sábado, 29 de agosto de 2026

Dom Gueranger: Santa Rosa de Lima, Virgen

  




"Año Litúrgico"

Dom Própero Gueranger



SANTA ROSA DE LIMA,
VIRGEN


¡"La primera flor de santidad que América del Sur dió al mundo: la virgen Rosa..."! Con esta palabra de gozo y admiración comienza la Iglesia el elogio de la joven virgen que en el Nuevo mundo iba a reproducir tantas proezas de la santidad de Catalina de Siena y a servir de preludio a la sencillez de la infancia espiritual de Santa Teresita de Lisieux.


Conquista de América 

Apenas había transcurrido un siglo desde aquel día en que España ya terminada su larga Cruzada contra los moros, se dirigía al poniente y descubría un mundo nuevo y dilatado. Y hacia él envió no sólo sus héroes y sus exploradores, sino también sus mejores hijos, es decir, sus misioneros, con el fin de anunciar a los pueblos paganos la buena nueva del Evangelio, de despertar sus inteligencias al conocimiento del verdadero Dios y consagrar sus obras al divino servicio. Por desgracia, a América no sólo llegó gente desinteresada y sin más miras que implantar la civilización cristiana; fueron también aventureros, cuya crueldad y sed de oro eran el azote de los indios.

Las pobres gentes pronto se vieron saqueadas y exterminadas por aquellos extranjeros que les daban el mal ejemplo de todos los vicios y los trataban como esclavos. En Lima, construida al pie de las cordilleras como la metrópoli de una de las provincias conquistadas, era tal la corrupción, que San Francisco Solano tuvo que imitar al profeta Jonás y amenazarla, como a Nínive, con los castigos divinos.


La Flor de Santidad 

Pero la misericordia de Dios había tomado ya la delantera; la justicia y Ia paz se hablan dado el beso (1) en el alma de una niña siempre pronta a todas las expiaciones e insaciable de amor. ¡Cómo nos gustaría detenernos a contemplar a la virgen peruana en s u heroísmo siempre desconocido, en su gracia tan cándida y tan pura! Rosa sólo tuvo suavidades de bálsamo para los que la trataban, y guardó para sí el secreto de las espinas, sin las cuales no se dan las rosas en este ¡ rundo. Como si hubiese nacido de la sonrisa de María, arroba al Niño Jesús, que la quiere en su corazón. Las flores la reconocen por reina y en cada estación las ve que responden a su deseo; a su invitación, las plantas se agitan gozosas, los árboles inclinan sus ramas, toda la naturales x salta de contento, los insectos organizan con s, rivalizan con ella en armonía los pájaros r ira celebrar al Creador. Ella misma canta recitando los nombres de su padre y de su madre, Gaspar de las Flores y María de Oliva, diciendo: "¡Oh Jesús mío, qué hermoso eres entre las flores y las olivas; no desdeñes tampoco a esta tu Rosa!"

Entretanto la eterna Sabiduría se iba manifestando en los juegos del Niño Dios y de esta su amada (2). Clemente X, en la bula de canonización, nos recuerda que un día en que ella estaba con mayores dolores, el ámantísimo Hijo de la Virgen bendita la invitó a una misteriosa partida de juego donde la puesta quedaba a la libre elección del vencedor. Gana Rosa y, exigiendo su curación, al punto se la concede. Pero Jesús reclama el desquite y, ganándola esta segunda vez, la devuelve los dolores juntamente con el don de la paciencia, y la santa se alegra de haber perdido, porque comprende que ha ganado más en la segunda partida que en la primera.

En las sobrehumanas torturas de su última enfermedad, a los que la exhortaban a tener ánimos, respondía ella: "Lo que pido a mi Esposo es que no termine nunca de abrasarme en los más agudos ardores, hasta que me convierta en el fruto maduro que se digna recibir de este mundo en su mesa de los cielos." Y, como se admirasen de su seguridad, de su certeza de ir derechamente al paraíso, añade con vehemencia estas palabras que revelan otro aspecto de su alma: "Tengo un Esposo que puede todo lo que se puede hacer y que posee las mayores maravillas que pueden existir; y no me puedo figurar que voy a recibir de él cosas pequeñas."


La Gloria 

Las promesas y las atenciones del Señor con Rosa justifican sobradamente la confianza que tenía ésta en la infinita bondad Tan sólo contaba treinta y un años cuando, en la noche que antecede a la fiesta de San Bartolomé de 1617, oyó esta voz: El Esposo está aquí (3). En Lima, en todo Perú, en América entera, el tránsito de la humilde virgen, desconocida de muchísimos hasta ese momento, quedó señalado con prodigios de conversión y de gracia. "Se pudo asegurar jurídicamente, dice el Sumo Pontífice (4) que desde el descubrimiento del Perú no hubo ningún misionero que produjese un movimiento tan general de penitencia". Y cinco años después se inauguraba el monasterio de Santa Catalina de Sena que debía continuar en el centro de Lima la obra de santificación, de saneamiento y de defensa social, y que se llamaba el monasterio de Rosa porque ella fue, en efecto, la fundadora y la madre. Y esta joven, que no hizo más que rezar y sufrir y que, en medio de la corrupción del mundo, ofreció a Dios su virginidad y no buscó más que la obscuridad y el silencio, es la que ha llegado a ser la Patrona del Perú; y el mismo Papa Clemente X extendió su patronato a las Indias, a las Filipinas y a toda América.


Vida 

Rosa nació en Lima, Perú, el 20 de abril de 1586, de una familia de origen español. En el bautismo la pusieron el nombre de Isabel, pero por la frescura de su tez la llamaron Rosa. En su infancia y vida breve fué probada con dolores y con la pobreza de sus Padres. Tomó por modelo a Santa Catalina de Siena y a imitación suya, vivía en casa como verdadera religiosa y casi reclusa. Amaba la soledad, se imponía rudas penitencias por la conversión de los infieles y de los malos cristianos, y cuidaba y consolaba a sus padres. Se  inscribió  en la Orden Tercera  de Santo Domingo, cuyo hábito llevaba, y murió a los 31 años el 24 de agosto de 1617. Dieron fe de su santidad numerosos milagros y Clemente XX la beatificó en 1668 y luego Clemente X el 12 de abril de 1671 la canonizó. Su fiesta se extendió a la Iglesia universal, y sus reliquias se veneran en Lima y, en la Iglesia de Santa María de la Minerva, en Roma.


Plegaria por América 

Patrona de tu patria de este mundo, vela siempre por ella. Corresponde a su confianza, aun en el orden de la vida presente, amparándola en los terremotos y en las conmociones políticas. Extiende tu acción tutelar a las repúblicas jóvenes que la rodean y que te veneran también; de igual modo que a tu tierra natal, protégelas contra el espejismo de las utopías que llegan de nuestro viejo mundo, contra las revoluciones y las ilusiones de su propia juventud, contra las sectas condenadas que acabarían por sacudir hasta su fe siempre viva. Y, finalmente, Rosa amada del Señor, echa una sonrisa a toda la Iglesia, que hoy se siente arrebatada por tus celestiales encantos. A semejanza de ella, todos queremos correr en pos del olor de tus perfumes (5).


Por Todos los Fieles 

Enséñanos a dejarnos ganar como tú por el rocío celestial. Enséñanos a responder a lo que, tomando la delantera, quiere de nosotros el divino escultor, el cual se te apareció un día entregando a la solicitud de los que ama los mármoles  mejores de las virtudes, para  que los pulan  y los tallen  con la  ayuda de las lágrimas y del cincel de la penitencia. Y más que nada enséñanos la confianza y el amor. Dijiste tú que todo lo que obra el sol en la inmensidad del universo, haciendo brotar las flores y madurar los frutos, formando las perlas en el seno de los océanos y las piedras preciosas en los repliegues de las montañas, lo realizaba el Esposo en los espacios ilimitados de tu alma, produciendo en ella toda clase de riqueza, toda belleza, toda alegría, todo calor y toda vida: Logremos nosotros aprovecharnos, como tú, de la venida del sol de justicia a nuestras almas en el Sacramento de unión, no vivir más que de su luz bendita y exhalar el buen olor de Cristo en todas partes (6).


MISA


INTROITO

AMASTE la justicia y odiaste la iniquidad; por eso te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría, con preferencia a tus compañeras.- Salmo. Eructó mi corazón una palabra buena; digo: mis obras son para el Rey (mi Dios). ℣ Gloria al Padre.


COLECTA

Oh Dios todopoderoso, dador de todo bien, que quisiste que Santa Rosa prevenida por el rocío de la gracia celestial, floreciese en las Indias por el brillo de su virginidad y su paciencia: concédenos a tus siervos que, esforzándonos  en seguir  el olor de su suavidad, merezcamos ser buen olor de Cristo. Que contigo vive y reina. 


EPÍSTOLA

Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a los Corintios 2, 10, 17-18; 11, 1-2 

Hermanos : El que se gloría, gloríese en el Señor. Pues no es aprobado el que a sí mismo se recomienda, sino aquél a quien Dios recomienda. ;Ojalá soportaseis por un poco mi indiscreción! Mas sí, soportadme, ya que soy amante celoso de vosotros, pues os amo con el celo de Dios. Os tengo desposados con este único Esposo, que es Cristo, para presentaros a Él como una casta virgen.


Gradual

Con tu gracia y hermosura, camina, avanza prósperamente, y reina. . Luchad por la verdad y la mansedumbre y la justicia, y tu diestra te hará realizar maravillas.

Aleluya, aleluya. . Serán presentadas al rey las Vírgenes en pos de ella; ante tu presencia serán traídas sus compañeras con alegría. Aleluya.

 

EVANGELIO

Evangelio según San Mateo. xxv, 1-13. -

En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos esta parábola1:Semejante será el reino de los cielos a diez Vírgenes, que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo y a la esposa. De ellas cinco eran necias, y cinco prudentes; pero las cinco necias, al coger sus lámparas, no llevaron aceite consigo; mas las prudentes tomaron aceite en sus vasos con las lámparas. Al tardar en venir el esposo, se adormecieron todas, y se durmieron. Mas llegada la media noche, se oyó una voz que gritaba: Mirad que viene el esposo, salidle al encuentro. Al punto se levantaron todas aquellas Vírgenes, y aderezaron sus lámparas. Entonces las necias dijeron a las prudentes : Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan. Respondieron las prudentes, diciendo : No sea que no nos baste para nosotras y para vosotras, mejor es que vayáis a los que lo venden, y compréis el que os falta. Mientras iban éstas a comprarlo, vino el esposo; y las que estaban preparadas, entraron con él a las bodas, y la puerta se cerró. Al fin vinieron también las otras Vírgenes, diciendo: ;Se-ñor, Señor, ábrenos! Pero Él respondió y dijo: En verdad os digo, que no os conozco. Por tanto, velad, pues no sabéis el día ni la hora. 


OFERTORIO
Hijas de reyes te rinden honores; a tu diestra está la Reina con vestido bordado de oro, y ricamente engalanada.

SECRETA
Séate acepta, Señor, la oblación de tu pueblo en honor de tus Santos, por cuyos méritos confiesa haber recibido auxilio en la tribulación. Por nuestro Señor Jesucristo.

COMUNIÓN
Las cinco Vírgenes prudentes cogieron aceite en sus vasos con sus lámparas; mas llegada la media noche, oyóse una voz: Ya viene el Esposo, salid a recibir a Cristo Señor.


POSCOMUNIÓN
Saciaste, Señor, a tu familia1 con los sagrados dones: por lo cual te suplicamos nos ampares sin cesar, por la intercesión de aquélla cuya solemnidad celebramos. Por nuestro Señor Jesucristo.


Notas

1. Salmo LXXXIV, 11.
2. ProvVIII, 30-31.
3. S. Mateo, XXV, 6.
4. Bula de canonización.
5. Colecta de la fiesta; Cant., I, 3.
6. Colecta de la fiesta; II Cor., II , 15.


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