viernes, 14 de agosto de 2026

Boletín Dominical 16 de agosto



Día 16 de Agosto, San Joaquín, Padre de la Ssma. Virgen María.

Doble de II Clase. Orn. Blancos.
Conmemoración Domingo XII de Pentecostés.

San Joaquín, padre de la Santísima Virgen y abuelo de Jesucristo, era sumamente generoso, y es piadosa tradición que dividía sus bienes en tres partes: una para el templo y sus ministros; otra para los pobres, las viudas y los huérfanos, y la tercera, la reservaba para el sustento de los de su casa. Como sea verdad que la gracia perfecciona la naturaleza sin destruirla, podemos afirmar que unido San Joaquín por tan estrechos lazos a su querida Hija y a su benditísimo Nieto, tiene un poderosísimo valimiento ante ellos y ejercerá su protección sobre todas las almas, por las cuales murió Jesús. El Santo Evangelio nos refiere la genealogía de Jesucristo desde el patriarca Abraham hasta San José, esposo de la Bienaventurada Virgen María.


Domingo XII de Pentecostés.
El Evangelio de hoy nos habla del buen samaritano. Este buen samaritano nos da un magnífico ejemplo de cómo se debe cumplir la ley cristiana de la caridad, del amor que hemos de tener a nuestros prójimos aunque nos sean desconocidos; sin esta caridad cristiana hace Dios poco caso de todas las otras virtudes.
Cumplir bien el precepto de amor es cumplir con toda la ley, porque esa virtud de la caridad perfecta nos une a la voluntad de Dios con vinculo tan estrecho, que no hay peligro de traspasar ningún precepto porque el que ama a Dios y al prójimo. Hace siempre la voluntad de Dios, de modo que siempre se podrá decir: ama y haz lo que quieras.

Cristo es también el Buen Samaritano, y quiere que lo seamos todos nosotros con todos nuestros semejantes, particularmente con los más doloridos y necesitados, ya sea física o moralmente. En el cristiano no hemos de mirar su exterior, a veces repugnante, a veces poco simpático, sino a su alma, que es preciosa a los ojos de Dios y divinizada como nosotros por la gracia de Cristo.






Día 22 de Agosto, Inmaculado Corazón de María.
No hay corazón más semejante al de Jesucristo que el Inmaculado Corazón de su Madre, la Virgen Santísima. Ningún otro ha participado como él de los amores y de las aflicciones y dolores del Corazón de Cristo. Unida tan íntimamente a su divino Hijo, el Corazón de María latía y late siempre al unísono con el Corazón de Jesús, asociada a la obra redentora y santificadora de Jesucristo, el Corazón de María sufría en sí tan intensamente los dolores y las afrentas de la Cruz y los ofrecía con tan inmenso amor a Dios Padre por el rescate y redención de los hombres, de los que al solo una especial providencia de la omnipotencia de Dios pudo conservar la vida preciosa de María, que de otra suerte hubiera muerto de dolor. Con razón llaman pues los Santos Padres y la Iglesia a María, Reina de los mártires y Corredentora de los hombres. Solo Dios puede conocer y valorar las finezas, las dulzuras, la caridad, el heroísmo y el amor de ese Corazón, que es arpa melodiosa cuyas cuerdas vibran al suave soplo del Divino Espíritu. Acudamos al Corazón Inmaculado de María, que es refugio de los afligidos, consuelo de los tristes, remedio de los que lloran, fortaleza de los débiles, defensa en los peligros, auxilio en la tentación, alegría y dulzura de todos los que la invocan. Digamos siempre: Dulce nombre de María, sed nuestra salvación.






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