viernes, 24 de julio de 2026

Boletín Dominical 26 de julio


Día 26 de Julio, Santa Ana, Madre de la Santísima Virgen María,

Conm, Domingo IX de Pentecostés.
Doble de II Clase.

Fue entre todas las mujeres elegida para ser madre de la que había de ser Madre de Dios; la Bienaventurada Virgen Maria, concebida sin mancha de pecado original. Se desposó con Joaquín, que vivía en Nazareth y era de la real casa de David, con cuyo enlace se unió la familia sacerdotal con la real. Esta santa nos dejó un modelo perfecto de la vida interior, y un compendio de las más raras virtudes. Mostremos cariño y devoción a Santa Ana, madre de la Virgen y abuela de Jesús, seguros de que será ello muy grato a Dios.




Domingo IX después de Pentecostés

La liturgia del Domingo de hoy anuncia los castigos terribles reservados a los que hayan renegado de Cristo. Todos ellos perecerán y serán excluidos del reino celestial.

Jerusalén rechazó a Jesús y lo clavó e la cruz; y aquel mismo pueblo testigo de su vida, de su doctrina, de sus milagros y. aún hacía poco de la estupenda resurrección de Lázaro después de estar enterrado hacía tres días, y que el Domingo aclama triunfalmente a Jesús, ese mismo pueblo seis días después grita y pide que le crucifiquen, sabiéndole Santo, Justo y bienhechor del pueblo, enviado de Dios. 

Por eso Cristo no tuvo reparos en derramar lágrimas tan amargas a la vista de la desventurada Jerusalén, aunque en vano, porque no se convirtió; por eso predice para ella terribles castigos, pues veía en espíritu donde la llevaban sus conductores. Más de un millón de judíos pereció el año 70 en el asedio y saqueo de Jerusalén por Tito, y todo por no haber admitido a Cristo.

Habla también el Evangelio de hoy de la indignación de Jesús contra los que profanaban el Templo con sus mercancías y sus robos; como se indignaría hoy ante la falta de respeto y decoro con que algunas personas concurren a él.

“23.000 hebreos perecieron en un mismo día a causa de su impureza, y muchos por murmurar fueron muertos por el Ángel exterminador” (Epístola). Todo esto, dice S. Pablo, estaba escrito para nuestro escarmiento. 






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