Invención o Hallazgo de la Santa Cruz
Conm, Domingo IV de Pascua. Doble de II Clase - Orn. Rojo.
Si en este blog, se hubieren deslizado proposiciones o frases poco conformes a la Fe Católica, las reprobamos, y nos sometemos en todo al Magisterio de la Iglesia y de sus Romanos Pontífices, jefes venerados del rebaño del Señor.
Invención o Hallazgo de la Santa Cruz
Conm, Domingo IV de Pascua. Doble de II Clase - Orn. Rojo.
Sermón
S. E. R. Julián Espina Leupold
Sermón
R. P. Lucio César Simbrón
Sermón
R. P. Carlos Dos Santos
Lección
Carísimos: Os ruego que, como extranjeros y peregrinos, os abstengáis de los deseos carnales, que militan contra el alma, viviendo honradamente entre las gentes: para que, ya que os consideran como malhechores, al ver vuestras buenas obras, glorifiquen a Dios el día de la visitación. Estad, pues, sumisos a toda criatura humana por Dios: ya al rey, como jefe: ya a los caudillos, como enviados por él para castigo de los malhechores y alabanza de los buenos: porque es voluntad de Dios que, obrando el bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres imprudentes: (obrad) como libres, y no como teniendo la libertad por velo de la malicia, sino como siervos de Dios. Honrad a todos: amad la fraternidad: temed a Dios: Honrad al rey. Siervos, someteos con todo temor a los amos, no sólo a los buenos y modestos, sino también a los díscolos. Porque esto es lo grato (a Dios), en nuestro Señor Jesucristo.
I San Pedro II: 11-19
Evangelio
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Un poco, y ya no me veréis: y otro poco, y me veréis: porque voy al Padre. Dijéronse entonces los discípulos entre sí: ¿Qué es eso que nos dice: Un poco, y no me veréis: y otro poco, y me veréis, y: Porque voy al Padre? Dijeron, pues: ¿Qué es eso que nos dice: Un poco? No sabemos lo que habla. Y conoció Jesús que querían preguntarle, y díjoles: ¿Preguntáis entre vosotros qué es lo que dije: Un poco, y no me veréis y otro poco, y me veréis? En verdad, en verdad os digo: Que lloraréis y gemiréis vosotros, pero el mundo se gozará; y vosotros os contristaréis, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando pare, tiene tristeza, porque llega su hora; pero, cuando ha parido al niño, ya no se acuerda del apuro, por el gozo de haber nacido un hombre en el mundo. También vosotros tenéis ciertamente tristeza ahora, pero os veré otra vez, y se gozará vuestro corazón: y nadie os quitará vuestro gozo.
San Juan XVI: 16-22
TERCER DOMINGO DESPUÉS DE PASCUA
Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger
LA DIGNIDAD DEL PUEBLO CRISTIANO
Nada más grande ni más elevado sobre la tierra que los príncipes de la Santa Iglesia, que los Pastores establecidos por el Hijo de Dios, y cuya sucesión durará tanto como el mundo; pero no creamos que los súbditos de este vasto imperio que se llama Iglesia no tengan también su dignidad y su grandeza. El pueblo cristiano, en el seno del cual se confunden, en una igualdad completa, el príncipe y el simple particular, sobrepuja en esplendor y en valor moral a todo el resto de la humanidad.
Penetra por doquiera que se extienda la verdadera civilización; pues lleva por todas partes la verdadera noción de Dios y del fin sobrenatural del hombre. Ante él la barbarie retrocede, las instituciones paganas, por antiguas que sean, se borran; y hasta vió un día a la civilización griega y romana rendirle armas, y al derecho cristiano emanado del Evangelio sobreponerse por sí mismo al derecho de los pueblos gentiles. Numerosos hechos han mostrado la superioridad que el bautismo imprime a las razas cristianas; porque sería irracional el pretender encontrar la causa primera de esta superioridad en nuestra civilización, puesto que esta misma civilización no ha sido más que el producto del bautismo.
LA UNIDAD DE FE
Pero si la grandeza del pueblo cristiano es tal que ej erce su prestigio exterior hasta sobre los mismos infieles ¿qué diremos de la que la fe nos revela en él? El Apóstol San Pedro, el Pastor universal en cuyas manos acabamos de ver al divino Pastor depositar las llaves, definió así al rebaño a quien está encargado apacentar: "Vosotros sois, les dijo, la raza escogida, el sacerdocio real, la nación santa, el pueblo escogido, encargado de publicar las grandezas de Aquel que os ha llamado del seno de las tinieblas a su admirable luz." (I S. Pedro, 11, 9.)
En efecto, en el seno de ese pueblo se conserva la verdad divina, que no podía extinguirse en él. Cuando la autoridad docente debe proclamar, en su infalibilidad, una decisión solemne en materia de doctrina, hace primero una llamada a la fe del pueblo cristiano y la sentencia declara inviolable lo que ha sido creído "en todos los lugares, en todos los tiempos y por todos". (S. Vicente de Lerius, "commonitorium".) En el pueblo cristiano reside este principio admirable de fraternidad de las inteligencias, en cuya virtud encontráis la misma creencia en las razas más diversas, por más hostiles que sean las unas para con las otras; en lo referente a la fe y a la sumisión a los Pastores, no hay más que un solo pueblo. En el seno de este pueblo florecen las más perfectas las virtudes y a veces las más heroicas; pues es el depositario, en gran parte, del elemento de santidad que Jesús ha derramado con su gracia en la naturaleza humana.
Día 26 de abril, Domingo III de Pascua
La advocación de la Virgen de Lujan honra a María en su Inmaculada Concepción. Tiene su origen el conocido milagro por el cual la Reina del Cielo manifestó su voluntad de que una imagen suya quedara en el lugar adonde se levanta hoy la ciudad de Lujan. Fue en 1630, cuando aquel lugar era un desierto, que el hecho se produjo: los bueyes que arrastraban la carreta en que la imagen de la Purísima rumbo al interior, no avanzaron de ese punto hasta que no se sacó de la carreta el cajoncito que contenía la pequeña estatua. Es de advertir que los que actuaban en ese acontecimiento ignoraban lo que había adentro del cajoncito. Se hizo el experimento varias veces con idéntico resultado: cuando se colocaba el cajoncito en la carreta, los bueyes se detenían, aunque no llevaran más carga, cuando se le sacaba los bueyes caminaban, aunque llevaran el resto de la carga. Ante tan extraño suceso, los presentes abrieron el cajoncito, y al encontrarse con una imagen de María Inmaculada, pensaron con acierto que la Madre de Dios quería que en Luján se honrara su Pura y Limpia Concepción. Los milagros obrados después por la Virgen confirmaron la piadosa conjetura.
La piedad popular fue creciendo en torno a la advocación de Luján y la Iglesia la consagró instituyendo una fiesta litúrgica con Misa propia.
Sermón
R. P. Gabriel María Rodrígues
Sermón
R. P. Carlos Dos Santos
Sermón
R. P. Lucio César Simbrón
Lección
Carísimos: Cristo sufrió por nosotros, dándoos ejemplo, para que sigáis sus pasos. El no cometió pecado, ni se encontró dolo en su boca: cuando era maldecido, no maldijo: cuando padecía, no amenazó; antes se entregó al que le juzgó injustamente: El mismo llevó a la cruz, en su cuerpo, nuestros pecados: para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia: con sus heridas fuisteis sanados. Porque erais como ovejas errantes, pero os habéis vuelto ahora al pastor y obispo de vuestras almas.
I San Pedro II, 21-25
Evangelio
En aquel tiempo dijo Jesús a los fariseos: Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por sus ovejas. Pero el mercenario, y el que no es pastor, el que no tiene ovejas propias, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye: y el lobo arrebata, y dispersa las ovejas; pero el mercenario huye porque es mercenario, y no le interesan las ovejas. Yo soy el buen pastor: y conozco a las mías, y las mías me conocen a mí. Como me conoce el Padre, así yo conozco al Padre: y pongo mi vida por mis ovejas. Y tengo otras ovejas, que no son de este redil: y debo atraerlas también, y oirán mi voz, y habrá un solo rebaño, y un solo pastor.
San Juan X, 11-16
Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger
DOMINGO DEL BUEN PASTOR
Este Domingo se designa con el nombre popular de Domingo del buen Pastor por leerse en la Misa el trozo del evangelio de S. Juan, en que Nuestro Señor se da a sí mismo este título. Un lazo misterioso une este texto evangélico al tiempo en que estamos; pues fué en estos días cuando el Salvador de los hombres estableció y consolidó su Iglesia y comenzó por darle el pastor que debía gobernarla hasta la consumación de los siglos.
El Hombre Dios, según el decreto eterno, después de pasados algunos días, dejará de ser visible aquí abajo. La tierra no le verá más hasta el fin de los tiempos, cuando venga a juzgar a los vivos y a los muertos. Sin embargo, no abandonará esta raza humana por la que se ofreció en sacrificio en la Cruz y libró de la muerte y del infierno al salir victorioso del sepulcro. Será su jefe en los cielos; ¿qué tendremos para suplir su presencia en la tierra? la Iglesia. A la Iglesia dejará toda su autoridad sobre nosotros; en manos de la Iglesia pondrá el depósito de todas las verdades que ha enseñado; ella será la dispensadora de todos los medios de salvación que ha destinado para los hombres.
LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA
Esta Iglesia es una vasta sociedad en la que todos los hombres están llamados a entrar; sociedad compuesta por dos clases de miembros: los gobernantes y los gobernados, los maestros y los discípulos, los santificadores y los santificados. Esta sociedad inmortal es la Esposa del Hijo de Dios: para ella crea sus elegidos. Ella es su madre única: fuera de su seno no hay salvación para nadie.
PEDRO CONSTITUÍDO PASTOR
¿Pero cómo podrá subsistir esta sociedad? ¿Cómo atravesará los siglos y llegará así hasta el último día del mundo? ¿Quién la dará la unidad y la cohesión? ¿Cuál será el lazo visible entre sus miembros, el signo palpable que la designará como la verdadera Esposa de Cristo, dado el caso que otras sociedades pretendieran fraudulentamente arrebatarla sus legítimos honores? Si Jesús se hubiera quedado con nosotros no habríamos corrido ningún riesgo; donde está El, allí también está la verdad y la vida; pero El "se va", nos dice, y nosotros no podemos seguirle aún. Escuchad, pues, y aprended sobre qué base ha establecido. El la legitimidad de su única Esposa.
Estando un día durante su vida mortal en el territorio de Cesárea de Filipo rodeado de sus discípulos les interrogó acerca de la idea que se habían formado de su persona. Uno de ellos, Simón hijo de Juan o Jonás, y hermano de Andrés, tomó la palabra y dijo: "Tú eres Cristo, Hijo de Dios vivo". Jesús recibió con bondad este testimonio que ningún sentimiento humano podía sugerir a Simón, sino que salía de su conocimiento divinamente inspirado en este momento; y declaró a este dichoso Apóstol que ya en adelante no sería Simón sino Pedro. Cristo había sido designado por los Profetas con el carácter simbólico de piedra (Isaías XXVIII, 16); al atribuir tan solemnemente a su discípulo este título distintivo del Mesías, Jesús daba a entender que Simón tendría con El relaciones que no tendrían los otros Apóstoles. Pero Jesús continuó su discurso. Había dicho a Simón: "Tú eres Pedro (Piedra)"; y añadió; "y sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia".
Ponderemos estas palabras del Hijo de Dios: "Edificaré mi Iglesia". Ha concebido, pues un proyecto: el de edificar una Iglesia. No es él quien edificará ahora esa Iglesia; esta obra se diferirá todavía por algún tiempo, lo único que sabemos con certeza es que se edificará sobre Pedro. Pedro será el fundamento, y quien no descanse en Pedro no formará parte de la Iglesia. Escuchemos aún: "Y las puertas del infierno no prevalecerán contra mi Iglesia". En el estilo de los judíos las "puertas" significan los "poderes"; de modo que la Iglesia de Jesús será indestructible, a pesar de todos los esfuerzos del infierno. ¿Por qué? porque Jesús le dará un fundamento firme. El Hijo de Dios continúa: "Y yo te daré las llaves del Reino de los cielos." En el lenguaje de los Judíos, las "llaves" significan el poder del Gobierno, y en las parábolas del Evangelio el "Reino de Dios" significa la Iglesia que debe ser edificada por Cristo. Al decir a Pedro, que en adelante no se llamará más Simón: "Yo te daré las llaves del Reino de los cielos", Jesús se expresaba como si le hubiese dicho: "Yo te haré el Rey de esta Iglesia, cuyo fundamento serás al mismo tiempo." Esto es evidente; pero no echemos en olvido que todas estas magníficas promesas miran al porvenir: (S. Matth, XVI.)
Ahora bien, este porvenir, se ha hecho presente. Hemos llegado a las últimas horas de la estancia de Jesús aquí abajo. Ha llegado el momento en que se va a cumplir su promesa y fundar este Reino de Dios, esta Iglesia que debía edificar en la tierra. Los Apóstoles, fieles a las órdenes que les habían transmitido los Ángeles, han vuelto a Galilea.