Día 2 de Noviembre, domingo XXI
de Pentecostés
Doble. Orn. Verdes.
Nos exhorta el Señor a perdonar generosamente las injurias, las ofensas de nuestros prójimos. Habla del perdón de las injurias personales, y por lo que respecta a la disposición de ánimo, no precisamente a abandonar la legítima defensa de nuestros intereses y de nuestra fama.
Para esto debemos desterrar el espíritu de venganza: primero, por el mandato y ejemplo de Jesús: “Yo os digo: amad a vuestros enemigos” (S. Mateo 5, 44) y en el alto del Calvario muere por todos y dice orando al Padre Eterno. “Padre mío, perdónalos…” (S. Lucas, 23, 34); segundo, por el ejemplo de los santos y de los mártires que morían rogando por sus verdugos; tercero, por nuestro provecho, porque en el Padrenuestro decimos: “Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”.
Nosotros, como el siervo malo, hemos malversado con frecuencia los dones que Dios nos confió; y al ser llamados a dar cuenta de nuestra administración, en vistas de nuestras malas obras, no hemos tenido otro recurso que implorar la misericordia de Dios, que nos enseña a ser misericordiosos con los demás.
Día 9 de Noviembre,
Dedicación de la Archibasílica del Santísimo Salvador.
Terminada la era de las persecuciones, sale la Iglesia de las Catacumbas, se rodea de arte y magnificencia la liturgia y aparece gana; la santidad y grandeza del Pontificado ha eclipsado el brillo del imperio. Sobre el monte Celio se alzaba en Roma el palacio imperial, llamado Laterano (Letrán), el cual el emperador Constantino entregó a San Silvestre para morada de los Papas.
Allí se edificó la Catedral del Romano Pontífice, que vino a ser, por tanto, la Iglesia Madre y Cabeza de todas las Iglesias del mundo. Al consagrarla el Papa San Silvestre el 9 de noviembre del año 324 la dedicó a Nuestro Señor Jesucristo, con el título de Santísimo Salvador, no solo porque se dejó ver su imagen pintada milagrosamente en la pared, sino porque Jesucristo es la cabeza de la Iglesia. Vulgarmente es conocida con el nombre de San Juan de Letrán, por tener adjunto el celebérrimo baptisterio consagrado a San Juan Bautista, que aún guarda la forma y magnificencia primitiva. En esta basílica Lateranense se ha realizado cinco concilios ecuménicos, y a su lado está el palacio, residencia particular de los Papas durante muchos siglos. Después el monte Vaticano suplantó el monte Celio.
Siendo esta Iglesia la que en punto de consagración tiene la preeminencia; aquella donde el nombre de Jesucristo se predicó la primera vez francamente y con plena libertad; aquella donde la fe triunfó gloriosamente de todas las persecuciones y de todo poder del paganismo armado contra ella; aquella donde en esta dedicación ostentó a los ojos de todo el mundo el más magnifico, el más augusto triunfo que se vio jamás en la tierra, era justo que todos los años se renovase su memoria para rendir al Todopoderoso por tan señalado beneficio, y este es el asunto de la presente solemnidad.
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