domingo, 27 de septiembre de 2026

Sermón Domingo XVIII después de Pentecostés

Sermón

S. E. R. Pío Espina Leupold


Lección

Hermanos: Doy siempre gracias a mi Dios por vosotros, por la gracia de Dios que os ha sido dada en Cristo Jesús: porque habéis sido enriquecidos en El en todo, en toda palabra, y en toda ciencia, siendo así confirmado en vosotros el testimonio de Cristo: de modo que ya no os falta nada en ninguna gracia, mientras esperáis la revelación de Nuestro Señor Jesucristo, el cual os confirmará también hasta el fin, para que estéis sin mancha el día de la venida de Nuestro Señor Jesucristo.

I Corintios I, 4-8



Evangelio
En aquel tiempo, habiendo subido Jesús a una barca, pasó el mar y fue a su ciudad. Y he aquí que le presentaron un paralítico postrado en el lecho. Y, viendo Jesús su fe, dijo al paralítico: Confía, hijo, te son perdonados tus pecados. Y he aquí que algunos de los escribas dijeron entre sí: ¡Este blasfema! Y, habiendo visto Jesús sus pensamientos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decir: Te son perdonados tus pecados; o decir: Levántate y anda? Pues, para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra potestad de perdonar los pecados, dijo entonces al paralítico: Levántate, toma tu lecho y vete a tu casa. Y se levantó y se fue a su casa. Y, al ver esto las turbas, temieron y glorificaron a Dios, que dio tal potestad a los hombres.

San Mateo IX, 1-8

sábado, 26 de septiembre de 2026

Dom Gueranger: Domingo XVIII después de Pentecostés

   



DOMINGO XVIII DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger


Es muy oportuna esta Misa en torno de las Témporas, que son tiempos de perdón, por serlo de oración y penitencia, por los cuales Dios se deja doblegar y vencer por los hombres. De ese perdón y de esa paz se goza en la Santa Iglesia.

El paralítico que lleva su cama es el tema del Evangelio del día y da el nombre a este Domingo. Se ha podido advertir que el lugar de este Domingo viene en el Misal a continuación de las Cuatro Témporas de otoño. No vamos a discutir con los liturgistas de la edad media si hay que considerarle como ocupando el lugar del Domingo vacante que antiguamente seguía siempre a la ordenación de los ministros sagrados, según en otra parte dijimos[1]. Manuscritos antiquísimos, Sacramentarios y Leccionarios, le llaman con este nombre empleando la fórmula harto sabida: Dominica vacat[2].

Es también cosa digna de hacerse notar que la Misa de este día es la única en la que se ha invertido el orden de las lecturas sacadas de San Pablo y que forman las Epístolas desde el sexto Domingo después de Pentecostés: la carta a los Efesios, ya empezada y que se continuará, se interrumpe hoy para dar lugar al pasaje de la primera Epístola a los Corintios, en el que da gracias el Apóstol por la abundancia de los dones gratuitos otorgados a la Iglesia en Jesucristo. Pues bien, los poderes que la imposición de las manos ha conferido a los ministros de la Iglesia, son el don más maravilloso que conocen el cielo y la tierra, y, además, las diversas partes de esta Misa se refieren muy bien, como se verá, a las prerrogativas del nuevo sacerdocio.

La liturgia del presente Domingo ofrece, pues, especial interés si viene a continuación de las Cuatro Témporas de septiembre. Pero no es ordinario, al menos por ahora, que esto suceda, y así no queremos detenernos ya más en estas consideraciones para no meternos demasiado en el campo de la arqueología y sobrepasar los límites fijados.


MISA

Desde Pentecostés el Introito de las Misas dominicales se ha tomado siempre de los salmos. Recorriendo el Salterio desde el salmo doce hasta el ciento dieciocho, la Iglesia, sin cambiar el orden de estos cantos sagrados, pudo escoger en ellos la expresión más conveniente a los sentimientos que deseaba formular en su Liturgia. En adelante las antífonas del Introito se tomarán de los diversos libros del Antiguo Testamento, salvo una vez en que se empleará nuevamente el libro por excelencia de la alabanza divina. Hoy, Jesús, hijo de Sirac, el autor inspirado del Eclesiástico, pide a Dios que justifique la fidelidad de los profetas del Señor[3] mediante el cumplimiento de lo que anunciaron. Los intérpretes de los oráculos divinos son ahora los pastores de las almas, a quienes la Iglesia envía a predicar en su nombre la palabra de salvación y de paz; pidamos, nosotros también, que la palabra no sea vana jamás en su boca.

viernes, 25 de septiembre de 2026

Boletín Dominical 27 de septiembre


Día 27 de Septiembre, Domingo XVIII de Pentecostés.

Doble- Orn. Verdes. Conm. Santos Cosme y Damián.

Quiere Jesús hacer comprender a los judíos que no solamente es un profeta o un envido de Dios, sino que es, Él mismo, Dios. Por eso primeramente perdona al paralítico, de que nos habla el Evangelio, sus pecados, cosa que, por ser ofensa de Dios, sólo Él podía perdonar. Y tan bien entendieron los judíos que se hacía Dios que se escandalizaron y dijeron: “Este blasfema”. Y entonces Jesús apela al milagro como demostración y testimonio de su poder para perdonar los pecados.

Demos gracias a Jesús, de quien, por boca de sus sacerdotes, oímos también nosotros la sentencia de nuestro perdón: “Confía hijo; tus pecados te son perdonados”. Y, en efecto, por esa palabra quedamos libres de su peso, y curados además de nuestra parálisis espiritual.

Dice el Evangelista que el paralítico se volvió a su casa glorificando a Dios. Los testigos decían: “Jamás hemos visto maravilla semejante”. Y era verdad, pues tampoco habían visto jamás otro hombre semejante a Jesús.






Día 29 de septiembre, la Dedicación del Arcángel San Gabriel
Doble de I clase- Orn- Blancos.

Miguel o Mi-ka-el significa en hebreo ¿Quién cómo Dios? Con ésta magnífica proclamación de los derechos de Dios sobre todas las criaturas, como con espada de fuego, y llamando a sí a todos los ángeles fieles, entabla San Miguel la lucha victoriosa contra Lucifer, el cual, ensoberbecido con la alteza de su naturaleza angélica y con los grandes dones y gracias de que estaba adornado, se negó a obedecer a Dios y adorar el misterio que les reveló de la naturaleza humana hipostáticamente unida a la Persona Divina en Cristo, pues aspiraba a que la Persona Divina se uniera hipostáticamente a la naturaleza angélica y así elevarse el hasta la divinidad. San Miguel arrojó del cielo al soberbio Lucifer y a todos los ángeles rebeldes que había arrastrado consigo, hundiéndolos en el infierno, para ser infelices por toda la eternidad. Hoy celebra la Iglesia la fiesta de San Miguel y de todos los ángeles que lucharon con él por la honra y el honor de Dios. 




domingo, 20 de septiembre de 2026

Sermón Domingo XVII después de Pentecostés

Sermón

S. E. R. Pío Espina Leupold


Lección

Hermanos: Os suplico yo, preso en el Señor, que caminéis de un modo digno de la vocación con que habéis sido llamados: con toda humildad, y mansedumbre, con paciencia, soportándoos mutuamente con caridad, conservando solícitos la unidad del espíritu en el vínculo de la paz. Sed todos un solo cuerpo, y un solo espíritu, como habéis sido llamados a una sola esperanza. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, obra por todos y mora en todos nosotros, el cual es bendito en los siglos de los siglos. Amen.

Efesios IV, 1 - 6



Evangelio según

En aquel tiempo se acercaron a Jesús los fariseos: y le preguntó uno de ellos, doctor de la Ley, tentándole: Maestro, ¿cuál es el mayor mandamiento de la Ley? Díjole Jesús: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. Y el segundo, semejante a éste, es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos está contenida toda la Ley y los Profetas. Y, reuniendo a los fariseos, les preguntó Jesús, diciendo: ¿Qué os parece de Cristo? ¿De quién es hijo? Dijéronle: De David. Díjoles: ¿Cómo, pues, David le llama en espíritu Señor, diciendo: "Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos por escabel de tus pies? Si, pues, David le llama Señor: ¿cómo puede ser hijo suyo? Y nadie supo responderle palabra: ni nadie se atrevió desde aquel día a preguntarle más.

San Mateo XXII, 34 - 46


sábado, 19 de septiembre de 2026

Dom Gueranger: Domingo XVII después de Pentecostés

  


DOMINGO XVII DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger


La liturgia nos recuerda esta semana el gran mandamiento de la caridad para con Dios y para con nuestro prójimo. "El precepto es doble", declara San Agustín, "pero la caridad es una".


MISA

Las decisiones de Dios son siempre justas, ya confunda en su justicia a los orgullosos, ya en su misericordia ensalce a los humildes. Vimos hace ocho días a este arbitro soberano manos a la obra en la distribución de las plazas reservadas para los santos en el banquete de la unión divina. Al cantar el Introito de este día, recordamos las pretensiones y la suerte diversas de los invitados a las bodas sagradas, y sólo apelamos a la misericordia.


INTROITO

Justo eres, Señor, y recto es tu juicio: haz con tu siervo según tu misericordia. — Salmo: Bienaventurados los puros en. su camino: los que andan en la Ley del Señor. V. Gloria al Padre.


El obstáculo más odioso que el amor divino encuentra sobre la tierra, es la envidia de Satanás, que busca, sirviéndose de una usurpación monstruosa, suplantar en nuestras almas a Dios, que las crió.

Unámonos a la Iglesia al implorar en la Colecta la asistencia sobrenatural que necesitamos para evitar el contacto impuro de la serpiente.


COLECTA

Suplicámoste, Señor, hagas que tu pueblo evite los contagios diabólicos y te siga a ti, solo Dios, con alma pura. Por Nuestro Señor Jesucristo.


EPÍSTOLA

Lección de la Epístola del Ap. San Pablo a los Efesios (Ef. IV, 1-6).


Hermanos: Os suplico yo, preso en el Señor, que caminéis de un modo digno de la vocación con que habéis sido llamados: con toda humildad, y mansedumbre, con paciencia, soportándoos mutuamente con caridad, conservando solícitos la unidad del espíritu en el vínculo de la paz. Sed todos un solo cuerpo, y un solo espíritu, como habéis sido llamados a una sola esperanza. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, obra por todos y mora en todos nosotros, el cual es bendito en los siglos de los siglos. Amen.


La Iglesia prosigue con San Pablo, en la carta a los Efesios, la exposición de las grandezas de sus hijos, a quienes ruega hoy respondan dignamente a su excelsa vocación.


EL LLAMAMIENTO DE DIOS

Esta vocación, esta llamada de Dios, en efecto, ya la conocemos; es el llamamiento del género humano a las bodas sagradas de la unión divina, la vocación a nuestras almas para reinar en los cielos en el trono del Verbo, que ya es su Esposo y su cabeza. El Evangelio de hace ocho días estaba antiguamente mucho más en relación con la Epístola que se acaba de leer, la cual le servía de comentario luminoso; por otra parte, en dicho Evangelio se hallaba perfectamente explicada la Epístola de hoy. "Cuando seas llamado a las bodas, decía el Señor, cum VOCATUS fueris, ocupa el último lugar"; el Apóstol dice: "mostraos con toda humildad dignos de la vocación a que habéis sido llamados: digne ambuletis VOCATIONE qua VOCATI estis".

viernes, 18 de septiembre de 2026

Boletín Dominical 20 de septiembre


Día 20 de Septiembre, Domingo XVII de Pentecostés

Doble-Ornamentos Verdes
Conm. de San Eustaquio y Compañeros. Mártires.

Solamente el Evangelio, creído y puesto por obra, puede realizar en la tierra la unidad del espíritu con el vínculo de la paz entre todos los pueblos y naciones.

Al fariseo que con refinada malicia pregunta a Jesús cual es el mayor mandamiento, para ver si obtiene una respuesta que dé fundamento para acusarle ante el Sanedrín, le contesta categóricamente: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y primer mandamiento. Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

El amor es una pasión muy noble que nos lleva a la unión más perfecta de voluntades, afectos y pensamientos con la persona amada. Y será tanto más noble y santo cuanto lo sea su objeto. Si pues el objeto es Dios, y el prójimo por amor de Dios, ya se ve cuan santo, noble y fecundo es el amor de Dios. Él ha inspirado tantos heroísmos en las almas.

Por lo tanto, el amor a Dios, si es verdadero y puro, debe llenar e informar toda nuestra vida, todas nuestras obras, afectos y pensamientos, de modo que sean dignos de Dios: “Con todo tu corazón, con toda tu alma…”

Toda la intimidad y delicadeza de nuestro corazón, toda la ternura de nuestra alma, toda elevación de nuestro pensamiento, todo el empuje de nuestras fuerzas, todo cuanto valemos, hemos de emplearlo en el amor de Dios.





Día 21 de Septiembre, San Mateo, Apóstol y Evangelista.

Los publicanos en Roma eran ricos propietarios que compraban a la Republica los impuestos de las provincias; pero los publicanos de que habla el Evangelio no tenían tan alta categoría. Eran simples subalternos que cobraban, vigilaban y exigían en nombre de las grandes compañías, que por medio de esos empleados extendían sus redes sutiles por todo el Imperio. Esto era Mateo, llamado también Leví, publicano, arrendador de las rentas imperiales, que se recogían cobrando los tributos que debían pagar los judíos, que se veían esclavizados por el  fisco romano, por lo cual miraban a los publicanos como traidores y pecadores. Mateo había nacido en Caná de galilea. Estando en Cafarnaum sentado en el banco de la recaudación de contribuciones, pasó un día Jesús y le dijo: “Sígueme”. Y él, dejando todo, se fue tras Jesús. Era una adhesión espontánea y completa. Fue San Mateo el primero que escribió el Evangelio de Jesucristo, y lo hizo en lengua hebrea, pues lo destinaba especialmente para los judíos; por eso comienza con la genealogía de Cristo y demuestra que Jesús es el Mesías esperado. Predicó en Palestina y en Etiopía, donde, por confirmar el voto de virginidad a la princesa Ifigenia, fue martirizado. 








martes, 15 de septiembre de 2026

Dom Gueranger: Fiesta de los Siete Dolores de la Santísima Virgen María

     





LA FIESTA DE LOS SIETE DOLORES DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger



DOS FIESTAS DE NUESTRA SEÑORA: LA NATIVIDAD Y LOS SIETE DOLORES

Después de dedicar, el último recuerdo a la infancia de María, he aquí que la Iglesia, sin transición, nos propone meditar hoy sobre los dolores que marcarán su vida... de Madre del Mesías y de Co-Reparadora del género humano. En la Fiesta de la Natividad, no venía a la mente la idea del sufrimiento, ya que entonces considerábamos la gracia, la belleza de la niña que acababa de nacer; pero, si nos hicimos la pregunta: "¿Qué será esta niña?" al instante habremos comprendido que, antes de que todas las naciones la proclamaran, en un día bienaventurada, María tenia que padecer con su Hijo por la salvación del mundo.


EL SUFRIMIENTO DE MARÍA  

Através de la voz de la Liturgia, Ella misma nos invita a considerar su dolor: "Oh vosotros todos los que pasáis por el camino, mirad, ved y decid si hay dolor semejante a mi dolor ... Dios me ha puesto y como fijado en la desolación" (1). El dolor de la Santísima Virgenes obra de Dios; al predestinarla para ser la Madre de su Hijo, Dios la Unió indisolublemente a la persona, a la vida, a los misterios, al sufrimiento de Jesús, para ser en la obra de la redención su flel cooperadora. Entre el Hijo y la Madre tenía que haber comunidad perfecta de sufrimiento. Cuando ve una madre padecera su hijo, ella padece con él y siente de rechazo todo lo que él padece; lo que lo que Jesús padeció en su cuerpo, María lo padeció en su corazón, por los mismos fines y con la misma fe y el mismo amor. "El Padre y el Hijo en la eternidad participan de la misma gloria, decía Bossuet; la Madre y el Hijo, en el tiempo participan de los mismos dolores. El Padre y el Hijo gozan de una misma fuente de felicidad; la Madre y el Hijo beben del mismo torrente de amargura. El Padre y el Hijo tienen un mismo trono; la Madre y el Hijo, una misma cruz. Si a golpes se destroza el cuerpo de Jesús, María siente todas las heridas; si se le taladra la cabeza a Jesús con espinas, María queda desgarrada con todas sus puntas; si se le ofrece hiél y vinagre, María bebe toda su amargura; si se extiende su cuerpo sobre una cruz, María sufre toda la violencia" (2).


CONDOLENCIA

A esta comunidad de sufrimientos entre el Hijo y la Madre, se la da el nombre de Condolencia. Condolencia es el eco fiel y la repercusión de la Pasión. Condolerse con alguno, es padecer con él, es sentir en el corazón, como si fuesen nuestras, sus penas, sus tristezas, sus dolores. De ese modo la Condolencia fué para la Santísima Virgen la participación perfecta en los dolores y en la Pasión de su Hijo y en las disposiciones que en su sacrificio le animaban.


POR QUÉ PADECE MARÍA

Parecería que no debía haber padecido la Santísima Virgen, ya que fué concebida sin pecado y no conoció nunca el menor mal moral. El padecer tiene que ser un gran bien, porque Dios, que tanto ama a su Hijo, se le entregó como herencia; y como, después de su Hijo, a ninguna criatura ama Dios más que a la Santísima Virgen, quiso también darla a ella el dolor como el más rico presente. Además convenía que, por la unión que tenía con su Hijo, pasase Nuestra Señora, a semejanza de él, por la muerte y por el dolor. De alguna manera era eso necesario para que aprendiésemos nosotros, de uno y de otro, cómo debemos aceptar el dolor que Dios permite para nuestro mayor bien. María se ofreció libre y voluntariamente y unió su sacrificio y su obediencia al sacrificio y a la obediencia de Jesús, para así llevar con él todo el peso de la expiación que la justicia divina exigía. Hizo bastante más que compadecerse de todos los dolores de su Hijo; tomó parte realmente en la pasión con todo su ser, con su corazón y con su alma, con amor ferventísimo y con tranquilidad sencilla; padeció en su corazón todo lo que Jesús podía padecer en su carne, y hasta hay teólogos que opinaron que Nuestra Señora sintió en su cuerpo los mismos dolores que su Hijo en el suyo; podemos creer, en efecto, que María tuvo ese privilegio con el que fueron distinguidos algunos Santos.


SU MARTIRIO VIENE DE JESÚS

Mas para María el padecer no comenzó sólo en el Calvario. Su infancia certísimamente transcurrió tranquila y exenta de inquietudes. El dolor la llega con Jesús, "el niño molesto, como dice Bossuet; porque Jesús en cualquier sitio que se presenta , allí va con su cruz y con él van las espinas y a todos los que quiere bien los hace partícipes de ellas" (3). "La causa de los dolores de María, dice Monseñor Gay, es Jesús. Todo cuanto padece proviene de Jesús, a Jesús se refiere y Jesús lo motiva" (4). La solemnidad de hoy, que nos representa a María principalmente en el Calvario nos recuerda en este sumo dolor los dolores conocidos o desconocidos que llenaron la vida de la Santísima Virgen. Si la Iglesia se resolvió por el número siete, ello obedece a que este número expresa siempre la idea de totalidad y de universalidad, ya que en los Responsorios de Maitines nos recuerda de modo especial los siete dolores que la causaron la profecía del anciano Simeón, la huida a Egipto, la perdición de Jesús en Jerusalén, el verle cargado con la cruz, la crucifixión, el descendimiento y el entierro de su divino Hijo: dolores que la hicieron con toda verdad Reina de los mártires.


REINA DE LOS MÁRTIRES

Con este bello título, en efecto, la salud a la Iglesia en las Letanías: "Que haya sufrido de veras, dice San Pascasio Radberto, nos lo asegura Simeón al decir: Una espada tras pasará tu alma. De donde se infiere con evidencia que supera a todos los mártires. Los otros mártires padecieron por Cristo en su carne; con todo, no pudieron padecer en el alma, porque ésta es inmortal. Pero, como ella padeció en esta parte de sí misma que es impasible, porque su carne, si así se puede decir, padeció espiritualmente por la espada de la Pasión de Cristo, la Santísima Madre de Dios fué más que mártir. Porque amó más que nadie, por eso padeció más que nadie también, hasta tal punto que la violencia del dolor traspasó y dominó su alma en prueba de su inefable amor, porque sufrió en su alma, por eso fué más que mártir, y a que su amor, más fuerte que la muerte, hizo suya la muerte de Cristo" (5).


SU AMOR, CAUSA DE SU DOLOR

Y efectivamente, para entender la extensión y la intensidad del dolor de la Santísima Virgen, habría que comprender lo que fué su amor para con jesús. Este amor es muy distinto del amor de los de más santos y mártires. Cuando estos sufren por Cristo, su amor suaviza sus tormentos y a veces hasta se los hace olvidar. En María no ocurrió nada de eso: su amor aumenta su padecer: "La naturaleza y la gracia, dice Bossuet, concurren a l a vez para hacer en el corazón de María sentimiento más hondo. Nada existe tan fuerte ni tan impetuoso como el amor que la naturaleza da hacia un hijo y la graciada para un Dios. Estos dos amores son dos abismos, cuyo fondo no puede penetrarse, como tampoco comprenderse toda su extensión..." (6).


EL DOLOR Y LA ALEGRÍA DE MARÍA 

Pero si el amor es causa del dolor en María, también es causa de gozo. María sufrió siempre con tranquilidad inalterable y con gran fortaleza de alma. Sabía mejor que San Pablo, que nada, ni la muerte siquiera, sería capaz de separarla del amor de su Hijo y su Dios. San Pío X escribía "que en la hora suprema, se vió a la Virgen de pie, junto a la cruz, embargada sin duda por; el horror del espectáculo, pero feliz y contenta de ver a su Hijo inmolarse por la salvación del género humano" (7). Y sobrepasando a San Pablo, nada en un mar de alegría en medio de su inconmensurable dolor. En Nuestra Señora, como en Jesucristo, salvas todas las diferencias, la alegría más honda va junta con el dolor más profundo que una criatura pueda soportar aquí, abajo. Ama a Dios y la voluntad divina más que a nadie de este mundo, y sabe que en el Calvario se cumple la divina voluntad; sabe que la muerte de su Hijo da a la justicia de Dios el precio que exige para la redención de los hombres, que desde ese momento la son confiados como hijos suyos y a los que amará y ya ama como amó a Jesús.


AGRADECIMIENTO A MARÍA 

"Como todo el mundo es deudor de Dios Nuestro Señor, decía San Alberto Magno, así lo es de Nuestra Señora por razón de la parte que ella tuvo en la Redención" (8). Hoy reparamos mejor, oh María, en lo que has hecho por nosotros y lo que te debemos. Te quejaste de que "mirando a los hombres y buscando quien se acordase de tu dolor y se compadeciese de ti, encontraste poquísimos" (9).

No aumentaremos el número de tus hijos ingratos; por eso, nos unimos a la Iglesia para rememorar tus sufrimientos y decirte cuánta es nuestra gratitud.

Sabemos, oh Reina de los mártires, que una espada de dolor atravesó tu alma , y que 'únicamente el espíritu de vida y de toda consolación pudo sostenerte y darte ánimos cuando moría tu Hijo.

Y sobre todo sabemos que, si fuiste al Calvario, si toda tu vida, de igual modo que la de Jesús, fué un prolongado martirio, es que hubiste de desempeñar cerca de nuestro Redentor y en unión con él el papel que nuestra primera madre Eva había desempeñado cerca de Adán y juntamente con él en nuestra caída. Verdaderamente nos has rescatado con Jesús; con él y en dependencia de él nos has ganado de congruo, por cierta conveniencia, la gracia que El nos merecía de condigno, en justicia, por razón de su dignidad infinita. Por eso, te saludamos con amor y agradecimiento como "Reina nuestra, Madre de misericordia, vida y dulzura y esperanza nuestra". Y, porque sabemos que nuestra salvación está en tus manos, te consagramos nuestra vida entera, para que con tu dirección maternal y tu protección poderosa podamos ir a encontrarnos contigo en la gloria del Paraíso, donde, con tu Hijo, vives coronada y feliz para siempre. Así sea.


MISA

En la magnificencia de la Sagrada Liturgia; el Sacrificio cotidiano no es otro sustancialmente que el del Calvario. El canto del Introito nos presenta, al pie de la Cruz, el día de la gran oblación, a algunas mujeres y a un hombre solo, que acompañan a la Madre de los dolores.


INTROITO
Estaban junto a la Cruz de Jesús su Madre y la hermana de su Madre, María de Cleofás, y Salomé, y María Magdalena. Mujer, he ahí a tu hijo: dijo Jesús; al discípulo en cambio: He ahí a tu Madre, y Gloria al Padre.

El culto de los dolores de María no es una distracción importuna que aparte nuestros pensamientos de la única víctima de salvación. Como lo expresa la Colecta, tiene por resultado directo hacer fructificar en nosotros la pasión del Salvador.


COLECTA
Oh Dios, en cuya Pasión, según la profecía de Simeón, una espada de dolor atravesó la dulcísima alma de la gloriosa Virgen y Madre María: haz propicio que, los que celebramos con veneración sus Dolores, consigamos el feliz efecto de tu Pasión. Tú, que vives.

EPÍSTOLA

Lección del libro de Judit (Jd., XIII, 22-25)

Bendíjote el Señor con su poder, pues por ti ha reducido a la nada a nuestros enemigos. Bendita eres tú, hija del Señor, Dios excelso, sobre todas las mujeres de la tierra. Bendito sea el Señor, que creó el cielo y la tierra; porque hoy ha ensalzado tanto tu nombre, que no faltará tu alabanza en la boca de los hombres que se acordaren eternamente del poder del Señor, por los cuales no perdonaste tu vida a causa de las angustias y de la tribulación de tu raza, sino que salvaste a ésta de la ruina delante de nuestro Dios.

MARÍA CORREDENTORA

¡Oh, qué grande es entre las criaturas nuestra Judit! "Dios, habla el P. Faber, se diría que escogió lo más incomunicable de sus indivisibles atributos para comunicárselos a María de modo t a n misterioso. Ved cómo la dió p a r t e en la ejecución de los eternos designios del universo, del que f u é en cierto sentido como causa y dechado. La cooperación de la Santísima Virgen en la salvación del mundo, nos ofrece un nuevo aspecto de su grandeza. Y, a la verdad, ni la Inmaculada Concepción de María Santísima, ni su Asunción gloriosa, nos darán concepto más alto que este apelativo de corredentora. «Sus dolores no eran absolutamente necesarios a la redención, pero, conforme a los designios de Dios, eran indispensables, por cuanto pertenecen a la integridad del plan divino. ¿No son, por ventura, los misterios de Jesús, misterios de María y viceversa? Parece cierto que todos los misterios de Jesús y todos los de María, ante Dios, no eran más que un solo misterio. Jesús es el dolor de María siete veces repetido, siete veces aumentado. En las horas largas de la Pasión, la ofrenda de Jesús y la de María estaban como fundidas e n una sola; aunque diferentes esas ofrendas, es claro, por su dignidad y su valor, se ofrecían con disposiciones semejantes y como en un solo haz, exhalando un mismo aroma y consumidas por un mismo fuego; oblación simultánea que dos corazones sin mancha hacían al Padre por los pecados de un mundo culpable cuyos deméritos libremente habían tomado sobre sí"

Sepamos juntar nuestras lágrimas con los tormentos de la gran Víctima y con las lágrimas de María. Conforme lo hayamos hecho en la vida presente, así podremos gozarnos en el cielo con el Hijo y con la Madre; si nuestra Señora es hoy reina del cielo y soberana del mundo, como canta el Versículo, no hay ningún elegido cuyos recuerdos dolorosos se puedan comparar con los suyos. Sigue al Gradual el patético lamento del Stabat Mater, que se atribuye al beato Jacopone de Todi, franciscano; en esa pieza encontramos una bella fórmula de oración y de reverencia a la Madre de los Dolores.


GRADUAL
Dolorida y llorosa estás, oh Virgen María, junto a la Cruz del Señor, Jesús, tu Hijo, el Redentor. ¡Oh Virgen, Madre de Dios! Aquel, a quien todo el mundo no puede contener, el Autor de la vida, hecho hombre, padece este suplicio de la cruz. 

Aleluya, aleluya. J. Estaba dolorida Santa María, Reina del cielo y Señora del mundo, junto a la Cruz de nuestro Señor Jesucristo.


SECUENCIA

Dolida estaba la Madre,
llorando junto a la cruz
mientras el Hijo colgaba.

Y a su alma, que gemía,
contristada y dolorida,
una espada atravesó.

¡Oh qué triste y afligida
estuvo aquella bendita
Madre del Hijo unigénito!

Dolorosa y triste estaba
la piadosa Madre, al ver
del glorioso Hijo las penas.

¿Qué hombre no lloraría,
si en tan gran suplicio viera
de Cristo a la dulce Madre?

¿Quién no se contristaría,
al ver de Cristo a la Madre
con su Hijo lastimarse?

Por los pecados de su gente
vió a Jesús en los tormentos
y entregado a los azotes.

Vió a su hijo dulce y bueno
morir triste y solitario,
al exhalar el último aliento.

¡Ea, Madre, fuente de amor,
hazme "sentir tu dolor,
para que llore contigo!

Haz que arda mi corazón
en amor de Cristo Dios,
para que así le complazca.

Haz también, oh santa Madre,
que en mi corazón las llagas
del Crucifijo se graben.


EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según San Juan (Jn., XIX, 25-27).


En aquel tiempo estaban junto a la cruz de Jesús su Madre y la hermana de su Madre, María de Cleofás, y María Magdalena. Y, cuando vió Jesús a su Madre y al discípulo que amaba allí presente, dijo a su Madre: Mujer, he ahí a tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí a tu Madre. Y, desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.


DE PIE JUNTO A LA CRUZ

“Stabat juxta crucem”: Lo primero que se necesita es ponerse muy cerquita de la cruz; y después se precisa también estar de pie. De pie, porque esa es la actitud del valiente, y asi se está más cerca de nuestro Señor. 

Y para realizar esto no hay más que un medio: estar con la Santísima Virgen. Nunca las dos primeras palabras se podrán unir a la última sin el tecum: si no es con María y en María. La Cruz es algo demasiado honroso.

Y dominando el Stabat de María, está el de Jesús, levantado por encima de la tierra y atrayendo todo hacía El, precisamente porque está por encima de la tierra, María está de pie para ser el lazo de unión... la Medianera, Su cabeza y su corazón arriba, para estar cerca de su Hijo; sus pies tocan nuestro suelo para estar cerquita de nosotros que somos hijos suyos. Y está en pie porque es nuestra Madre: “He ahí a tu Madre”, y María puede decir como Jesús: “Como Madre atraeré todo hacia mí”. Toda la humanidad ha sido arrastrada por el misterio de la Cruz a Jesús y a María...

Al pie de la Cruz Nuestra Señora llegó a ser verdaderamente la Reina de misericordia. Encomendémonos a su omnipotencia sobre el divino Corazón, al pie del altar donde se prepara la renovación del Sacrificio.


OFERTORIO

Acuérdate, oh Virgen, Madre de Dios, cuando estés en la presencia del Señor, de pedirle bienes para nosotros, y de rogarle que aparte de nosotros su indignación.

A lo largo de los siglos, ¡cuántas almas santas han acudido a hacer fiel compañía a la Madre de los Dolores! Su intercesión, unida a la de María, constituye la fuerza de la Iglesia; por ella esperamos conseguir nosotros el efecto de los méritos de la muerte del Salvador.


SECRETA
Ofrecémoste preces y hostias, oh Señor, Jesucristo, suplicándote humildemente hagas que, los que celebramos con preces la transfixión del alma dulcísima de tu Bienaventurada Madre María, alcancemos por los méritos de tu muerte, y con la múltiple y piadosa intercesión de tu Madre y de todos los Santos que están bajo de tu cruz, el premio y la compañía de tus Bienaventurados. Tú, que vives y reinas.

Fué tan grande el dolor de María en el Calvario, ha dicho San Bernardino de Sena, que, repartido entre todas las criaturas capaces de sufrir, a todas las mataría instantáneamente. Y Nuestra Señora pudo entonces resistir y conservar esa vida que el Espíritu Santo guardaba; para la Iglesia, gracias a aquella paz admirable que se apoyaba en la perfecta conformidad, en la entrega total de su ser al Señor. Logre la Comunión de los Misterios sagrados concedernos la paz de Dios que sobrepuja a todo sentido, que guarda las inteligencias y los corazones.


COMUNIÓN
Felices los sentidos de la Bienaventurada Virgen María, qué, sin la muerte, merecieron la palma del martirio bajo la Cruz del Señor.

Como lo indica l a Poscomunión, la memoria piadosa de los Dolores de la Madre de Dios, nos sirve de gran ayuda para encontrar todos los bienes en el Sacrificio del altar.


POSCOMUNIÓN
Haz, Señor, que los sacrificios que hemos recibido al celebrar devotamente la transverberación de la Virgen, tu Madre, nos alcancen de tu clemencia toda clase de saludables bienes. Tú, que vives y reinas.



Notas

1 Lam., I, 12-13.
2. Sermón pour la Compassion, Oeuvres orat ., II, p. 472.
3. Panégyrique de saint Joseph, t. II, 137.
4. 41e Confer. aux méres cehretiennes, t. II, 199.
5. Carta sobre la Asunción, n. 14. P . L., 30, 138.
6. Sermón sobre la Asunción, t. III, 493.
7. Encíclica Ad diern illum, 2 de febrero de 1904.
8. Question super Missus, 150.
9. Santa Brígida, Revelaciones, 1. II, c. 24.