domingo, 5 de abril de 2026

Dom Gueranger: El Santo Día de Pascua

      





EL SANTO DÍA DE PASCUA

Año Litúrgico - Dom Gueranger



MAITINES

LA RESURRECCIÓN DE CRISTO

La noche del Sábado al Domingo ve por fin agonizar sus largas horas; se aproxima el alborear del día. María, con el corazón angustiado, pero animosa y paciente, espera el instante en que volverá a ver a su Hijo. Magdalena y sus compañeras han velado toda la noche, y no tardarán en ponerse en camino hacia el santo sepulcro.

En el seno del limbo, el alma del divino Redentor se dispone a dar la señal de partida a aquellas miríadas de almas justas tanto tiempo cautivas, que le circundan respetuosas y amorosas. La muerte se cierne sobre el sepulcro donde retiene a su víctima. Desde el día en que devoró a Abel, ha absorbido a innumerables generaciones; pero jamás había estrechado entre sus lazos una presa tan noble. Jamás la sentencia del paraíso terrenal había tenido cumplimiento tan prodigioso; pero nunca tampoco vió la tumba sus esperanzas burladas con un mentís tan cruel. Más de una vez el poder divino la había arrancado sus víctimas: el Hijo de la viuda de Naín, la hija del jefe de la sinagoga, el hermano de Marta y de Magdalena le habían sido arrebatados; pero ella los aguardaba en la segunda muerte. En cambio, de otro se había escrito: "Oh muerte, yo seré tu muerte; sepulcro, yo seré tu ruina." (Oseas, XIII, 14.) Unos instantes, y trabarán batalla los dos adversarios.

Así como el honor de la divina Majestad no podía permitir que el cuerpo unido a un Dios aguardase en el polvo, como el de los pecadores, el momento en que la trompeta del ángel nos llamará a todos al juicio supremo; del mismo modo convenía que las horas durante las cuales la muerte debía prevalecer fuesen abreviadas. "Esta generación perversa, había dicho Jesús, pide un prodigio; y sólo le será dado el del profeta Jonás." (S. Mateo, XII, 39.) Tres días de sepultura: el ñn de la jornada del viernes, la noche siguiente, el sábado todo él completo con su noche, y las primeras horas del domingo. Era suficiente: suficiente para la justicia divina ya satisfecha; bastante para certificar la muerte de la augusta víctima, y para asegurar el más brillante de los triunfos; bastante para el corazón desolado de la más amante de las madres.

"Nadie me arranca la vida, sino que yo la doy de mi propia voluntad; y soy dueño de darla y dueño de recobrarla." (San Juan, X, 18.) Asi hablaba a los judíos el Señor antes de su pasión; la muerte sentirá al punto la fuerza de esta palabra del maestro. El domingo, día de la luz, comienza a alborear; los primeros fulgores de la aurora pugnan ya con las tinieblas. Inmediatamente el alma divina del Redentor sale de la prisión del limbo, seguida de la multitud de almas santas que la rodeaban. Atraviesa en un parpadear de ojos el espacio y, penetrando en el sepulcro, se reintegra al cuerpo del que se había separado tres días antes en medio de los estertores de la agonía. El cuerpo sagrado se reanima, se levanta y se desprende de los lienzos, de los aromas y de las fajas con que estaba ceñido. Las cicatrices han desaparecido; la sangre ha vuelto a las venas; y de aquellos miembros lacerados por los azotes, de aquella cabeza desgarrada por las espinas, de aquellos pies y de aquellas manos atravesadas por los clavos, irradia una luz fulgurante que llena la caverna. Los santos ángeles que adoraron con ternura al niño de Belén, adoran con temblor al vencedor del sepulcro. Pliegan con respeto y dejan sobre la tierra, en que el cuerpo inmóvil reposaba poco ha, los lienzos con que la piedad de dos discípulos y de santas mujeres le habían envuelto.

Pero el rey de los siglos no debe continuar ya en aquel sarcófago fúnebre; con más rapidez que la luz que penetra por el cristal, franquea el obstáculo que le opone la piedra de entrada a la caverna, que la potestad pública había sellado y rodeado de soldados armados. Todo permanece intacto; y está libre el triunfador de la muerte; del mismo modo, nos dicen unánimemente los santos Doctores, apareció a los ojos de María en el establo sin haber hecho sentir ninguna violencia en el seno materno. Estos dos misterios de nuestra fe se aúnan y proclaman el inicial y el último término de la misión del Hijo de Dios: al principio, una Virgen-Madre; al fin, un sepulcro sellado que devuelve a quien retenía cautivo.


LA DERROTA DE LA MUERTE

El más profundo silencio reina todavía, en este momento en que el Hombre-Dios acaba de romper el cetro de la muerte. Su liberación y la nuestra no le han costado ningún esfuerzo. ¡Oh muerte! ¿qué te queda ya de tu imperio? El pecado nos había entregado a ti; tú gozabas de tu conquista; y he aquí que has caído hasta el abismo. Jesús, de quien tú te sentías tan orgullosa por tenerle debajo de tu ley, se te ha escapado; y todos nosotros, después de habernos poseído tú, también nos escaparemos de tu dominio. El sepulcro que nos preparas, se convertirá en nuestra cuna para una vida nueva; por que tu vencedor es el primogénito entre los muertos (Apoc., I, 5); y hoy es la Pascua, el tránsito, la liberación, para Jesús y para todos sus hermanos. La ruta que él ha abierto, todos nosotros la seguiremos; y día vendrá en que tú, que lo destruyes todo, tú nuestra enemiga, serás anonadada a tu vez por el reino de la inmortalidad. (I Cor., XV, 26.) Pero desde ahora nosotros contemplamos tu caída, y repetimos para tu vergüenza, este grito del gran Apóstol: "Oh muerte, ¿dónde está tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón? Por un momento triunfaste, y he aquí que has sido devorada en tu triunfo." (Ibíd., 55).

sábado, 4 de abril de 2026

Saludo de Pascua de Resurrección de S. E. R. Pío Espina Leupold

Dom Gueranger: El Sábado Santo

      



EL SÁBADO SANTO

Año Litúrgico - Dom Gueranger



POR LA MAÑANA

Jesús en la Tumba

La noche ha pasado sobre el sepulcro en que descansa el cuerpo del Hombre-Dios. Pero si la muerte triunfa en el fondo de esta gruta silenciosa; si tiene entre sus lazos a Aquel que da la vida a todos los seres, su triunfo será muy corto; en vano velan los soldados a la entrada de la tumba; no podrá retener al divino cautivo cuando emprenda su vuelo. Los santos ángeles adoran con profundo respeto el cuerpo inanimado de aquel cuya sangre va a "purificar al cielo y a la tierra". Este cuerpo separado del alma durante un corto instante ha permanecido unido al Verbo; el alma que momentáneamente cesó de animarle, no perdió tampoco su unión con la persona del Hijo de Dios. La divinidad permanece unida incluso con la sangre derramada en el Calvario y que debe entrar de nuevo en las venas del Hombre- Dios, en el momento de su próxima resurrección.

El Exceso del Amor Divino

Acerquémonos a esa tumba y veneremos nosotros también los restos del Hijo de Dios. Ahora conoceremos los efectos del pecado. "Por el pecado ha entrado la muerte en el mundo, y se ha comunicado a todos los hombres."

Jesucristo, "que no conoció el pecado" permitió sin embargo a la muerte extender sobre El su dominio, con el fin de disminuir en nosotros la repugnancia que hacia ella profesamos y de devolvernos, una vez resucitado, la inmortalidad que el pecado nos había arrebatado. En su Encarnación se había dignado tomar "La forma de esclavo"; en este misterio se ha humillado todavía más. ¡Vedle muerto en una tumba! Si este espectáculo nos revela el afrentoso poder de la muerte, nos muestra aún en mayor grado el inmenso e incomprensible amor que Dios tiene para con el hombre. Este amor no ha retrocedido ante ningún exceso; y por esto podemos decir que, si el Hijo de Dios se ha bajado fuera de toda medida, nosotros hemos sido tanto más glorificados por sus humillaciones. Que esto nos lleve a amar esa tumba en la cual debemos nosotros nacer a la vida; y después de haberle dado gracias por haber querido morir por nosotros en la cruz, agradezcamos asimismo el haber aceptado por nosotros la humillación del sepulcro.

La Virgen de los Dolores

Bajemos ahora a Jerusalén y visitemos a la Madre de los dolores. La noche ha pasado también por su corazón, y las escenas de la jornada no han cesado de asaltar su memoria. Su Hijo ha sido pisoteado por los hombres, mientras ella veía correr su sangre. ¡ Cuántas lágrimas no ha derramado ella durante estas largas horas; y, sin embargo, Jesús no le ha sido aún devuelto! Junto a ella Magdalena, completamente desecha por las sacudidas y empujones recibidos en las calles de Jerusalén y en el Calvario, está muda de dolor. Espera que amanezca el día siguiente para volver al sepulcro y contemplar de nuevo los restos de su querido maestro. Las otras mujeres, menos amadas que la Magdalena, mas, sin embargo, estimadas por Jesús que han desafiado las burlas de los judíos y de los soldados, por asistir a Jesús hasta* su muerte, rodean ahora cuidadosas a la Virgen, y piensan aliviar su propio dolor, yendo con Magdalena, una vez pasado el Sábado, a depositar en el sepulcro el tributo de su amor.

Los Discípulos

Juan, el hijo adoptivo, el amado de Jesús, llora por el Hijo y por la Madre. Los demás Apóstoles, los discípulos José de Arimatea y Nicodemus, van visitando uno a uno esta mansión de dolor. Pedro, con la humildad de su arrepentimiento, no tiene miedo de presentarse en la presencia de la Madre de la misericordia. Se comenta en voz baja de una parte el suplicio de Jesús, y de otra, la ingratitud de Jerusalén. La Santa Iglesia, en el oficio de esta noche, nos sugiere algunas ideas de lo que debieron ser las conversaciones de estos hombres que han sido tan atrozmente conmovidos por tan terrible catástrofe. "Así muere el justo, dicen pilos, y nadie se conmueve; es arrebatado de en medio de la iniquidad; semejante a un cordero no ha abierto su boca; ha muerto rodeado de angustia; mas su memoria se conserva en paz"

La Espera de la Resurrección

De este modo conversan estos hombres fieles, mientras que las santas mujeres, víctimas de su dolor, piensan en los cuidados de los funerales. La santidad, la bondad, el poder, los dolores y la muerte de Jesús están presentes en su pensamiento; mas no se acuerdan de su Resurrección que anunció y que sin duda no tardará en suceder. Solamente María vive con esta espera cierta. El Espíritu Santo, dice hablando de la mujer fuerte: "Durante la noche su lámpara no se extingue"; este pensamiento se cumple hoy de modo especial en la. Madre de Jesús. Su corazón no sucumbe, porque sabe que la tumba ha de devolver a. la vida a su Hijo, La fe en la Resurrección del: Salvador, esta fe sin la cual, como dice el Apóstol: "Nuestra religión será vana", está, por decirlo así, concentrada en el alma de María. La Madre de la Sabiduría conserva este depósito precioso; y del mismo modo que ella llevó en su seno a aquel que no pueden contener el cielo y la tierra, así en este día, a causa de su firme creencia en las palabras de su Hijo, está concentrada en sí misma toda la Iglesia. ¡Sublime jornada la del Sábado Santo que, en medio de todas sus tristezas, viene a enaltecer todavía a la Madre de Dios! La Santa Iglesia guardará siempre su recuerdo; y por esto, queriendo consagrar a su Reina un día especial en cada semana, le ha dedicado el Sábado.

Ha llegado la hora de dirigirse a la casa de Dios. Las campanas no se oyen todavía; pero los misterios de la Liturgia que se van a desarrollar en esta mañana no llaman menos a los fieles a concurrir a las más tiernas emociones. Conservemos el recuerdo de los que acabamos de sentir en el sepulcro así como a los pies de la Madre de los dolores y dispongamos nuestras almas a las alegrías que la fe nos ha de preparar.


EL OFICIO DE ESTE DÍA

Ritos del Oficio

Desde la antigüedad, tanto el día de hoy, como el de Viernes Santo se pasó sin la ofrenda del divino Sacrificio. Ayer la Iglesia no lo celebraba porque el aniversario de la muerte de Cristo parecía cubrir con sus negras sombras el día entero. La misma razón la conduce a privarse también hoy de la celebración del Sacrificio. La sepultura de Cristo es la| continuación de su Pasión; y mientras su cuerpo reposa inanimado en la tumba, no conviene renovar el divino misterio en que aparece glorioso y resucitado. La misma Iglesia griega que durante el curso de la Cuaresma, tiene a gala no ayunar el Sábado, imita a la Iglesia Latina reservando para este día más austeras disciplinas. Este día es, en efecto, un día de profundo duelo, durante el cual la Iglesia se detiene junto al sepulcro del Señor, meditando su Pasión y Muerte, hasta el momento en que, habiendo celebrado la Vigilia solemne, nocturna espera de la Resurrección, recibirá la alegría pascual cuya plenitud desbordará durante los días siguientes.

viernes, 3 de abril de 2026

Dom Gueranger: Viernes Santo de la Pasión y Muerte del Señor

      





VIERNES SANTO
DE LA PASIÓN Y MUERTE DEL SEÑOR

Año Litúrgico - Dom Prospeto Gueranger


MAÑANA

JESÚS CONDENADO POR CAIFÁS

El sol baña de luz los muros y pináculos del templo de Jerusalén. Los Pontífices y Doctores de la ley no han hecho caso de su brillo para satisfacer su odio contra Jesús. Anás, que había recibido el primero al divino prisionero, ordena que le conduzcan ante su yerno Caifás. El indigno Pontífice ha osado someter a un interrogatorio al mismo Hijo de Dios. Jesús, desdeñando responder, recibe la bofetada de un criado. Tenían preparados testigos falsos que vinieron a declarar sus mentiras ante el que es la suma Verdad; intento inútil, pues los testimonios proferidos serán contradictorios. Entonces, el Sumo Sacerdote viendo que el sistema adoptado para convencer a Jesús de blasfemo no conducía más que a desenmascarar los cómplices de su fraude, quiso sacar de la boca del mismo Salvador el delito que debía hacerle justiciable por la Sinagoga: "Te conjuro por el Dios vivo, que nos digas si Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios" Esta es la interpelación que el Pontífice dirige a Cristo. Jesús, queriendo darnos ejemplo de sumisión a la autoridad, rompe su silencio y responde con firmeza: "Tú lo has dicho, yo soy: Y os digo que a partir de ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios y venir sobre las nubes del cielo." A estas palabras el Pontífice se levanta y desgarra sus vestiduras, diciendo: "Ha blasfemado." ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué os parece? Unánimemente respondieron todos: "Reo es de muerte."

El propio Hijo de Dios ha bajado a la tierra para llamar a la vida al hombre que se había precipitado en la muerte, y lo hace por la más espantosa inversión. El hombre, en pago de tal beneficio, conduce a su tribunal al Verbo divino y le juzga reo de muerte. Jesús guarda silencio y no aniquila en su cólera a estos hombres tan audaces e ingratos. Repitamos en este momento las palabras, con las cuales la Liturgia Griega interrumpe hoy varias veces la lectura de la Pasión: "Gloria a tu Pasión, Señor."


ESCENA DE INSULTOS

Apenas se ha dejado oír en la plaza el grito: "Reo es de muerte", cuando los criados del Sumo Sacerdote se arrojan sobre Jesús. Le escupen en el rostro, le vendan los ojos y dándole bofetadas le dicen: "Profeta, adivina quién te ha pegado" '. Estos son los homenajes de la Sinagoga al Mesías, cuya expectación la ha vuelto tan altiva. La pluma se resiste a transcribir tales ultrajes inferidos al Hijo de Dios, y sin embargo, no son sino el exordio de lo que ha de sufrir el Redentor.


LA NEGACIÓN DE PEDRO

Al mismo tiempo una escena mucho más dolorosa para el Corazón de Cristo se realiza fuera de la sala, en el palacio del Sumo Sacerdote. Pedro, que ha entrado allí, se ve envuelto en una contienda con los guardias y los criados, que le reconocen por uno de los galileos que seguían a Jesús. El Apóstol, desconcertado y temiendo por su vida, abandona cobardemente a su Maestro y llega hasta afirmar con juramento que jamás le conoció. ¡Triste ejemplo de castigo reservado a la presunción! ¡Oh misericordia infinita de Jesús! Los criados del Sumo Sacerdote le arrastraron hacia el lugar donde se encontraba el Apóstol; al verle le dirigió una mirada de reproche y de perdón; Pedro se humilla y llora. En este momento sale del palacio maldito; en adelante, arrepentido, no se consolará hasta haber visto a su Maestro resucitado y triunfante. Sea nuestro modelo este discípulo pecador y convertido, en estas horas de compasión en que la Iglesia quiere que seamos testigos de los dolores siempre en aumento de nuestro Salvador. Pedro se retira, pues desconfía de su fragilidad. Quedémonos nosotros hasta el fin; nada tenemos que temer; la dulce y digna mirada de Jesús que ablanda los corazones más empedernidos se dirige hacia nosotros.

Boletín Dominical 5 de abril


TiEMPO PASCUAL

Día 5 de Abril, Domingo de Pascua de Resurrección

Doble de I clase con octava. Orn. Blancos

El tiempo Pascual empieza con la misa del Sábado Santo y termina ocho semanas después en la fiesta de la Santísima Trinidad. Es todo él como una fiesta ininterrumpida en la que celebramos la Resurrección del Señor, sus distintas apariciones, su Ascensión a los cielos, la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y el nacimiento de la Iglesia. Es éste tiempo de inmensa y profunda alegría espiritual, por que Cristo ha vencido a la muerte con su gloriosa resurrección, que es prenda de la nuestra.

Habiendo muerto Jesús en la cruz y resucitado en la Pascua judía, y debiendo los ritos mosaicos ceder lugar a estos santos misterios, ya que no eran más que figuras de ellos, quiso la Iglesia conservar para la Pascua el modo de contar de los judíos. El concilio de Nicea, el año 325, decretó que la Pascua se celebrase siempre el domingo siguiente al primer plenilunio de primavera, el cual oscila entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Esta oscilación en la fecha de Pascua es la que produce la movilidad de todas las fiestas y domingos pertenecientes al ciclo temporal y a todo el año eclesiástico, si se exceptúan los de Adviento y Epifanía. El Tiempo Pascual es como imagen del cielo, un anticipo de la Pascua eterna para la que fuimos creados, y por la que luchamos en esta vida

El punto culminante y más glorioso de la vida de Cristo, la prueba más irrefragable de su Divinidad y la base más inconmovible de nuestra fe es su victoria sobre la muerte, su propia Resurrección. Por eso dice San Pablo que es el fundamento de nuestra fe. “Si Cristo no ha resucitado, vana es vuestra fe”, dice en la primera carta a los Corintios. (Continúa)



(Sigue) Es la Resurrección el argumento central de la predicación de los apóstoles y el mayor milagro de Cristo. El tránsito de Cristo de la muerte a la vida y de la tierra al cielo (Pascua significa Tránsito), es la consagración de su victoria ganada contra el mundo, el demonio y la carne pecadora. Para esto se había encarnado el Hijo de Dios, para esto había sufrido muerte de cruz. De derecho también nosotros hemos resucitado con Jesús, y la virtud de Cristo va obrando en nuestras almas, y la fe en El, sentida y practicada, nos hará pasar de la muerte del pecado a la vida de la gracia, y al final de esta vida temporal nos hará pasar de la vida de la gracia a la de la gloria, tanto más esplendorosa y feliz cuanto más intensa haya sido nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad. Por eso el martirologio romano llama a este dichoso día de la Resurrección la “Solemnidad de las solemnidades y nuestra Pascua.”

“Este es el día que ha hecho el Señor, alegrémonos y regocijémonos en él”, porque formando un cuerpo místico con Cristo, hemos de estar necesariamente donde está nuestra Cabeza, y pues, Él resucitó, también nosotros, dice San Pablo, hemos de resucitar con Él. 

Creo en la resurrección de la carne y la vida perdurable. Así sea.”





jueves, 2 de abril de 2026

Dom Gueranger: Jueves Santo

    




JUEVES SANTO
DE LA CENA DEL SEÑOR

Año Litúrgico - Dom Prospero Gueranger



OFICIO DE LA NOCHE


CARÁCTER DEL OFICIO

El oficio de Maitines y Laudes de los tres últimos días de la Semana Santa difiere en muchas cosas del de los demás días del año. La Iglesia suspende las aclamaciones de alegría y esperanza con que suele comenzar la alabanza divina. Ya no se oye resonar en el templo el Domine labia mea aperies. Señor abre mi boca para que te alabe; ni Deus in adiutorium meum intende. Señor, apresúrate a socorrerme; ni Gloria Patri al fin de los salmos, de los cánticos y de los responsorios. Los oficios no conservan sino lo que les es esencial en la forma y se han suprimido todas estas aspiraciones vivas que se habían añadido al sucederse de los siglos.


EL NOMBRE

Dase vulgarmente el nombre de Tinieblas a los Maitines y Lardes de estos tres últimos días de la Semana Santa, porque se los celebra muy de mañana, antes de salir el sol.


EL CANDELABRO

Un rito imponente y misterioso, propio únicamente de estos oficios confirma también este nombre. Se coloca en el presbiterio, cerca del altar, un gran candelabro triangular sobre el cual se hallan quince velas. Estas velas, así como las seis del altar, son de cera amarilla como en el oficio de difuntos. Al fin de cada uno de los salmos o cánticos se va apagando una vela del gran candelabro; sólo queda encendida la que se halla en la extremidad del triángulo. Igualmente se apagan mientras el Benedictus las velas del altar. Entonces toma un acólito la vela que quedó encendida en el candelabro y la tiene apoyada sobre el altar mientras el coro canta la Antífona que le sigue. Luego esconde la vela (sin apagarla) detrás del altar. La mantiene así, oculta a las miradas, durante la recitación de la oración final que sigue al Benedictus. Acabada esta oración, ya no se hace como antiguamente se hacía al terminar este oficio.


EL SIMBOLISMO DE LOS RITOS

Expliquemos ahora el sentido de las diversas ceremonias. Nos hallamos en los días, en que la gloria del Hijo de Dios es eclipsada ante las ignominias de la Pasión. "Era la luz del mundo", poderoso en obras y palabras, vitoreado poco ha por las aclamaciones de la muchedumbre, pero vedle hoy despojado de toda grandeza, el hombre de dolores, un leproso, como dice Isaías. "Un gusano de la tierra y no un hombre", dice el Rey Profeta; "causa de escándalo para sus discípulos", dice el mismo Jesús. Todos le abandonan: Pedro incluso llega a negar que le ha conocido. Este abandono, esta defección casi general se halla figurada por la extinción sucesiva de las velas del candelabro triangular y de las del altar.

Sin embargo de eso, la luz desconocida de Cristo no se apaga. Se coloca un momento la candela sobre el altar. Está allí como Cristo en el Calvario donde padece y muere. Para significar la sepultura de Jesús, se coloca la candela detrás del altar; su luz no aparece más. Entonces un ruido confuso se deja oír en el santuario. Este ruido expresa las convulsiones de la naturaleza en el momento en que al expirar Jesucristo en la Cruz, tembló la tierra, se resquebrajaron las rocas y se abrieron los sepulcros. Pero de repente aparece de nuevo la candela sin haber perdido nada de su luz; el ruido cesa y todos adoran al glorioso vencedor de la muerte.


LAS LAMENTACIONES DE JEREMÍAS SOBRE JERUSALÉN

Todas las lecciones del primer nocturno de estos tres días están sacadas de las Lamentaciones de Jeremías. En ellas se nos manifiesta el espectáculo desolador, que ofrece la ciudad de Jerusalén, cuando sus habitantes fueron conducidos cautivos a Babilonia, en castigo de su idolatría. La cólera de Dios se manifiesta en estas ruinas, que Jeremías deplora con palabras tan verdaderas y terribles. Con todo eso este desastre no es sino figura de otro más espantoso. Jerusalén tomada y asolada por los Asirlos guarda por lo menos el nombre; y el Profeta, que se lamenta ante sus muros anuncia que esta desolación no durará más de setenta años, pero en su segunda ruina, la ciudad infiel pierde hasta su nombre. Reconstruida por sus vencedores, lleva durante más de dos siglos el nombre de Aelia Capitalina; y si con la paz de la Iglesia, se la llamó otra vez Jerusalén, esto no era un homenaje a Judá, sino un recuerdo del Dios del Evangelio que Judá había crucificado en esta ciudad. Ni la piedad de Santa Elena y de Constantino, ni los valientes esfuerzos de los cruzados, no han podido conservar en Jerusalén de un modo permanente ni la sombra de una ciudad secundaria. Su suerte es la de permanecer esclava y esclava de los infieles hasta el fin del mundo. En estos días precisamente se atrajo sobre sí la maldición: he aquí por qué la Iglesia, para hacernos comprender la grandeza del crimen cometido, hace resonar en nuestros oídos los llantos del Profeta que es el único que pudo igualar con sus lamentaciones a los dolores. Esta emocionante elegía se canta de un modo muy simple que se remonta a una gran antigüedad. Los nombres de las letras del alfabeto hebreo, que dividen cada una de las estrofas, indican la forma acróstica que contiene este poema en el original. Se cantan estas lamentaciones porque los mismos judíos las cantaban.


OFICIO DE LA MAÑANA


LA PREPARACIÓN DE LA PASCUA

Este día es el primero de los ácimos. A la puesta del sol los judíos tienen que comer la Pascua en Jerusalén. Jesús aun está en Betania, pero entrará en la ciudad antes de comenzar la cena pascual; así lo manda la Ley; y Jesús quiere observarla escrupulosamente hasta que la abrogue con la efusión de su sangre. Por lo cual envía a Jerusalén a dos de sus discípulos para que preparen el convite legal, sin darles a conocer de qué modo concluirá. Nosotros que conocemos ya este misterio cuya institución se remonta a esta última j cena, comprendemos bien por qué escogió Jesús con preferencia, en esta ocasión, a Pedro y Juan para que cumpliesen sus intenciones. Pedro aquel fué el primero en confesar la divinidad de Cristo, representa la fe; y Juan que inclinó su cabeza sobre el pecho de Jesús, representa el amor. ¡ El misterio que se va a promulgar en la cena de; esta tarde, se revela el amor por la fe; tal es la; enseñanza que nos da Jesucristo al escoger a es tos dos apóstoles; pero éstos no podían penetrar j las intenciones del corazón de su divino Maestro.