sábado, 28 de agosto de 2021

San Juan Crisóstomo: Servir a Dos Señores




COMENTARIO AL EVANGELIO

DOMINGO XIV DESPUÉS DE PENTECOSTÉS


En aquél tiempo: Nadie puede servir a dos señores; porque odiará al uno y amará al otro; o se adherirá al uno y despreciará al otro. Vosotros no podéis servir a Dios y a Mammón”. “Por esto os digo: no os preocupéis por vuestra vida: qué comeréis o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, con qué lo vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento? ¿y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran ni siegan, ni juntan en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros puede, por mucho que se afane, añadir un codo a su estatura? y por el vestido, ¿por qué preocuparos? Aprended de los lirios del campo: cómo crecen; no trabajan, ni hilan, mas Yo os digo, que ni Salomón, en toda su magnificencia, se vistió como uno de ellos. Si, pues, la hierba del campo, que hoy aparece y mañana es echada al horno, Dios así la engalana ¿no (hará Él) mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os preocupéis, por consiguiente, diciendo: “¿Que tendremos para comer? ¿Qué tendremos para beber? ¿Qué tendremos para vestirnos?” Porque todas estas cosas las codician los paganos. Vuestro Padre celestial ya sabe que tenéis necesidad de todo eso. Buscad, pues, primero el reino de Dios y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura.

Mateo VI, 24-33



SAN JUAN CRISÓSTOMO

cf. hom.21 y 22 le Mt. Respetamos los textos de la versión de los LXX. 


A) Servir a dos señores

"Conforme os he dicho, el Señor se vale de motivos contrapuestos, de la enfermedad que acarreara el descuido y de la salud que procura la obediencia; del daño que procuran las riquezas, los dolores, angustias y preocupaciones, que convierten en siervo al que debiera ser señor, y del bien que nos proporciona el desprendimiento, atesorando nuestras riquezas en el cielo y dándonos al amor de Dios. 

Horroricémonos de pensar qué es lo que obligamos a decir a Cristo, hasta comparar a Dios con el oro. Y si esto es horrible, todavía lo es mucho más hacerlo con las obras y anteponer la tiranía del oro al temor de Dios. Pues ¿no fueron ilustres Abrahán y Job? No me alegues aquí los ricos, sino los esclavos de las riquezas. Claro es que Job era rico; pero no servía al oro, antes lo poseía y lo dominaba, y era su señor, no su esclavo, porque poseía las riquezas como administrador de bienes ajenos, y no sólo no arrebataba lo de los prójimos, sino que daba lo propio a los necesitados. Y lo que es más, ni aun se regocijaba con tenerlos, pues decía: Ved si me alegré de tener muchas riquezas (Iob 31,25); y por eso tampoco se entristeció de perderlas. No son así los ricos de ahora, antes no hay esclavo tan esclavo como ellos, que pagan tributo al dinero como a terrible tirano. Porque, una vez que el amor del dinero se ha apoderado del alcázar de su ánimo, desde allí les transmite cada día órdenes llenas de toda injusticia, y no hay uno que las desobedezca. 

No te pongas, pues, a discurrir inútilmente. Dios ya nos ha dado su fallo una vez, diciendo que es imposible servir a los dos al mismo tiempo. No vengas, pues, tú a decirme que es posible servir a los dos al mismo tiempo. Porque si el uno manda robar y el otro despojarse de lo propio; el uno ser casto, y el otro fornicar; el uno embriagarse y gozar, Y el otro tener a raya el apetito; el uno admirar los mármoles y las paredes adornadas y los artesonados, y el otro despreciar esas cosas y apreciar la virtud, ¿cómo es posible que estas dos cosas concurran en uno? 

Y llama aquí señor al dinero no por su natural, sino por la miseria de los que se humillan ante él. ¿Qué condenados o reos hay, en efecto, más miserables que los que, teniendo Dios por Señor, pasan de tan suave reino a una tiranía tan terrible, y eso a pesar que aun en esta vida reciben tanto daño de pleitos, enemistades, luchas, trabajos, obcecación del alma y, lo más terrible, la pérdida de los bienes celestiales que hay en el servicio de Dios? 



B) La Providencia

a) ALIMENTO

"Es cualidad Principalísima de una legislación excelente no sólo prescribir lo útil, sino hacerlo además posible. Por eso añade: No os inquietéis por vuestra vida, sobre qué comeréis (v.2.5). Para que no le dijeran: "¿Cómo as, todo lo desechamos, ¿Cómo podremos vivir?", responde a esta objeción con suma oportunidad..., valiéndose de ejemplos' tomados unos de nosotros mismos, y otros de cosas extrañas. I De cosas nuestras, cuando dice: ¿No es la vida más que e aliento, y el cuerpo más que el vestido? (v.25). Quien os dió, pues, lo que es más, ¿Cómo no ha de daros lo que es menos? El que modeló el cuerpo que es mantenido, ¿Cómo no ha de dar el mantenimiento?... Tal fué, pues, la exhortación que hizo valiéndose de nuestras cosas. 

Los ejemplos tomados del mundo externo son: Mirad las aves del cielo (v.26). Para que nadie dijera que nos es preciso andar afanados, exhorta a lo contrario valiéndose de lo mayor y de lo menor. De lo mayor, aduciendo el cuerpo y el alma; de lo menor, poniendo delante las aves. Porque si tanta cuenta tiene con criaturas tan inferiores, ¿cómo, dice, no os ha de dar a vosotros? 

Hay quien responde ser esto propiedad de las aves, no imitables por nosotros. ¿Qué responder? Que, si bien es verdad que ellas la tienen por naturaleza, a nosotros nos es posible alcanzarlas libremente. Por eso no nos dijo: "Mirad cómo vuelan las aves", pues eso era imposible al hombre; sino: cómo se alimentan sin afanarse, lo cual también nosotros, si queremos, podemos fácilmente cumplir. Y eso lo comprobaron los que lo cumplieron así de hecho".


b) TRABAJO, SÍ; PREOCUPACIÓN, NO 

"Si, pues, de las cosas criadas para nosotros tiene tanta cuenta, mucho mayor la tendrá de nosotros; si de los siervos, mucho más del señor de ellos. Por eso decía: Mirad las aves; y no añadió: "cómo no ejercen oficios de fraudes y de compra y de venta", pues eso es de lo más reprochable; sino: cómo no siembran ni siegan. Luego ¿qué? ¿No se debe sembrar? No dijo que no se debe sembrar, sino que no se debe tener afán ; ni que no se debe trabajar, sino que no se debe ser pusilánime ni andar atormentado por los cuidados. Como que también mandó alimentarse, pero no con zozobra. Este mismo discurso hizo antes David, hablando así enigmáticamente: Abres tú la mano y llenas de bendición a todo ser viviente (Ps. 144,16): y otra vez: El de da a los juramentos su comida y a las crías de los cuervos que le invocan (Ps. 146,9). Y ¿Quiénes son los que no se han afanado? dirás. Pues ¿no has oído cuántos santos te he puesto por delante? Así lo hicieron los apóstoles, despojándose de todo; sin afanarse por nada. 

Y si estas palabras no te mueven todavía a romper tan terribles ataduras, a lo menos, considerada la insensatez del negocio, libértate de la excesiva solicitud. Porque ¿Quién de vosotros, dice, puede con todos sus afanes añadir un codo a su estatura? (v.27). ¿Ves cómo por medio de lo que es claro descubre también lo oscuro? Así como a tu cuerpo, dice, no puedes añadir con tus afanes un poquito de estatura, de la misma manera tampoco puedes reunir el alimento, aunque tú así lo creas. Por donde es manifiesto que no es nuestro empeño, sino la divina Providencia, la que todo lo lleva a cabo, aun en aquello en que nos creemos con fuerzas suficientes; de suerte que, si ella nos abandonara, no habría cuidado, ni solicitud, ni trabajo, ni cosa alguna que pudiera subsistir, sino que todo perecería" (cf. ibid., 2.3). 



c) LIMOSNA Y MODERACIÓN SON EL PRIMER PASO

"Pero a vosotros ahora os basta aprender a no ser codiciosos y que es cosa excelente la limosna y persuadiros que conviene dar de las cosas propias. Porque, si esto lo cumples, querido hijo, pronto llegarás también a lo otro. Por consiguiente, desechemos entretanto el lujo superfluo y contentémonos con la moderación y aprendamos a adquirir cuanto nos haga falta con el trabajo legítimo; también el Bautista, cuando hablaba con los publicanos y soldados, les mandaba que se contentaran con sus estipendios (Le. 3,14). Bien quería él conducirlos a mayor virtud; pero, como todavía no estaban dispuestos para ello, les dice lo menos, ya que, si les hubiera dicho cosas más elevadas, no hubieran atendido a ellas y hubieran descuidado aun lo que era menos. Por eso también nosotros nos ejercitamos en estas cosas menores. 

Considerando, pues, la medida de la virtud que se nos propone, lleguemos siquiera a la medianía, para que así nos libremos del suplicio venidero y, avanzando siempre, lleguemos a la misma cumbre de los bienes, los cuales ojalá todos nosotros alcancemos por la gracia y benignidad de Nuestro Señor Jesucristo, a quien sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén" (cf. ibid., 4). 


d) EL VESTIDO

"Considerad los lirios del campo cómo crecen; no trabajan ní hilan. Pues yo os digo que ni (Montón en toda su gloria se vistió como uno de ellos (Mt, 6,28-29), 

Después de haber hablado del sustento, pasa a referirse al vestido, menos necesario, y busca otro símil, los lirios, no por hermosísimos tan nobles como el animal. incluso les llama heno, que hoy existe y mañana es arrojado al horno, y, a pesar de ello, es mejor vestido ¡que Salomón!

Y para impresionar más vivamente, añade: ¡Cuanto más  vosotros!, que son palabras  de mucho encarecimiento. Pues  aquel de vosotros  no da a entender otra cosa sino  el grande  honor, la mucha  solicitud  que le merece  el género humano; como si dijera: Vosotros, a quienes  modeló el cuerpo, por quienes crió todas las cosas visibles, por quienes envió profetas, y citó la ley, e hizo innumerables bienes, por quienes entregó a su Hijo unigénito. Y después de tan clara demostración, entonces lo hiere en lo vivo, diciendo; Hombres de poca fe. Así procede quien trata de persuadir; no sólo exhorta, sino que punza, para excitar más a la persuasión y obediencia de lo que dice. ¿Por qué hizo aquellas criaturas tan hermosas? Para descubrir su sabiduría y la magnificencia de su poder, a fin de que todas las cosas nos enseñaran su gloria. Porque no solamente los cielos manifiestan la gloria de Dios (Ps. 18,2), sino también la tierra; y así lo declaraba David cuando decía: Alabad a/ Señor los árboles fructíferos y todos los cedros (Ps. 148,9, ya que todos ellos elevan sus alabanzas a Dios, unos por su fruto, otros por su grandeza y aquéllos por su hermosura. Porque serial es de sabiduría y riqueza derramar tanta hermosura en cosas tan viles, ¿pues qué mayor vileza que lo que hoy es y mañana no existe? Si, pues, dió al heno aquello de que no tiene necesidad —en efecto, ¿Qué contribuye su hermosura para alimento del fuego?, ¿Cómo no te he de dar a ti, que tienes necesidad? Si a los más despreciables los embelleció con sobreabundancia, y no por utilidad alguna, sino únicamente por magnificencia, ¿Cuánto más a ti, La criatura de más valor, te ha de honrar en lo necesario?" (cf. Hom. 22,1). 


B) Confianza en el Padre 

a) MOTIVO DE CONFIANZA

"Demostrada la mucha providencia que Dios tiene, conviene pasar a la reprensión, la cual es dirigida con moderación, echándoles en cara no su incredulidad, sino su poca fe. Porque, si el heno del campo, dice, lo engalana Dios de, tal manera, ¡Cuánto más a vosotros, hombres de poca fe!... No os acongojéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o que beberemos, o con qué nos vestiremos? Porque los gentiles son los que se afanan por esas cosas (v,31.32). 

Heridos en lo más vivo, estimulados y avergonzados sobremanera, los consuela con otro motivo, diciéndoles: Porque sabe vuestro Padre. celestial que tenéis necesidad de todas estas cosas. No dijo: "Sabe Dios", sino: Sabe el Padre, para de este modo moverlos a mayor confianza. Porque, si es Padre, y tal Padre, no podrá mirar con desdén a los hijos envueltos en los mayores males, ya que ni aun a los hombres, cuando son padres, les aguanta esto su corazón. Y, juntamente con éste, aduce todavía otro motivo: tenéis necesidad de estas cosas. Lo que equivale a decir que ¿Son acaso estas cosas superfluas para que El las pueda descuidar? Tanto más cuanto que ni aun lo superfluo despreció tratándose del heno, y ahora, en cambio, se trata de lo necesario. Por tanto, la razón que tú piensas tener para andar solicito, yo afirmo que es suficiente para librarte de esa solicitud. Por. que si dijeres: "Tengo este motivo para estar solicito, y es que estas cosas son necesarias", yo digo lo contrario: precisamente por ser cosas necesarias, no debes tener solicitud. Ya que, cuando fueran superfluas, no debieras desconfiar, sino más bien fiarte que te las darla ; pero, siendo necesarias, no te debe caber duda alguna. ¿Qué padre hay a quien le sufra el corazón no proporcionar a los hijos ni aun lo necesario? Luego aun por sólo este motivo lo ha de dar Dios, y no puede menos. Porque El es el Creador de la naturaleza y El conoce su necesidad con toda precisión. 

Por consiguiente, no tengamos solicitud, ya que no sacaremos otro fruto que el de atormentarnos a nosotros mismos. En efecto, si, tengamos o no tengamos solicitud, El nos da, y más no teniéndola, ¿Qué ganas tú con esos cuidados sino ponerte en inútil tortura? Cierto no se preocupará mucho del alimento quien ha de acudir a un espléndido banquete, ni a quien se encamina a la fuente le da cuidado la bebida. Pues tampoco nosotros, que tenemos la providencia de Dios, y en ella mayor riqueza y esplendidez que en todas las fuentes y convites, andemos hechos unos mendigos y apocados" (cf. ibid., 2 y 3). 



b) BUSCAD EL CIELO 

"Buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas (v.33). Libre el alma de cuidados, le recuerda el cielo. A eso vino El, a deshacer lo viejo y llamarnos a otra patria mejor. Quede la preocupación para los gentiles, que sólo conocen el mundo. Pero para vosotros no es esto lo principal. Que no fuimos criados para comer y beber y vestirnos. Si. pues, aquello es accesorio en el intento, sea también accesorio en la petición. Por eso decía El: Buscad el reino de los cielos, y todas estas cosas os serán añadidas. Y no dijo : "Os serán dadas", sino: Os serán añadidas, para que entiendas que lo que se da de presente no tiene nada que ver con la grandeza de lo venidero. Por eso tampoco manda pedir estas cosas temporales, sino pedir aquéllas y confiar que las otras se nos darán por añadidura. Busca, pues, las cosas futuras, y recibirás aun las presentes; no busques las visibles, y sin duda las conseguirás. Indigno es de ti acercarte al Señor a pedirle esas cosas. Porque tú, que debes poner todo tu empeño y solicitud en los bienes inefables, te deshonras sobremanera consumiendo tu deseo en cosas perecederas" (cf. ibid., 


C) PEDID, PERO SÓLO HOY 

"Pues ¿Cómo así?, dirás. ¿No mandó pedir pan? Por cierto, pero el de cada día, y añadiendo; Hoy. Y no es sino lo mismo que hace también aquí. En efecto, no dijo: "No tengáis solicitud", sino: No tengáis solicitud por el día de mañana (v.34), dándonos, por una parte, sujetándonos, por otra, a lo necesario. Nos mandó  pedir  para que entendamos  que todo lo recibimos de El Y le pidamos continuamente, pero sabiendo  que quién  proporciona  lo que  que es más, mucho mejor  dará lo menos. 

La causa, viene  a decir, de mandarte  no buscar,  no es  para que no recibas, sino  para que recibas  con abundancia,  para que recibas  en la forma  que dice bien  contigo, con la  utilidad  que a tí te conviene; para que no suceda que andando solícito  y dividido con el cuidado de estas cosas, te hagas indigno  tanto de ellas, como  de las espirituales; para  que no sufras  congoja  superflua  en tanto  no consigas  lo que  pretendes. No  tengáis, pues solicitud por el día a día  de mañana,  porque bástale  al día su malicia (Mt.  6,34), esto es, su trabajo y su quebranto.

¿No te basta comer el pan con el sudor de tu rostro? (Gen. 3,19). ¿Por qué añades todavía la congoja del cuidado, cuando más bien debieras librarte aun de los trabajos de antes? Malicia llama en este lugar no a la maldad —lejos tal pensamiento—, sino al afán, al trabajo, a la desgracia...

Porque, para herirlos más, casi da vida al tiempo y lo presenta delante como injuriado y reclamando contra ellos por la excesiva molestia. Recibiste el día para que cuides de lo de él. ¿por qué, pues, le echas encima aun lo que pertenece a otro? ¿Lleva acaso insuficiente carga con su propio cuidado? ¿Por qué, pues, le cargas más todavía? Y una vez que esto dice el Legislador y el que nos ha de juzgar, considera cuán buenas esperanzas nos pone delante, ya que Él mismo testifica que nuestra vida es miserable y trabajosa, y tal que el cuidado de un solo día basta para afligirnos y quebrantarnos". 



d) INVERTIMOS EL ORDEN ESTABLECIDO POR DIOS 

"t, con todo eso, después de decirnos tantas y tales cosas terrenas y ningunas celestiales, antes bien hemos invertido el orden, estando por entre ambas partes en pugna con lo que nos dice. Mira si no. Nos dice El; No busquéis en absoluto las cosas presentes, y nosotros buscando sin interrupción. Dice; Buscad ,las cosas celestiales, mas nosotros ni en el breve espacio de una hora las buscamos, sino que cuanto Ponemos de afán por las cosas de esta vida, tanto decaimiento tenemos por las espirituales, y aun mucho más. Pero ¡ no siempre resulta esto bien, no siempre se consiente! ¿No es necesario que sin remedio partamos de aquí y caigamos en las manos del que nos ha de juzgar?" (cf. ibid., 4-6). 

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