Espíritu de sacrificio ha de ser el distintivo de todo el que vive y lucha por un ideal grande; espíritu de sacrificio debe resplandecer en todo cristiano de una manera pujante y vigorosa. Por el bautismo renunciamos a Satanás y a sus obras, renunciamos a las concupiscencias y al pecado; muere el hombre viejo y cuerpo de pecado que era nuestra naturaleza inclinada al mal, e injertados en Jesucristo renacemos a nueva vida, vida sobrenatural de la gracia (Epístola). Más para desarrollar esta vida hay que luchar, puesto que la vida del cristiano es un combate sobre la tierra. El Evangelio nos muestra el corazón compasivo de Jesús. La atracción que ejercía era extraordinaria. Su mirada, sus palabras, su mansedumbre, sus obras, su bondad de corazón subyugaban a cuantos tenían la dicha de verle.
La Iglesia, penetrada todavía de un santo amor por sus Príncipes, cuya Octava terminamos ayer, celebra hoy la fiesta de los Santos Cirilo y Metodio, «quienes bajo la fe del juramento se comprometieron a perseverar en la fe de S. Pedro y de los Príncipes romanos y trajeron a Pedro en grandes muchedumbres a los búlgaros, a los moravos y a los bohemios» (Himnos). Eran hermanos, y nacieron en Tesalónica, distinguiéndose luego en Constantinopla como hombres de virtud y de saber.
Consagrados obispos por el Papa Adriano II, convirtieron a los pueblos eslavos. Inventaron también el alfabeto de la lengua eslavona y trasladaron a ella los Libros Santos, administrando los ritos sagrados en ese mismo idioma, de que son tenidos como creadores. S. Cirilo murió en Roma. en 869, y fue sepultado junto a las reliquias de S. Clemente, que él mismo había traído allí del Quersoneso. S. Metodio murió en 885.



No hay comentarios.:
Publicar un comentario