viernes, 15 de mayo de 2026

Boletín Dominical 17 de mayo


Día 17 de Mayo, Domingo después de la Ascensión.

Doble. Conm. San Pascual Baylón, Confesor. Orn. Blancos.

En la última cena prometió Jesús que enviaría al Espíritu Santo Consolador, el cual al dar testimonio de Jesús los fortalecería en la fe y les enseñaría toda verdad; después de ello se dispersarían los Apóstoles y como testigos de vista anunciarán al mundo el Evangelio aún arrostrando todos los peligros.

“Dará testimonio de Mi”, la misión del Espíritu Santo en la Iglesia fue y es la de dar testimonio de N.S.J.C. 

El Espíritu Santo es Luz, en la Secuencia de Pentecostés se le invoca como Luz de los corazones. “Veni lumen cordium”, y sus oficios como luz son: apartarnos del error, pues, si luz y tinieblas son incompatibles, el primer oficio del Espíritu Santo será apartar al hombre del error; guiarnos a la verdad, que es concretamente hacernos conocer a Jesucristo: “Per Te noscamus atque Filium”.

El alma, por lo tanto, debe invocar al Espíritu Santo cuantas veces va a ponerse en contacto con Nuestro Señor por la oración o lectura espiritual, o cuantas veces vaya a escuchar la palabra de Dios. Particularmente también le invocaran las personas que se dediquen a trabajos intelectuales, hombres de gobierno, padres de familia, y, en fin, todos los cristianos al comenzar cada día, y al principiar las obras, para que así se vean libres de error y sean dirigidas al último fin del hombre, que es ganar su alma para el Cielo.




El valor y el uso de los sacramentales.

Si hacemos uso de los sacramentales, como ellos deben ser usados reconociendo, por la fe, la eficacia de la bendición de la iglesia, la cual fue fundada por el Mismo Dios, nuestros actos serán más agradables a Dios, y los sacramentales nos aprovecharan con largueza. Si usamos del crucifijo, de una medalla, esperando que por la Gracia de Dios ello nos preserve del mal, no es esto supersticioso. No obstante, debemos acordarnos de que los sacramentales no tienen poder por sí mismos. Ellos tienen poder solamente a través de la oración de la Iglesia que usa de la autoridad dada por Cristo Si uno usa a los sacramentales con el espíritu de aquellos que los miran como poderosos en sí mismos, sin referirse para nada a Dios o a la Iglesia, o su propio estado de gracia, estos son supersticiosos. Debemos usar los sacramentales constantemente. Todos los hogares cristianos deberían tener agua y candelas benditas. Todos los cristianos deben recibir tantas bendiciones cuanto fuesen capaces de ello. Todo hogar o predio cristiano debería ser bendecido. Además de que todo hogar católico debería tener un altar privado para concurrir a rezar, todas sus habitaciones deberían tener un Crucifijo. Muchos hogares tienen la loable costumbre de mantener prendida una lámpara votiva, ya de aceite ya de cera, en el altar de la familia. En muchos hogares es costumbre el asperjar las camas con agua bendita antes de acostarse. En cualquier problema, dolor, peligro, o tentación, el uso de los sacramentales es de gran beneficio. Todo católico debería tener su propio rosario bendito, y usarlo. Todo católico debe tener encima un crucifijo bendecido, una medalla o el escapulario. La Iglesia, a través del uso de los sacramentales, enseña a los fieles las verdades de la religión, excitando así buenos pensamientos y aumentando la devoción. Las verdades de nuestra fe son enseñadas por los sacramentales a través del sentido de la vista, así como las explicaciones las enseñan a través del oído. Los sacramentales son, entonces, un libro de dibujos que es usado como una ayuda en el aprendizaje de la religión. A través del uso apropiado de los sacramentales podemos obtener gracias actuales, perdón de los pecados, remisión del castigo temporal, salud del cuerpo y bendiciones materiales y protección en contra los espíritus malignos.



 

jueves, 14 de mayo de 2026

Dom Gueranger: La Ascensión de Nuestro Señor

      




LA ASCENSIÓN DE NUESTRO SEÑOR

Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger


La inefable sucesión de los misterios del Hombre-Dios está a punto de recibir su último complemento. Pero el gozo de la tierra ha subido hasta los cielos; las jerarquías angélicas se disponen a recibir al jefe que les fue prometido, y sus príncipes están esperando a las puertas, prestos a levantarlas cuando resuene la señal de la llegada del triunfador. Las almas santas, libertadas del limbo hace cuarenta días, aguardan el dichoso momento en que el camino del cielo, cerrado por el pecado, se abra para que puedan entrar ellas en pos de su Redentor. La hora apremia, es tiempo que el divino Resucitado se muestre y reciba los adioses de los que le esperan hora por hora y a quienes El dejará aún en este valle de lágrimas.


EN EL CENÁCULO

Súbitamente aparece en medio del Cenáculo. El corazón de María ha saltado de gozo, los discípulos y las santas mujeres adoran con ternura al que se muestra aquí abajo por última vez. Jesús se digna tomar asiento en la mesa con ellos; condesciende hasta tomar parte aún en una cena, pero ya no con el fin de asegurarles su resurrección, pues sabe que no dudan; sino que en el momento de ir a sentarse a la diestra del Padre, quiere darles esta prueba tan querida de su divina familiaridad. ¡Oh cena inefable, en que María goza por última vez en este mundo del encanto de sentarse al lado de su Hijo, en que la Iglesia representada por los discípulos y por las santas mujeres está aún presidida visiblemente por su Jefe y su Esposo!

¿Quién podría expresar el respeto, el recogimiento, la atención de los comensales y describir sus miradas fijas con tanto amor sobre el Maestro tan amado? Anhelan oír una vez más su palabra; ¡les será tan grata en estos momentos de despedida!... Por fin Jesús comienza a hablar; pero su acento es más grave que tierno. Comienza echándoles en cara la incredulidad con que acogieron la noticia de su resurrección En el momento de confiarles la más imponente misión que haya sido transmitida a los hombres, quiere invitarles a la humildad. Dentro de pocos días serán los oráculos del mundo, el mundo creerá sus palabras y creerá lo que él no ha visto, lo que sólo ellos han visto.

La fe pone a los hombres en relación con Dios; y esta fe no la han tenido, desde el principio, ellos mismos: Jesús quiere recibir de ellos la última reparación por su incredulidad pasada, a fin de establecer su apostolado sobre la humildad.


LA EVANGELIZACIÓN DEL MUNDO

Tomando enseguida el tono de autoridad que a él sólo conviene, les dice: "Id al mundo entero, predicad el Evangelio a toda creatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que no crea, se condenará"2. Y esta misión de predicar el Evangelio en el mundo entero; ¿Cómo la cumplirán? ¿Por qué medio tratarán de acreditar su palabra? Jesús se lo indica: "He aquí los milagros que acompañarán a los que creyeren: arrojarán los demonios en mi nombre; hablarán nuevas lenguas; tomarán las serpientes con la mano; si bebieren algún veneno, no les dañará; impondrán sus manos sobre los enfermos, y los enfermos sanarán'".

Quiere que el milagro sea el fundamento de su Iglesia como El mismo lo escogió para que fuese el argumento de su misión divina. La suspensión de las leyes de la naturaleza anuncia a los hombres que el autor de la naturaleza va a hablar; a ellos sólo les toca entonces escuchar y someterse humildemente.

He aquí pues a estos hombres desconocidos del mundo, desprovistos de todo medio humano, investidos de la misión de conquistar la tierra y de hacer reinar en ella a Jesucristo. El mundo ignora hasta su existencia; sobre su trono, Tiberio, que vive entre el pavor de las conjuraciones no sospecha en absoluto esta expedición de un nuevo género que va a abrirse y llegará a conquistar al imperio romano. Pero a estos guerreros les hace falta una armadura, y una armadura de temple celestial. Jesús les anuncia que están para recibirla. "Quedaos en la ciudad, les dice, hasta que hayáis sido revestidos de el poder de lo alto'". ¿Cuál es, pues, esta armadura? Jesús se lo va a explicar. Les recuerda la promesa del Padre, "esta promesa, dice, que habéis oído de mi boca. Juan ha bautizado en agua; pero vosotros, dentro de pocos días, seréis bautizados en el Espíritu Santo".


HACIA EL MONTE DE LOS OLIVOS

Pero la hora de la separación ha llegado. Jesús se levanta y todos los asistentes se disponen a seguir sus pasos. Ciento veinte personas se encontraban reunidas allí con la madre del triunfador que el cielo reclamaba. El Cenáculo estaba situado sobre el monte Sión, una de las colinas que cerraba el cerco de Jerusalén. El cortejo atraviesa una parte de la ciudad, dirigiéndose hacia la puerta oriental que se abre sobre el valle de Josafat. Es la última vez que Jesús recorre las calles de la ciudad réproba. Invisible en adelante a los ojos de este pueblo que ha renegado de El, avanza al frente de los suyos, como en otro tiempo la columna luminosa que dirigió los pasos del pueblo israelita.

lunes, 11 de mayo de 2026

Dom Gueranger: Día de Rogativas

     



DÍA DE ROGATIVAS


Año Litúrgico

Dom Prospero Gueranger



Las Rogativas y el Tiempo Pascual

Hoy da comienzo un triduo dedicado a la penitencia. Este acontecimiento inesperado parece a primera vista una especie de anomalía en el tiempo pascual; y, sin embargo, cuando se reflexiona sobre su sentido se comprende que esta institución tiene una relación íntima con los días en que nos encontramos. Es cierto que el Salvador decía antes de su Pasión que "durante la estancia del Esposo entre nosotros, no es tiempo de ayunar" ¿pero estas últimas horas que preceden a su partida para el cielo no tiene algo de melancólico? ¿Y no nos sentimos naturalmente llevados ayer a pensar en la tristeza resignada y contenida que oprime el corazón de la divina Madre, y el de los discípulos, en vísperas de perder a aquel cuya presencia era para ellos anticipo de goces celestiales?


Origen de la Rogativas

Ahora debemos referir cómo y con qué ocasión el Ciclo litúrgico fué completado, en este tiempo, por la introducción de estos tres días durante los cuales la Santa Iglesia, tan radiante como estaba por los esplendores de la Resurrección, parece querer volver de repente al duelo cuaresmal. El Espíritu Santo que la dirige en todos los acontecimientos ha querido que una humilde Iglesia de las Galias, poco después de la mitad del siglo v, diese comienzo a este rito, que se extiende rápidamente a toda la catolicidad, donde fué recibido como un complemento de la liturgia pascual.

La Iglesia de Vienne, una de las más ilustres y más antiguas de la Galia meridional, tenía por Obispo, hacia el año 470, a San Mamerto. Múltiples calamidades habían desolado esta provincia recientemente conquistada por los Borgoñones. Terremotos, incendios, fenómenos formidables agitaban las ciudades cual signos de la cólera divina. El santo Obispo, deseando elevar la moral de su pueblo, impulsándole a dirigirse a Dios cuya justicia debía ser aplacada, prescribió tres días de expiación, durante los cuales los fieles se entregarían a las obras de penitencia, e irían en procesión cantando salmos. Fueron escogidos para el cumplimiento de esta piadosa resolución los tres días que preceden a la Ascensión. Sin ninguna duda, el Santo Obispo de Vienne echaba de este modo los fundamentos de una institución que la Iglesia entera iba a adoptar. Con todo, es necesario admitir que Mamerto no fué el creador de esta solemnidad, él no hizo más que precisar el modo litúrgico y fijar la fecha. En efecto, sabemos que en Milán estas procesiones tenían lugar, no los tres días que preceden a la Ascensión, sino la semana siguiente, y en España, el Concilio de Gerona, celebrado en 517, ordena procesiones los Jueves, viernes y sábados después de Pentecostés. Además, Sidonio Apolinar, contemporáneo de San Mamerto, dice que estas procesiones existían antes de San Mamerto, pero que este realzó su solemnidad. (Rev. Sén., t. XXXIV, p. 17.)

Como era justo las Galias comenzaron. San Alcimo Avito, que sucedió casi inmediatamente a San Mamerto en la silla de Vienne atestigua que la práctica de las Rogativas estaba ya consolidada en esta Iglesia. San Cesáreo de Arlés, en los comienzos del siglo vi, habla de ellas como de una costumbre ya muy extendida, designando al menos por estas palabras todo el territorio de las Galias que se encontraba entonces bajo el yugo de los Visigodos 3. Se ve claramente que toda la Galia no tardó en adoptarla, si se leen los cánones promulgados a este objeto en el primer Concilio de Orleáns celebrado en 511, y reunido de todas las provincias que reconocían la autoridad de Clodoveo. Los reglamentos del concilio referentes a las Rogativas dan una alta idea de la importancia que ya entonces se daba a esta práctica. No solamente se prescribe la abstinencia de carne durante los tres días, sino que el ayuno es de precepto. Ordena también se dispense del trabajo a los criados, para que puedan tomar parte en las largas funciones de estos tres días. En 567, él Concilio de Tours sancionaba del mismo modo, la obligación de ayunar en las Rogativas y én cuanto a la obligación de guardar fiesta durante estos tres días la encontramos también reconocida en las Capitulares de Carlomagno y de Carlos el Calvo.


La Procesión de las Rogativas

El principal rito de las Iglesias de las Galias durante estos tres días consistía desde sus orígenes en estas marchas solemnes acompañadas de cánticos suplicatorios y que se han llamado procesiones por que se hacen de un lugar a otro. San Cesáreo de Arlés nos enseña que aquellas que tenían lugar en las Rogativas duraban seis horas completas; de suerte que el clero, al sentirse fatigado por lo prolongado de los cantos, las mujeres cantaban a coro a su vez, para dejar a los ministros de la Iglesia tiempo de respirar \ Este detalle, tomado de las costumbres de las Galias en esta época primitiva, puede hacernos comprender la indiscreción de aquellos que en nuestros tiempos modernos, han propuesto la abolición de ciertas procesiones que ocupaban una parte notable del día, y esto, fundados en la idea de que esta prolongación debía ser considerada en sí misma como un abuso.

Dom Gueranger: Santos Felipe y Santiago el Menor, Apóstoles

  


SANTOS FELIPE Y SANTIAGO EL MENOR

Apóstoles 


Dos buenos testigos de la Resurrección de nuestro amado Salvador se presentan hoy a nuestra verberación: San Felipe y Santiago vienen a afirmarnos que su Maestro resucitó verdaderamente de entre los muertos, que le vieron, que le tocaron, que vivieron con él durante cuarenta días, y para que no dudemos de la sinceridad dé su testimonio, traen en las manos los instrumentos del martirio que padecieron, para atestiguar que Jesús, después de haber padecido la muerte, salió vivo del sepulcro.


SAN FELIPE

Según la tradición predicó a los escitas y se cree que murió en Hierápolis de Frigia. Documentos antiguos dan testimonio de que fué martirizado en tiempo de Domiciano o de Trajano.


SANTIAGO

Más conocido que San Felipe, Santiago fué llamado el “hermano del Señor” por el parentesco que unía a su madre con la de Jesús. Se propone de un modo especial a nuestra veneración en estos días de Pascua. Sabemos por el Apóstol San Pablo, que el Salvador resucitado favoreció a Santiago con una aparición particular. Tal distinción obedecía sin duda a una fidelidad especial de este discípulo para con su Maestro. Fué constituido primer Obispo de Jerusalén y fué tan grande la fama de su santidad que en esa ciudad todos le llamaban el Justo; y los judíos fueron tan ciegos que no comprendieron que el espantoso desastre de su ciudad fué el castigo del deicidio y buscaron su causa en el asesinato de Santiago que sucumbió bajo sus golpes, orando por ellos. Podemos penetrar en el alma pura y tranquila del Santo Apóstol leyendo la admirable Epístola con la que nos sigue instruyendo. En ella con un lenguaje del todo celestial, nos enseña que las obras deben acompañar a la fe si queremos ser justos, con la justicia que nos hará semejantes a nuestro Señor Resucitado.

domingo, 10 de mayo de 2026

Sermón Domingo Quinto después de Pascua


Sermón

S. E. R. Pío Espina Leupold


Sermón

R. P. Lucio César Simbrón


Lección

Carísimos: Sed obradores de la palabra, y no sólo oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque, si alguien es oidor de la palabra, y no obrador, este tal será comparado a un hombre que contempla en un espejo su rostro natural: se mira, y se va, y al punto se olvida de cómo es. Mas, el que contemplare la ley perfecta de la libertad, y perseverare en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de obra, este tal será bienaventurado en su acción. Y, si alguien cree que es religioso, no refrenando su lengua, sino engañando a su corazón, la religión de ese tal es vana. La religión pura e inmaculada ante Dios y el Padre es ésta: Visitar a los huérfanos, y a las viudas, en su tribulación, y conservarse inmaculado de este mundo.

Santiago I, 22-27


Evangelio

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: En verdad, en verdad os digo: Si pidiereis algo al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora no le habéis pedido nada: Pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea pleno. Os he dicho estas cosas en proverbios. Ya llega la hora en que no os hablaré en proverbios, sino que os hablaré claramente del Padre. En aquel día pediréis en nombre mío: y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros: porque el mismo Padre os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí del Padre. Salí del Padre, y vine al mundo: otra vez dejo el mundo, y voy al Padre. Dijéronle sus discípulos: He aquí que ahora hablas claramente, y no dices ningún proverbio. Ahora sabemos que lo sabes todo, y no es preciso que nadie te pregunte: en esto creemos que has salido de Dios.

San Juan XVI, 23-30

sábado, 9 de mayo de 2026

Dom Gueranger: Quinto Domingo después de Pascua

   



QUINTO DOMINGO DESPUÉS DE PASCUA

Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger


El quinto domingo después de Pascua, es llamado en la Iglesia griega, el domingo del Ciego de nacimiento, porque en él se lee el relato del Evangelio en que se refiere la curación de este ciego. Se llama también el domingo del Episozomeno, que es uno de los nombres con el que los griegos designan el misterio de la Ascensión, cuya solemnidad, entre ellos como entre nosotros, interrumpe el curso de esta semana litúrgica.


MISA

Isaías presenta la materia del Introito. Su voz convida a todas las naciones de la tierra a celebrar la victoria que Cristo resucitado ha traído y cuyo precio ha sido nuestra liberación.


INTROITO

Anunciadlo con voz jocunda, y sea oído, aleluya: anunciadlo hasta el fin de la tierra: el Señor ha libertado a su pueblo, aleluya, aleluya. — Salmo: Canta jubilosa a Dios, tierra toda, decid un salmo a su nombre: glorificad su alabanza. V. Gloria al Padre.


En la Colecta la Santa Iglesia nos enseña que nuestros pensamientos y nuestras acciones, para ser meritorias para la vida eterna, necesitan de la gracia que inspire las unas y ayude nuestra voluntad para cumplir las otras.


COLECTA

Oh Dios, de quien proceden todos los bienes: danos, a los que te suplicamos, la gracia de que, con tu inspiración, pensemos lo que es recto, y de que, con tu dirección, lo hagamos. Por el Señor.

viernes, 8 de mayo de 2026

Boletín Dominical 10 de mayo


Día 10 de Mayo, Domingo V de Pascua.

Doble. Orn, Blancos Conm. de San Antonino, Obispo y Confesor.

La Iglesia proclama hoy, en el Introito, el triunfo de Cristo, y quiere se anuncie hasta los confines del mundo.

En la Epístola de Santiago el Menor, que era pariente de Jesús, nos enseña que no basta conocer la ley, sino que es necesario cumplirla, que la religión verdadera debe ir acompañada del ejercicio de las virtudes, que la fe es necesaria, pero que la fe sin obras es vana e inútil.

Son pues necesarias las buenas obras para salvarse. No el que dice ¡Señor, Señor! Sino el que cumple la voluntad de Dios entrará en el Reino de los Cielos. “Sed ejecutores de la palabra de Dios, y no meros oyentes, engañándoos a vosotros mismos”, dice el Apóstol Santiago.

En el Evangelio, Cristo Nuestro Señor nos inculca que oremos en su Nombre, pues la oración es absolutamente necesaria para obtener la gracia, sin la cual es imposible salvarse; por eso se comprende fácil que diga  San Alfonso Maria de Ligorio:  “el que ora, se salva, el que no ora, se condena”.  

En la primera parte del Evangelio, Jesús en dos palabras resume un misterio de nuestra religión: Salí del Padre y vuelvo al Padre. San Agustín lo explica así: “Salió del Padre, porque del Padre procede, vino al mundo por que mostró al mundo su cuerpo tomado de la Virgen, dejó al mundo con su partida corporal; se fue al Padre, con la Ascensión de su Humanidad”.  



LA ASCENCIÓN DEL SEÑOR

Cuarenta días después de la Resurrección de Cristo, se celebra el aniversario del día en que termina el reinado visible de Jesús en la tierra. Durante éste tiempo Pascual, la segunda festividad que se celebra es la de la Ascensión que, según S. Bernardo, es la feliz terminación del itinerario del Hijo de Dios. Convenía que el Divino Resucitado no pisase mas el barro de este nuestro mísero suelo, sino que volviese al Padre en cuyo seno nació, en cuanto Dios , desde la eternidad, quien lo recibió, al decir de S. Cipriano, “con gozo tal que ninguna criatura es capaz de expresarlo”. Los Apóstoles, reunido en el cenáculo y próximo ya Pentecostés, reciben por última vez a Jesús, quien se les aparece y se sienta a comer con ellos. Acabada la comida les hizo un largo sermón que fue como el compendio de las lecciones que les había dado y un resumen de lo que debían hacer, de lo que les iba a suceder de más extraordinario. Entonces es cuando les da la potestad y el mandato de evangelizar el mundo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura: el que creyere y se bautizare, se salvará; más el que no creyere se condenará.” Después salieron, y por el camino de Betania se dirigieron a la parte más alta del monte de los Olivos. Jesús entonces bendijo a sus discípulos y se remontó a los cielos con gran de gloria y majestad.