domingo, 26 de julio de 2026

Sermón Santa Ana, Madre de la Santísima Virgen María



Sermón

S. E. R. Pío Espina Leupold


Sermón

R. P. Lucio César Simbrón


Lección

Quién hallará una mujer fuerte? De mayor estima es que todas las preciosidades traídas de lejos, y de los últimos confines. En ella confía el corazón de su marido; el cual no tendrá necesidad de botín para vivir. Ella le acarreará el bien y no el mal todos los días de su vida. Busca lana y lino, de que hace labores con la habilidad de sus manos. Es como nave de un comerciante, que trae de lejos el sustento. Se levanta antes que amanezca, y distribuye las raciones a sus siervos, y el alimento a sus criadas. Puso la mira en unas tierras, y las compró; de lo que ganó con sus manos plantó una viña. Revistióse de fortaleza, y esforzó su brazo. Probó y echó de ver que su trabajo le fructifica; por tanto no se apagará su luz en la noche. Aplica sus manos a las labores domésticas, aunque fatigosas, y sus dedos manejan el huso. Abre su mano para socorrer al mendigo, y tiende sus brazos al necesitado. No temerá para su casa los fríos ni las nieves, porque todos sus domésticos traen vestidos forrados. Se labró ella misma para sí un vestido acolchado; lino y púrpura es su vestido. Su esposo hará un papel brillante en las asambleas públicas, sentado entre los senadores del país. Ella teje finísimas telas, y las vende, y entrega ricos ceñidores a los negociantes cananeos. La fortaleza y el decoro son sus atavíos; y estará alegre y risueña en el último día. Abre su boca con sabios discursos, y la ley de la bondad gobierna su lengua. Vela sobre la conducta de su familia, y no come ociosa el pan. Levantáronse sus hijos y aclamáronla dichosísima; su marido también la alabó, diciendo: Muchas mujeres han allegado riquezas, pero tú has aventajado a todas. Engañosa es la gracia y vana la hermosura; la mujer que teme al Señor, ésa será la celebrada. Dadle el fruto de sus manos, y celébrense sus obras en las puertas de la ciudad.  
Proverbios XXXI, 10-31


Evangelio

En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Semejante es el reino de los cielos a un tesoro escondido en el campo, que si lo halla un hombre, lo esconde y gozoso del hallazgo, va y vende todo cuanto tiene y compra aquel campo. El reino de los cielos es asimismo semejante a un mercader, que trata en perlas finas; y viniéndole a la mano una de gran valor, va y vende cuanto tiene, y la compra. - También es semejante el reino de los cielos a una red que, echada en el mar, recoge todo género de peces; la cual, en estando llena, sácanla los pescadores, y sentados en la orilla, van escogiendo los buenos y los echan a sus cestos, y arrojan los de mala calidad. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los Ángeles y separarán a los malos de entre los justos, y los echarán en el horno del fuego; allí será el llanto y crujir de dientes. ¿Habéis entendido bien todo esto? Sí, Señor, le respondieron. Y añadió: Por eso todo doctor bien instruído en lo que mira al reino de los cielos, es semejante a un padre de familias, que saca de su repuesto cosas nuevas y antiguas. 

San Mateo XIII, 44-52

 

sábado, 25 de julio de 2026

Dom Gueranger Santa Ana, Madre de la Santísima Virgen María



SANTA ANA, MADRE DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger


LA ABUELA DE JESÚS

Uniendo Ana a la sangre de reyes la de Pontífices, aparece más gloriosa todavía por su incomparable descendencia. Más noble que todas las que han concebido en virtud del "creced y multiplicaos'" termina en ella la ley de la generación de toda carne como llegada a su límite, como ante el vestíbulo de Dios. Es el propio Dios quien debe nacer del fruto de su descendencia, hijo, acá abajo, únicamente de la Virgen bendita y nieto al mismo tiempo de Ana y Joaquín.

Antes de haber sido favorecidos con la más alta bendición que unión humana haya podido recibir, los dos santos abuelos del Verbo encarnado conocieron el dolor que purifica al alma. Tradiciones que se remontan a los orígenes del cristianismo, aunque están mezcladas de detalles de escaso valor, nos muestran a los ilustres esposos sumidos en la prueba de una prolongada esterilidad, expuestos por causa de la misma al desdén del pueblo, a Joaquín, rechazado del templo, ocultando su tristeza en el desierto, y a Ana, solitaria, llorando su viudez y su humillación. ¡Qué sentimientos tan exquisitos los de este relato, comparables a los más hermosos que nos han legado los Sagrados Libros!

"Cierto día en que se celebraba una gran solemnidad del Señor, Ana, a pesar de su profunda tristeza, despojóse de su vestido de duelo, adornó su cabeza, y se engalanó con sus vestiduras nupciales. Hacia la hora Nona descendió al jardín para pasearse en él. Como viese un laurel, sentóse a su sombra y elevó su plegaria en presencia del Señor Dios, diciéndole: ¡Dios de mis padres, bendíceme y escucha mis súplicas de la misma manera que bendijiste a Sara dándole un hijo!

"Y elevando sus ojos al cielo vio sobre las ramas del laurel un nido de pajarillos. Entonces exclamó gimiendo: ¡Ay de mí, desgraciada! ¿Qué seno me ha llevado para ser de esta manera maldición de Israel?

"¿Con quién me compararé? No puedo hacerlo con los paj arillos del cielo porque ellos han sido bendecidos por ti, Señor.

"¿Con quién me compararé? Tampoco puedo compararme con los animales de la tierra porque también ellos son fecundos ante ti, Señor.

"¿Con quién me compararé? No puedo compararme con las aguas porque ellas de ninguna manera son estériles, como yo, en tu presencia, Señor, pues los ríos y los océanos abundantes de peces, te alaban con su oleaje y con su curso apacible.

"¿Con quién me compararé? Ni siquiera puedo compararme a la tierra misma porque también ella produce sus frutos a su debido tiempo bendiciéndote de esta manera, ¡oh, Señor!".


NACIMIENTO DE NUESTRA SEÑORA

"En esto, apareciéndosele un ángel del Señor la dijo: Ana, Dios ha escuchado tu oración; concebirás y darás a luz, y tu fruto será celebrado en toda la tierra habitada.

"Llegado que hubo el tiempo del alumbramiento Ana tuvo una hija y exclamó: Mi alma ha sido ensalzada en esta hora. Y púsole por nombre a la niña, María. Y cuando estaba dándole el pecho entonó este cántico al Señor. 

"Cantaré las alabanzas del Señor mi Dios, porque me ha visitado, ha quitado mi oprobio dándome un fruto Santo. ¿Quién anunciará a los hijos de Rubén que Ana ha dejado de ser estéril. Escuchad, atended vosotras, las doce tribus: ¡Ana está criando!".

La fiesta de Joaquín, que la Iglesia ha colocado en el segundo día en la Octava de la Asunción de su bienaventurada hija, nos dará ocasión para acabar la delicada exposición de las pruebas y alegrías que él también compartió. Avisado sobrenaturalmente por el cielo para que abandonase el desierto, encontró a su esposa bajo la puerta Dorada que da acceso al templo por la parte de Oriente. No lejos de allí, junto a la piscina Probática, donde los corderos destinados al sacrificio lavaban sus blancos vellones antes de ser ofrecidos al Señor, se levanta en nuestros días la basílica restaurada de Santa Ana, llamada primitivamente Santa María de la Natividad. Allí, en la quietud del paraíso fue donde germinó, sobre la raíz de Jesé, aquel tallo bendito saludado por el Profeta y portador de la flor divina abierta en el seno del Padre antes que comenzasen a existir los siglos. Séforis, ciudad de Ana, y Nazaret, lugar donde vivió María, disputan, es cierto, a la ciudad santa el honor que reclaman en su favor antiguas y constantes tradiciones. Mas nuestros homenajes, ciertamente, no serán perdidos al dirigirlos en este día a la bienaventurada Ana, verdadero campo incontestable de prodigios cuyo recuerdo renueva la alegría de los cielos, el furor de Satanás y el triunfo del mundo.


ANA, SANTUARIO DE LA INMACULADA

Aureolada con la incomparable paz que la circunda, saludemos en ella también la tierra victoriosa que eclipsa los campos de batalla más famosos. Verdadero santuario de la Inmaculada Concepción, en él fue reanudada por nuestra humillada raza la gran batalla2 iniciada junto al trono de Dios por las escuadras celestiales. Allí, el infernal dragón arrojado de los cielos vio aplastada su cabeza, y Miguel, sobrepujado en gloria, pone gustoso el mando de los ejércitos del Señor en manos de la que desde el principio de su existencia, se declaraba amable Soberana.

viernes, 24 de julio de 2026

Boletín Dominical 26 de julio


Día 26 de Julio, Santa Ana, Madre de la Santísima Virgen María,

Conm, Domingo IX de Pentecostés.
Doble de II Clase.

Fue entre todas las mujeres elegida para ser madre de la que había de ser Madre de Dios; la Bienaventurada Virgen Maria, concebida sin mancha de pecado original. Se desposó con Joaquín, que vivía en Nazareth y era de la real casa de David, con cuyo enlace se unió la familia sacerdotal con la real. Esta santa nos dejó un modelo perfecto de la vida interior, y un compendio de las más raras virtudes. Mostremos cariño y devoción a Santa Ana, madre de la Virgen y abuela de Jesús, seguros de que será ello muy grato a Dios.




Domingo IX después de Pentecostés

La liturgia del Domingo de hoy anuncia los castigos terribles reservados a los que hayan renegado de Cristo. Todos ellos perecerán y serán excluidos del reino celestial.

Jerusalén rechazó a Jesús y lo clavó e la cruz; y aquel mismo pueblo testigo de su vida, de su doctrina, de sus milagros y. aún hacía poco de la estupenda resurrección de Lázaro después de estar enterrado hacía tres días, y que el Domingo aclama triunfalmente a Jesús, ese mismo pueblo seis días después grita y pide que le crucifiquen, sabiéndole Santo, Justo y bienhechor del pueblo, enviado de Dios. 

Por eso Cristo no tuvo reparos en derramar lágrimas tan amargas a la vista de la desventurada Jerusalén, aunque en vano, porque no se convirtió; por eso predice para ella terribles castigos, pues veía en espíritu donde la llevaban sus conductores. Más de un millón de judíos pereció el año 70 en el asedio y saqueo de Jerusalén por Tito, y todo por no haber admitido a Cristo.

Habla también el Evangelio de hoy de la indignación de Jesús contra los que profanaban el Templo con sus mercancías y sus robos; como se indignaría hoy ante la falta de respeto y decoro con que algunas personas concurren a él.

“23.000 hebreos perecieron en un mismo día a causa de su impureza, y muchos por murmurar fueron muertos por el Ángel exterminador” (Epístola). Todo esto, dice S. Pablo, estaba escrito para nuestro escarmiento. 






domingo, 19 de julio de 2026

Sermón Domingo Octavo después de Pentecostés


Sermón

R. P. Lucio César Simbrón


Sermón

S. E. R. Pío Espina Leupold


Lección

Hermanos: No somos deudores de la carne, para que vivamos según la carne. Porque, si viviereis según la carne, moriréis: mas, si mortificareis con el espíritu las obras de la carne, viviréis. Porque, todos los que son movidos por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios. Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre, para que viváis todavía en el temor, sino que recibisteis el espíritu de adopción de hijos, con el cual clamamos: ¡Abba! ¡Padre! Porque el mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Y, si somos hijos, somos también herederos: herederos ciertamente de Dios, y coherederos de Cristo.

Romanos VIII, 12-17


 Evangelio

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Había un hombre rico, que tenía un mayordomo: y éste fue acusado ante aquél de que disipaba sus bienes. Y le llamó, y le dijo: ¿Qué es lo que oigo de ti? Da razón de tu administración; porque ya no podrás administrar más. Dijo entonces para sí el mayordomo: ¿Qué haré? Porque mi amo me quita la administración. Cavar no puedo, de pedir me avergüenzo. Ya sé lo que he de hacer, para que, cuando sea privado de la administración encuentre quienes me reciban en sus casas. Llamando, pues, a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? Y él respondió: Cien barriles de aceite. Díjole: Toma tu recibo, siéntate pronto, y escribe cincuenta. Después dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Él dijo: Cien cargas de trigo. Díjole: Toma tu escritura, y pon ochenta. Y alabó el amo al mayordomo de iniquidad, porque había obrado prudentemente, porque los hijos de este mundo son más prudentes en sus negocios que los hijos de la luz. Y yo os digo: Haceos amigos de las riquezas de iniquidad, para que, cuando muráis, os reciban en las eternas moradas.

San Lucas XVI, 1-9



sábado, 18 de julio de 2026

Dom Gueranger Octavo Domingo después de Pentecostés

   



OCTAVO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger


EL OFICIO

Este Domingo era llamado en la Edad Media, el sexto y último Domingo después del natalicio de los Apóstoles, o fiesta de San Pedro, en los años en que la Pascua alcanzaba su último límite en Abril. Por el contrario, cuando la Pascua seguía inmediatamente al equinoccio de primavera, era el primero de la serie dominical llamada de ese modo.

Hemos visto que por razón de este mismo movimiento tan variable, transmitido a toda la última parte del ciclo litúrgico por la fecha de la Pascua, esta semana podía ser ya la segunda de la lectura de los libros Sapienciales, aunque con más frecuencia se deba continuar aún en ella la de los libros de los Reyes. En este último caso, lo que hoy llama la atención de la Santa Iglesia, es el antiguo templo levantado por Salomón para gloria de Dios; y. entonces los cantos de la Misa, como veremos, están en perfecta armonía con las lecturas del Oficio de la noche


MISA

El Introito recuerda la gloria del antiguo templo y del monte santo. Pero mayor aún es la majestad de la Iglesia que, en este momento, lleva el Nombre y la alabanza del Altísimo hasta los confines de la tierra, mucho mejor de lo que lo había hecho aquel templo que era su figura.


INTROITO

Hemos recibido, oh Dios tu misericordia en medio de tu templo: como tu nombre, oh Dios, así tu alabanza llega hasta el fin de la tierra, tu diestra está llena de justicia. — Salmo: Grande es el Señor, y muy laudable: en la ciudad de nuestro Dios, en su santo monte. V. Gloria al Padre.


De nosotros mismos somos incapaces, no sólo de toda obra buena, sino que ni siquiera se puede producir en nosotros un solo pensamiento del bien sobrenatural sin ayuda de la gracia. Pues bien, el medio más seguro para obtener una ayuda tan necesaria, es reconocer humildemente ante Dios, la necesidad absoluta que tenemos de Él, como lo hace la Iglesia en la Colecta.


COLECTA

Suplicámoste, Señor, nos concedas propicio el espíritu de pensar y hacer siempre lo que es recto: para que, los que no podemos existir sin ti, podamos vivir conforme a ti. Por nuestro Señor,


EPÍSTOLA

Lección de la Epístola del Ap. S. Pablo a los Romanos. (VIII, 12-17).


Hermanos: No somos deudores de la carne, para que vivamos según la carne. Porque, si viviereis según la carne, moriréis: mas, si mortificareis con el espíritu las obras de la carne, viviréis. Porque, todos los que son movidos por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios. Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre, para que viváis todavía en el temor, sino que recibisteis el espíritu de adopción de hijos, con el cual clamamos: ¡Abba! ¡Padre! Porque el mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Y, si somos hijos, somos también herederos: herederos ciertamente de Dios, y coherederos de Cristo.


PROGRAMA DE VIDA SOBRENATURAL

“Si el Espíritu de Dios es el lazo de unión con nuestro Señor Jesucristo, si es el alma de nuestra vida, el hálito y el inspirador de todas nuestras obras, de él proviene todo impulso. A despecho de esta parte de concupiscencia que el bautismo ha dejado en mis miembros para obligarme a combatir, no tengo ya más que ver con la carne y con la vida de antes. ¡No quiera Dios que vuelva hacia atrás y que, engañado por el egoísmo, me sustraiga al Espíritu de Dios para pertenecer de nuevo a las obras de muerte! No. Después de haber entrado en la intimidad de Dios, sería insensato volverme de espaldas a la Ternura, a la Belleza, a la Pureza; y, ¿por quién y por qué? En adelante, la carne nada tendrá que reclamar de mí. Viene demasiado tarde. Con el fin de vivir eternamente, reduciré de día en día y domeñaré hasta su completa eliminación, si es posible, todo lo que en mí se levanta contra la vida de Dios: Aquéllos, dice el Apóstol en una fórmula incomparable, aquéllos son verdaderos hijos de Dios; que se dejan conducir por el Espíritu de Dios. Toda la vida sobrenatural que ha comenzado por la fe y el bautismo, se reduce a la docilidad, a la flexibilidad y al abandono a las influencias del Espíritu de Dios”[1].

El Gradual parece expresar los sentimientos de los cristianos judíos, obligados a abandonar sus ciudades, y que piden a Dios que sea en adelante El mismo su protector y el lugar de su refugio. El Verso canta de nuevo la antigua grandeza del Señor en Jerusalén y en el monte en que estuvo su templo.


GRADUAL

Sé para mí un Dios protector, y un lugar de refugio, para que me salves. J. Oh Dios, en ti he esperado: Señor, no sea yo confundido eternamente.


ALELUYA

Aleluya, aleluya. V. Grande es el Señor, y muy laudable, en la ciudad de nuestro Dios, en su santo monte. Aleluya.


EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según San Lucas. (XVI, 1-9).


En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Había un hombre rico, que tenía un mayordomo: y éste fue acusado ante aquél de que disipaba sus bienes. Y le llamó, y le dijo: ¿Qué es lo que oigo de ti? Da razón de tu administración; porque ya no podrás administrar más. Dijo entonces para sí el mayordomo: ¿Qué haré? Porque mi amo me quita la administración. Cavar no puedo, de pedir me avergüenzo. Ya sé lo que he de hacer, para que, cuando sea privado de la administración encuentre quienes me reciban en sus casas. Llamando, pues, a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? Y él respondió: Cien barriles de aceite. Díjole: Toma tu recibo, siéntate pronto, y escribe cincuenta. Después dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Él dijo: Cien cargas de trigo. Díjole: Toma tu escritura, y pon ochenta. Y alabó el amo al mayordomo de iniquidad, porque había obrado prudentemente, porque los hijos de este mundo son más prudentes en sus negocios que los hijos de la luz. Y yo os digo: Haceos amigos de las riquezas de iniquidad, para que, cuando muráis, os reciban en las eternas moradas.


PARA ADQUIRIR LAS VERDADERAS RIQUEZAS

“Las diversas expresiones de la parábola que se nos ha propuesto, son fáciles de entender y encierran una doctrina profunda. El Señor quiere enseñarnos el uso que debemos hacer de las riquezas de este mundo. Cuenta lo que sucedió a un mayordomo poco escrupuloso, y luego, en los versículos 8 y 9 del Capítulo XVI de San Lucas nos da la aplicación moral: "Sucede que los hijos de este siglo —dice— son más hábiles en sus relaciones con los de su generación y con las gentes y en los negocios de este mundo, que los hijos de la luz." ¡Qué floreciente estaría, en efecto, el Reino de Dios, si los buenos fuesen tan prudentes en sus negocios espirituales y en las cosas de la vida futura, como los mundanos en sus intereses perecederos! Si el amo de casa, aunque lesionado en sus intereses, alabó la sagacidad de su mayordomo ¿cómo no va a aplaudir Dios, que no puede perder nada, la prudencia sobrenatural de los suyos? En estos bienes terrenos de que acaba de hablar, tienen especialmente el material de una industria para la eternidad. A los que debéis estar bien enterados, a los que sois hijos, no de este mundo tenebroso, sino de la luz, mirad lo que os digo, prosigue el Señor: imitad en una cosa al mayordomo infiel. Con esos tesoros injustos, con esa riqueza con que el intendente y tantos otros como él, pisotean la equidad, vosotros podéis granjearos amigos; cuando la riqueza material se os quite con la vida, os acogerán, no en sus moradas terrenas, sino en los eternos tabernáculos. La oración del pobre, en efecto, pone en movimiento la mano del que gobierna el mundo”[2].


APLICACIÓN A LOS JUDÍOS

Tal es el sentido obvio y directo de la parábola que se nos ha propuesto. Pero, si queremos comprender completamente la intención por la que eligió la Iglesia hoy este trozo del Evangelio, nos es necesario acudir a San Jerónimo, que se hace intérprete oficial de ella en la Homilía del Oficio de la Noche. Sigamos con él la lectura evangélica: El que es fiel en las cosas pequeñas, continúa el texto sagrado, lo es también en las grandes, y el que es injusto en las cosas pequeñas, también lo será en las grandes; pues si no habéis sido fieles en las riquezas inicuas y engañosas, ¿quién os confiará los bienes verdaderos?[3] Jesús hablaba de este modo —nota San Jerónimo— ante los escribas y los fariseos, que lo tomaron a chanza, viendo claramente que la parábola iba contra ellos. El infiel en las cosas pequeñas, es en efecto, el Judío celoso, que en el dominio restringido de la vida presente, niega a sus hermanos el uso de los bienes creados para todos. Pues, si en las gestiones de estas riquezas frágiles y pasajeras, dice a esos escribas avaros, sois convictos de malversación, ¿quién os va confiar las verdaderas, las eternas riquezas de la palabra divina y de enseñar a las naciones? Pregunta terrible que el Señor deja hoy suspensa sobre la cabeza de los infieles depositarios de la ley de los símbolos. Pero ¡qué horrible será la respuesta dentro de poco!

Entretanto, la humilde grey de los elegidos de Judá, dejando a estos empedernidos en la venganza a que los precipita su demencia orgullosa, prosigue su camino con la segura confianza de que guarda en su seno las promesas de Sión. La Antífona del Ofertorio canta su fe y su esperanza.


OFERTORIO

Salvarás, Señor, al pueblo humilde, y humillarás los ojos de los soberbios: porque, ¿qué Dios hay fuera de ti, Señor?


De Dios mismo es de quien hemos recibido los dones que El mismo, en su bondad, se digna aceptar de nuestras manos; como dice la Secreta, los Misterios sagrados que transforman la oblación, no nos obtienen menos, por su gracia, que la santificación de la vida presente y los goces de la eternidad.


SECRETA

Suplicámoste, Señor, aceptes los dones que te ofrecemos de tu largueza: para que estos sacrosantos Misterios, mediante la virtud de tu gracia, nos santifiquen en la presente vida y nos lleven a los sempiternos gozos. Por nuestro Señor.


La esperanza que el hombre pone en Dios no puede ser engañada; tiene como prenda la suavidad del banquete divino.


COMUNIÓN

Gustad y ved cuán suave es el Señor: feliz el varón que espera en él.


El alimento celestial tiene la virtud de renovar nuestras almas, y nuestros cuerpos; tratemos de experimentar sus efectos divinos en toda su plenitud.


POSCOMUNIÓN

Sírvanos, Señor, este celestial Misterio de reparación del alma y del cuerpo: para que sintamos el efecto de aquello cuyo culto hemos celebrado. Por nuestro Señor.



Notas

[1] Dom Delatte, Epitres de Saint Paul, I, 668.

[2] Dom Delatte: Evangelio de N.S.J.C. II, 74.

[3] San Lucas XVI, 10-11.

viernes, 17 de julio de 2026

Boletín Domincal 19 de julio


Día 19 de Julio, Domingo VIII de Pentecostés.

Doble. Ornamentos Verdes.
Conm. San Vicente de Paul, Confesor.

Rinde cuentas de tu administración”, dice al mayordomo su señor, en la parábola que nos propone Jesús.

Al fin de la vida, cuando se halle cercana la muerte y tras la muerte el juicio, habremos todos de rendir cuentas al Juez Divino que nos dirá: dame cuenta de cómo has negociado, de cómo has usado de tantos bienes como te entregué. Bienes naturales y sobrenaturales, de inteligencia y de gracia, materiales y espirituales.

En ese momento ¿nos sonrojaremos como el mayordomo infiel, o nos sentiremos tranquilos y satisfechos de nuestra vida? Inevitable es este juicio. Lo ha dicho la Verdad infalible: “Establecido está que los hombres mueran una vez e inmediatamente venga el juicio” (S. Pablo, Hebreos 9, 27). Del cual juicio no se librará nadie: “¿acaso crees, Oh hombre, ¿que podrás librarte del juicio de Dios?” (S. Pablo, Romanos, 2, 3).Y este juicio será definitivo. Ya no habrá más tiempo para volver a negociar, para corregir los yerros de la vida; se acabó la administración de los bienes que recibimos; “del lado que se caiga, en él quedará siempre” (Eclesiastés 11, 3)

Tiempo es, pues, ahora de examinar nuestra conducta, de ajustar nuestras cuentas y conformar nuestras acciones a la voluntad de Dios. Como el mayordomo, empleemos todos los bienes recibidos de Dios en hacer con ellos cosas buenas, actos de caridad, recordando que la limosna no es un simple consejo, sino un precepto, para que así ganemos amigos que en aquel momento nos defiendan: las mismas obras buenas que hablarán a nuestro favor. Conquistemos pues, el favor de los amigos del Corazón de Jesús que toma como hecho a su propia persona todo el bien que hagamos a los pobres.




Día 22 de Julio Santa María Magdalena, Penitente.

La Sagrada Liturgia, los grandes autores eclesiásticos, identifican a la pecadora que, en el banquete de Simón, el Fariseo, regó con sus lágrimas de arrepentimiento los pies de Jesús, con María, hermana de Lázaro, y con María Magdalena, la que siguió a Jesús  con las otras Santas Mujeres durante su predicación, le acompañó junto a la Cruz y fue la primera, después de la Virgen, que vio a Jesús resucitado. Magdalena amaba a Jesús con todo su corazón, los labios de Jesús habían purificado su alma con un perdón amplio y generoso y habían llevado a su corazón la paz y la tranquilidad. Desde entonces se transforma toda y vive en alta contemplación, sin más ansias que amar y sufrir por Jesús, elevándose de la sima de la miseria a la cima de la santidad.



domingo, 12 de julio de 2026

Sermón Domingo Séptimo después de Pentecostés


Sermón

S. E. R. Pío Espina Leupold


Sermón

R. P. Lucio César Simbrón


Lección 

Hermanos: Lo digo humanamente, por la flaqueza de vuestra carne: que, así como pusisteis vuestros miembros al servicio de la inmundicia y de la iniquidad, para la iniquidad, así pongáis ahora vuestros miembros al servicio de la justicia, para la santificación. Porque, cuando erais siervos del pecado, estabais libres de la justicia. Y ¿qué fruto sacasteis entonces de aquellas cosas de que ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es la muerte. Pero ahora, libertados del pecado, y hechos siervos de Dios, tenéis por fruto vuestro la santificación, y por fin la vida eterna. Porque el pago del pecado es la muerte. En cambio, la gracia de Dios es la vida eterna, en Jesucristo, nuestro Señor.

Romanos VI, 19-23


Evangelio

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero interiormente son lobos rapaces: por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen de las espinas uvas, o de los abrojos higos? Así, todo: y todo árbol malo da malos frutos. No puede el árbol bueno dar malos frutos: ni el árbol malo puede dar buenos frutos. Todo árbol, que no dé buen fruto, será arrancado y arrojado al fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis. No todo el que me diga: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: sino el que haga la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése entrará en el reino de los cielos.

San Mateo VII, 15-21