lunes, 14 de septiembre de 2026

Dom Gueranger La Exaltación de la Santa Cruz

 


LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger


SENTIDO DE LA FIESTA DE LA CRUZ

"Hermanos, temed en vosotros los mismos sentimientos que Cristo Jesús: el cual, poseyendo la forma de Dios, no creyó que era una rapiña el ser igual a Dios, sino que se anonadó tomando la forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres, y mostrándose en lo exterior como hombre. Se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”.

Estas palabras del Apóstol, que leemos en la Epístola de la Misa, nos dan el sentido de la fiesta que celebramos hoy. Los términos de siervo y de cruz, cierto que son para nosotros palabras corrientes: han perdido el sentido infamante que en el mundo antiguo, antes de la era cristiana, tenían: los destinatarios de San Pablo debieron comprender, mejor que nosotros, todo su horror y en consecuencia, apreciar también mejor hasta qué abismos se había bajado Cristo en su encarnación y su muerte de Cruz.


EL SUPLICIO DE LA CRUZ

¿Los antiguos no consideraban a la Cruz "como el suplicio más infamante y más terrible"? Con frecuencia se veía a un ladrón o a un esclavo clavado en la cruz; lo que podemos conocer nosotros de un modo indirecto sobre ese suplicio, nos permite apreciar un poco mejor todo su horror. El crucificado agonizaba lentamente; la asfixia producida por la extensión de los brazos en alto le ahogaba, y era atormentado por las calambres de sus nervios en tensión.


EL CULTO DE LA CRUZ

Cristo padeció este suplicio espantoso por cada uno de nosotros. Con un amor infinito ofreció al Padre el sacrificio de su cuerpo extendido en la Cruz. Este instrumento de suplicio, objeto de infamia hasta entonces, se convierte en gloria para los cristianos: San Pablo sólo se gloría en la cruz del Señor, en la que está nuestra salvación, nuestra vida y nuestra resurrección, la cual nos ha hecho libres y salvos.

El culto de la Cruz, como instrumento de nuestra redención, logró una gran extensión en la Iglesia cristiana. La Cruz es adorada y recibe homenajes que ninguna otra reliquia recibe;además las fiestas de la Santa Cruz revisten especial esplendor. El acontecimiento feliz del hallazgo de la Cruz ya fué festejado el 3 de mayo (Invención de la Santa Cruz): hoy celebra la Iglesia la festa de la Exaltación de la Cruz, cuyo origen es bastante complejo, pero su historia nos facilitará precisar el objeto.


ORÍGENES DE LA FIESTA DE ESTE DÍA

El 14 de septiembre es la fecha del aniversario de una dedicación que en la historia eclesiástica ha dejado un gran recuerdo.

El 14 de septiembre de 335 una multitud de curiosos, de peregrinos, de monjes, de clérigos y de prelados llegados de todas las provincias del Imperio, se juntaban en Jerusalén con motivo de la Dedicación del santuario magníficamente restaurado por el emperador Constantino, en el mismo sitio en que el Señor padeció y fué sepultado.

En años sucesivos el aniversario continuó celebrándose con no menos pompa. La peregrina española Eteria, que al fin del siglo IV fué a Jerusalén, nos refiere que más de cincuenta obispos asistían todos los años a las solemnidades del 14 de septiembre. La Dedicación tenía la misma categoria que la Pascua o la Epifanía, duraba ocho días y atraía una gran afluencia de peregrinos.


DOBLE OBJETO DE LA FIESTA

El aniversario de la Dedicación se celebraba ademas con otros fines. Era el primero el recordar la antigua fiesta judía de los tabernáculos con que se ponía fin a las faenas de la vendimia. Se oree que caía en el día 14 de septiembre y la fiesta cristiana de la Dedicación debía reemplazarla. Pero hay otro recuerdo específicamente cristiano que ya desde fines del siglo IV estaba ligado a la fiesta del 14 de septiembre: la Invención del sagrado madero de la Cruz. Una ceremonia litúrgica, que lleva por nombre la Elevación o la Exaltación (hypsosis) de la Cruz, conmemoraba todos los años este feliz descubrimiento. El punto mismo donde había sido fijada la Santa Cruz se consideraba como el centro del mundo. Y por eso un sacerdote levantaba el leño sagrado de la Cruz hacia las diversas partes del mundo. Como recuerdo de la ceremonia, los peregrinos se llevaban una pequeña redoma con aceite que había tocado a la Cruz.


PROPAGACIÓN DE LA FIESTA

Esta ceremonia fué tomando cada vez mayor importancia, de modo que en el siglo vi los recuerdos de la Invención de la Cruz y de la Dedicación del Gólgota quedaron en segundo plano.

Los fragmentos del sagrado madero se iban repartiendo por el mundo y a la vez se extendía por las Iglesias cristianas la ceremonia de la Exaltación, Constantinopla aceptó la fiesta en 612, en tiempo del emperador Heraclio. En Roma se introdujo la fiesta a lo largo del siglo VII. Por los días del Papa Sergio (+701) el 14 de septiembre se renovaba en Letrán la adoración de la Cruz que se hacía el Viernes Santo. Para esta ceremonia, los antiguos Sacramentarios han conservado una oración "ad crucem salutandam". Pero este efímero rito desapareció luego de los usos romanos;la oración es lo único que se ha conservado en las colecciones de devoción privada . En nuestros días, la adoración de la Cruz del 14 de septiembre ya no se practica más que en los monasterios y en algunas Iglesias.


NUEVO ESPLENDOR DE LA FIESTA

En el correr de los siglos, un acontecimiento realzó de modo singular el esplendor de la fiesta de la Exaltación. En 614 los Persas tomaron Jerusalén y la pasaron a sangre y fuego. A continuación de las victorias del piadoso emperador Heraclio, se restauró la Ciudad Santa y Heraclio consigno la restitución de la Santa Cruz que los invasores habían llevado a Tesifonte. El 21 de marzo de 630, la Cruz fué nuevamente erigida en la Iglesia del Santo Sepulcro y el 14 de septiembre siguiente se volvió a continuar con la ceremonia de la Exaltación.


NUEVO CARÁCTER DE LA FIESTA

Queda uno sorprendido al ver en la restauración de la antigua ceremonia un carácter nuevo de tristeza y de penitencia. Quizá contribuyesen las desgracias del imperio a hacer de esta ceremonia de adoración, un oficio de intercesión en el que no se cesa de repetir una y otra vez el Kyrie eleison. El ayuno es de rigor este día, al menos entre los monjes.

Este carácter de intercesión se nota en los textos litúrgicos propios de la fiesta de este día. Así el Ofertorio y la Poscomunión imploran protección y ayuda, mientras que el Evangelio recuerda la Exaltación del Hijo del Hombre en la Cruz, prefigurada por la serpiente de bronce.

Ya que un rito de la flesta de este dia fuélargo tiempo la adoración de la Cruz, transcribiremos la oración que San Anselmo compuso para la ceremonia del Viernes Santo:


iOh Cruz Santa, cuya vista nos recuerda aquella otra Cruz sobre la cual Nuestro Señor Jesucristo, con su propia muerte, nos libró de la muerte eterna, a la que miserablemente nos lanzábamos, y por la cual nos resucito a la vida eterna que habíamos perdido por el pecado; adoro, venero y glorifico en ti aquella Cruz que representas y, en ella, al Señor misericordioso que por medio de ella realizó su obra de misericordia! ¡Oh Cruz amable, donde están nuestra salvación, nuestra vida y nuestra resurrección! jOh madero precioso por quien fuimos libertados y salvados! jOh símbolo con que fuimos sellados para Dios! iOh Cruz gloriosa en quien únicamente debemos gloriarnos!

Y ¿cómo te alabaremos? ¿De qué modo te ensalzaremos? ¿Con qué corazón te rogaremos? ¿Con qué gusto me gloriaré en ti? Por ti se vacía el infierno; queda cerrado para todos los que fueron rescatados por ti. Los demonios por ti están amedrentados, reprimidos, vencidos, aplastados. El mundo por ti se renueva y hermosea, gracias a la verdad que brilla con esplendidez y a la justicia que en El reina. Por ti es justificada la naturaleza humana, pecadora; condenada, se salva; esclava del pecado y del infierno, consigue la libertad; muerta, vuelve a la vida. Por ti se restaura y perfecciona esta ciudad bienaventurada del cielo. Por ti Dios, el Hijo de Dios, quiso ser obediente a su Padre hasta la muerte para bien nuestro; por eso,puesto en la cruz, recibió un nombre que está por encima de todo nombre. Por ti preparó su trono y restableció su reino.

En ti esté y de ti proceda mi gloria, por ti y en ti esté mi verdadera esperanza. Por ti queden borrados mis pecados; muera por ti mi alma a la vida vieja y resucite a una nueva vida de justicia.Concédeme, te ruego, que, lavado ya en el bautismo de los pecados en que fuí concebido y nací, me purifiques de nuevo de los que he contraído después de nacer a esta segunda vida; de esa manera llegaré por ti a los bienes para los que fué creado el hombre, gracias al mismo Jesucristo, Nuestro Señor, el cual sea bendito por todos los siglos. Así sea.



MISA


INTROITO
Nosotros debemos gloriarnos en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en que está la salud, la vida y nuestra resurrección, y por la que somos salvados y libertados. -Salmo. Dios se apiade de nosotros, y nos bendiga; haga resplandecer sobre nosotros su rostro, y tenga misericordia. v. Gloria al Padre.



COLECTA
Oh Dios, que nos alegras en este día con la solemnidad anual de la Exaltación de la Santa Cruz: pedímoste nos concedas que, habiendo conocido en la tierra el misterio de la Cruz, merezcamos en el cielo el premio de la redención. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.


EPÍSTOLA

Lección de la Epístola del Apóstol S.Pablo a los Filipenses II, 5-11

Hermanos: Abundad en los mismos sentimientos que Jesucristo; el cual, siendo Dios, no tuvo por usurpación el ser igual a Dios; y no obstante, se anonadó a Sí mismo, tomando la forma de siervo, hecho semejante a los demás hombres y reducido a la condición de hombre. Se humilló a Sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz. Por lo cual también Dios le ensalzó, y dióle un nombre superior a todo nombre; para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla (aquí se ponen de rodillas) en el cielo y en la tierra y en los infiernos; y toda lengua confiese que nuestro Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre.


GRADUAL
Cristo se ha hecho obediente por nosotros hasta la muerte, y muerte de Cruz. v. Por lo cual también Dios le ensalzó y le dió un nombre sobre todo nombre.

Aleluya, aleluya. v. iOh dulce leño, dulces clavos que sostuvisteis tan dulce peso! que fuisteis solos dignos de llevar al Rey y Señor de los cielos. Aleluya.


EVANGELIO

Continuación del S. Evangelio según S.Juan XII, 31-36

En aquel tiempo, dijo Jesús a las turbas de los judíos: Ahora es el juicio del mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser lanzado fuera. Y cuando sea levantado en alto sobre la tierra, todo lo atraeré a Mi mismo. (Esto lo decía para significar de qué muerte había de morir.) Replicóle la muchedumbre: Nosotros sabemos por la Ley que el Cristo debe vivir eternamente. ¿Cómo, pues, dices tú que debe ser levantado en alto el Hijo del hombre?; Quién es ese Hijo del hombre? Respondióles Jesús: La Luz está aún por un poco de tiempo entre vosotros. Caminad, pues, mientras tenéis la Luz, para que las tinieblas no os sorprendan; pues quien entre tinieblas anda no sabe a dónde va. Mientras tenéis la Luz (Jesús), creed en la Luz, para que seáis hijos de la Luz.

OFERTORIO

Protege, Señor, a tu pueblo por la señal de la Santa Cruz, contra las asechanzas de todos los enemigos; para que te tributemos grata servidumbre, y sea acepto nuestro sacrificio, aleluya. 



SECRETA
Te rogamos, Señor y Dios nuestro, que, cuantos hemos de alimentarnos con el Cuerpo y la Sangré de nuestro Señor Jesucristo, por quien fué santificado el estandarte de la Cruz, como hemos podido adorarle, así también gocemos siempre del efecto de su gloria saludable. Por el mismo Señor.



COMUNIÓN
Por la señal de la Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.


POSCOMUNIÓN

Asístenos, Señor y Dios nuestro; y a los que proporcionas el gozo de honrar la santa Cruz, defiéndelos también con un auxilio continuo. Por nuestro Señor Jesucristo.


domingo, 13 de septiembre de 2026

Sermón Domingo XVI después de Pentecostés

Sermón

S. E. R. Pío Espina Leupold


 

Sermón

R. P. Lucio César Simbrón


Lección 

Hermanos: Os ruego que no desmayéis a causa de mis tribulaciones por vosotros, las cuales son vuestra gloria. Por esto, doblo mis rodillas ante el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, del cual procede toda paternidad en los cielos y en la tierra, para que, según las riquezas de su gloria, haga que seáis corroborados con vigor por su Espíritu en el hombre interior: que Cristo habite por la fe en vuestros corazones: que estéis enraizados y cimentados en la caridad, para que podáis comprender con todos los santos cuál sea la anchura, y la largura, y la sublimidad, y la hondura: que conozcáis también la caridad de Cristo, que sobrepuja toda ciencia, para que seáis henchidos de toda la plenitud de Dios. Y al que es poderoso para hacerlo todo mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que obra en nosotros, a Él sea la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús, por todas las generaciones y siglos. Amén.

Efesios III, 13-21


Evangelio

En aquel tiempo, habiendo entrado Jesús en casa de un príncipe de los fariseos un sábado a comer pan, ellos le observaban. Y he aquí que se presentó ante El un hidrópico. Y, respondiendo Jesús, preguntó a los legisperitos y fariseos, diciendo: ¿Es lícito curar en sábado? Y ellos callaron. Entonces El, tomándole, le sanó y despidió. Y, respondiendo a ellos, dijo: ¿Qué asno o buey vuestro cae en un pozo, y no lo sacáis luego el día del sábado? Y no pudieron responderle a esto. Y propuso a los invitados una parábola, al ver cómo elegían los primeros asientos, diciéndoles: Cuando seas invitado a una boda, no te sientes en el primer puesto, no sea que haya sido invitado otro más noble que tú, y, viniendo el que te Invitó a ti y al otro, te diga: Da el puesto a éste: y entonces tengas que ocupar con rubor el último puesto. Sino que, cuando seas invitado, vete, siéntate en el último puesto: para que, cuando venga el que te invitó, te diga: Amigo, sube más arriba. Entonces tendrás gloria delante de los demás comensales: porque, todo el que se ensalza, será humillado: y, el que se humilla, será ensalzado.

San Lucas XIV, 1-11

sábado, 12 de septiembre de 2026

Dom Gueranger: Domingo XVI después de Pentecostés

 



DOMINGO XVI DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger

"Procuremos ser humildes, pues es una condición absoluta para entrar en el Reino de los Cielos: por esto debemos hacernos como niños".


MISA

La resurrección del hijo de la viuda de Naim reavivó el Domingo pasado la confianza de la Iglesia; su oración se alza cada vez más insistente hacia su Esposo desde esta tierra, donde El la deja ejercitar algún tiempo el amor en el sufrimiento y las lágrimas. Tomemos parte con ella en estos sentimientos, que la sugirieron elegir el siguiente Introito.


INTROITO

Ten piedad de mí, Señor, pues a ti clamo todo el día: porque tú, Señor, eres suave y manso, y copioso en misericordia para todos los que te invocan. — Salmo: Inclina, Señor, tu oído hacia mí, y óyeme: porque soy débil y pobre. V. Gloria al Padre.


En el orden de la salvación es tal nuestra impotencia, que, si la gracia no se nos anticipase, no tendríamos siquiera el pensamiento de obrar, y si no continuase en nosotros sus inspiraciones para llevarlas a término, no sabríamos pasar nunca del simple pensamiento al acto mismo de una virtud cualquiera. Por el contrario, fieles a la gracia, nuestra vida ya no es más que una trama ininterrumpida de buenas obras.

En la Colecta pedimos para nosotros y para todos nuestros hermanos, la perseverante continuidad de ayuda tan preciosa.


COLECTA

Suplicámoste, Señor, nos prevenga y siga siempre tu gracia: y haga nos apliquemos constantemente a las buenas obras. Por Nuestro Señor Jesucristo.


EPÍSTOLA

Lección de la Epístola del Apóstol San Pablo a los Efesios (Ef., III, 13-21).


Hermanos: Os ruego que no desmayéis a causa de mis tribulaciones por vosotros, las cuales son vuestra gloria. Por esto, doblo mis rodillas ante el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, del cual procede toda paternidad en los cielos y en la tierra, para que, según las riquezas de su gloria, haga que seáis corroborados con vigor por su Espíritu en el hombre interior: que Cristo habite por la fe en vuestros corazones: que estéis enraizados y cimentados en la caridad, para que podáis comprender con todos los santos cuál sea la anchura, y la largura, y la sublimidad, y la hondura: que conozcáis también la caridad de Cristo, que sobrepuja toda ciencia, para que seáis henchidos de toda la plenitud de Dios. Y al que es poderoso para hacerlo todo mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que obra en nosotros, a Él sea la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús, por todas las generaciones y siglos. Amén.

viernes, 11 de septiembre de 2026

Boletín Dominical 13 de septiembre



Día 13 de Septiembre, Domingo XVI de Pentecostés.
Doble-Ornamentos Verdes.

Nos refiere el Evangelio que habiendo sido invitado Jesús por uno de los príncipes de los fariseos a comer en su casa, le presentaron un hombre hidrópico, no con buena intención de ofrecerle ocasión de hacer un acto de caridad y manifestar su poder divino, sino con la mala intención de ponerle en situación difícil, pues decían ellos: si no le cura se dirá que no puede hacerlo, y si le cura diremos que siendo hoy sábado ha quebrantado la ley que no permite hacer nada en este día.

Jesús les pregunta: “¿Es permitido curar a un enfermo en sábado?” Nadie se atreve a responder. Ya veían que si contestaban afirmativamente se contradecirían a sí mismos que tantas veces habían dicho que no; y si respondían negativamente, temían que el poder de Cristo les humillara haciendo en nombre de Dios un milagro.

En vista de que todos callan, Jesús tomando de la mano al enfermo lo sanó y despidió. No quiso ensañarse con los fariseos el Divino Maestro, antes bien intentó iluminar sus entenebrecidas inteligencias con los rayos de la verdad: “Decidme, les apostrofa, ¿Quién de vosotros, si se les cae un asno o un buey al fondo de un pozo, no va y le saca, aunque sea sábado?


Como los doctores de la ley y los fariseos, ¡cuántos hay que olvidan que la caridad es reina de todas las virtudes y que sin ella no se puede agradar a Dios; cuantos que cuidan más de sus bestias que de sus semejantes.





15 de Septiembre.
Los Siete Dolores de la Santísima Virgen María.

María, llena de fortaleza y de dolor, estaba el pie de la cruz en que ve clavado a su Hijo Divino. Ningún mortal podrá comprender nunca la intensidad del dolor de la más buena de las madres al ver, con tanta ingratitud e injusticia, ultrajar, atormentar y ajusticiar al más santo y amable de los hijos. La piedad del pueblo cristiano ha querido recordar y meditar las acerbísimas penas y los principales dolores de la Santísima Virgen María, que como espadas se clavaron en su dulce corazón, desde que la profecía del anciano Simeón le anuncio su martirio incruento. Digamos con la liturgia: “¡Oh Madre, fuente de amor! Hazme sentir tu dolor, para que llore contigo; y que, por mi Cristo amado, mi corazón abrazado más viva en el que conmigo.”





martes, 8 de septiembre de 2026

Dom Gueranger La Natividad de la Santísima Virgen María

 




LA NATIVIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

Año Litúrgico - Dom Própero Gueranger



DÍA DE ALEGRÍA.

Con muchísima razón la Iglesia nos hace decir hoy en un arranque de alegría: “Tu nacimiento, oh Virgen Madre de Dios, ha sido para el mundo entero un mensaje de consuelo y de alegría, pues de ti ha nacido Jesucristo, Sol de Justicia, nuestro Dios, que nos libertó de la maldición para darnos la bendición: y El mismo, al quedar triunfador de la muerte, nos ha procurado la vida eterna”.

Si vemos que el nacimiento de un niño llena de regocijo el hogar paterno aunque ignoran éstos su porvenir; si la Iglesia nos dice el 24 de junio que ese día es un día de alegría porque el nacimiento de San Juan Bautista nos da la esperanza del nacimiento de Aquel cuyos caminos viene a preparar, ¿qué alegría traerá al corazón de todos los que esperan la salvación y la vida, el ver llegar a este mundo a la que será la Madre del Redentor?

Por el Evangelio sabemos que el nacimiento Juan Bautista fué un contento para sus palas aldeas vecinas. Del nacimiento de María nada sabemos, pero, si este nacimiento para muchísimos pasó inadvertido, si Jerusalén exteriormente permaneció indiferente, no ignoramos que este día es y continuará siendo no tan sólo para una ciudad o un pueblo, sino para el mundo entero y a lo largo de todos los siglos que se irán sucediendo, un día de incomparable alegría.

ALEGRÍA EN EL CIELO.

En el cielo hay alegría en la Santísima Trinidad: alegría en el Padre eterno, que se felicita del nacimiento de su Hija carísima, a la que va a hacer participante de su paternidad; alegría en el Hijo, que contempla la belleza sobrenatural de la que va a ser su Madre, de la cual tomará El su carne para rescatar al mundo; alegría en el Espíritu Santo, pues, como cooperadora en la obra de la concepción y encarnación del Verbo, María tenía que ser el Santuario inmaculado de aquella tercera persona.

Hay alegría en los ángeles: con admiración ven que esta niña es la maravilla de las maravillas del Omnipotente; en Ella desplegó Dios más sabiduría, más poder y más amor que en todas las demás criaturas: de María hizo el espejo clarísimo en que se reflejan todas sus perfecciones; comprenden que María, por sí sola, da a su Criador más honra y gloria que todas sus jerarquías juntas y la saludan ya como a su peina, como la gloria de los cielos, ornato del mundo celeste y del mundo terrestre.

ALEGRÍA EN EL LIMBO DE LOS JUSTOS.

Opina San Juan Damasceno que las almas detenidas en los limbos tuvieron conocimiento de este feliz nacimiento y que Adán y Eva con una alegría que no habían conocido desde su pecado en el paraíso terrenal, exclamaron: “Bendita sea la hija que Dios nos prometió después de nuestra caída: de nosotros has recibido un cuerpo mortal; tú nos devuelves la túnica de inmortalidad. Nos llamas a nuestra primitiva morada; cerramos las puertas del paraíso; y ahora dejas expedito el camino del árbol de la vida”.

Otros escritores antiguos nos señalan a los patriarcas y los profetas que de lejos anunciaron y alabaron la venida de María, saludando en ella el cumplimiento por fin realizado de sus divinos oráculos .

ALEGRÍA EN LA TIERRA.

Finalmente, hubo también alegría en la tierra. Con los Santos podemos pensar sin ser temerarios que Dios concedió a las almas “que esperaban entonces la redención de Israel”  un contento extraordinario, una alegría grave y religiosa que se insinuó en sus corazones y, sin podérselo explicar ellos, les dio como una convicción íntima de que la hora de la salvación del mundo estaba ya muy cerca.

Pero esta alegría fue sobre todo para los afortunados padres San Joaquín y Santa Ana. Como arrobados contemplaron a esta hijita esclarecida, que contra toda esperanza les concedía Dios al declinar de sus días. Y tal vez se preguntaron si acaso sería ella uno de los anillos de la línea, agraciada de donde tenía que salir el Rey que restableciese el trono de David y salvase a Israel. Su acción de gracias subió fervorosa hasta Dios, a quien sentían presente en su humilde morada. “Oh pareja felicísima, exclamaba San Juan Damasceno, toda la creación es deudora vuestra; pues, por vosotros, ofreció a Dios el don más preciado entre todos los dones, la Madre admirable, la única digna de El. ¡Dichoso tu seno, oh Ana, que llevó a la que llevará en el suyo al Verbo eterno, al que no puede ser encerrado en nada y traería la regeneración a todos los hombres! ¡Oh tierra, primero infecunda y estéril, de donde nació la tierra dotada de una maravillosa fecundidad: pues ella va a producir la espiga de vida que alimentará a todos los hombres! Felices tus pechos, porque amamantaron a la que daría el pecho al Verbo de Dios, a la nodriza de Aquel que sustenta al mundo…”.

MARÍA, CAUSA DE NUESTRA ALEGRÍA.

Así, pues, el nacimiento de la Santísima Virgen es causa de alegría, y la alegría es el sentimiento que todo lo absorbe y penetra en esta festividad. La Iglesia quiere que nos penetremos de esta alegría desbordante y triunfal. Y a ella nos invita en todo el oficio: “Celebremos el nacimiento de María, nos hace cantar desde el Invitatorio de Maitines, adoremos a Cristo, Hijo suyo y Señor nuestro”; y un poco después: “Celebremos con tierna devoción el nacimiento de la Santísima Virgen María para que interceda por nosotros cerca de Jesucristo. Con júbilo y tierna devoción celebremos el nacimiento de María”.

Si la Iglesia nos invita a la alegría, es debido a que la Virgen es Madre de la divina gracia y ya, en el pensamiento divino, la Madre del Verbo encarnado. Las palabras gracia y alegría tienen en griego la misma raíz; gracia y alegría van siempre a la par; se mide la una por la otra; María, por estar llena de gracia, lo está también de alegría para sí y para nosotros. En esta agraciada niña, aunque acaba de nacer, nos muestra la Liturgia a la Madre de Jesús; María es inseparable de su Hijo y sólo nace para El, para ser su Madre y para ser también nuestra Madre dándonos la verdadera vida, que es la vida de la gracia. Y, por eso, todas las oraciones de la Misa proclaman la maternidad la Virgen María, como si no pudiese separar la Iglesia su nacimiento del nacimiento del Emmanuel.

EL LUGAR DEL NACIMIENTO DE MARÍA.

Pero ¿en qué lugar nació la Santísima Virgen? Una’ tradición antigua e ininterrumpida señala a Jerusalén, cerca de la piscina Probática, lugar donde hoy se levanta la Iglesia de Santa Ana. Allí precisamente, nos dice San Juan Damas-‘ ceno, “en el aprisco paterno nació aquella de quien quiso nacer el Cordero de Dios”. Allí también fueron más tarde enterrados San Joaquín y Santa Ana; los Padres Blancos descubrieron el 18 de marzo de 1889 sus sepulcros al lado de la gruta de la Natividad. Por el siglo IX se construyó allí una iglesia; monjas benedictinas se establecieron en ella después de llegar los Cruzados a Palestina y continuaron hasta el siglo XV. Por esa fecha, una escuela musulmana reemplazó al monasterio, pero a continuación de la guerra de Crimea, el sultán Abdul-Madjid entregó la iglesia y la piscina probática a Francia, que había entrado victoriosa en Sebastopol el 8 de septiembre de 1855.

domingo, 6 de septiembre de 2026

Per Ipsum: Boletín Mensual del Seminario Mater Dei mes de Septiembre

Sermón Domingo XV después de Pentecostés

Sermón

S. E. R. Julián Espina Leupold


Lección

Hermanos: Si vivimos del espíritu, caminemos también en el espíritu. No codiciemos la gloria vana, provocándonos mutuamente, envidiándonos unos a otros. Hermanos, si alguno cayere en alguna falta, vosotros, que sois espirituales, instruid a ese tal con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, para que no seas tentado tú también. Llevad los unos las cargas de los otros, y así cumpliréis la ley de Cristo. Porque, si alguien cree ser algo, no siendo nada, se engaña a sí mismo. Examine, pues, cada cual sus obras, y así sólo tendrá gloria en sí mismo y no en otro. Porque cada cual llevará su carga. Y, el que es catequizado de palabra, comunique todos sus bienes al que le catequiza. No os engañéis: de Dios nadie se burla. Porque, lo que sembrare el hombre, eso recogerá. Por tanto, el que sembrare en su carne, cosechará de la carne corrupción: mas, el que sembrare en el espíritu, cosechará del espíritu vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer el bien: porque, si no nos cansáremos, segaremos a su tiempo. Así que, mientras tenemos tiempo, obremos el bien con todos, pero principalmente con los hermanos en la fe.

Gálatas, V, 25-26; VI, 1-10


Evangelio

En aquel tiempo iba Jesús a una ciudad, que se llama Naím: e iban con El sus discípulos y mucho gentío. Y, al acercarse a la puerta de la ciudad, he aquí que sacaban a un difunto, hijo único de su madre: y ésta era viuda: y venía con ella mucha gente de la ciudad. Cuando la vió el Señor, movido de piedad hacia ella, la dijo: No llores. Y se acercó, y tocó el féretro. (Y se detuvieron los que lo llevaban.) Y dijo: Joven, yo te lo mando: levántate. Y se incorporó el que estaba muerto, y comenzó a hablar. Y se lo dió a su madre. Y se apoderó de todos el temor: y alabaron a Dios, diciendo: Un gran profeta ha surgido entre nosotros: y Dios ha visitado a su pueblo.

San Lucas, VII, 11-16