sábado, 28 de febrero de 2026

Dom Gueranger: Segundo Domingo de Cuaresma

   



SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA

Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger


LA TRANSFIGURACIÓN

Propone hoy la Santa Madre Iglesia a nuestra consideración un asunto de capital importancia para el tiempo en que estamos. La lección que el Salvador dió un día a tres de sus Apóstoles, nos la aplica a nosotros en este segundo Domingo de la Santa Cuaresma. Esforcémonos por estar más atentos a lo que estuvieron los tres discípulos del Evangelio de hoy cuando su maestro se dignó preferirles a los demás para honrarlos con favor tan señalado.


LA CONDESCENDENCIA DE JESÚS

Preparábase Jesús a pasar de Galilea a Judea para ir a Jerusalén donde debía hallarse en la fiesta de la Pascua. Era esta la última Pascua que iba a comenzar con la inmolación del cordero figurativo y acabarse con el sacrificio del Cordero de Dios que borra los pecados del mundo. Jesús no debía ser ya desconocido a sus discípulos. Sus obras habían dado testimonio de él a los ojos de los mismos extraños; su palabra de tan calificada autoridad, su bondad tan atractiva, su paciencia en sufrir la grosería de los hombres que se había escogido por compañeros; todo debió contribuir a unírseles a él hasta la muerte. Habían oído a Pedro, uno de ellos, declarar por inspiración divina que era Jesús el Cristo, el Hijo de Dios vivo; la prueba, sin embargo, que se les venía encima iba a ser tan espantosa, dada su flaqueza, que Jesús quiso antes de someterles a ella procurarles un último socorro para armarles contra la tentación.


EL ESCÁNDALO DE LA CRUZ

No sólo para la Sinagoga, desgraciadamente, iba a ser la Cruz motivo de escándalo; Jesús en la última Cena decía delante de sus apóstoles reunidos en torno suyo: “Todos os escandalizaréis esta noche por mi causa”. ¡Qué prueba cruel para hombres carnales como ellos el verle arrastrado y cargado de cadenas por mano de soldados, conducido de un tribunal a otro, sin pensar en defenderse; el ver salir adelante aquella conspiración de pontífices y fariseos tan frecuentemente confundidos por la cordura de Jesús y el brillo de sus milagros; ver al pueblo que poco antes gritaba Hosanna, reclamar apasionadamente su muerte; verle finalmente expirar en patíbulo infame entre dos ladrones y servir de trofeo a los odios reconcentrados de sus enemigos! ¿No se desalentarán a la vista de tantas humillaciones y sufrimientos esos hombres que desde hace tres años siguen sus pasos? ¿Se acordarán de cuanto han visto y oído? ¿El pavor y cobardía no paralizarán sus almas el día en que se cumplan las profecías que les hizo sobre su persona? Jesús, no obstante quiere ensayar un último esfuerzo en tres de ellos que le son especialmente queridos: Pedro, a quien ha hecho fundamento de su futura Iglesia, Santiago, el hijo del trueno, que será el primer mártir en el colegio apostólico, y Juan su hermano, que es llamado el discípulo amado. Jesús quiere tomarlos aparte y mostrarles por unos instantes el esplendor de la gloria que oculta a los ojos de los mortales hasta el día de la manifestación.


LA TRANSFIGURACIÓN 

Deja, pues, a los otros discípulos en la llanura cerca de Nazareth, y se dirige con los tres escogidos hacia una alta montaña llamada Tabor, que se encadena a las estribaciones del Líbano de que el salmista nos dice que debía exultar al nombre del Señor. Apenas llega Jesús a la cima de esta montaña, de repente desaparece su mortal aspecto a los ojos maravillados de los tres Apóstoles; su cara resplandece como el sol, sus vestidos brillan con la blancura deslumbrante de la nieve. Dos personajes inesperados están allí ante los Apóstoles y platican con su Maestro sobre los sufrimientos que le esperan en Jerusalén. Son Moisés, el legislador, coronado de rayos y Elías el profeta arrebatado en un carro de fuego, sin pasar por la muerte. Estos dos grandes potentados de la religión mosaica—la Ley y la Profecía—se inclinan humildemente delante de Jesús de Nazareth. Y no sólo los ojos de los tres apóstoles son iluminados del resplandor que rodea a su Maestro y sale de El, sino que sus corazones se ven sobrecogidos de vivo sentimiento de felicidad que les encadena a la tierra. Pedro no quiere ya bajar de la montaña; con Jesús, con Moisés y Elías quiere sentar allí sus reales. Y para que nada faltara a esta escena en que las grandezas de la humanidad de Jesús se manifiestan a los apóstoles, el testimonio del Padre celestial sale de una nube luminosa que acaba de cubrir la cima del Tabor, y oyen proclamar a Dios que Jesús es su hijo eterno.

Este instante de gloria para el Hijo del hombre duró poco; su misión de sufrimientos y humillaciones le llamaba a Jerusalén. Retiró, pues, dentro de sí ese resplandor sobrenatural; y cuando volvió en sí a los apóstoles a quienes la voz del Padre había dejado como anonadados, ya no vieron más que a su Maestro. La nube luminosa desde la que había resonado la palabra de Dios se había desvanecido. Moisés y Elias habían desaparecido. ¿Recordarán siquiera lo que vieron y oyeron esos hombres honrados con tan insigne favor? ¿Quedará en adelante impresa en su memoria la divinidad de Jesús? Cuando llegue la hora de la prueba, ¿no desconfiarán, por ventura, de su divina misión? ¿No se escandalizarán de su humillación voluntaria? Los relatos evangélicos que siguen nos contestarán.


LA AGONÍA DE GETSEMANÍ

Poco tiempo después, habiendo celebrado con ellos su última Cena, guía Jesús a sus discípulos a otra montaña, la de los Olivos al este de Jerusalén; deja a la entrada de un jardín a la mayoría de ellos, y tomando consigo a Pedro, Santiago y Juan se adentra en aquel lugar solitario; “triste está mi alma hasta la muerte, les dice, quedaos aquí, velad conmigo un poco'”. Y se aleja a cierta distancia para rogar a su Padre. Sabemos qué inmenso dolor oprimía entonces el corazón del Redentor. Cuando vuelve hacia sus tres discípulos la agonía ha pasado por él; un sudor de sangre ha empapado sus vestiduras. En medio de crisis tan atroz ¿velan al menos entonces ardorosos en espera del instante en que han de sacrificarse por él? No; se han dormido; sus ojos se han vuelto abrumados de sueño. Dentro de poco todos huirán, y Pedro el más animoso jurará que no le conoce.


LECCIÓN DE FE

Más tarde los tres apóstoles testigos de la Resurrección de su Maestro retractaron su conducta con sincero arrepentimiento y reconocieron la previsora bondad con que el Salvador quiso armarles contra la tentación, haciéndose ver de ellos en su gloria tan poco tiempo antes de su Pasión. Por lo que a nosotros cristianos atañe, no aguardemos a abandonarle y traicionarle para reconocer su grandeza y divinidad. Estamos en puertas del aniversario de su sacrificio; nosotros también le vamos a ver humillado por sus enemigos y aplastado bajo el brazo de Dios. No desfallezca nuestra fe ante ese espectáculo; el oráculo de David que nos le representa semejante a un gusano al que se pisotea; la profecía de Isaías que nos le describe como un leproso, como el último de los hombres, el varón de dolores, todo esto se va a cumplir a la letra. Acordémonos entonces de los resplandores del Tabor, de los homenajes de Moisés y Elías, de la nube luminosa, de la voz del Padre. Cuanto más Jesús va a anonadarse a nuestra vista más debemos ensalzarle con nuestras aclamaciones, diciendo con las milicias angélicas, con los veinte y cuatro ancianos que San Juan, uno de los testigos del Tabor, oyó en el cielo: “Digno es el Cordero que ha sido inmolado, de recibir el poder y la divinidad, la sabiduría y la fortaleza, el honor, la gloria y la bendición”.

El segundo domingo de Cuaresma se apellida Reminiscere, primera palabra del Introito de la Misa, y también se le llama domingo de la Transfiguración con ocasión del Evangelio que acabamos de explanar.

La Estación en Roma se celebra en la Iglesia de Santa María in Dominica en el monte Celio. Una leyenda nos cuenta que esta basílica es la antigua Diaconía habitada por San. Ciríaco donde San Lorenzo distribuía las limosnas de la Iglesia.



MISA

La Iglesia nos espolea en el Introito a la confianza en la misericordia de Dios que nos librará de nuestros enemigos, si le invocamos de corazón. Ansiamos alcanzar dos beneficios de él en la Cuaresma: El perdón de nuestros pecados y su protección para no volver a caer en ellos.


INTROITO

Acuérdate, Señor, de tus piedades y de tu misericordia, que son eternas: para que nunca nos dominen nuestros enemigos: líbranos, oh Dios de Israel, de todas nuestras angustias. — Salmo: A ti, Señor, elevo mi alma: en ti confío, Dios mío; no sea yo avergonzado. V. Gloria al Padre.


En la Colecta pedimos por nuestras necesidades interiores y exteriores; Dios nos dará el correspondiente remedio si nuestra plegaria es humilde y sincera; estará al tanto de nuestros menesteres corporales y defenderá nuestras almas contra las sugestiones del enemigo que pretende profanar hasta nuestros pensamientos.


COLECTA

Oh Dios, que nos ves destituidos de toda fuerza: guárdanos interior y exteriormente; para que seamos protegidos contra toda adversidad en el cuerpo, y seamos purificados de los malos pensamientos en la mente. Por el Señor.


EPÍSTOLA

Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a los Tesalonicenses (I Tesalonicenses IV, 1-7).


Hermanos: Os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús a que, habiendo aprendido de nosotros la manera cómo debéis caminar y agradar a Dios, caminéis de modo que siempre progreséis más y más. Porque ya sabéis qué mandamientos os dimos de parte del Señor Jesús. Porque la voluntad de Dios es vuestra santificación: que os abstengáis de la fornicación: que cada uno de vosotros sepa conservar su vaso con santificación y honor, y no con afecto de concupiscencia, como los gentiles que ignoran a Dios: que ninguno oprima, ni engañe a su hermano porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os lo hemos dicho y atestiguado. Porque no nos ha llamado Dios a la inmundicia, sino a la santificación, en Jesucristo, Nuestro Señor.


LA SANTIDAD DEL CRISTIANO

Insiste el Apóstol en este paso sobre la santidad de costumbres que debe brillar en el cristiano; y la Iglesia que nos propone estas palabras exhorta a los fieles a aprovechar el tiempo en que estamos para restaurar en ellos la imagen de Dios en la que fueron renovados por la gracia bautismal. El cristiano es un vaso de honor, preparado y embellecido por la mano de Dios; guárdese, pues, de la ignominia que le degradaría y haría digno de ser quebrado y arrojado al muladar con las inmundicias. Gloria es del cristianismo el haber hecho partícipe al cuerpo de la santidad del alma; no obstante nos advierte su doctrina celestial, que esta santidad del alma se empaña y pierde por la sordidez del cuerpo. Restauremos, pues, en nosotros al hombre entero con la ayuda de la práctica de esta santa Cuaresma. Purifiquemos nuestras almas por la confesión de los pecados, por la compunción del corazón, el amor al Señor misericordioso, y rehabilitemos nuestro cuerpo haciéndole llevar el yugo de la expiación a fin de que en adelante sea servidor del alma y su dócil instrumento, hasta que, posesionándose esta de la felicidad sin fin y sin medida, vierta sobre aquel la sobreabundancia de delicias en que se verá felizmente anegada.

En el Gradual, el hombre, a la vista de los peligros que le asedian, clama al Señor su sólo amparo, que puede hacerle triunfar del enemigo casero cuyos insultos frecuentemente soporta. El Tracto es un cántico inspirado por la confianza en la divina misericordia, y al propio tiempo una petición que dirige la Iglesia a su Esposo en favor del pueblo fiel a quien se dignará visitar y salvar con la gran festividad todavía lejana pero a la que nos acercamos, sin embargo, cada día.


GRADUAL

Se han multiplicado las tribulaciones de mi corazón: líbrame, Señor, de mis necesidades. J. Mira mi humildad y mi trabajo: y perdona todos mis pecados.


TRACTO

Alabad al Señor, porque es bueno: porque su misericordia es eterna. Y. ¿Quién expresará las maravillas del Señor, y quién contará sus alabanzas? V. Bienaventurados los que guardan la ley, y practican la justicia en todo tiempo. V. Acuérdate de nosotros, Señor, según tu benevolencia para con tu pueblo: visítanos con tu salud.


EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según S. Mateo.


En aquel tiempo tomó Jesús a Pedro, y a Santiago, y a Juan, su hermano, y los llevó aparte, a un elevado monte: y se transfiguró ante ellos. Y resplandeció su cara como el sol: y sus vestidos se tornaron blancos como la nieve. Y he aquí que se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con El. Y, respondiendo Pedro, dijo a Jesús: Señor, es bueno estarnos aquí: si quieres, hagamos aquí tres tiendas, una para ti, una para Moisés, y una para Elías. Aun hablaba él, cuando una nube lúcida les envolvió. Y he aquí una voz de la nube, diciendo: Este es mi amado Hijo, en el que me he complacido bien: oídle a El. Y, al oírlo los discípulos, cayeron sobre sus rostros, y temieron mucho. Y se acercó Jesús, y les tocó, y les dijo: Levantaos, y no temáis. Y, alzando sus ojos, no vieron a nadie, sino sólo a Jesús. Y, al descender ellos del monte, les ordenó Jesús, diciendo: A nadie diréis esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos. — Credo.


BONDAD DE JESÚS Y FLAQUEZA DE LOS APÓSTOLES

De este modo acudía Jesús en ayuda de sus Apóstoles en vísperas de la prueba, y quería estampar profundamente su imagen gloriosa en sus almas, previendo el día en que el ojo carnal no vería en él más que flaqueza e ignominia. ¡Oh previsión de la gracia divina, que jamás falta al hombre y que justifica siempre la bondad y justicia de Dios! Hemos pecado como los Apóstoles, y como ellos hemos desaprovechado la ayuda que el cielo nos deparaba, hemos cerrado voluntariamente los ojos a la luz y olvidado el resplandor que nos había antes extasiado, y hemos caído de bruces. No hemos, pues, sido tentados por encima de nuestras fuerzas y nuestros pecados nos son en verdad cosa propia. Los tres apóstoles se vieron expuestos a tentación violenta el día en que su Maestro pareció haber perdido toda su grandeza, les era, no obstante, fácil fortalecerse con un recuerdo glorioso y reciente. Olvidados de esto se entregaron al desaliento, y no pensaron en reanimar su fortaleza con la oración; y los testigos afortunados del Tabor se mostraron cobardes y desleales en el Huerto de los Olivos. No les quedó más remedio que echar mano a la clemencia cuando triunfó de sus despreciables enemigos; y lograron el perdón del corazón generoso de su Maestro.


CONFIANZA EN LA MISERICORDIA DIVINA

Nosotros también acudimos a implorar esa misericordia sin tasa. Hemos abusado de la divina gracia; la hicimos estéril por nuestra deslealtad. La fuente de esa gracia, fruto de la sangre y de la muerte del Redentor, no se ha agotado para nosotros, mientras vivimos en este suelo; estemos dispuestos cada día a acudir a su refrigerio. Nos solicita a la enmienda de nuestra vida, y desciende abundosa a nuestras almas en el tiempo en que nos hallamos; mana abundantemente de los santos ejercicios de Cuaresma. Subamos al monte con Jesús; en esas alturas no se oye ya la baraúnda de la tierra. Fijemos allí nuestra tienda durante cuarenta días en compañía de Moisés y Elías, quienes como nosotros y antes que nosotros santificaron ese número con sus ayunos; y cuando el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos, publicaremos los favores con que se dignó agraciarnos en el Tabor. Exhórtanos la Iglesia en el ofertorio a meditar los divinos mandamientos. ¡Ojalá nos sea dado amarlos como los amó el profeta rey cuyas palabras relatamos!.


OFERTORIO

Meditaré en tus mandamientos que mucho amo: y elevaré mis manos a tus preceptos, que mucho estimo.


Saquemos de la asistencia a la Misa, al soberano Sacrificio, la entrañable devoción cuya fuente inagotable es, conforme lo pide a favor nuestro la Iglesia en la Secreta. Esta hostia que pronto va a ofrecerse es la prenda y pago de nuestra salvación; merced a ella nuestros corazones fielmente preparados alcanzarán lo que puede aún faltarles para reconciliarse con el Señor.


SECRETA

Suplicámoste, Señor, mires aplacado los presentes sacrificios: para que aprovechen a nuestra devoción y salud. Por el Señor.


A la vista de aquel que es su Salvador y su Juez, presente en este inefable misterio, el alma penitente exclama quejumbrosa con ardor y confianza. Eso intentan las palabras del salmista que constituyen la antífona de la Comunión.


COMUNIÓN

Escucha mi clamor: atiende a la voz de mi oración, oh Rey mío y Dios mío: porque a ti oraré, Señor.


Recomienda especialmente a Dios la Iglesia en la Poscomunión a sus hijos que acaban de participar de la víctima que se ha inmolado. Jesús les ha sustentado con su propia carne; justo es le honre con la renovación de su vida.


POSCOMUNIÓN

Suplicárnoste humildemente, oh Dios omnipotente, hagas que, los que tú alimentas con tus sacramentos, te sirvan también con buenas costumbres. Por el Señor.

viernes, 27 de febrero de 2026

Boletín Dominical 1 de marzo


Día 1 de Marzo, Domingo II de Cuaresma

Doble de I clase- Ornamentos Morados.

Para que trabajemos con entusiasmo por alcanzar la pureza del corazón, motivo por el cual inculca tanto la Iglesia la penitencia en este tiempo de Cuaresma, ya que la penitencia purifica, es que se nos lee hoy en la Epístola la maravillosa exhortación de San Pablo a los Tesalonicenses, animándolos a conservarse puros e incontaminados de toda impureza.

El Evangelio, al hablar de la Transfiguración, es apropiado a éste tiempo, ya que Moisés y Elías ayunaron cuarenta días, como N.S.J.C.  Y como testigos lleva consigo Jesús a los tres Apóstoles más amados, para que la gloria de la Transfiguración contrarreste luego el escándalo de la Cruz. 

El Corazón de Jesús ardía dulce y sosegadamente; pero su amor levantaba llamas inmensas que penetraban su Ser. Pronto esas llamas luminosas, atravesando el tenue velo de la carne, se mostraron gloriosas en su cuerpo. 




Día 7 de Marzo, Santo Tomás de Aquino

De niño se educó con los benedictinos de Monte Casino. Era hijo del conde de Aquino y de Teodora de Nápoles. A pesar de la recia oposición de su madre y sus hermanos, entra y profesa en la Orden de Santo Domingo. Fue discípulo del eximio doctor Alberto Magno, y ángel no solo por la pureza y santidad de su alma, sino también por la sublimidad de su inteligencia. Es Santo Tomas de Aquino una de las más altas cumbres de la razón humana y uno de los cerebros que más han penetrado la ciencia divina. Por lo cual se le llama el Doctor Angélico. Por eso y por la seguridad de su doctrina, y para hacer frente a los errores de la filosofía racionalista y laica, León XIII le nombró celestial patrono de las escuelas católicas. Murió en 1274.


MEDITACIÓN
SOBRE SANTO TOMÁS

I. Santo Tomás fue para la Iglesia como un sol refulgente. Su prodigiosa erudición le valió el título de Doctor Angélico. Sus escritos tuvieron por única finalidad hacer conocer cuán admirable es Dios, en sí mismo y en sus obras. Mereció, así, oír de labios mismos de Nuestro Señor: Tomás, bien has escrito de mí, ¿qué recompensa pides? ¿Qué hubieras respondido tú, que estudias sólo por vanidad, por curiosidad, por interés? Este santo no quiso otra recompensa que a Dios mismo. Si en tus estudios y trabajos buscas otra cosa que no sea la gloria de Dios y tu salvación y la del prójimo, pierdes el tiempo.

II. Este sol ha enfervorizado tanto como ha iluminado; abrasaba el corazón de los demás con el fuego del amor divino, porque el suyo estaba enteramente penetrado de él. Vamos, con Santo Tomás, a buscar este sagrado fuego en el Corazón del Salvador: en él aprenderemos la ciencia de los santos, sin la cual nuestras luces no son sino relumbrones que nos llevarán al precipicio. Para nada sirve la erudición, si la ciencia de Dios no la corona (San Jerónimo).

III. El consejo es de perenne actualidad. En vano brillara Santo Tomás con tanto fulgor, si no hubiera trabajado por la gloria de Dios; mas su virtud no era menos admirable que su ciencia, y lo que a otros enseñaba él era el primero en practicar. Hombres sabios, Dios espera mucho de vosotros: más culpables seréis que los otros si no sois virtuosos. Humillémonos a ejemplo de Santo Tomás, porque todo lo que tenemos proviene de Dios. De nada hemos de gloriarnos, porque nada es nuestro (San Cipriano).


El desprecio de las riquezas.
Orad por los escolares.


ORACIÓN

Oh Dios, que iluminasteis a vuestra Iglesia mediante la maravillosa erudición de vuestro bienaventurado confesor Santo Tomás, y que la fecundáis mediante la santidad de sus obras, concedednos la gracia de comprender sus enseñanzas e imitar sus virtudes. Por J. C. N. S.



 

domingo, 22 de febrero de 2026

Sermón Primer Domingo de Cuaresma


Sermón

R. P. Lucio César Simbrón


Lección

Hermanos: Os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios. Porque dice: En el tiempo propicio te escuché, y te ayudé en el día de la salud. He aquí el tiempo propicio, he aquí el día de la salud. No ofendamos a nadie, para que no sea vituperado nuestro ministerio; antes portémonos en todo como ministros de Dios: en mucha paciencia, en las tribulaciones, en las necesidades, en las angustias, en los azotes, en las cárceles, en las sediciones, en los trabajos, en las vigilias, en los ayunos, en la castidad, en la ciencia, en la longanimidad, en la suavidad, en el Espíritu Santo, en la caridad no fingida, en la palabra de verdad, en la virtud de Dios, con las armas de la justicia en la diestra y en la siniestra, en la gloria y en la ignominia, en la fama y en la infamia; como seductores, pero (siendo) veraces; como ignorados, pero conocidos; como muriendo, pero he aquí que vivimos; como castigados, pero no muertos; como tristes, pero siempre alegres; como necesitados, pero enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, pero poseyéndolo todo.

 II Corintios VI, 1-10


Evangelio

En aquel tiempo Jesús fué llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y, habiendo ayunado cuarenta días y cuarenta noches, después tuvo hambre. Y, acercándose el tentador, le dijo: Si eres el Hijo de Dios, di que estas piedras se tornen panes. Y El, respondiendo, dijo: Escrito está: No de solo pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Entonces le llevó el diablo a la ciudad santa, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres el Hijo de Dios, échate abajo. Porque escrito está: Mandará sus Ángeles a ti, y te tomarán en las manos, para que tu pie no tropiece en piedra alguna. Dijóle Jesús: También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios. El diablo le transportó de nuevo a un monte muy elevado: y le mostró todos los reinos del mundo, y su gloria, y le dijo: Te daré todo esto, si, postrándote, me adorares. Entonces le dijo Jesús: Vete, Satanás. Porque escrito está: Adorarás al Señor, tu Dios, y a El solo servirás. Entonces le dejó el diablo: y he aquí que se acercaron los Ángeles, y le sirvieron.

San Mateo IV: 1-11


sábado, 21 de febrero de 2026

Dom Gueranger: Primer Domingo de Cuaresma

   



PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger


SOLEMNIDAD DE ESTE DÍA

Este domingo primero de la Santa Cuaresma, es así mismo, uno de los más solemnes del año. Su privilegio aplicado, por las últimas decisiones romanas, a los demás domingos de Cuaresma (Constitución “Divino afflatu.”), pero que durante muchísimo tiempo fué exclusivo de Pasión y Ramos, consiste en no ceder el puesto a ninguna fiesta cualquiera, ni la del Patrono, titular de la iglesia o Predicación de la misma. En los antiguos calendarios es llamado el primer domingo de Cuaresma: Invocabit, Primera palabra del introito de la Misa. En la Edad Media se le llamaba: “Domingo de los Hachones” del uso de llevar hachones en la Misa del día, por motivos diversos no idénticos ni en tiempo ni en lugar. En algunos lugares, los jóvenes que se habían propasado en diversiones carnavalescas, debían presentarse hoy en la Iglesia, con un blandón en las manos para dar pública satisfacción de sus excesos.

Aparece hoy la Cuaresma con todo su solemne atuendo. Los cuatro días precedentes se añadieron bastante tarde para completar los cuarenta días de ayuno, y, el miércoles de Ceniza no tienen obligación los fieles de oír misa. Viendo la Santa Madre Iglesia reunidos a sus hijos les dirige las palabras del oficio de maitines, sirviéndose del elocuente estilo de San León Magno. “Carísimos hijos, les dice, debiendo anunciaros el ayuno sacrosanto y solemne de Cuaresma, ¿por ventura podré empezar más oportunamente mi plática que usando las palabras del Apóstol a quien Jesucristo habla y repitiendo lo que acaban de leeros: He aquí el tiempo favorable, he aquí los días de salvación? Por que, aún cuando no haya tiempo alguno durante el año, que no sea rico en dones celestiales y en que, por la gracia de Dios, no hallemos siempre abiertas las puertas de la misericordia divina, debemos, sin embargo, trabajar en este santo tiempo con mayor celo y excitarnos al progreso espiritual y animarnos de grande confianza. La Cuaresma en efecto, al ponernos a la vista el día sacro en que fuimos redimidos, nos invita a practicar todos los deberes de piedad cristiana a fin de disponernos para la purificación del cuerpo y alma a celebrar los misterios de la Pasión del Señor.


TIEMPO FAVORABLE

Tan gran misterio merecería de parte nuestra, respeto y devoción sin tasa y debiéramos estar siempre delante de Dios tales cuales quisiéramos el día de Pascua. Pero esta constancia no es caudal de muchos; la flaqueza de la carne nos fuerza a mitigar la austeridad del ayuno y los varios quehaceres de esta vida dividen y reclaman nuestras preocupaciones. Y sucede en consecuencia que los corazones religiosos están dispuestos a contaminarse en algo con el polvillo de este mundo. Con aventajado provecho nuestro se ha introducido esta divina institución que nos da cuarenta días para recobrar las fuerzas de nuestras almas expiando por la santidad de nuestras obras y el merecimiento de nuestros ayunos los deslices de todo el año.


CONSEJOS APOSTÓLICOS

“Al comenzar queridos hijos, estos misteriosos días santamente establecidos para purificar nuestras almas y cuerpos, tengamos a gala obedecer la prescripción del Apóstol, despidiéndonos de todo cuanto pueda enlodar la carne y el espíritu con el fin de refrenando el ayuno la enemiga existente entre las dos partes de nuestro ser recobre el alma la dignidad de su imperio, sometida ella misma a Dios y dejándose guiar por El. A nadie demos ocasión de querellarse de nosotros; no nos expongamos al justificado vituperio de los que buscan contrariarnos. Los infieles, pues, tendrían motivo de condenarnos, y azuzaríamos nosotros mismos, por nuestra culpa, sus impías lenguas contra la religión, si la pureza de nuestra vida no corre pareja con la santidad, del ayuno que hemos abrazado. No nos figuremos que la perfección toda de nuestro ayuno estriba en sola la abstinencia de viandas; porque en balde negaríamos al cuerpo parte del alimento si, a la vez no alejásemos del alma la maldad.”

viernes, 20 de febrero de 2026

Boletín Dominical 22 de febrero



Día 22 de Febrero, Domingo I de Cuaresma

Doble- Privilegiado de I clase- Orn. Morados.

Este Domingo es uno de los más solemnes del año litúrgico, porque antiguamente empezaba con él la santa Cuaresma. Por esto la estación se celebraba en la Catedral Pontificia de San Juan de Letran, centro religioso del mundo.

Jesús, después del bautismo en el Jordán, como preparación para la vida pública que iba a iniciar, se retiró 40 días al desierto que hay entre Jericó y los montes de Judá para dedicarse a la oración y la penitencia. Allí, queriendo Satanás averiguar si verdaderamente el Hijo de Maria era ciertamente el Hijo de Dios, se acercó a tentar a Jesús. Y primeramente como hizo con Adán y Eva y hace con los hombres, se dirige a los sentidos. Como Jesús tiene hambre, le dice que convierta las piedras en pan. Después se dirige a tentarle el orgullo y vanagloria, y por fin, de soberbia y avaricia. “Hæc omnia tibi dabo, si cadens adoraveris me”, le dice mostrándole los reinos del mundo y su gloria: todo esto te daré si postrándote me adorares.

Luzbel, que había sido el más hermoso de los ángeles, se había creído con derecho a la unión hipostática, que le habría sublimado a la dignidad de Hijo de Dios; y como tal pide ahora ser adorado por Jesús.

Muchos reparan solamente en el hecho, sin duda admirable, de que el Hijo de Dios fuese tentado por el demonio. Más no es esto lo principal. Lo más importante es que Jesús fuese tentado precisamente por su calidad de Hijo de Dios que venía a restaurar el reino de su Padre. 

A ejemplo de Jesús, con oración y penitencia ha de rechazar el cristiano todas las tentaciones.


Los cinco sábados en honor del Corazón de María

El 10 de diciembre de 1925 se apareció la Virgen Santísima a la niña Lucía, una de las videntes de Fátima, teniendo junto a sí al Niño Jesús sobre una nube luminosa. La Virgen mostraba su Corazón rodeado de espinas, y el Niño Jesús, señalándole, decía: “Ten compasión de este Corazón dulcísimo, martirizado continuamente por la ingratitud de los hombres.” Entonces la Virgen Santísima añadió: “Mira, hija mía, mi Corazón rodeado de espinas con que los hombres, ingratos, le hieren a cada momento con sus blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y anuncia de mi parte que yo prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias a la salvación a todos los que en cinco sábados de meses consecutivos confiesen, reciban la Santa Comunión, recen la tercera parte del Rosario y me hagan compañía durante quince minutos, meditando los misterios del Rosario, con el fin de ofrecerme reparación.”

1. La Virgen promete asistir con las gracias necesarias para la salvación en la hora de la muerte. Quiere decir que la Virgen no permitirá que muera en pecado mortal aquel que haya practicado debidamente la devoción señalada.

2. Se requiere la confesión, que puede hacerse durante la semana, y no precisamente el mismo sábado.

3. Se requiere la Comunión, que ha de hacerse el mismo primer sábado de mes.

4. Se requiere rezar la tercera parte del Santo Rosario, o sea las cinco decenas.

5. Hacer compañía a la Virgen durante quince minutos, meditando los misterios del Rosario.

6. Hacer todo esto durante cinco sábados seguidos que sean primeros de mes, o sea durante cinco meses seguidos, ininterrumpidos, el primer sábado de cada uno

7. Tener la intención de honrar, consolar y desagraviar al Inmaculado Corazón de María.



jueves, 19 de febrero de 2026

Sobre el Ayuno y la Abstinencia





Ayunos y abstinencias para América Hispana

La Iglesia lo ha impuesto para someter la carne al espíritu, para satisfacer por las culpas a la justicia divina, y para preparar el alma a la oración y ejercicios de piedad. No se contento Cristo con mandarnos ayunar, sino que El mismo nos dio también el ejemplo. El precepto del ayuno comprende dos cosas: abstenerse de ciertos manjares, y no hacer sino una comida formal, la cual bien puede hacerse al mediodía abstinencia obliga siempre desde los 7 años. Quien no cumple con estas leyes sin justa causa, comete pecado mortal.

Excusan del ayuno: la enfermedad, el trabajo pesado, la pobreza que impide una alimentación substanciosa, u otra dificultad grave.

La Iglesia como buena madre, no intenta obligar a quien el ayunar o abstenerse de comer carne le causase un grave inconveniente. En caso de duda conviene consultar al confesor.


Abstinencia

Argentina: todos los viernes de cuaresma.

Bolivia: Las vigilias de Navidad (24 de Diciembre), Pentecostés, la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen (7 de Diciembre) (1) y San Pedro y San Pablo (28 de junio).

Colombia: todos los viernes del año.

Cuba: todos los viernes del año.

Chile: todos los viernes del año.

Ecuador: todos los viernes de Cuaresma.

Méjico: todos los viernes del año.

Paraguay: todos los viernes de Cuaresma.

Perú: Todos los viernes del año.

Uruguay: todos los viernes de Cuaresma y de Adviento.

Venezuela: las vísperas de Pentecostés, Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen (7 de Diciembre), Todos los Santos (31 de octubre) y Navidad (24 de diciembre).


Ayuno

Bolivia y Venezuela: todos los miércoles de Cuaresma, el Jueves Santo y el viernes de Témporas de Adviento.


Ayuno y abstinencia

Argentina: el Miércoles de Ceniza, el Viernes Santo, la Vigilia de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen* (7 de Diciembre) y el día anterior a la Vigilia de Navidad (23 de Diciembre).

Bolivia: el miércoles de Cenizas y todos los viernes de Cuaresma.

Cuba: el miércoles de Cenizas, el Viernes Santo y las vigilias de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen (7 de Diciembre) y de Navidad (24 de diciembre); ésta en La Habana se suele trasladar al sábado anterior.

Colombia, Chile, Ecuador, Méjico, Paraguay y Perú: el Miércoles de Cenizas, el Viernes Santo, la vigilia de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen (7 de Diciembre) y la vigilia de la Navidad (24 de diciembre).

Uruguay: el Miércoles de Cenizas, el Viernes Santo, la vigilia de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen (7 de Diciembre) y el 23 de diciembre.

Venezuela: el Miércoles de Cenizas y todos los viernes de Cuaresma.


Modo de ayunar

Desayuno: Por la mañana se puede tomar te, café y mate, a los que se permite añadir una pequeña cantidad de leche, y tomar un panecillo chico que no exceda de 60 gramos. También se puede tomar chocolate con agua.

Comida principal: Se come como de costumbre y aun se puede añadir más. También se permite mezclar carne y pescado, siempre que el uso de la carne no este prohibido por ser día de abstinencia. Puede hacerse al mediodía o por la noche.

Cena o colación: Se hace una colación con cualquier alimento, excepto carne y caldo de carne, y dicho alimento no debe exceder todo él de 250 gramos, sin contar el agua con que se haga la comida. Esta permitido el uso de huevos, lacticinios (leche, manteca, queso), y condimentar la comida con grasa.

Fuera de las comidas: entre horas, durante el día, se puede tomar té solo, café solo, mate, cerveza, refrescos, pero no leche, caldo, chocolate, ni frutas, bombones, galletas o masas.


El ayuno Eucarístico


Por el Motu Proprio del 19 de Marzo de 1957, el Sumo Pontífice Pio XII ha extendido y ampliado las normas dadas por la Constitución Apostólica Christus Dominus del 6 de Enero de 1953, en la siguiente forma.

1. El agua no rompe el ayuno eucarístico. Pueden tomar agua en cualquier momento los fieles antes de comulgar y los sacerdotes antes de celebrar la misa. Agua, es decir, aunque sea agua mineral y se le haya puesto gas para hacerla efervescente.

2. Todos los fieles podrán comer y beber, inclusive vino y cerveza en la comida (no otros licores), hasta tres horas antes de comulgar, y tomar líquidos (2), excepto los que contengan alcohol, como ser vino, cerveza, sidra, etc., hasta una hora antes de comulgar, ya se diga la misa o se acerque a comulgar por la mañana, por la tarde o por la noche, o en las primeras horas de la madrugada. Es decir que el ayuno obliga desde tres horas antes de comulgar para los alimentos sólidos, y desde una hora antes para los líquidos.

3. Los enfermos, aunque estén levantados (3), podrán tomar algún alimento liquido, excepto bebidas alcohólicas, sin limitación de hora antes de comulgar, y los sacerdotes antes de celebrar la misa, y cuantas veces lo crea conveniente. También podrán tomar las medicinas que necesiten, ya sean liquidas, ya sólidas, con tal que sean verdadera medicina prescrita por el medico o tenida por tal; se podrá, pues tomar jarabes, bicarbonato, geniol, aspirina, etc. Se advierte que no se podrá tomar, para este caso, cualquier alimento sólido y a la vez nutritivo. Recomienda el Papa, aunque no obliga, que los fieles que buenamente puedan, sigan las costumbres venerables y antiguas de guardar el ayuno eucarístico desde la medianoche.

4. Misas Vespertinas: Para comulgar en las misas vespertinas que se podrán decir todos los días después de las 16 horas, podrán comer y beber incluso vino y cerveza en la comida ( no otros licores), tres horas antes de comulgar, y tomar líquidos, como ser leche, té, etc., hasta una hora antes. No podrán comulgar en estas misas vespertinas los que lo hayan hecho ya por la mañana.


Precepto Pascual

El precepto de la comunión pascual es acaso el que con mas sentimiento ha impuesto nuestra Madre la Iglesia a sus hijos; porque ¿Qué mayor dolor que verse obligada a mandarles que reciban a su Dios? Los primeros cristianos, aquellos ardientes fieles que miraban la comunión como un Pan de vida y de cada día, y para quienes no había desconsuelo mayor que verse privados de ella, ¿pudieron creer que llegaría un tiempo en que seria preciso imponer a los cristianos que les sucediesen, un precepto para obligarles a que comulgasen? ¿Pudieron siquiera imaginar que habría que imponerles un castigo para traerlos a participar de la Sagrada Mesa? Pues, sin embargo, esto es cabalmente lo que ha sucedido. ¡Que extremo de ingratitud, de abandono, de maldad, la de aquellos cristianos que ni aun con el precepto y el castigo se llegan a recibirle!

El precepto pascual obliga a todos los cristianos que han llegado al uso de razón a confesar y comulgar por lo menos una vez al año. En la República Argentina la comunión debe hacerse dentro del periodo comprendido desde el Domingo de Septuagésima hasta el día 22 de Agosto inclusive, octava de la Asunción de la Santísima Virgen. Aquellos que no cumplen con este precepto cometen un pecado mortal y quedan obligados a hacerlo cuanto antes.


Fiestas de Precepto

Todos los cristianos que tienen uso de razón están obligados a oír misa entera todos los domingos y días de precepto, y el que no la oye o falta a parte importante de ella, como desde el principio hasta el ofertorio inclusive, comete pecado grave. El Señor anuncia en las Sagradas Escrituras castigos espantosos a los pueblos que profanen las fiestas.

Son fiestas que obligan a oír misa y no trabajar, además de todos los domingos, las siguientes:

Argentina:    

    • Circuncisión del Señor (1° de Enero)

    • Epifanía del Señor (6 de Enero)

    • Corpus Christi (movible)

    • Asunción de la Virgen (15 de Agosto)

    • Todos los Santos ( 1° de Noviembre)

    • Inmaculada Concepción ( 8 de Diciembre)

    • Natividad del Señor (25 de Diciembre).


Circuncisión del Señor (1 de enero): en Argentina, Bolivia, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, Méjico, Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela, España.

Epifanía del Señor (6 de enero): en Argentina, Bolivia, Colombia, Cuba, Ecuador, Méjico, Uruguay, Venezuela, España.

San José (19 de marzo): en Bolivia, Colombia, Cuba, Ecuador, Méjico, Venezuela, España.

Ascensión del Señor: en Bolivia, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, Méjico, Venezuela, España.

Corpus Christi: en Argentina, Bolivia, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, Méjico, Paraguay, Perú, Venezuela, España.

Santos Pedro y Pablo (29 de junio): en Bolivia, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, Méjico, Perú, Venezuela, España.

Santiago (25 de julio): en España.

Asunción de la Virgen (15 de agosto): En Argentina, Bolivia, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, Méjico, Paraguay, Perú, Venezuela, España.

Santa Rosa (30 de agosto): en Perú.

Todos los Santos (1 de noviembre): en Argentina, Bolivia, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, Méjico, Paraguay, Perú, Venezuela, España.

Inmaculada Concepción (8 de diciembre): En Argentina, Bolivia, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, Méjico, Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela, España.

Guadalupe (12 de diciembre): En Méjico.

Natividad del Señor (25 de diciembre): en Argentina, Bolivia, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, Méjico, Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela, España.


En el Ecuador, en las fiestas de precepto, con excepción de los domingos, Navidad y Año Nuevo, hay obligación de oír Misa, pero no de no trabajar.


Notas

1.- La obligación del ayuno y la abstinencia, prescrita para la vigilia de la Fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen María (14 de Agosto) fue transferida a la vigilia de la Fiesta de la Inmaculada Concepción (7 de Diciembre), según el Decreto de la Sagrada Congregación del Concilio, de fecha 25 de julio del año 1957 (Acta Apostolicae Sedis, Annus XXXXIX - series II - Vol. XXIV, pág. 638), 

2.- Alimento liquido: Por modo de bebida pueden tomarse todos los líquidos,  por densos o espesos que sean, como la leche, caldo, huevos pasados por agua o huevos batidos y mezclados con liquido, chocolate bebido, té, café, mate. Líquidos son y pueden tomarse aunque tengan mezclado algo sólido, como ser sémola, pan rallado, con tal que la mezcla no deje de ser liquida el azúcar y pastillas, etc., disueltas en la boca totalmente, se toman por modo de bebida si se degluten después de disueltas en la saliva (Cf. P. Regatillo, Sal Térrae, revista de cultura eclesiástica, marzo de 1953, pag.164).

3.- Aunque no tengan que guardar cama; Vg. por afección crónica del hígado, estomago, etc., o por enfermedad algo duradera como gripe, pulmonía; o por una indisposición pasajera de notable molestia, como dolor de cabeza, jaqueca, neuralgias, etc. (Cf. P. Regatillo, Ibíd.).


Fuente: R.P. Natalio D. Díaz S.J., "Misal Romano Diario y Devocionario", 1957.



Dom Gueranger: El Tiempo de la Cuaresma

    



EL TIEMPO DE CUARESMA

Año Litúrgico - Dom Prospero Gueranguer



CAPÍTULO I

HISTORIA DE LA CUARESMA


Se da el nombre de Cuaresma al período de oración y penitencia durante el cual la Iglesia prepara las almas a celebrar el misterio de la Redención.


La Oración

A los fleles, aun los mejores, propone nuestra Madre la Iglesia este tiempo litúrgico como retiro anual que les brindará ocasión oportuna de separar todos los descuidos de otras temporadas, y encender la llama de su celo. A los catecúmenos ofrece, como en los primeros siglos una enseñanza, una preparación a la iluminación bautismal. A los penitentes, los llama la atención sobre la gravedad del pecado, e inclina su corazón al arrepentimiento y a las buenas resoluciones, y les promete el perdón del Corazón de Dios.

Recomienda S. Benito a sus monjes, en el capítulo XLIX de su Regla, se entreguen este santo tiempo a la oración acompañada de lágrimas de arrepentimiento o de tierno fervor. Todos los fieles, de cualquier estado y condición, hallarán en las Misas de cada día de Cuaresma las fórmulas más admirables de oración con que se pueden dirigir a Dios. Con quince y más siglos de existencia, se adaptan a las aspiraciones, a las necesidades de todos.




La Penitencia


La penitencia se practica, mejor dicho, se practicaba con la observancia del ayuno. Las dispensas temporales otorgadas desde hace algunos años por el Sumo Pontífice no serán pretexto para silenciar práctica tan importante a que aluden constantemente las oraciones de las Misas cuaresmales y de la que todos deben, al menos, conservar el espíritu, si la dureza de los tiempos o la endeble salud no consienten se observe plenamente y con todo rigor.

La práctica del ayuno remonta a los primeros siglos del cristianismo y aún es anterior. Después de los Profetas Moisés y Elias cuyo ejemplo nos será propuesto el miércoles de la primera semana, el Señor le practicó permaneciendo sin alimento alguno durante cuarenta días y cuarenta noches, y si no quiso establecer mandato divino, que en ese caso no hubiera, sido susceptible de discusión, ha declarado por lo menos que el ayuno tan frecuentemente preceptuado por Dios en la antigua ley, sería practicado también por los hijos de la nueva.

Llegáronse un día a Jesús los discípulos de Juan y le dijeron: "¿Por qué, ayunando nosotros y los fariseos con frecuencia, no ayunan tus discípulos?" Jesucristo les contestó: "¿Por ventura los compañeros del Esposo pueden estar tristes- mientras el Esposo está con ellos? Mas vendrán días en que les será quitado el Esposo y entonces ayunarán" (San Mat., IX, 14-15).

Acordáronse los cristianos de esta sentencia y bien pronto pasaron en ayuno absoluto los tres días—que para ellos era uno solo—, el misterio de la Redención, es decir desde Jueves Santo hasta la mañana de Pascua.

Tenemos pruebas fehacientes ya de los siglos II y III que en muchas iglesias ayunaban Viernes y Sábado Santos, y San Ireneo en su carta al Papa San Víctor afirma que varias iglesias orientales hacían lo propio toda la Semana Santa. En el siglo IV se amplió este ayuno pascual y la preparación a la fiesta de Pascua durante un período de ascesis de cuarenta días—cuadragésima—Cuaresma.

La primera mención que hallamos en Oriente de "la cuarentena" se encuentra en el canon 5.° del Concilio de Nicea (325). El Obispo de Thmuis, Serapión, afirma en 331, que la "Cuaresma" es en su tiempo práctica universal en Oriente y Occidente. Los Padres, como, por ejemplo, San Agustín (Sermón CCX), dicen que es práctica antiquísima, y San León (Sermón VI) piensa, aunque erróneamente, que se remonta a los tiempos apostólicos. Estos mismos Padres y con ellos San Ambrosio y San Jerónimo, son los primeros que nos hablan del ayuno.

Los sermones de San Agustín atestiguan que la Cuaresma comenzaba el domingo VI antes de Pascua. Como no se ayunaba el domingo, no había más que treinta y cuatro días de ayuno, treinta y seis con Viernes y Sábado Santos; con todo no dejaba de ser la Cuaresma una "cuarentena" de preparación a la Pascua. El ayuno, en efecto, no era, y no lo es hoy tampoco, el único medio de prepararse a celebrar la Pascua. Insiste San Agustín en que al ayuno acompañen el fervor de la oración, la humildad, la renuncia absoluta a los malos deseos, muchas limosnas, perdón de las injurias y la práctica de todas las obras de piedad y caridad.

La misma extensión del período cuaresmal vemos en España en el siglo vn y en las Galias y Milán. La magna solemnidad del mundo es para San Ambrosio Viernes Santo, y la fiesta de Pascua encierra el triduo de la muerte, sepultura y Resurrección de Cristo (Carta XXIII). Si el ayuno se interrumpía los domingos, guardaban, sin embargo, merced a la liturgia, su tonalidad penitencial.

Para San León es también un período de cuarenta días que finaliza el Jueves Santo por la tarde; y si, acorde con San Agustín, insiste en ponderar las ventajas del ayuno corporal, recomienda con más insistencia los demás ejercicios de mortificación y penitencia, el arrepentimiento, sobre todo, del pecado, y la práctica más fervorosa de las buenas obras y virtudes.


Necesidad de la Penitencia

No obstante eso, ya que en nuestros tiempos la mortificación corporal va cayendo en desuso, no juzguemos inútil demostrar a los cristianos la importancia y utilidad del ayuno; las sagradas Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento abogan en favor de esta santa práctica. Podemos también afirmar que la tradición de todos los pueblos la corrobora, porque la idea de que el hombre puede apaciguar la divinidad sometiendo su cuerpo a la expiación, se adueñó del mundo, pues se halla en todas las religiones, aun las más alejadas de la pureza de las tradiciones patriarcales.


Precepto de la Abstinencia

San Basilio, San Juan Crisóstomo, San Jerónimo y San Gregorio Magno han declarado que el precepto a que fueron sometidos nuestros primeros padres, en el paraíso terrenal, era precepto de abstinencia y que por haber quebrantado esta virtud se precipitaron a sí mismos y a toda su descendencia en un abismo de calamidades. La vida de privaciones a que después se vió sometido el rey de la creación, venido a menos, en la tierra que no debía producir ya para él sino zarzas y espinas, mostró bien a las claras esa ley de expiación que el Creador ha impuesto justamente a los miembros rebeldes del hombre pecador. 

Hasta el diluvio conservaron nuestros abuelos su existencia con la exclusiva ayuda de los frutos de la tierra que arrancaban a fuerza de trabajo. Dignóse luego Dios permitirles se alimentasen de la carne de animales como para suplir a la mengua de fuerzas naturales. Entonces Noé, movido por el divino instinto, sacaba el jugo de la viña y se añadía un nuevo alivio a la fuerza del hombre.


Abstinencia de Carne y Vino

La naturaleza del ayuno se ha asentado sobre los diversos elementos que sirven al sostén de las fuerzas humanas, y por de pronto, debió de consistir en la abstinencia de la carne de animales, porque esa ayuda, ofrecida por la condescendencia divina, es menos rigurosamente necesaria para la vida. Durante muchos siglos, como lo vemos hoy día en las iglesias de Oriente, huevos y lacticinios fueron prohibidos porque provienen de sustancias animales; y también en el siglo XIX no eran permitidos en las iglesias latinas sino en virtud de dispensa anual más o menos general. Tal era aún el rigor de la abstinencia de carne, que no se suspendía el domingo en Cuaresma a pesar de la interrupción del ayuno, y los que habían alcanzado dispensa de los ayunos semanales quedaban sometidos a esta abstinencia, si no se sustraían a ella por otra dispensa especial.