sábado, 24 de octubre de 2026

Dom Gueranger: Fiesta de Cristo Rey

      





FIESTA DE CRISTO REY

(El último domingo de octubre)

Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger



DOS FIESTAS DEL REINADO DE CRISTO

Al principio del Año litúrgico encontramos ya una fiesta del reinado de Cristo: la Epifanía. Jesús acababa de nacer y se manifestaba a los reyes de Oriente y al pueblo de Israel como "el Señor que tiene en su mano el reino, el poder y el imperio". Acogimos a este "Salvador, que venía a reinar sobre nosotros", y con los Magos le ofrecimos nuestros presentes, nuestra fe y nuestro amor.

Y ¿por qué quiere la Iglesia que, al fin del año, celebremos una nueva fiesta del reinado de Cristo, de su reinado social y universal?

No padecimos engaño en tiempo de la Epifanía sobre la naturaleza de este reinado, como tampoco lo padecimos sobre la dignidad de Dios que poseía el Niño recién nacido. Pero tal vez nos dejamos fascinar por aquella estrella que, al brillar en el cielo de Belén, nos alumbraba con la luz de la fe y nos hacía esperar mayores claridades para la eternidad. Entonces cantamos el acercamiento de la gentilidad a la fe en la persona de los Magos que vinieron allá del Oriente a adorar al Rey de los Judíos.


EL LAICISMO

La Iglesia quiere que pensemos hoy en las consecuencias de este llamamiento Universal a la fe de Cristo. Las naciones, en conjunto, se han convertido al Señor, que las trajo, con los acontecimientos sobrenaturales, los beneficios de una civilización completamente desconocida del mundo antiguo. Pero, desgraciadamente, hace ya dos siglos que un error sumamente pernicioso destroza a todas las naciones, a Francia particularmente: el laicismo. Consiste éste en la negación de los derechos de Dios y de Nuestro Señor Jesucristo sobre toda la sociedad humana, tanto en la vida privada y familiar, como en la vida social y política. Los propagadores de esta herejía han repetido el grito de ios Judíos deicidas: No queremos que reine sobre nosotros. Y con toda la habilidad, tenacidad y audacia de los hijos de las tinieblas, se han esforzado por echar a Cristo de todas partes. Han declarado inmoral a la vida religiosa y expulsado a los religiosos; han intentado imponer a la Iglesia, aunque inútilmente, una constitución cismática; han decretado la separación de la Iglesia y del Estado y han negado a la sociedad civil la obligación de ayudar a los hombres a conquistar los bienes eternos; han introducido el desorden en la familia con la ley del divorcio, han suprimido los crucifijos en los tribunales, hospitales y escuelas. Y, finalmente, han declarado intangibles sus leyes y han hecho del Estado un Dios.

viernes, 23 de octubre de 2026

Boletín Dominical 25 de octubre


Día 25 de Octubre, Fiesta de Cristo Rey

Doble de I clase. Conm. Dom. XXII de Pentecostés. Orn. Blancos.

“Todos debemos reconocer que es preciso reivindicar para Cristo-Hombre, en el verdadero sentido de la palabra, el nombre y los poderes de rey. Por que solamente en cuanto hombre se puede decir que ha recibido de Dios Padre la potestad, y el honor y el reino, porque como Verbo de Dios, siendo de la misma sustancia del Padre, forzosamente debe tener común con Él lo que es propio de la Divinidad; y por tanto, tiene sobre todas las cosas creadas sumo y absolutísimo imperio. Gravemente erraría el que arrebatase a Cristo-Hombre el poder sobre las cosas temporales, ya que Él ha recibido de Dios Padre un derecho absoluto sobre toda la creación. Sin embargo, mientras vivió sobre la tierra se abstuvo de ejercitar tal poder temporal, pues no quiere arrebatar los reinos mortales el que da los celestiales. Por consiguiente, el imperio de Cristo, como dice el inmortal León XIII, se extiende no solamente sobre los pueblos católicos y aquellos que, regenerados por el bautismo, pertenecen en rigor y por derecho a la Iglesia, aunque erradas opiniones los tengan alejados de ella, sino que abraza también a todos los que están privados de la fe cristiana; de modo que todo el genero humano está bajo la potestad de Jesucristo. Ni hay diferencia entre los individuos y la sociedad civil, porque los individuos, unidos en sociedad para el bien común, no por eso están menos sujetos bajo la potestad de Cristo que lo está cada uno de ellos separadamente. 

“No rehúsen, pues, los jefes de las naciones el prestar público testimonio de reverencia al suave imperio de Cristo juntamente con sus pueblos si quieren, con la integridad de su poder, el incremento y el progreso de la patria.

“Desgraciadamente, alejado de hecho Jesucristo de las leyes y del gobierno de la cosa pública, la autoridad aparece como derivada, no de Dios, sino de los hombres; de modo que hasta el fundamento de ella vacila; quitada la causa primera, no hay razón para que uno deba mandar y otro obedecer, de donde se sigue una general perturbación de la sociedad, que ya no se apoya sobre sus fundamentos naturales. (Continúa).




(Sigue) En cambio, si los hombres en privado y en público reconocen la soberana potestad de Cristo, vendrán a los pueblos los beneficios de una justa libertad, tranquila disciplina y apacible concordia. La dignidad real de nuestro Señor, así como hace en cierto modo sagrada la autoridad humana de los príncipes y de los jefes de Estado, así ennoblece los deberes de los ciudadanos y su obediencia.

“La peste de nuestra edad es el llamado laicismo, con sus errores y sus impíos incentivos. Se comenzó por negar el imperio de Cristo sobre las gentes; se negó a la Iglesia sus derechos que se derivan de los derechos de Cristo. Poco a poco la religión católica fue igualada por los Estados con las otras religiones falsas e indecorosamente rebajada al nivel de éstas. Y no faltan Estados que quieren pasarse sin Dios, y ponen su religión en la irreligión y en el desprecio de Dios mismo. En verdad, cuanto más se pasa en vergonzoso silencio el nombre de nuestro Redentor, así en las reuniones internacionales como en los parlamentos, tanto es más necesario aclamarlo públicamente anunciando por todas partes los derechos de su real dignidad y potestad.” (De la Encíclica Quas primas de Su Santidad Pio XI)

Es, pues, necesario, si no quieren perecer, que reconozcan por rey a Jesucristo, se postren ante Él y cumplan su santa Ley, sometiéndose al imperio de la verdad, de la justicia, de la moral y del derecho, tanto los individuos como las naciones, los gobiernos, los parlamentos, los tribunales, las universidades, las escuelas, la prensa, el teatro, la literatura, la banca, la industria, el comercio, y toda la vida familiar, política y económica; nada puede sustraerse al imperio de Jesucristo, sin el cual no hay salvación, ni paz ni bienestar.               




domingo, 18 de octubre de 2026

Sermón San Lucas, Evangelista

Sermón

S. E. R. Pío Espina Leupold


 

Sermón

S. E. R. Julián Espina Leupold


Lección

Hermanos: Gracias doy a Dios, que ha inspirado en el corazón de Tito este mismo celo mío por vosotros. Pues no solamente se ha movido por mis ruegos, sino que, habiéndose movido aun por su amor a vosotros, partió espontáneamente para ir a veros. Os hemos también enviado con él al hermano nuestro (Lucas), alabado en todas las Iglesias por la predicación del Evangelio, el cual, además, ha sido escogido por las Iglesias para compañero de nuestros viajes, y para compartir nuestra solicitud en procurar este socorro a nuestros hermanos (de Palestina) por la gloria del Señor, y para mostrar nuestra pronta voluntad. Con lo que procuramos evitar que ninguno nos pueda vituperar con motivo de la administración de estas limosnas. Pues procuramos portarnos bien no sólo ante Dios, sino también ante los hombres. Enviamos asimismo con éstos a otro hermano nuestro, cuyo ardiente celo hemos podido comprobar en muchas ocasiones, y ahora lo está mostrando aún más; y tengo gran confianza de que le recibiréis bien, lo mismo que a Tito, mi socio y auxiliar entre vosotros, y a los demás hermanos que le acompañan, y son los Apóstoles de las Iglesias, la gloria de Cristo. Dadles, pues, pruebas de razón que tenemos de estar vista de las Iglesias.

II Corintios VIII, 16-24 



Evangelio
En aquel tiempo, designó también el Señor a otros 72 (discípulos) y envióles dos por dos delante de sí a toda ciudad o lugar donde Él había de venir. Y les decía: ¡La mies es mucha, pero los obreros pocos! Rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a la mies suya. Id; mirad que os envío como a corderos entre lobos. No llevéis saco, ni alforja, ni calzados, ni a nadie saludéis en el camino. En la casa en que entrareis, decid primero: «Paz a esta casa»; y si allí hubiere alguien digno de la paz, reposará sobre él la paz vuestra; si no, a vosotros se tornará. Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que allí os dieren, porque acreedor es el obrero a su paga. No paséis fácilmente de casa en casa, y en cualquier ciudad en que entrareis y os recibieren, comed lo que os pusieren, y curad los enfermos que en ella hubiere y decidles: «Está cerca de vosotros el reino de Dios.

 S. Lucas X, 1-9 

sábado, 17 de octubre de 2026

Dom Gueranger: San Lucas, Evangelista

   




SAN LUCAS, EVANGELISTA

Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger


La Benignidad de Salvador

San Pablo, en la Epístola a Tito, recuerda más de una vez, que "Dios Nuestro Salvador ha manifestado su benignidad y amor para con los hombres". se diría que estas palabras las había repetido el Apóstol con mucha frecuencia en el curso de sus conversaciones, de sus viajes y de su larga intimidad, a su discípulo predilecto San Lucas.

Es cierto que resulta difícil hacer diferencias y comparaciones entre los santos y con más razón aún entre los Evangelistas; con todo, se puede echar de ver que en el texto del Evangelio de San Lucas brillan con resplandor especial la bondad y la misericordia de nuestro dulcísimo Salvador. Tenía gran talento: sabía admirablemente el griego, se distinguía en describir escenas y personajes, y su alma, derramando bondad y mansedumbre, daba a su ingenio una gracia extraordinaria.


El Médico

San Lucas hizo sus estudios de medicina: San Pablo le llamaba "el médico muy querido". En los relatos de las curaciones que obró Jesús, se manifiesta San Lucas por su precisión; y sabe bien disimular lo que no honra a su gremio; como ocurre en el caso de la hemorroisa, en el cual, por lo contrario, otros evangelistas se extienden, diríase que con placer, aludiendo a la impotencia de la ciencia humana.


El Retratista

Por su talento para narrar y pintar, se le ha atribuido un retrato de la Virgen María. Nos ha dejado, en efecto, sobre la Madre del Redentor los más bellos retratos en el Evangelio y en los Hechos de los Apóstoles, y se ha llegado a pensar, y. no va fuera de razón, que oyó a María o a algunos confidentes inmediatos suyos muchas circunstancias de la infancia de Jesús.

Y no es menos verdad que fué u n excelente pintor de Jesucristo Salvador. No sólo descartó de sus relatos todo lo que podía tener visos de severidad para las personas, sino que se contentó con notar al vuelo las crueldades de que fué víctima el Salvador durante su Pasión. Al contrario, se detuvo con placer en describir largamente los primeros tiempos de la vida de Jesús, a quien presenta siempre con su Madre; habla muchas veces de la oración de Jesús, de su misericordia con los pecadores, de su paciencia con sus enemigos. A él debemos los relatos de la mujer adúltera, del buen samaritano, del hijjo pródigo, del buen ladrón, de los discípulos de Emaús. A través de su relato se le siente cuidadoso de infundirnos confianza en "la bondad y amor de nuestro Salvador", que vino a salvar "a todos los hombres". Nos quiere convencer de que todos los hombres, por miserables que sean, así en el orden físico como en el moral, pueden llegarse para ser curados a este Salvador, de quien había oído hablar al Apóstol, a los primeros discípulos, y también probablemente a la Santísima Virgen. Quiere que tomemos como nuestras y como dirigidas a nosotros las palabras cariñosas de Jesús: "A vosotros, amigos míos, lo digo... No temas, rebañito mío...", .y parece que se siente, al leerlo, que la mirada de Jesús se posa sobre todos nosotros durante su Pasión y no sólo sobre San Pedro.


La Mortificación de la Cruz

Pero tenemos que decir que San Lucas no peca por omisión nos lleva, sí, dulce e irresistiblemente hacia el Maestro, mas no vacila para decirnos que, si queremos seguirle y hacernos dignos de él, nos es necesario cargar con la cruz, renunciarnos del todo a nosotros mismos y renunciar también a los bienes de este mundo; y que, a no hacerlo así, no seremos nunca dignos de él, del Señor. Y, porque a esto no se llega sin trabajos, nos lo dice dulcemente, como la melodía gregoriana de la antífona de la Comunión en el primer formulario del Común de un Mártir no Pontífice, tiene esta antífona un aire cautivador y atrayente que nos anima a tomar con Jesús la cruz de cada día.

viernes, 16 de octubre de 2026

Boletín Dominical 18 de octubre

 

Día 18 de Octubre, San Lucas Evangelista

Doble de II clase, Conm. de Domingo XXI de Pentecostés.
Orn. Rojos.

San Lucas era hijo de padres gentiles y nacido en Antioquia, capital de Siria. De cultura nada común, era versado en letras griegas y la elocuencia, conocía el arte de la pintura, y el mismo Apóstol San Pablo nos dice que era médico. Convertido a la fe por este Apóstol, fue en adelante su amigo y compañero inseparable en todos sus viajes apostólicos. Escribió el tercer Evangelio, que algunos Santos Padres llaman Evangelio de San Pablo, y también el libro de los Hechos de los Apóstoles, en el que nos narra los triunfos maravillosos de la fe. Su Evangelio, escrito alrededor del año 63, en un griego escogido y elegante, sigue un orden lógico y cronológico. Como no estuvo presente a los hechos de la vida de Jesucristo, “ha examinado cuidadosamente las cosas desde su origen” y consultado “a los que desde el principio fueron testigos oculares y ministros de la palabra”. Él visita a la Virgen María para saber de Ella y narrarnos el Misterio de la Anunciación, de la Encarnación, del Nacimiento y tantas otras cosas que solo él nos dice y solo Ella podía saber. Afirma San Jerónimo que San Lucas murió a la edad de 84 años y que fue virgen durante toda su vida.




Domingo XXI de Pentecostés.

Nos exhorta el Señor a perdonar generosamente las injurias, las ofensas de nuestros prójimos. Habla del perdón de las injurias personales, y por lo que respecta a la disposición de ánimo, no precisamente a abandonar la legítima defensa de nuestros intereses y de nuestra fama.

Para esto debemos desterrar el espíritu de venganza: primero, por el mandato y ejemplo de Jesús: “Yo os digo: amad a vuestros enemigos” (S. Mateo 5, 44) y en el alto del Calvario muere por todos y dice orando al Padre Eterno. “Padre mío, perdónalos…” (S. Lucas, 23, 34); segundo, por el ejemplo de los santos y de los mártires que morían rogando por sus verdugos; tercero, por nuestro provecho, porque en el Padrenuestro decimos: “Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”.

Nosotros, como el siervo malo, hemos malversado con frecuencia los dones que Dios nos confió; y al ser llamados a dar cuenta de nuestra administración, en vistas de nuestras malas obras, no hemos tenido otro recurso que implorar la misericordia de Dios, que nos enseña a ser misericordiosos con los demás.


24 de octubre: San Rafael Arcángel

“Dijo el ángel Rafael a Tobías: bueno es guardar el secreto del rey, pero también es laudable publicar y celebrar las obras de Dios. Buena es la oración con el ayuno; y el dar limosna es mejor que guardar tesoros de oro, porque la limosna libra de la muerte y limpia la multitud de pecados, y hace hallar misericordia y vida eterna. Mas los que comenten pecado e iniquidad son enemigos de su propia alma. Por tanto, voy a manifestaros la verdad y descubrir lo que ha estado oculto. Cuando orabas con lágrimas, y enterrabas los muertos, y te levantabas de la mesa a media comida, y escondiendo de día los cadáveres en tu casa los enterrabas de noche, yo presentaba tu oración al Señor. Y porque eras acepto a Dios, fue necesario que la tentación te probase. Y ahora el Señor me envió para curarte y librar del demonio a Sara, esposa de tu hijo. Porque yo soy el ángel Rafael, uno de los siete que asistimos ante el Señor.” (Tob. XII, 7-15).





domingo, 11 de octubre de 2026

Sermón Fiesta de la Maternidad de la Santísima Virgen María

Sermón

R. P. Carlos Dos Santos


 

Sermón

R. P. Lucio César Simbrón



Lección

Yo, como la vid, exhalo suave olor: y mis flores dan frutos de gloria y de riqueza. Yo soy la Madre del amor hermoso, y del temor, y de la ciencia, y de la santa esperanza. En mí está la gracia de todo camino y de la verdad: en mí la esperanza de la vida y de la virtud. Venid a mí, todos los que me deseáis, y seréis colmados de mis frutos. Porque mí espíritu es más dulce que la miel y mi herencia más que la miel y el panal. Mi memoria durará por todos los siglos. Los que me coman, tendrán aún más hambre: y, los que me beban, tendrán todavía mas sed. El que me escuche, no será confundido; y, los que obren movidos por mí, no pecarán. Los que me den a conocer, tendrán la vida eterna.

Ecli. XXIV, 23-31


Evangelio


En aquel tiempo, al volver ellos, quedóse el Niño Jesús en Jerusalén y no lo notaron sus padres. Y, creyendo que estaría en la caravana, anduvieron camino de un día, y le buscaron entre los parientes y conocidos. Y, no encontrándole, tornaron a Jerusalén en busca suya. Y sucedió que, después de tres días, le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores, oyéndolos y preguntándoles. Y se admiraban todos los que le oían, de su prudencia y de sus respuestas. Y, al verle, se admiraron. Y díjole su Madre: Hijo, ¿por qué has obrado así con nosotros? He aquí que tu padre y yo te hemos andado buscando con dolor. Y díjoles: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que es preciso que me ocupe en las cosas de mi Padre? Y ellos no entendieron la respuesta que les dió. Y bajó con ellos, y fué a Nazaret: y estuvo sujeto a ellos.

San Lucas LC. II, 43-51

sábado, 10 de octubre de 2026

Fiesta de la Maternidad de la Santísima Virgen

 






LA MATERNIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

"Año Litúrgico" 
Dom Prospero Gueranger


El Título de Madre de Dios 

Entre todos los títulos de alabanza tributados a Nuestra Señora no hay ninguno más glorioso que el de Madre de Dios. Ser Madre de Dios es el porqué de María, el secreto de sus gracias y de sus privilegios. Para nosotros este título encierra en sustancia todo el misterio de la Encarnación; y no hay otro por el que podamos con más razón felicitarla a ella y regocijarnos nosotros. San Efrén justamente pensaba que, para dar uno prueba cierta de su fe, le bastaba confesar y creer que la Santísima Virgen María es Madre de Dios.

Y por eso la Iglesia no puede celebrar ninguna fiesta de la Virgen María sin alabarla por este augusto privilegio. En su Inmaculada Concepción, en su Natividad, e igualmente en su Asunción, siempre saludamos en ella .a la Santa Madre de Dios. Y eso es precisamente lo que hacemos nosotros también al repetir tantas veces a diario el Ave María.


La Herejía Nestoriana

"Teotokos, Madre de Dios": así se la llamó a María en todo tiempo. Hacer la historia del dogma de la maternidad divina sería hacer toda la historia del cristianismo. El nombre Teotokos de tal forma había penetrado en el espíritu y en el corazón de los fieles, que se armó un escándalo enorme el día el que ante Nestorio, obispo de Constantinopla, un sacerdote, portavoz suyo, tuvo la osadía de pretender que María no era Madre más que de un hombre, porque era imposible que un Dios naciese de una mujer. 

Pero entonces ocupaba la silla de Alejandría un obispo, San Cirilo, a quien Dios suscitó para defender el honor de la Madre de su Hijo. Al punto hizo pública su extrañeza: "Estoy admirado de que haya hombres que pongan en duda que a la Santísima Virgen se la pueda llamar Madre de Dios. Si Nuestro Señor es Dios, ¿cómo podrá ser que María, que le dió al mundo, no sea Madre de Dios? Esta es la fe "que nos transmitieron los discípulos, aunque no se sirviesen de este término; es también la doctrina que nos enseñaron los Santos Padres."


El  Concilio de Efeso

Nestorio no admitió cambio alguno en sus ideas. El emperador convocó un Concilio, que inauguró sus sesiones en Efeso el 22 de junio del 431; en él presidió San Cirilo, como legado del Papa Celestino. Se juntaron 200 obispos; proclamaron que "la persona de Cristo es una y divina y que la Santísima Virgen tiene que ser reconocida y venerada por todos como realmente Madre de Dios". Al saberse esta noticia, los cristianos de Efeso entonaron cantos de triunfo, iluminaron la ciudad y acompañaron a sus domicilios con antorchas a los obispos "que habían venido, gritaban, a devolvernos la Madre de Dios y a ratificar con su autoridad santa lo que estaba escrito en todos los corazones".

Y, como ocurre siempre, los esfuerzos del diablo sólo sirvieron para preparar y suscitar un triunfo magnifico a Nuestra Señora; los Padres del Concilio, así cuenta la tradición, para perpetua memoria añadieron al Ave María esta cláusula: "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte": oración que desde entonces recitan todos los días millones de almas para reconocer en María la gloria de Madre de Dios que un hereje la quiso arrebatar.


La Fiesta del 11 de Octubre

El año 1931, al celebrarse el centenario XV del Concilio, pensó Pío XI que sería "útil y grato a los fieles el meditar y reflexionar sobre un dogma tan importante" como es el de la maternidad divina. Para que quedase perpetuo testimonio de su piedad a María, escribió la Encíclica Lux Veritatis, restauró la basílica de Santa María la Mayor de Roma y además instituyó una fiesta litúrgica, que "contribuiría al aumento de la devoción hacia la Soberana Madre de Dios entre el clero y los fieles, y presentaría a la Santísima Virgen y a la Sagrada Familia de Nazaret como un modelo para las familias", para que así se respeten cada vez más la dignidad y la santidad del matrimonio y la educación de la juventud. 

En las fiestas del 1° de enero y en las del 25 de marzo tuvimos ocasión de considerar lo que para María lleva consigo su dignidad de Madre de Dios. El tema, por decirlo así, es inagotable: podemos detenernos hoy todavía unos momentos más.


María Exterminadora de las Herejías

"Alégrate, oh Virgen María, porque tú sola has destruido en todo el mundo todas las herejías". Esta antífona de la Liturgia demuestra claramente que el dogma de la maternidad divina es el sostén y la defensa de todo el cristianismo Confesar la maternidad divina, vale tanto como confesar, en el Verbo Encarnado, la natura leza humana y la naturaleza divina, y también la unidad de persona; es afirmar la distinción de personas en Dios y la unidad de su naturaleza; es reconocer todo el orden sobrenatural de la gracia y de la gloria.