domingo, 1 de noviembre de 2026

Sermón Fiesta de Todos los Santos

Sermón

S. E. R. Julián Espina Leupold


 

Sermón

S. E. R. Julián Espina Leupold


Lección

En aquellos días he aquí que yo, Juan, vi subir del nacimiento del sol a otro Ángel, que tenía el sello del Dios vivo: y clamó con gran voz a los cuatro Ángeles a quienes se había ordenado dañar a la tierra y al mar, diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que señalemos a los siervos de Dios en sus frentes. Y oí el número de los señalados: ciento cuarenta y cuatro mil señalados de todas las tribus de los hijos de Israel. De la tribu de Judá, doce mil señalados. De la tribu de Rubén, doce mil señalados. De la tribu de Gad, doce mil señalados, De la tribu de Aser, doce mil señalados. De la tribu Neftalí, doce mil señalados. De la tribu de Manasés, doce mil señalados. De la tribu de Simeón, doce mil señalados, De la tribu de Leví, doce mil señalados. De la tribu de Isacar, doce mil señalados. De la tribu de Zabulón, doce mil señalados. De la tribu de José, doce mil señalados. De la tribu de Benjamín, doce mil señalados. Después de éstos, vi una gran muchedumbre, que nadie podía contar, de todas las gentes y tribus y pueblos y lenguas, que estaban ante el trono y en presencia del Cordero, vestidos con blancas ropas, y con palmas en sus manos: y clamaban con gran voz, diciendo: Salud a nuestro Dios, que se sienta sobre el trono, y al Cordero. Y todos los Ángeles estaban en torno del trono y de los ancianos y de los cuatro animales: y cayeron delante del trono sobre sus rostros, y adoraron a Dios, diciendo: Amén. Bendición y claridad y sabiduría y acción de gracias y poder y fortaleza a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Apocalipsis de San Juan VII, 2-12


Evangelio

En aquel tiempo, viendo Jesús a las turbas, subió a un monte y, habiéndose sentado, se acercaron a El sus discípulos, y, abriendo su boca, les enseñó, diciendo: Bienaventurados los pobres de espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los mansos: porque ellos poseerán la tierra. Bienaventurados los que lloran: porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que han hambre y sed de justicia: porque ellos serán hartos. Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón: porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacíficos: porque serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia: porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados seréis vosotros, cuando os maldijeren, y os persiguieren, y dijeren contra vosotros todo mal, mintiendo, por mí: alegraos y gozaos, porque vuestra recompensa será muy grande en los cielos.

 San Mateo V, 1-12


sábado, 31 de octubre de 2026

Dom Gueranger: Fiesta de Todos los Santos

   





FIESTA DE TODOS LOS SANTOS

Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger



LA FIESTA DE LA IGLESIA TRIUNFANTE. — Vi una gran muchedumbre, que nadie podía contar, de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban de pie delante del trono y del Cordero, vestidos de túnicas blancas y con palmas en sus manos y clamaban con voz poderosa: ¡Salud a nuestro Dios!.

Ha pasado el tiempo; es todo el linaje humano ya redimido el que se presenta ante los ojos del profeta de Patmos. La vida militante y miserable de este mundo tendrá su fin un día. Nuestra raza tanto tiempo perdida reforzará los coros de los espíritus puros que disminuyó antaño la rebelión de Satanás; los ángeles fieles, uniéndose al agradecimiento de los rescatados por el Cordero, exclamarán con nosotros: La acción de gracias, el honor, el poderlo y la fuerza a nuestro Dios por los siglos de los siglos.

Y esto será el fin, como dice el Apóstol: el fin de la muerte y del sufrimiento; el fin de la historia y de sus revoluciones, que en lo sucesivo comprenderemos. El antiguo enemigo, arrojado al abismo con sus partidarios, sólo existirá para ser testigo de su eterna derrota. El Hijo del Hombre, libertador del mundo, habrá entregado el mando a Dios, su Padre, término supremo de toda la creación y de toda redención: Dios será todo en todas las cosas.

Mucho antes que San Juan, cantaba Isaías: He visto al Señor sentado sobre un trono elevado y sublime; las franjas de su vestido llenaban el templo y los Serafines clamaban uno a otro: Santo, Santo, Santo el Señor de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria.

Las franjas del vestido divino significan aquí los elegidos, convertidos en ornamento del Verbo, esplendor del Padre, pues, siendo cabeza de todo el género humano desde el momento en que se desposó con nuestra naturaleza, esta esposa es su gloria, como El es la de Dios. Las virtudes de los santos son el único adorno de nuestra naturaleza; ornato maravilloso que, cuando reciba la última mano, será indicio de que llega el fin de los siglos. Esta fiesta es el anuncio más apremiante de las bodas de la eternidad; cada año celebramos en ella el progreso que en sus preparativos hace la esposa.

CONFIANZA. — ¡Dichosos los invitados a las bodas del Cordero! Y ¡felices también nosotros, que recibimos en el bautismo la veste nupcial de la santa caridad como un título para el banquete de los cielos! Preparémonos, con nuestra Madre la Iglesia, al destino inefable que nos reserva el amor. A este fin tienden nuestros afanes de este mundo: trabajos, luchas, padecimientos sufridos por amor de Dios realzan con franjas inestimables el vestido de la gracia que hace a los elegidos. ¡Bienaventurados los que lloran!

Lloraban aquellos a quienes el salmista nos presenta abriendo antes que nosotros el surco de su carrera mortal; su alegría triunfante llega ahora hasta nosotros, lanzando como un rayo de gloria anticipada sobre este valle de lágrimas. Sin esperar a la muerte, la solemnidad que hemos comenzado nos da entrada por medio de una santa esperanza en la mansión de la luz, a donde siguieron a Jesús nuestros padres. ¡Qué pruebas no nos parecerán livianas ante el espectáculo de la eterna felicidad en que terminan las espinas de un día! Lágrimas derramadas sobre los sepulcros recién abiertos, ¿cómo es posible que la felicidad de los seres queridos que desaparecieron no mezcle con vuestra tristeza un placer celestial? Escuchemos los cantos de liberación de aquellos cuya separación momentánea nos hace llorar; pequeños o grandes ésta es su fiesta, como pronto lo será nuestra. En esta estación en que abundan las escarchas y las noches son más largas, la naturaleza, deshaciéndose de sus últimas galas, se diría que prepara al mundo para su éxodo hacia la patria eterna.

Cantemos, pues, nosotros también con el salmo: "Me he alegrado de lo que se me ha dicho: iremos a la casa del Señor. Nuestro pies sólo pisan aún en tus atrios, pero vemos que no cesas en tu crecimiento, Jerusalén, ciudad de paz, que te edificas en la concordia y en el amor. La subida hacia ti de las tribus santas se continúa en la alabanza; los tronos tuyos que aún están vacíos, se llenan. Sean todos los bienes, oh Jerusalén, para los que te aman; el poder y la abundancia reinen en tu afortunado recinto. A causa de mis amigos y de mis hermanos que ya son habitantes tuyos, puse en ti mis complacencias; por el Señor nuestro Dios, cuya mansión eres, coloqué en ti todo mi deseo".

HISTORIA DE LA FIESTA. — En Oriente encontramos los primeros vestigios de una fiesta en honor de los Mártires. San Juan Crisóstomo pronunció una homilía en honra suya en el siglo IV y, en el anterior, celebraba San Gregorio Niceno solemnidades junto a sus sepulcros. En 411, el calendario siríaco nos señala la Conmemoración de los Confesores el sexto día de la semana de Pascua, y en 359, el 13 de mayo, en Edesa, se hace "memoria de los mártires de todo el mundo".

viernes, 30 de octubre de 2026

Boletín Dominical 1 de noviembre


Día 1 de noviembre, Fiesta de Todos los Santos.

Doble de I clase. Conm. Dom. XXIII de Pentecostés. Orn. Blancos.

La Iglesia nos manda echar en este día una mirada al cielo, que es nuestra futura patria, para ver allí, con S. Juan, a esa turba magna, a esa muchedumbre incontable de Santos, figurada en esas series de 12.000 inscritos en el libro de la vida, con lo cual se indica un número incalculable y perfecto, y procedentes de Israel y de toda nación, pueblo y lengua, los cuales, revestidos de blancas túnicas y con palma en mano, alaban sin cesar al Cordero sin mancilla (Ep.). Cristo, la Virgen, las bienaventuradas falanges distribuidas en nueve coros, los Apóstoles y Profetas, los Mártires con su propia sangre purpurados, los Confesores, radiantes con sus blancos vestidos y los castos coros de Vírgenes forman ese majestuoso cortejo (Himno de Visp.), integrado por todos cuantos acá en la tierra se desasieron de los bienes caducos y fueron mansos, mortificados, justicieros, misericordiosos, puros, pacíficos y perseguidos por Cristo (Ev.). Entre esos millones de Justos, a quienes hoy honramos y que fueron sencillos fieles de Jesús en la tierra, están muchos de los nuestros, parientes, amigos, miembros de nuestra familia parroquial, a los cuales van hoy dirigidos nuestros cultos. Ellos adoran ya al Rey de reyes y Corona de todos los Santos (Invit.), y seguramente nos alcanzarán abundantes misericordias de lo alto (Or.).

Esta fiesta común ha de ser también la nuestra algún día ya que, por desgracia, son muy contados los que tienen grandes ambiciones de ser santos y de amontonar muchos tesoros en el cielo. Alegrémonos, pues, en el Señor (Int.),  y al considerarnos todavía bogando en el mar revuelto, tendamos los brazos, llamemos a voces a los que vemos gozar ya de la tranquilidad del puerto, sin exposición a mareos ni a tempestades. Ellos sabrán compadecerse de nosotros, habiendo pasado por harto más recias luchas y penalidades que las nuestras. Necios, muy necios seríamos, si pretendiésemos subir al cielo por otro camino que el que nos dejó allanado Cristo Jesús y sus Santos.





Domingo XXIII después de Pentecostés.

“Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado.” Con estas hermosas palabras alentó Jesús el ánimo de una pobre enferma que, llena de vergüenza y sobreponiéndose a ella, se acercó a tocar el ruedo de la túnica de Jesús con confianza y esperanza cierta de sanar a su contacto. Y Jesús hizo un milagro y la sanó…

Otro milagro narra hoy el Evangelio: la resurrección de la hija de Jairo, de unos doce años. Este pobre padre, atribulado y angustiado, acude a Jesús, y el bondadoso Maestro, que impera al viento y al mar, a las enfermedades y a los demonios, se rinde como impotente ante las lágrimas de un padre.

Debemos llenarnos de grande confianza en el Señor y fomentarla en nuestro corazón, pues ella robustece el ánimo, enriquece de gracia y dilata el corazón con la esperanza.

Esta confianza en Dios no es vana, porque supone la desconfianza propia, se funda en la humildad, en nuestra pequeñez, y se apoya en la misericordia, bondad y omnipotencia divina, no en nuestros méritos. Por eso crece en los trabajos y adversidades, y cuanto menos remedio hay en lo humano, más se espera en los divinos, tal ha sido la disposición interior de los santos.



domingo, 25 de octubre de 2026

Sermón Fiesta de Cristo Rey

Sermón

S. E. R. Pío Espina Leupold



  

 Sermón

S. E. R. Julián Espina Leupold


Fórmula de Consagración que compuso León XIII, 
cuya recitación pública está prescrita por Pío XI para todos los años en esta fiesta.


Lección

Hermanos: Damos gracias a Dios Padre, que nos hizo dignos de participar de la suerte de los Santos en la luz, que nos arrancó de la potestad de las tinieblas y nos trasladó al reino del Hijo de su amor, en el cual tenemos la redención por su sangre, el perdón de los pecados. El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda criatura: porque en El fueron creadas todas las cosas del cielo y de la tierra, las visibles y las invisibles, sean los Tronos, sean las Dominaciones, sean los Principados, sean las Potestades: todo fué creado por El y en El, y El es antes que todo, y todo existe en El. Y El es la cabeza del cuerpo de la Iglesia, el principio, el primogénito de los muertos, para que sea quien tenga el principado en todo: porque plúgole al Padre hacer que habitara en El toda la plenitud, y conciliarlo todo en El, pacificando por la sangre de su cruz tanto lo que hay en la tierra como lo que hay en el cielo, en Jesucristo, nuestro Señor.

Col., I, 12-20



Evangelio

En aquel tiempo dijo Pilatos a Jesús: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondió Jesús: ¿Dices esto por ti mismo, o te lo dijeron de mí otros? Respondió Pilatos: ¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los pontífices te han entregado a mí: ¿qué has hecho? Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuese de este mundo, lucharían ciertamente mis ministros, para que no fuera entregado a los judíos: pero ahora mi reino no es de aquí. Dijóle entonces Pilatos: ¿Luego tú eres Rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy Rey. Yo para esto nací y para esto vine al mundo: Para dar testimonio de la verdad: todo el que es de la verdad oye mi voz.

Juan VIII, 33-37

sábado, 24 de octubre de 2026

Dom Gueranger: Fiesta de Cristo Rey

      





FIESTA DE CRISTO REY

(El último domingo de octubre)

Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger



DOS FIESTAS DEL REINADO DE CRISTO

Al principio del Año litúrgico encontramos ya una fiesta del reinado de Cristo: la Epifanía. Jesús acababa de nacer y se manifestaba a los reyes de Oriente y al pueblo de Israel como "el Señor que tiene en su mano el reino, el poder y el imperio". Acogimos a este "Salvador, que venía a reinar sobre nosotros", y con los Magos le ofrecimos nuestros presentes, nuestra fe y nuestro amor.

Y ¿por qué quiere la Iglesia que, al fin del año, celebremos una nueva fiesta del reinado de Cristo, de su reinado social y universal?

No padecimos engaño en tiempo de la Epifanía sobre la naturaleza de este reinado, como tampoco lo padecimos sobre la dignidad de Dios que poseía el Niño recién nacido. Pero tal vez nos dejamos fascinar por aquella estrella que, al brillar en el cielo de Belén, nos alumbraba con la luz de la fe y nos hacía esperar mayores claridades para la eternidad. Entonces cantamos el acercamiento de la gentilidad a la fe en la persona de los Magos que vinieron allá del Oriente a adorar al Rey de los Judíos.


EL LAICISMO

La Iglesia quiere que pensemos hoy en las consecuencias de este llamamiento Universal a la fe de Cristo. Las naciones, en conjunto, se han convertido al Señor, que las trajo, con los acontecimientos sobrenaturales, los beneficios de una civilización completamente desconocida del mundo antiguo. Pero, desgraciadamente, hace ya dos siglos que un error sumamente pernicioso destroza a todas las naciones, a Francia particularmente: el laicismo. Consiste éste en la negación de los derechos de Dios y de Nuestro Señor Jesucristo sobre toda la sociedad humana, tanto en la vida privada y familiar, como en la vida social y política. Los propagadores de esta herejía han repetido el grito de ios Judíos deicidas: No queremos que reine sobre nosotros. Y con toda la habilidad, tenacidad y audacia de los hijos de las tinieblas, se han esforzado por echar a Cristo de todas partes. Han declarado inmoral a la vida religiosa y expulsado a los religiosos; han intentado imponer a la Iglesia, aunque inútilmente, una constitución cismática; han decretado la separación de la Iglesia y del Estado y han negado a la sociedad civil la obligación de ayudar a los hombres a conquistar los bienes eternos; han introducido el desorden en la familia con la ley del divorcio, han suprimido los crucifijos en los tribunales, hospitales y escuelas. Y, finalmente, han declarado intangibles sus leyes y han hecho del Estado un Dios.

viernes, 23 de octubre de 2026

Boletín Dominical 25 de octubre


Día 25 de Octubre, Fiesta de Cristo Rey

Doble de I clase. Conm. Dom. XXII de Pentecostés. Orn. Blancos.

“Todos debemos reconocer que es preciso reivindicar para Cristo-Hombre, en el verdadero sentido de la palabra, el nombre y los poderes de rey. Por que solamente en cuanto hombre se puede decir que ha recibido de Dios Padre la potestad, y el honor y el reino, porque como Verbo de Dios, siendo de la misma sustancia del Padre, forzosamente debe tener común con Él lo que es propio de la Divinidad; y por tanto, tiene sobre todas las cosas creadas sumo y absolutísimo imperio. Gravemente erraría el que arrebatase a Cristo-Hombre el poder sobre las cosas temporales, ya que Él ha recibido de Dios Padre un derecho absoluto sobre toda la creación. Sin embargo, mientras vivió sobre la tierra se abstuvo de ejercitar tal poder temporal, pues no quiere arrebatar los reinos mortales el que da los celestiales. Por consiguiente, el imperio de Cristo, como dice el inmortal León XIII, se extiende no solamente sobre los pueblos católicos y aquellos que, regenerados por el bautismo, pertenecen en rigor y por derecho a la Iglesia, aunque erradas opiniones los tengan alejados de ella, sino que abraza también a todos los que están privados de la fe cristiana; de modo que todo el genero humano está bajo la potestad de Jesucristo. Ni hay diferencia entre los individuos y la sociedad civil, porque los individuos, unidos en sociedad para el bien común, no por eso están menos sujetos bajo la potestad de Cristo que lo está cada uno de ellos separadamente. 

“No rehúsen, pues, los jefes de las naciones el prestar público testimonio de reverencia al suave imperio de Cristo juntamente con sus pueblos si quieren, con la integridad de su poder, el incremento y el progreso de la patria.

“Desgraciadamente, alejado de hecho Jesucristo de las leyes y del gobierno de la cosa pública, la autoridad aparece como derivada, no de Dios, sino de los hombres; de modo que hasta el fundamento de ella vacila; quitada la causa primera, no hay razón para que uno deba mandar y otro obedecer, de donde se sigue una general perturbación de la sociedad, que ya no se apoya sobre sus fundamentos naturales. (Continúa).




(Sigue) En cambio, si los hombres en privado y en público reconocen la soberana potestad de Cristo, vendrán a los pueblos los beneficios de una justa libertad, tranquila disciplina y apacible concordia. La dignidad real de nuestro Señor, así como hace en cierto modo sagrada la autoridad humana de los príncipes y de los jefes de Estado, así ennoblece los deberes de los ciudadanos y su obediencia.

“La peste de nuestra edad es el llamado laicismo, con sus errores y sus impíos incentivos. Se comenzó por negar el imperio de Cristo sobre las gentes; se negó a la Iglesia sus derechos que se derivan de los derechos de Cristo. Poco a poco la religión católica fue igualada por los Estados con las otras religiones falsas e indecorosamente rebajada al nivel de éstas. Y no faltan Estados que quieren pasarse sin Dios, y ponen su religión en la irreligión y en el desprecio de Dios mismo. En verdad, cuanto más se pasa en vergonzoso silencio el nombre de nuestro Redentor, así en las reuniones internacionales como en los parlamentos, tanto es más necesario aclamarlo públicamente anunciando por todas partes los derechos de su real dignidad y potestad.” (De la Encíclica Quas primas de Su Santidad Pio XI)

Es, pues, necesario, si no quieren perecer, que reconozcan por rey a Jesucristo, se postren ante Él y cumplan su santa Ley, sometiéndose al imperio de la verdad, de la justicia, de la moral y del derecho, tanto los individuos como las naciones, los gobiernos, los parlamentos, los tribunales, las universidades, las escuelas, la prensa, el teatro, la literatura, la banca, la industria, el comercio, y toda la vida familiar, política y económica; nada puede sustraerse al imperio de Jesucristo, sin el cual no hay salvación, ni paz ni bienestar.               




domingo, 18 de octubre de 2026

Sermón San Lucas, Evangelista

Sermón

S. E. R. Pío Espina Leupold


 

Sermón

S. E. R. Julián Espina Leupold


Lección

Hermanos: Gracias doy a Dios, que ha inspirado en el corazón de Tito este mismo celo mío por vosotros. Pues no solamente se ha movido por mis ruegos, sino que, habiéndose movido aun por su amor a vosotros, partió espontáneamente para ir a veros. Os hemos también enviado con él al hermano nuestro (Lucas), alabado en todas las Iglesias por la predicación del Evangelio, el cual, además, ha sido escogido por las Iglesias para compañero de nuestros viajes, y para compartir nuestra solicitud en procurar este socorro a nuestros hermanos (de Palestina) por la gloria del Señor, y para mostrar nuestra pronta voluntad. Con lo que procuramos evitar que ninguno nos pueda vituperar con motivo de la administración de estas limosnas. Pues procuramos portarnos bien no sólo ante Dios, sino también ante los hombres. Enviamos asimismo con éstos a otro hermano nuestro, cuyo ardiente celo hemos podido comprobar en muchas ocasiones, y ahora lo está mostrando aún más; y tengo gran confianza de que le recibiréis bien, lo mismo que a Tito, mi socio y auxiliar entre vosotros, y a los demás hermanos que le acompañan, y son los Apóstoles de las Iglesias, la gloria de Cristo. Dadles, pues, pruebas de razón que tenemos de estar vista de las Iglesias.

II Corintios VIII, 16-24 



Evangelio
En aquel tiempo, designó también el Señor a otros 72 (discípulos) y envióles dos por dos delante de sí a toda ciudad o lugar donde Él había de venir. Y les decía: ¡La mies es mucha, pero los obreros pocos! Rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a la mies suya. Id; mirad que os envío como a corderos entre lobos. No llevéis saco, ni alforja, ni calzados, ni a nadie saludéis en el camino. En la casa en que entrareis, decid primero: «Paz a esta casa»; y si allí hubiere alguien digno de la paz, reposará sobre él la paz vuestra; si no, a vosotros se tornará. Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que allí os dieren, porque acreedor es el obrero a su paga. No paséis fácilmente de casa en casa, y en cualquier ciudad en que entrareis y os recibieren, comed lo que os pusieren, y curad los enfermos que en ella hubiere y decidles: «Está cerca de vosotros el reino de Dios.

 S. Lucas X, 1-9