viernes, 19 de junio de 2026

Boletín Dominical 21 de junio



Día 21 de Junio, Domingo IV de Pentecostés.

Doble. Conm. de San Luis Gonzaga, Confesor. Orn. Verdes.

Podemos ver en el Evangelio de hoy el aspecto negativo del desarrollo de la perfección Cristiana, a saber, la lucha contra el pecado. Sabemos por la autoridad de San Pablo que Dios nunca deja que seamos tentados más allá de nuestras fuerzas. (1 Cor. 10 -13). Y la sana moral nos enseña que no hay pecado si falta el consentimiento.

San Pedro, en el Evangelio de hoy, le dice a Jesús que se aparte de él, pues se tenía por hombre pecador. San Pedro no entendía todavía que para dejar el pecado hay que acercarse a Jesús y no apartarse de él, pues él es el Camino, la Verdad y la Vida (Io. 14 -6). Para llegar a la Vida Eterna es necesario pasar por este Camino: imitar de la Vida de Jesús, configurarnos con él. Nuestro Señor Jesucristo dijo a Nicodemo que el hombre tiene que nacer de nuevo en espíritu para ver al reino de Dios (Io 3, 1-15), y esto de nacer de nuevo en espíritu supone morir para el pecado. Pero desgraciadamente tenemos un gran enemigo que nos acompañará por toda la vida: el hombre viejo, aquél que San Pablo dice que vive adentro de nosotros y nos incita al pecado; el hombre viejo es nuestra naturaleza caída inclinada al pecado. Los que nacieron de nuevo por la fe en Cristo deben expugnar a este hombre viejo y esto de tres formas: desterrándolo, separándolo de su señor y dueño y quitándole los víveres. 

Desterrar al hombre viejo es sacarle de su casa que es el mundo, este ambiente malsano y allegado al pecado, compuesto por personas que viven totalmente apartadas de Dios. ¡Quitémosle al hombre viejo su casa! Salgamos del mundo, alleguémonos a la Iglesia, la Casa de Dios. El señor y dueño del hombre viejo es el demonio, acerbísimo enemigo de nuestra salvación. Es por medio del demonio que muchas veces el hombre viejo nos incita al pecado. Los hombres de guerra saben que los comandantes de los ejércitos son mitad de él. Matar al comandante es ganar media batalla. Si le quitamos de cerca al hombre viejo su jefe, pronto será derrotado. Digamos con San Benito: Vade retro Satana (vete de acá Satanás). Y no escuchemos las venenosas proposiciones de Satán.

Finalmente, ¿Cuál hombre puede seguir viviendo si no se alimenta? Es, pues, la carne el alimento del hombre viejo. ¿Cuál ejercito mandaría víveres al ejército contrario? La sed insaciable de gozar es comúnmente llamada concupiscencia, y los placeres de la carne fortalecen al hombre viejo. Apartémonos de todo lo que sea impuro: figuras deshonestas, malas conversaciones, inmodestias en el vestir, etc. y hagamos todo lo posible para volvernos puros porque los puros de corazón verán a Dios (Mat 5 – 8).

Nótese, sin embargo, que en vano pelearemos en contra el pecado si no usamos de las armas con que Dios nos provee para tal lucha. Estas armas son: la vida de oración, acercarse con frecuencia a los sacramentos; llevar, en fin, una vida devota.

Pidamos la intercesión de la Virgen María: Señora de las Victorias. Si la tenemos a nuestro favor venceremos, sin duda, al pecado. 

El Padre Pio de Pietrelcina, sacerdote capuchino estigmatizado muerto en olor de santidad, tenía al Santo Rosario como un arma en contra sus enemigos. 

¡Recemos el Rosario todos los días!




Día 24 de Junio, la Natividad de San Juan Bautista.

Un día tocó en suerte a Zacarías quemar incienso delante de Yahvé. Acababa de entrar en el Santo; delante de él, el altar de oro con el fuego encendido; a uno y otro lado, el candelabro de siete brazos y la mesa de los panes; detrás del altar, un velo tenue separa este lugar del Santo de los Santos. Zacarías siente batir de alas: un arcángel se presenta delante de él y le dice: “No temas Zacarías; tu oración ha sido escuchada; tu mujer, Isabel, concebirá un hijo, a quien pondrás por nombre Juan. Será grande delante del Señor, y el Espíritu Santo le llenará desde antes de nacer”. Era el Arcángel San Gabriel, el mismo que anuncia a la Virgen la venida de Cristo, aunque Zacarías, por ser cosas tan portentosas, no se resolvió a creerlas, San Juan, pues, es el Profeta privilegiado que anuncia, prepara lo corazones y señala al “Cordero de Dios que quita los pecados del mundo”. Un día en el Jordán bautizó a Jesús con su bautismo de penitencia mientras se abría el Cielo y daba testimonio de la divinidad de Cristo. Tiene su momento de grandeza; todos van tras él; conmueve los pueblos, arrastra multitudes; pero desde que aparece Cristo; él se retira nuevamente al desierto, se eclipsa y encamina a todos hacia el Salvador de Israel. Dentro de poco tiempo sellará con su sangre su testimonio el gran embajador, precursor de Cristo, Redentor del mundo, que empezó por conmover a los hombres con asperezas y terrores y termina introduciéndoles en los más altos secretos del amor.




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