Día
22 de Febrero, Domingo I de Cuaresma
Doble- Privilegiado de I clase- Orn. Morados.
Este Domingo es uno de los más solemnes del año litúrgico, porque antiguamente empezaba con él la santa Cuaresma. Por esto la estación se celebraba en la Catedral Pontificia de San Juan de Letran, centro religioso del mundo.
Jesús, después del bautismo en el Jordán, como preparación para la vida pública que iba a iniciar, se retiró 40 días al desierto que hay entre Jericó y los montes de Judá para dedicarse a la oración y la penitencia. Allí, queriendo Satanás averiguar si verdaderamente el Hijo de Maria era ciertamente el Hijo de Dios, se acercó a tentar a Jesús. Y primeramente como hizo con Adán y Eva y hace con los hombres, se dirige a los sentidos. Como Jesús tiene hambre, le dice que convierta las piedras en pan. Después se dirige a tentarle el orgullo y vanagloria, y por fin, de soberbia y avaricia. “Hæc omnia tibi dabo, si cadens adoraveris me”, le dice mostrándole los reinos del mundo y su gloria: todo esto te daré si postrándote me adorares.
Luzbel, que había sido el más hermoso de los ángeles, se había creído con derecho a la unión hipostática, que le habría sublimado a la dignidad de Hijo de Dios; y como tal pide ahora ser adorado por Jesús.
Muchos reparan solamente en el hecho, sin duda admirable, de que el Hijo de Dios fuese tentado por el demonio. Más no es esto lo principal. Lo más importante es que Jesús fuese tentado precisamente por su calidad de Hijo de Dios que venía a restaurar el reino de su Padre.
A ejemplo de Jesús, con oración y penitencia ha de rechazar el cristiano todas las tentaciones.
Los
cinco sábados en honor del Corazón de María
El 10 de diciembre de 1925 se apareció la Virgen Santísima a la niña Lucía, una de las videntes de Fátima, teniendo junto a sí al Niño Jesús sobre una nube luminosa. La Virgen mostraba su Corazón rodeado de espinas, y el Niño Jesús, señalándole, decía: “Ten compasión de este Corazón dulcísimo, martirizado continuamente por la ingratitud de los hombres.” Entonces la Virgen Santísima añadió: “Mira, hija mía, mi Corazón rodeado de espinas con que los hombres, ingratos, le hieren a cada momento con sus blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y anuncia de mi parte que yo prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias a la salvación a todos los que en cinco sábados de meses consecutivos confiesen, reciban la Santa Comunión, recen la tercera parte del Rosario y me hagan compañía durante quince minutos, meditando los misterios del Rosario, con el fin de ofrecerme reparación.”
1. La Virgen promete asistir con las gracias necesarias para la salvación en la hora de la muerte. Quiere decir que la Virgen no permitirá que muera en pecado mortal aquel que haya practicado debidamente la devoción señalada.
2. Se requiere la confesión, que puede hacerse durante la semana, y no precisamente el mismo sábado.
3. Se requiere la Comunión, que ha de hacerse el mismo primer sábado de mes.
4. Se requiere rezar la tercera parte del Santo Rosario, o sea las cinco decenas.
5. Hacer compañía a la Virgen durante quince minutos, meditando los misterios del Rosario.
6. Hacer todo esto durante cinco sábados seguidos que sean primeros de mes, o sea durante cinco meses seguidos, ininterrumpidos, el primer sábado de cada uno
7. Tener la intención de honrar, consolar y desagraviar al Inmaculado Corazón de María.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario