (7 de Diciembre) y el día anterior a la Vigilia de Navidad (23 de Diciembre).

Bolivia: el miércoles de Cenizas y todos los viernes de Cuaresma.

Cuba: el miércoles de Cenizas, el Viernes Santo y las vigilias de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen (7 de Diciembre) y de Navidad (24 de diciembre); ésta en La Habana se suele trasladar al sábado anterior.

Colombia, Chile, Ecuador, Méjico, Paraguay y Perú: el Miércoles de Cenizas, el Viernes Santo, la vigilia de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen (7 de Diciembre) y la vigilia de la Navidad (24 de diciembre).

Uruguay: el Miércoles de Cenizas, el Viernes Santo, la vigilia de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen (7 de Diciembre) y el 23 de diciembre.

Venezuela: el Miércoles de Cenizas y todos los viernes de Cuaresma.


Modo de ayunar

Desayuno: Por la mañana se puede tomar te, café y mate, a los que se permite añadir una pequeña cantidad de leche, y tomar un panecillo chico que no exceda de 60 gramos. También se puede tomar chocolate con agua.

Comida principal: Se come como de costumbre y aun se puede añadir más. También se permite mezclar carne y pescado, siempre que el uso de la carne no este prohibido por ser día de abstinencia. Puede hacerse al mediodía o por la noche.

Cena o colación: Se hace una colación con cualquier alimento, excepto carne y caldo de carne, y dicho alimento no debe exceder todo él de 250 gramos, sin contar el agua con que se haga la comida. Esta permitido el uso de huevos, lacticinios (leche, manteca, queso), y condimentar la comida con grasa.

Fuera de las comidas: entre horas, durante el día, se puede tomar té solo, café solo, mate, cerveza, refrescos, pero no leche, caldo, chocolate, ni frutas, bombones, galletas o masas.


El ayuno Eucarístico


Por el Motu Proprio del 19 de Marzo de 1957, el Sumo Pontífice Pio XII ha extendido y ampliado las normas dadas por la Constitución Apostólica Christus Dominus del 6 de Enero de 1953, en la siguiente forma.

1. El agua no rompe el ayuno eucarístico. Pueden tomar agua en cualquier momento los fieles antes de comulgar y los sacerdotes antes de celebrar la misa. Agua, es decir, aunque sea agua mineral y se le haya puesto gas para hacerla efervescente.

2. Todos los fieles podrán comer y beber, inclusive vino y cerveza en la comida (no otros licores), hasta tres horas antes de comulgar, y tomar líquidos (2), excepto los que contengan alcohol, como ser vino, cerveza, sidra, etc., hasta una hora antes de comulgar, ya se diga la misa o se acerque a comulgar por la mañana, por la tarde o por la noche, o en las primeras horas de la madrugada. Es decir que el ayuno obliga desde tres horas antes de comulgar para los alimentos sólidos, y desde una hora antes para los líquidos.

3. Los enfermos, aunque estén levantados (3), podrán tomar algún alimento liquido, excepto bebidas alcohólicas, sin limitación de hora antes de comulgar, y los sacerdotes antes de celebrar la misa, y cuantas veces lo crea conveniente. También podrán tomar las medicinas que necesiten, ya sean liquidas, ya sólidas, con tal que sean verdadera medicina prescrita por el medico o tenida por tal; se podrá, pues tomar jarabes, bicarbonato, geniol, aspirina, etc. Se advierte que no se podrá tomar, para este caso, cualquier alimento sólido y a la vez nutritivo. Recomienda el Papa, aunque no obliga, que los fieles que buenamente puedan, sigan las costumbres venerables y antiguas de guardar el ayuno eucarístico desde la medianoche.

4. Misas Vespertinas: Para comulgar en las misas vespertinas que se podrán decir todos los días después de las 16 horas, podrán comer y beber incluso vino y cerveza en la comida ( no otros licores), tres horas antes de comulgar, y tomar líquidos, como ser leche, té, etc., hasta una hora antes. No podrán comulgar en estas misas vespertinas los que lo hayan hecho ya por la mañana.


Precepto Pascual

El precepto de la comunión pascual es acaso el que con mas sentimiento ha impuesto nuestra Madre la Iglesia a sus hijos; porque ¿Qué mayor dolor que verse obligada a mandarles que reciban a su Dios? Los primeros cristianos, aquellos ardientes fieles que miraban la comunión como un Pan de vida y de cada día, y para quienes no había desconsuelo mayor que verse privados de ella, ¿pudieron creer que llegaría un tiempo en que seria preciso imponer a los cristianos que les sucediesen, un precepto para obligarles a que comulgasen? ¿Pudieron siquiera imaginar que habría que imponerles un castigo para traerlos a participar de la Sagrada Mesa? Pues, sin embargo, esto es cabalmente lo que ha sucedido. ¡Que extremo de ingratitud, de abandono, de maldad, la de aquellos cristianos que ni aun con el precepto y el castigo se llegan a recibirle!

El precepto pascual obliga a todos los cristianos que han llegado al uso de razón a confesar y comulgar por lo menos una vez al año. En la República Argentina la comunión debe hacerse dentro del periodo comprendido desde el Domingo de Septuagésima hasta el día 22 de Agosto inclusive, octava de la Asunción de la Santísima Virgen. Aquellos que no cumplen con este precepto cometen un pecado mortal y quedan obligados a hacerlo cuanto antes.


Fiestas de Precepto

Todos los cristianos que tienen uso de razón están obligados a oír misa entera todos los domingos y días de precepto, y el que no la oye o falta a parte importante de ella, como desde el principio hasta el ofertorio inclusive, comete pecado grave. El Señor anuncia en las Sagradas Escrituras castigos espantosos a los pueblos que profanen las fiestas.

Son fiestas que obligan a oír misa y no trabajar, además de todos los domingos, las siguientes:

Argentina:    

    • Circuncisión del Señor (1° de Enero)

    • Epifanía del Señor (6 de Enero)

    • Corpus Christi (movible)

    • Asunción de la Virgen (15 de Agosto)

    • Todos los Santos ( 1° de Noviembre)

    • Inmaculada Concepción ( 8 de Diciembre)

    • Natividad del Señor (25 de Diciembre).


Circuncisión del Señor (1 de enero): en Argentina, Bolivia, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, Méjico, Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela, España.

Epifanía del Señor (6 de enero): en Argentina, Bolivia, Colombia, Cuba, Ecuador, Méjico, Uruguay, Venezuela, España.

San José (19 de marzo): en Bolivia, Colombia, Cuba, Ecuador, Méjico, Venezuela, España.

Ascensión del Señor: en Bolivia, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, Méjico, Venezuela, España.

Corpus Christi: en Argentina, Bolivia, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, Méjico, Paraguay, Perú, Venezuela, España.

Santos Pedro y Pablo (29 de junio): en Bolivia, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, Méjico, Perú, Venezuela, España.

Santiago (25 de julio): en España.

Asunción de la Virgen (15 de agosto): En Argentina, Bolivia, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, Méjico, Paraguay, Perú, Venezuela, España.

Santa Rosa (30 de agosto): en Perú.

Todos los Santos (1 de noviembre): en Argentina, Bolivia, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, Méjico, Paraguay, Perú, Venezuela, España.

Inmaculada Concepción (8 de diciembre): En Argentina, Bolivia, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, Méjico, Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela, España.

Guadalupe (12 de diciembre): En Méjico.

Natividad del Señor (25 de diciembre): en Argentina, Bolivia, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, Méjico, Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela, España.


En el Ecuador, en las fiestas de precepto, con excepción de los domingos, Navidad y Año Nuevo, hay obligación de oír Misa, pero no de no trabajar.


Notas

1.- La obligación del ayuno y la abstinencia, prescrita para la vigilia de la Fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen María (14 de Agosto) fue transferida a la vigilia de la Fiesta de la Inmaculada Concepción (7 de Diciembre), según el Decreto de la Sagrada Congregación del Concilio, de fecha 25 de julio del año 1957 (Acta Apostolicae Sedis, Annus XXXXIX - series II - Vol. XXIV, pág. 638), 

2.- Alimento liquido: Por modo de bebida pueden tomarse todos los líquidos,  por densos o espesos que sean, como la leche, caldo, huevos pasados por agua o huevos batidos y mezclados con liquido, chocolate bebido, té, café, mate. Líquidos son y pueden tomarse aunque tengan mezclado algo sólido, como ser sémola, pan rallado, con tal que la mezcla no deje de ser liquida el azúcar y pastillas, etc., disueltas en la boca totalmente, se toman por modo de bebida si se degluten después de disueltas en la saliva (Cf. P. Regatillo, Sal Térrae, revista de cultura eclesiástica, marzo de 1953, pag.164).

3.- Aunque no tengan que guardar cama; Vg. por afección crónica del hígado, estomago, etc., o por enfermedad algo duradera como gripe, pulmonía; o por una indisposición pasajera de notable molestia, como dolor de cabeza, jaqueca, neuralgias, etc. (Cf. P. Regatillo, Ibíd.).


Fuente: R.P. Natalio D. Díaz S.J., "Misal Romano Diario y Devocionario", 1957.



Dom Gueranger: El Tiempo de la Cuaresma

    



EL TIEMPO DE CUARESMA

Año Litúrgico - Dom Prospero Gueranguer



CAPÍTULO I

HISTORIA DE LA CUARESMA


Se da el nombre de Cuaresma al período de oración y penitencia durante el cual la Iglesia prepara las almas a celebrar el misterio de la Redención.


La Oración

A los fleles, aun los mejores, propone nuestra Madre la Iglesia este tiempo litúrgico como retiro anual que les brindará ocasión oportuna de separar todos los descuidos de otras temporadas, y encender la llama de su celo. A los catecúmenos ofrece, como en los primeros siglos una enseñanza, una preparación a la iluminación bautismal. A los penitentes, los llama la atención sobre la gravedad del pecado, e inclina su corazón al arrepentimiento y a las buenas resoluciones, y les promete el perdón del Corazón de Dios.

Recomienda S. Benito a sus monjes, en el capítulo XLIX de su Regla, se entreguen este santo tiempo a la oración acompañada de lágrimas de arrepentimiento o de tierno fervor. Todos los fieles, de cualquier estado y condición, hallarán en las Misas de cada día de Cuaresma las fórmulas más admirables de oración con que se pueden dirigir a Dios. Con quince y más siglos de existencia, se adaptan a las aspiraciones, a las necesidades de todos.




La Penitencia


La penitencia se practica, mejor dicho, se practicaba con la observancia del ayuno. Las dispensas temporales otorgadas desde hace algunos años por el Sumo Pontífice no serán pretexto para silenciar práctica tan importante a que aluden constantemente las oraciones de las Misas cuaresmales y de la que todos deben, al menos, conservar el espíritu, si la dureza de los tiempos o la endeble salud no consienten se observe plenamente y con todo rigor.

La práctica del ayuno remonta a los primeros siglos del cristianismo y aún es anterior. Después de los Profetas Moisés y Elias cuyo ejemplo nos será propuesto el miércoles de la primera semana, el Señor le practicó permaneciendo sin alimento alguno durante cuarenta días y cuarenta noches, y si no quiso establecer mandato divino, que en ese caso no hubiera, sido susceptible de discusión, ha declarado por lo menos que el ayuno tan frecuentemente preceptuado por Dios en la antigua ley, sería practicado también por los hijos de la nueva.

Llegáronse un día a Jesús los discípulos de Juan y le dijeron: "¿Por qué, ayunando nosotros y los fariseos con frecuencia, no ayunan tus discípulos?" Jesucristo les contestó: "¿Por ventura los compañeros del Esposo pueden estar tristes- mientras el Esposo está con ellos? Mas vendrán días en que les será quitado el Esposo y entonces ayunarán" (San Mat., IX, 14-15).

Acordáronse los cristianos de esta sentencia y bien pronto pasaron en ayuno absoluto los tres días—que para ellos era uno solo—, el misterio de la Redención, es decir desde Jueves Santo hasta la mañana de Pascua.

Tenemos pruebas fehacientes ya de los siglos II y III que en muchas iglesias ayunaban Viernes y Sábado Santos, y San Ireneo en su carta al Papa San Víctor afirma que varias iglesias orientales hacían lo propio toda la Semana Santa. En el siglo IV se amplió este ayuno pascual y la preparación a la fiesta de Pascua durante un período de ascesis de cuarenta días—cuadragésima—Cuaresma.

La primera mención que hallamos en Oriente de "la cuarentena" se encuentra en el canon 5.° del Concilio de Nicea (325). El Obispo de Thmuis, Serapión, afirma en 331, que la "Cuaresma" es en su tiempo práctica universal en Oriente y Occidente. Los Padres, como, por ejemplo, San Agustín (Sermón CCX), dicen que es práctica antiquísima, y San León (Sermón VI) piensa, aunque erróneamente, que se remonta a los tiempos apostólicos. Estos mismos Padres y con ellos San Ambrosio y San Jerónimo, son los primeros que nos hablan del ayuno.

Los sermones de San Agustín atestiguan que la Cuaresma comenzaba el domingo VI antes de Pascua. Como no se ayunaba el domingo, no había más que treinta y cuatro días de ayuno, treinta y seis con Viernes y Sábado Santos; con todo no dejaba de ser la Cuaresma una "cuarentena" de preparación a la Pascua. El ayuno, en efecto, no era, y no lo es hoy tampoco, el único medio de prepararse a celebrar la Pascua. Insiste San Agustín en que al ayuno acompañen el fervor de la oración, la humildad, la renuncia absoluta a los malos deseos, muchas limosnas, perdón de las injurias y la práctica de todas las obras de piedad y caridad.

La misma extensión del período cuaresmal vemos en España en el siglo vn y en las Galias y Milán. La magna solemnidad del mundo es para San Ambrosio Viernes Santo, y la fiesta de Pascua encierra el triduo de la muerte, sepultura y Resurrección de Cristo (Carta XXIII). Si el ayuno se interrumpía los domingos, guardaban, sin embargo, merced a la liturgia, su tonalidad penitencial.

Para San León es también un período de cuarenta días que finaliza el Jueves Santo por la tarde; y si, acorde con San Agustín, insiste en ponderar las ventajas del ayuno corporal, recomienda con más insistencia los demás ejercicios de mortificación y penitencia, el arrepentimiento, sobre todo, del pecado, y la práctica más fervorosa de las buenas obras y virtudes.


Necesidad de la Penitencia

No obstante eso, ya que en nuestros tiempos la mortificación corporal va cayendo en desuso, no juzguemos inútil demostrar a los cristianos la importancia y utilidad del ayuno; las sagradas Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento abogan en favor de esta santa práctica. Podemos también afirmar que la tradición de todos los pueblos la corrobora, porque la idea de que el hombre puede apaciguar la divinidad sometiendo su cuerpo a la expiación, se adueñó del mundo, pues se halla en todas las religiones, aun las más alejadas de la pureza de las tradiciones patriarcales.


Precepto de la Abstinencia

San Basilio, San Juan Crisóstomo, San Jerónimo y San Gregorio Magno han declarado que el precepto a que fueron sometidos nuestros primeros padres, en el paraíso terrenal, era precepto de abstinencia y que por haber quebrantado esta virtud se precipitaron a sí mismos y a toda su descendencia en un abismo de calamidades. La vida de privaciones a que después se vió sometido el rey de la creación, venido a menos, en la tierra que no debía producir ya para él sino zarzas y espinas, mostró bien a las claras esa ley de expiación que el Creador ha impuesto justamente a los miembros rebeldes del hombre pecador. 

Hasta el diluvio conservaron nuestros abuelos su existencia con la exclusiva ayuda de los frutos de la tierra que arrancaban a fuerza de trabajo. Dignóse luego Dios permitirles se alimentasen de la carne de animales como para suplir a la mengua de fuerzas naturales. Entonces Noé, movido por el divino instinto, sacaba el jugo de la viña y se añadía un nuevo alivio a la fuerza del hombre.


Abstinencia de Carne y Vino

La naturaleza del ayuno se ha asentado sobre los diversos elementos que sirven al sostén de las fuerzas humanas, y por de pronto, debió de consistir en la abstinencia de la carne de animales, porque esa ayuda, ofrecida por la condescendencia divina, es menos rigurosamente necesaria para la vida. Durante muchos siglos, como lo vemos hoy día en las iglesias de Oriente, huevos y lacticinios fueron prohibidos porque provienen de sustancias animales; y también en el siglo XIX no eran permitidos en las iglesias latinas sino en virtud de dispensa anual más o menos general. Tal era aún el rigor de la abstinencia de carne, que no se suspendía el domingo en Cuaresma a pesar de la interrupción del ayuno, y los que habían alcanzado dispensa de los ayunos semanales quedaban sometidos a esta abstinencia, si no se sustraían a ella por otra dispensa especial.

miércoles, 18 de febrero de 2026

Dom Gueranger: Miércoles de Ceniza

      




MIÉRCOLES DE CENIZA

Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger



INVITACIÓN DEL PROFETA

Hervía ayer el mundo en los placeres, y los mismos cristianos se entregaban a expansiones permitidas; mas ya de madrugada ha resonado a nuestros oídos la trompeta sagrada de que nos habla el Profeta. Anuncia la solemne apertura del ayuno cuaresmal, el tiempo de expiación, la proximidad más inminente de los grandes aniversarios de nuestra Redención. Arriba, pues, cristianos, preparémonos a combatir las batallas del Señor.

ARMADURA ESPIRITUAL

En esta lucha, empero, del espíritu contra la carne, hemos de estar armados, y he aquí que la Iglesia nos convoca en sus templos para adiestrarnos en los ejercicios, en la esgrima de la milicia espiritual. S. Pablo nos ha dado ya a conocer al pormenor las partes de nuestra defensa: "Ceñidos vuestros lomos con la verdad, revestida la coraza de la justicia, y calzados los pies prontos para anunciar el Evangelio de la paz. Embrazad en todo momento el escudo de la fe y la esperanza de salvaros por yelmo que proteja la cabeza'". El Príncipe de los Apóstoles viene por su parte a decirnos: "Cristo padeció en la carne, armáos también vosotros del mismo pensamiento"'. La Iglesia nos recuerda hoy estas enseñanzas apostólicas, pero añade por su parte otra no menos elocuente, haciéndonos subir hasta el día de la prevaricación, que hizo necesarios los combates a que nos vamos a entregar, las expiaciones que hemos de pasar.

ENEMIGOS CON QUIENES HEMOS DE LUCHAR

Dos clases de enemigos se nos enfrentan decididos: las pasiones en nuestro corazón y los demonios por de fuera. El orgullo ha acarreado este desorden. El hombre se negó a obedecer a Dios. Dios le ha perdonado, con la dura condición de que ha de morir. Le dijo, pues: "Polvo eres, hombre, y en polvo te volverás". ¡Ay! ¿cómo olvidamos este saludable aviso? Hubiera bastado sólo él para fortalecernos contra nosotros mismos persuadidos de nuestra nada, no nos hubiéramos atrevido a quebrantar la ley de Dios. Si ahora queremos perseverar en el bien, en que la gracia de Dios nos restableció, humillémonos, aceptemos la sentencia y consideremos la vida como sendero más o menos corto que acaba en la tumba. Con esta perspectiva, se renueva todo, todo se explica. La bondad inmensa de Dios que se dignó amar a seres condenados a la muerte se nos presenta todavía más admirable; nuestra insolencia y nuestra ingratitud contra quien desafiamos en los breves instantes de nuestra existencia nos parece cada vez más para sentida, y la reparación que podemos hacer y que Dios se digna aceptar, más puesta en razón y salutífera.

domingo, 15 de febrero de 2026

Sermón Domingo de Quincuagésima



Sermón

R. P. Lucio César Simbrón



Sermón

S. E. R. Pío Espina Leupold


Lección

Hermanos: Si hablara las lenguas de los hombres y de los Ángeles, pero no tuviera caridad, sería como un bronce sonoro, o como una campana que retiñe. Y si tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; y si tuviera tal fe, que trasladara los montes, pero no tuviera caridad, no sería nada. Y si distribuyera todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregara mi cuerpo, para ser quemado, pero no tuviera caridad, de nada me serviría. La caridad es paciente, es benigna: la caridad no es ambiciosa, no busca sus cosas, no se irrita, no piensa mal, no se alegra de la iniquidad, sino que goza con la verdad: todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo aguanta. La caridad no desaparece nunca, aunque pasen las profecías, aunque cesen las lenguas, aunque se destruya la ciencia. Porque ahora conocemos sólo en parte, y en parte profetizamos; mas, cuando llegue lo perfecto, desaparecerá lo parcial. Cuando era niño, hablaba como niño, juzgaba como niño, pensaba como niño. Mas, cuando me hice hombre, abandoné las cosas de niño. Ahora vemos por espejo, en obscuridad; pero entonces (veremos) cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como soy conocido. Ahora permanecen estas tres cosas: la fe, la esperanza y la caridad: la mayor de ellas es la caridad.

I Cor. XIII, 1-13


Evangelio

En aquel tiempo tomó Jesús a los Doce, y les dijo: He aquí que subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas que han sido escritas por los Profetas acerca del Hijo del hombre. Porque será entregado a los gentiles, y escarnecido, y flagelado, y escupido: y, después de flagelarle, le matarán, y al tercer día resucitará. Y ellos no entendieron nada de esto, y estas palabras fueron para ellos un enigma, y no comprendían lo que se les decía. Y sucedió que, al acercarse a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino, mendigando. Y, cuando oyó a la turba que pasaba, preguntó qué era aquello. Y le dijeron que pasaba Jesús el Nazareno. Y clamó, diciendo: Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí. Y los que iban delante, le increpaban para que callase. Pero él gritaba con más fuerza: Hijo de David, ten piedad de mí. Y, parándose Jesús, mandó que se lo trajesen. Y, habiéndose acercado, le interrogó, diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que vea. Y Jesús le dijo: Ve; tu fe te ha salvado. Y al punto vio; y le siguió, glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alabó a Dios.

San Lucas XVIII, 31-43



sábado, 14 de febrero de 2026

Dom Gueranger: Domingo de Quincuagésima

  



DOMINGO DE QUINCUAGÉSIMA

Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger


VOCACIÓN DE ABRAHÁN

La vocación de Abrahán es el asunto que a nuestra consideración ofrece hoy la Iglesia. Cuando las aguas del diluvio se retiraron y el linaje humano cubrió de nuevo el haz de la tierra, volvió a reaparecer la corrupción de las costumbres entre los hombres y la idolatría vino a colmar tamaños desórdenes. Previendo el Señor en su divina sabiduría la defección de los pueblos resolvió formarse una nación que le sería especialmente consagrada; en ella se conservarían las verdades sagradas destinadas a desaparecer entre los gentiles. Ese nuevo pueblo había de comenzar por un solo hombre; padre y tipo de los creyentes. Abrahán lleno de fe y obediencia al Señor, estaba destinado a ser el padre de los hijos de Dios, cabeza de esa espiritual generación a que pertenecieron y continuaron perteneciendo hasta el fin de los siglos, todos los elegidos, tanto del pueblo antiguo, como de la Iglesia cristiana. Debemos, pues, conocer a Abrahán, cabeza y modelo nuestro. Resúmese toda su vida en la fidelidad a Dios, sumisión a sus mandatos, abandono y sacrificio de todas las cosas para obedecer a la santa voluntad de Dios. Es el distintivo del cristiano. Apresurémonos a sacar en la vida de este gran hombre todas las enseñanzas que en provecho nuestro encierran.

El texto del Génesis que a continuación damos servirá de base a cuanto hemos de decir sobre Abrahán. Lo lee hoy la Santa Madre Iglesia en el oficio de maitines.


GENESIS (XII, 1-9)


Dijo Yavé a Abrahán:


"Salte de tu tierra,

de tu parentela,

de la casa de tu padre,

para la tierra que yo te indicaré;

Yo te haré un gran pueblo,

te bendeciré y engrandeceré tu nombre,

que será bendición.

Y bendeciré a los que te bendigan.

Y maldeciré a los que te maldigan.

Y serán bendecidas en ti todas las naciones de la tierra."


Fuese Abrahán conforme le había dicho Yavé, llevando consigo a Lot. Al salir de Jarán, era Abrahán de setenta y cinco años. Tomó, pues, Abrahán a Sara, su mujer, y a Lot, su sobrino, y toda su familia y la hacienda y ganados que en Jarán habían adquirido. Salieron para dirigirse a la tierra de Canán, y llegaron a ella. Penetró en ella Abrahán, hasta el lugar de Siquén hasta el encinar de Moreh. Entonces estaban los cananeos en aquella tierra. Y se le apareció Yavé a Abrahán: "A tu descendencia daré yo esta tierra." Alzó allí un altar a Yavé que se le había aparecido, y saliendo hacia el monte que está frente a Betel, asentó allí sus tiendas, teniendo a Betel al Occidente y a Hai al Oriente, y alzó allí un altar a Yavé e invocó el nombre de Yavé.


SANTIDAD DE ABRAHÁN

¿Qué imagen más viva podría ofrecernos del discípulo de Cristo que la de este Patriarca tan dócil y generoso en seguir la voz de Dios? Con qué admiración hemos de exclamar repitiendo los elogios que le consagran los Santos Padres: "¡Oh varón verdaderamente cristiano antes de la venida de Cristo, hombre evangélico antes del Evangelio, hombre apostólico antes de los Apóstoles!" A la invitación del Señor lo deja todo, patria, familia, casa paterna, y se dirige a región desconocida. Bástale que Dios le guíe; se siente seguro y no echa mirada atrás. ¿Hicieron, por ventura, más los Apóstoles? Y parad mientes en el galardón: En él serán benditas todas las familias de la tierra; este caldeo lleva en sus venas la sangre que ha de salvar al mundo. Morirá, no obstante, antes de ver que llega el día en que uno de su descendencia rescate todas las generaciones pasadas, presentes y futuras. Un día se abrirá el cielo para dar paso al Redentor. Mientras tanto, nuestros primeros padres y Noé, Moisés, David, todos los justos irán a descansar al seno de Abrahán[1] preparación o antesala de la eterna bienaventuranza. Así recompensa Dios el amor y la fidelidad de su creatura.

viernes, 13 de febrero de 2026

Boletín Dominical 15 de febrero


Día 15 de Febrero, Domingo de Quincuagésima

Doble de II clase. Conm. S. Faustino y Jovita, Mártires. Orn. Morados.

¡Señor, que vea! Pide el ciego de Jericó al ir que pasa Jesús, Domine, ut videam! (Evangelio). ¡Señor, que vea! Pide la humanidad, doliente y ciega, de este mundo en ruinas que no sabe adónde va.

Solo Jesús con su doctrina es luz del mundo que ilumina las conciencias y los derroteros de los pueblos. Solo Jesús es amor, caridad y unión.

Digamos también nosotros como el ciego de Jericó, ¡Señor! Que vea bien en el camino de mi vida y no me aparte de la senda que lleva al cielo.

Hoy todo cristiano fervoroso acompaña a Jesús Sacramentado, expuesto en el templo, para desagraviarle de las injurias que se le infieren con los escándalos del Carnaval.





      

18 de febrero,
MIÉRCOLES DE CENIZA

Privilegiado de I clase. Orn. Morados.
Ayuno y Abstinencia.

Para humillar nuestra soberbia y orgullo, y traernos a la memoria la muerte, que es pena del pecado, la Iglesia, siguiendo el ejemplo de los ninivitas, los cuales hicieron penitencia cubriéndose de ceniza y cilicio, pone hoy cenizas, hechas de los Ramos benditos del año anterior, sobre nuestras cabezas diciendo: “Acuérdate, hombre, de que eres polvo y en polvo te convertirás”.

El Papa Urbano VI, en el Concilio de Benevento, el año 1091, mandó que se pusiese la ceniza a todos los fieles, porque “Dios perdona los pecados a los que de ellos se duelen” (Introito).

Es rico en misericordia para los que se vuelven a Dios de todo corazón por el ayuno, las lágrimas y los gemidos (Epístola). Y no hemos de desgarrar, como los fariseos, nuestros vestidos, sino nuestros corazones (Epístola).