Sermón
S. E. R. Pío Espina Leupold
Sermón
R. P. Lucio César Simbrón
Lección
Quién hallará una mujer fuerte? De mayor estima es que todas las preciosidades traídas de lejos, y de los últimos confines. En ella confía el corazón de su marido; el cual no tendrá necesidad de botín para vivir. Ella le acarreará el bien y no el mal todos los días de su vida. Busca lana y lino, de que hace labores con la habilidad de sus manos. Es como nave de un comerciante, que trae de lejos el sustento. Se levanta antes que amanezca, y distribuye las raciones a sus siervos, y el alimento a sus criadas. Puso la mira en unas tierras, y las compró; de lo que ganó con sus manos plantó una viña. Revistióse de fortaleza, y esforzó su brazo. Probó y echó de ver que su trabajo le fructifica; por tanto no se apagará su luz en la noche. Aplica sus manos a las labores domésticas, aunque fatigosas, y sus dedos manejan el huso. Abre su mano para socorrer al mendigo, y tiende sus brazos al necesitado. No temerá para su casa los fríos ni las nieves, porque todos sus domésticos traen vestidos forrados. Se labró ella misma para sí un vestido acolchado; lino y púrpura es su vestido. Su esposo hará un papel brillante en las asambleas públicas, sentado entre los senadores del país. Ella teje finísimas telas, y las vende, y entrega ricos ceñidores a los negociantes cananeos. La fortaleza y el decoro son sus atavíos; y estará alegre y risueña en el último día. Abre su boca con sabios discursos, y la ley de la bondad gobierna su lengua. Vela sobre la conducta de su familia, y no come ociosa el pan. Levantáronse sus hijos y aclamáronla dichosísima; su marido también la alabó, diciendo: Muchas mujeres han allegado riquezas, pero tú has aventajado a todas. Engañosa es la gracia y vana la hermosura; la mujer que teme al Señor, ésa será la celebrada. Dadle el fruto de sus manos, y celébrense sus obras en las puertas de la ciudad.
Proverbios XXXI, 10-31
Evangelio
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Semejante es el reino de los cielos a un tesoro escondido en el campo, que si lo halla un hombre, lo esconde y gozoso del hallazgo, va y vende todo cuanto tiene y compra aquel campo. El reino de los cielos es asimismo semejante a un mercader, que trata en perlas finas; y viniéndole a la mano una de gran valor, va y vende cuanto tiene, y la compra. - También es semejante el reino de los cielos a una red que, echada en el mar, recoge todo género de peces; la cual, en estando llena, sácanla los pescadores, y sentados en la orilla, van escogiendo los buenos y los echan a sus cestos, y arrojan los de mala calidad. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los Ángeles y separarán a los malos de entre los justos, y los echarán en el horno del fuego; allí será el llanto y crujir de dientes. ¿Habéis entendido bien todo esto? Sí, Señor, le respondieron. Y añadió: Por eso todo doctor bien instruído en lo que mira al reino de los cielos, es semejante a un padre de familias, que saca de su repuesto cosas nuevas y antiguas.
San Mateo XIII, 44-52
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