sábado, 14 de febrero de 2026

Dom Gueranger: Domingo de Quincuagésima

  



DOMINGO DE QUINCUAGÉSIMA

Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger


VOCACIÓN DE ABRAHÁN

La vocación de Abrahán es el asunto que a nuestra consideración ofrece hoy la Iglesia. Cuando las aguas del diluvio se retiraron y el linaje humano cubrió de nuevo el haz de la tierra, volvió a reaparecer la corrupción de las costumbres entre los hombres y la idolatría vino a colmar tamaños desórdenes. Previendo el Señor en su divina sabiduría la defección de los pueblos resolvió formarse una nación que le sería especialmente consagrada; en ella se conservarían las verdades sagradas destinadas a desaparecer entre los gentiles. Ese nuevo pueblo había de comenzar por un solo hombre; padre y tipo de los creyentes. Abrahán lleno de fe y obediencia al Señor, estaba destinado a ser el padre de los hijos de Dios, cabeza de esa espiritual generación a que pertenecieron y continuaron perteneciendo hasta el fin de los siglos, todos los elegidos, tanto del pueblo antiguo, como de la Iglesia cristiana. Debemos, pues, conocer a Abrahán, cabeza y modelo nuestro. Resúmese toda su vida en la fidelidad a Dios, sumisión a sus mandatos, abandono y sacrificio de todas las cosas para obedecer a la santa voluntad de Dios. Es el distintivo del cristiano. Apresurémonos a sacar en la vida de este gran hombre todas las enseñanzas que en provecho nuestro encierran.

El texto del Génesis que a continuación damos servirá de base a cuanto hemos de decir sobre Abrahán. Lo lee hoy la Santa Madre Iglesia en el oficio de maitines.


GENESIS (XII, 1-9)


Dijo Yavé a Abrahán:


"Salte de tu tierra,

de tu parentela,

de la casa de tu padre,

para la tierra que yo te indicaré;

Yo te haré un gran pueblo,

te bendeciré y engrandeceré tu nombre,

que será bendición.

Y bendeciré a los que te bendigan.

Y maldeciré a los que te maldigan.

Y serán bendecidas en ti todas las naciones de la tierra."


Fuese Abrahán conforme le había dicho Yavé, llevando consigo a Lot. Al salir de Jarán, era Abrahán de setenta y cinco años. Tomó, pues, Abrahán a Sara, su mujer, y a Lot, su sobrino, y toda su familia y la hacienda y ganados que en Jarán habían adquirido. Salieron para dirigirse a la tierra de Canán, y llegaron a ella. Penetró en ella Abrahán, hasta el lugar de Siquén hasta el encinar de Moreh. Entonces estaban los cananeos en aquella tierra. Y se le apareció Yavé a Abrahán: "A tu descendencia daré yo esta tierra." Alzó allí un altar a Yavé que se le había aparecido, y saliendo hacia el monte que está frente a Betel, asentó allí sus tiendas, teniendo a Betel al Occidente y a Hai al Oriente, y alzó allí un altar a Yavé e invocó el nombre de Yavé.


SANTIDAD DE ABRAHÁN

¿Qué imagen más viva podría ofrecernos del discípulo de Cristo que la de este Patriarca tan dócil y generoso en seguir la voz de Dios? Con qué admiración hemos de exclamar repitiendo los elogios que le consagran los Santos Padres: "¡Oh varón verdaderamente cristiano antes de la venida de Cristo, hombre evangélico antes del Evangelio, hombre apostólico antes de los Apóstoles!" A la invitación del Señor lo deja todo, patria, familia, casa paterna, y se dirige a región desconocida. Bástale que Dios le guíe; se siente seguro y no echa mirada atrás. ¿Hicieron, por ventura, más los Apóstoles? Y parad mientes en el galardón: En él serán benditas todas las familias de la tierra; este caldeo lleva en sus venas la sangre que ha de salvar al mundo. Morirá, no obstante, antes de ver que llega el día en que uno de su descendencia rescate todas las generaciones pasadas, presentes y futuras. Un día se abrirá el cielo para dar paso al Redentor. Mientras tanto, nuestros primeros padres y Noé, Moisés, David, todos los justos irán a descansar al seno de Abrahán[1] preparación o antesala de la eterna bienaventuranza. Así recompensa Dios el amor y la fidelidad de su creatura.

viernes, 13 de febrero de 2026

Boletín Dominical 15 de febrero


Día 15 de Febrero, Domingo de Quincuagésima

Doble de II clase. Conm. S. Faustino y Jovita, Mártires. Orn. Morados.

¡Señor, que vea! Pide el ciego de Jericó al ir que pasa Jesús, Domine, ut videam! (Evangelio). ¡Señor, que vea! Pide la humanidad, doliente y ciega, de este mundo en ruinas que no sabe adónde va.

Solo Jesús con su doctrina es luz del mundo que ilumina las conciencias y los derroteros de los pueblos. Solo Jesús es amor, caridad y unión.

Digamos también nosotros como el ciego de Jericó, ¡Señor! Que vea bien en el camino de mi vida y no me aparte de la senda que lleva al cielo.

Hoy todo cristiano fervoroso acompaña a Jesús Sacramentado, expuesto en el templo, para desagraviarle de las injurias que se le infieren con los escándalos del Carnaval.





      

18 de febrero,
MIÉRCOLES DE CENIZA

Privilegiado de I clase. Orn. Morados.
Ayuno y Abstinencia.

Para humillar nuestra soberbia y orgullo, y traernos a la memoria la muerte, que es pena del pecado, la Iglesia, siguiendo el ejemplo de los ninivitas, los cuales hicieron penitencia cubriéndose de ceniza y cilicio, pone hoy cenizas, hechas de los Ramos benditos del año anterior, sobre nuestras cabezas diciendo: “Acuérdate, hombre, de que eres polvo y en polvo te convertirás”.

El Papa Urbano VI, en el Concilio de Benevento, el año 1091, mandó que se pusiese la ceniza a todos los fieles, porque “Dios perdona los pecados a los que de ellos se duelen” (Introito).

Es rico en misericordia para los que se vuelven a Dios de todo corazón por el ayuno, las lágrimas y los gemidos (Epístola). Y no hemos de desgarrar, como los fariseos, nuestros vestidos, sino nuestros corazones (Epístola).



domingo, 8 de febrero de 2026

Sermón Domingo de Sexagésima


Sermón

S. E. R. Pío Espina Leupold


Sermón

R. P. Lucio César Simbrón


Lección

Hermanos: Sufrís con gusto a los necios, siendo vosotros sabios. Porque lo toleráis, si alguien os reduce a servidumbre, si alguien os devora, si alguien os roba, si alguien se engríe, si alguien os hiere en la cara. Lo digo con vergüenza, como si nosotros hubiésemos sido flacos en este punto. Pero en lo que otro tuviere osadía (lo digo con locura), también la tendré yo. ¿¡Son Hebreos? También yo. ¿Son Israelitas? También yo. ¿Son raza de Abraham? También yo. ¿Son ministros de Cristo? (hablo como menos sabio) : más lo soy yo: he sufrido más trabajos, más cárceles, azotes sin medida, frecuentes peligros de muerte. He recibido de los judíos cinco veces cuarenta azotes menos uno. He sido azotado tres veces con varas, he sido apedreado una vez, he estado una noche y un día en lo profundo del mar, he sufrido tres naufragios, he vivido en continuos viajes y en peligros sin cuento: peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi raza, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre los falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchas vigilias, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y desnudez. Además de estos males, que son exteriores, hay lo que me preocupa cada día: el cuidado de todas las iglesias. ¿Quién enferma, y no enfermo yo? ¿Quién se escandaliza, y yo no me quemo? Si es necesario gloriarse, yo me gloriaré de lo que es de mi flaqueza. El Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que es bendito por los siglos, sabe que no miento. En Damasco, el prefecto de la gente del rey Aretas custodiaba la ciudad de los Damascenos, para prenderme: y fui descolgado en una cesta por una ventana del muro, y así escapé de sus manos. Si es preciso gloriarse (aunque ello no conviene), hablaré también de las visiones y revelaciones del Señor. Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años fue arrebatado (no sé si en el cuerpo o fuera del cuerpo. Dios lo sabe) hasta el tercer cielo. Y sé que dicho hombre fue arrebatado (no sé si en el cuerpo o fuera del cuerpo, Dios lo sabe) al paraíso, donde oyó palabras secretas, que al hombre no le es lícito decir. De este tal me gloriaré; de mí, en cambio, no me gloriaré nada, si no es de mis enfermedades. Aunque, si quisiera gloriarme, no sería insensato, pues diría la verdad. Pero lo dejo, para que nadie piense de mí más de lo que en mí ve u oye de mí. Y, para que la magnitud de las revelaciones no me ensoberbezca, me ha sido dado el aguijón de mi carne, ángel de Satanás, para que me azote. Por lo cual he rogado tres veces a Dios que lo alejara de mí: y Él me dijo: Bástate mi gracia: porque la virtud se perfecciona en la enfermedad. Por eso, me gloriaré gozoso de mis enfermedades, para que habite en mí la virtud de Cristo.

II Corintios XI, 19-33- XII 1-9



Evangelio

En aquel tiempo, como se hubiera reunido una gran muchedumbre, y acudieran de las ciudades a Jesús, dijo por comparación: Salió, el que siembra, a sembrar su semilla: y, mientras sembraba, una (semilla) cayó junto al camino, y fue pisoteada, y los pájaros del cielo la comieron. Y otra cayó sobre piedra: y, nacida, se secó, porque no tenía jugo. Y otra cayó entre espinas, y nacieron con ella las espinas, que la sofocaron. Y otra cayó en buen terreno: y, nacida, dio el ciento por uno de fruto. Esto diciendo, clamaba: El que tenga oídos, que escuche. Y le preguntaron sus discípulos qué significaba esta parábola. A los cuales dijo Él: A vosotros os ha sido dado conocer el misterio del reino de Dios, pero a los demás en parábolas: para que, viendo, no vean y, oyendo, no entiendan. Esta es, pues la parábola: La semilla es la palabra de Dios. La que (cayó) junto al camino, son aquellos que la oyen: después viene el diablo, y arranca la palabra de su corazón, para que no se salven creyendo. Pues la que (cayó) sobre la piedra, son los que, al escuchar, reciben con gozo la palabra: y éstos no tienen raíces: creen algún tiempo, pero en el momento de la tentación retroceden. Mas, la que cayó entre espinas, son los que escucharon y, yéndose, son ahogados por las preocupaciones, y riquezas, y placeres de la vida, y no dan fruto. Pero, la que (cayó) en buen terreno, son aquellos que, escuchando la palabra con bueno y óptimo corazón, la retienen, y dan fruto con paciencia.

San Lucas VIII, 4-15


sábado, 7 de febrero de 2026

Dom Gueranger: Domingo de Sexagésima






DOMINGO DE SEXAGÉSIMA

Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger


NOÉ Y EL DILUVIO

En el transcurso de la semana que comienza ofrece la Santa Madre Iglesia a nuestra consideración, la historia de Noé y el diluvio universal. A pesar de la severidad de sus avisos, no logró recabar Dios la fidelidad y sumisión del linaje humano. Se ve forzado a echar mano de un castigo terrible contra este nuevo enemigo. Ha encontrado, sin embargo, un hombre justo, y trabará nuevamente en su persona alianza con nosotros. Antes, empero, quiere que nos persuadamos que es dueño soberano, y en el instante por El escogido, se anegará el hombre, tan ufano de su ser prestado, bajo las ruinas de su morada terrenal.

Daremos aquí, por de pronto, como base de las enseñanzas de esta semana, algunas líneas del Génesis, sacadas del oficio de maitines del día.


GÉNESIS (VI, 5-12)

Viendo Yavé cuánto había crecido la maldad del hombre sobre la tierra y cómo todos sus pensamientos y deseos sólo y siempre tendían al mal, se arrepintió de haber hecho al hombre en la tierra, doliéndose grandemente en su corazón y dijo: "Voy a exterminar al hombre que hice de sobre la faz de la tierra; al hombre, a los animales, a los reptiles y hasta las aves del cielo, pues me pesa de haberlos hecho". Pero Noé halló gracia a los ojos de Yavé.

Estas son las generaciones de Noé: Noé era varón justo y perfecto entre sus contemporáneos, y siempre anduvo con Dios. Engendró tres hijos, Sem, Cam y Jafet. La tierra estaba corrompida ante Dios, y llena de toda iniquidad. Viendo, pues, Dios que todo en la tierra era corrupción, pues toda carne había corrompido su camino sobre la tierra, dijo a Noé: "Veo venir el fin de todos, pues la tierra está llena de sus iniquidades y voy a exterminarlos a ellos con la tierra."

La catástrofe que entonces se abatió sobre el linaje humano fue también fruto del pecado; pero hallóse al menos un hombre justo, y él fue quien salvó el mundo de la ruina total, por él y su familia. Después de dignarse renovar su alianza, permitió Dios ser repoblada la tierra y los tres hijos de Noé fueron padres de las tres grandes razas que la pueblan.

Este es el misterio del oficio durante esta semana. El de la Misa, que está figurado por el precedente, es aún más importante. En el sentido moral, ¿no está sumergida la tierra en un diluvio de vicios y de errores? Menester es se pueble de hombres temerosos de Dios como Noé. La palabra de Dios, simiente de vida hace que nazca esta nueva generación. Y esa palabra de Dios produce estos hijos de que habla el discípulo amado, "que no son nacidos de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad de Dios, sino de Dios mismo"[1]. Esforcémonos a entrar en esta familia, y, si por ventura somos ya miembros de ella, guardemos mimosamente nuestra dicha. Se trata estos días de esquivar las olas del diluvio, de buscar asilo en el arca de salvación; se trata de llegar a ser esa buena tierra en que la semilla da el ciento por uno. Procuremos huir de la cólera futura para no perecer con pecadores, y mostrémonos ávidos de la palabra de Dios -que ilumina y convierte las almas[2].


MISA

Celébrase en Roma la estación en la Basílica de San Pablo Extramuros. En derredor de la tumba del Doctor de las naciones, del propagador de la semilla divina, del padre de tantos pueblos por su predicación, reúne a sus fieles hoy la Iglesia romana; quiere recordarles que el Señor libró a la tierra con la condición de que se pueble de verdaderos creyentes y adoradores de su nombre.

viernes, 6 de febrero de 2026

Boletín Dominical 8 de febrero



Día 8 de Febrero, Domingo de Sexagésima

Doble de II clase- Orn. Morados.
Conm. San Juan de Mata, Confesor.

Los judaizantes, en Corinto como en las demás ciudades, hacían continuamente obstrucción del apostolado de San Pablo, a quien ellos despreciaban. Por eso el gran Apóstol creyó necesario hacer un relato de sus trabajos, de los dones recibidos de Dios y de sus méritos como Apóstol. Y hace esto con tal delicadeza, con tanta verdad y tal fuerza, que confunde a sus enemigos (epístola). De muchos de estos trabajos y tribulaciones no nos queda más noticia que la que aquí, en esos párrafos, nos da el Apóstol: prueba manifiesta de que son muchas las cosas que ignoramos de la vida de San Pablo, a pesar de ser contado por extenso en los Hechos de los Apóstoles. En el introito pide la Iglesia Romana auxilio contra los bárbaros, y en la Oración invoca la protección de San Pablo, titular de la basílica estacional.





Día 11 de Febrero,
La Aparición de la Inmaculada Concepción en Lourdes.

Cuatro años después de la definición dogmática de  la Inmaculada por el Papa Pio IX, el 11 de febrero de 1858 se aparece a una niña de 14 años, humilde aldeana llamada Bernardita, la Virgen Santísima. Fue en Lourdes, cerca del río Gave, en el hueco de la roca de Massabielle. La Señora se aparecía cubierta con un vestido y velo blancos como la nieve, ceñida con un cinturón azul y una rosa de color oro cubriendo sus pies desnudos. Las manos las tenía sobre el pecho y entre ellas un rosario de cuentas blancas. 18 veces se apareció a la que hoy es Santa Bernardita Soubirous y siempre le recomendaba el rezo del Santo Rosario. El 25 de Marzo, a la pregunta de cómo se llamaba, contesta: “Yo soy la Inmaculada Concepción.” 



martes, 3 de febrero de 2026

Dom Gueranger: El Tiempo de Septuagésima

    




EL TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA


El Año Litúrgico - Dom Prospero Gueranger



CAPÍTULO I

HISTORIA DEL TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA


Su Importancia 

El tiempo de Septuagésima abarca las tres semanas que preceden inmediatamente a la Cuaresma. Constituye una de las principales divisiones del Año Litúrgico, y se desarrolla en tres secciones semanales, de las que la primera se llama propiamente Septuagésima, la segunda Sexagésima y la tercera Quincuagésima.

Es evidente que estos nombres expresan mera relación numérica con la palabra Cuadragésima de la que se deriva la palabra española Cuaresma. Ahora bien, la palabra Cuadragésima señala la serie de cuarenta días que hay que recorrer para llegar a la solemnidad de la Pascua. Las "palabras Quincuagésima, Sexagésima y Septuagésima nos anuncian la misma solemnidad en una lejanía más acentuada; mas no por eso la Pascua deja de ser el gran asunto que empieza a considerar la Santa Madre Iglesia y que ésta propone a sus hijos como fin a que desde luego han de enderezar todos sus deseos y esfuerzos.

Exige, pues, la Pascua como preparación cuarenta días de recogimiento y penitencia; este tiempo es la palanca más potente de que echa mano la Iglesia para remover en el corazón y en el espíritu de los fieles el vivo sentimiento de su vocación. Asunto de capital importancia para ellos es no dejar que este período de gracias transcurra sin provecho en el mejoramiento, en la renovación de toda su vida. Era, por tanto, conveniente disponerlos a este tiempo de salud, ya de suyo una preparación, a fin de que, amortiguándose poco a poco en sus corazones las algazaras mundanales, escuchasen con atención el grave aviso que la misma Iglesia les dará al imponerles la ceniza en la cabeza.


Origen

La historia de la Septuagésima se halla íntimamente ligada con la de Cuaresma. En efecto, en pleno siglo v, la Cuaresma comenzaba el domingo VI antes de Pascua (actual domingo I de Cuaresma), y comprendía los cuarenta días finalizados el Jueves Santo, considerado en la antigüedad cristiana como el primer día del Misterio Pascual. No se ayunaba el domingo; y, por consiguiente, no había, hablando con exactitud, más que 34 días de ayuno efectivo (.36 con el Viernes y Sábado Santo). El deseo de imitar el ayuno del Señor, indujo a algunas almas más fervorosas a comenzarle algunos días antes.


Quincuagésima

Vemos aparecer por primera vez esta observancia completa en el siglo V. San Máximo de Turín, en su Sermón 26 predicado hacia el año 451, la reprueba y advierte que la Cuaresma empieza el domingo de Cuadragésima; pero en el Sermón 36 del año 465 la autoriza, considerándola muy generalizada entre los fieles.

En el siglo VI escribe San Cesáreo de Arlés, en su Regla a las Vírgenes, que se ha de empezar el ayuno una semana antes de la. Cuaresma. Desde entonces, pues, existe la Quincuagésima, al menos en los monasterios. El primer concilio de Orleans, celebrado el año 511, ordena que antes de Pascua observen los fieles la Cuadragésima y no la Quincuagésima, a fin de "mantener, dice el canon 26, la unidad de los usos". Los concilios de Orange, de 511 y 541 respectivamente, censuran el mismo abuso y prohiben ayunar antes de Cuadragésima. Hacia el año 520 señala el autor del Líber Pontificalis la costumbre de anticipar una semana la Cuaresma; mas parece que esta costumbre estaba aún poco extendida.


Sexagésima

Pronto se amplió el período consagrado al ayuno, y una nueva semana vino a sumarse a la Quincuagésima. Hallamos menclonada por primera vez la Sexagésima en la Regla de San Cesáreo para Monjes, antes de 542. El IV concilio de Orleans, en 541, la menciona en son de defensa del ayuno anticipado.